Andrea Cote: Encuentro Internacional de Poesía CDMX



Presentamos una breve semblanza, poemas, notas críticas, comentarios y fotos de la poeta colombiana, Andrea Cote, invitada al Encuentro Internacional de Poesía CDMX 2015, a celebrarse del 26 al 29 de noviembre de 2015 en la ciudad de México.

 

 

 

 

 

#poesíaCDMX

 

 

 

Andrea Cote nació en Barrancabermeja, Santander, el 27 de julio de 1981. Es poeta y profesora de escritura creativa en la University of Texas at El Paso. Ha publicado los libros Puerto Calcinado (Poemas, 2003); Blanca Varela y la escritura de la soledad (Ensayo, 2004); Una fotógrafa al desnudo (Biografía de Tina Modotti, 2005). En el año 2002 recibió el Premio Nacional de Poesía Joven de la Universidad Externado de Colombia y en el año 2005 recibió el Premio Mundial de poesía joven «Puentes de Struga», otorgado por la Unesco y el Festival de Poesía de Macedonia. En 2015 la editorial Visor publicó su libro La ruina que nombro.

 

 

 

 

«Andrea Cote es hoy por hoy una de las voces jóvenes más interesantes de nuestra poesía. La suya recrea, en un lenguaje ambiguo, pleno de significados, un mundo muy propio, de tendencia intimista, poblado de elementos recurrentes que señalan la urgencia de sus fantasmas, la necesidad de transformar la experiencia en palabra».

– Piedad Bonnett

 

“Puerto calcinado, de Andrea Cote, es un poemario rondado por nostalgias, quizá míticas, anhelos de dioses extraviados, búsquedas y encuentros de recuerdos, matizados con humor y una liviandad juguetona, irónica; contiene imágenes sugerentes, prestas a la aventura del desciframiento, o mejor, a la contemplación del enigma que envuelven; planea la poeta en vuelos rasantes y en vértigo de altura, como si ese movimiento le permitiera expresar el reverso de lo real y entrar por sus rendijas con guiños envolventes”

 

-Alejandro Sebastiani Verlezza

 

“Siempre me ha llamado la atención la curiosa relación entre la escritura y el pensamiento. La sucesión evidente afirmaría que pensamos para luego escribir, pero en verdad, al escribir nos damos cuenta de que hay procesos de pensamiento que sólo se activan en el acto de escritura misma. De allí la agregada fascinación de que uno escriba tan sólo lo que no sabe. Se escribe para descubrir y para echar a andar una máquina que uno controla sólo parcialmente.”

– Andrea Cote / Agenda Cix

 

 

 

 

Llanto

 

María,
hablo de las montañas en que la vida crece lenta
aquellas que no existen en mi puerto de luz,
donde todo es desierto y ceniza
y es tu sonrisa gesto deslucido.

Allí es Enero el mes de los muertos insepultos
y la tierra es el primer cadáver.
María, ¿No recuerdas?,
¿No ves nada?
Allí nuestras voces son desecas
como nuestra piel
y se nos queman los talones
por no querer saber
de las casas incendiadas.

Hablo María
de esta tierra que es la sed que vivo
y el lecho en que la vida está enterrada.

Piensa niña,
en que esto no es vivir
y la vida es cualquier otra cosa que existe
húmeda en los puertos donde el agua sí florece,
y no es hoguera cada piedra.

Acuérdate, María,
que somos
pasto de perros y de aves,
hombres calcinados,
cortezas vacías
de lo que éramos antes.
¿De qué estás hecha? niña mía,
por qué crees que puedes coserle la grieta al paisaje
con el hilo de tu voz,
cuando esta tierra es una herida que sangra
en ti y en mí
y en todas las cosas
hechas de ceniza.
En nuestra tierra,
los cuervos lo miran a uno con tus ojos
y las flores se marchitan
por odio hacia nosotros
y la tierra abre agujeros
para obligarnos a morir.

 

 

Puerto quebrado

 

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado,
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras
que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

 

 

 

Si supieras

 

que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros,
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.

(del libro La Merienda)