Los Amigos de Marge (Poema en quince tweets), de Raphael Bob-Waksberg



Tantas veces olvidamos que la cultura pop es también una parte de nuestra cultura de la cual podemos aprender tanto, es por eso que hoy en Círculo de Poesía presentamos “Los Amigos de Marge (Poema en quince tweets)” poema en homenaje a la matriarca de la familia Simpson escrito por Raphael Bob-Waksberg. Los Simpson representan uno de los hitos de cultura popular de nuestros tiempos, al mismo tiempo que es una de las primeras series televisivas que se atreven a hacer mofa del lado oscuro del American Way of Life. Marge Simpson, diligente madre de familia se caracteriza por dejar de lado su identidad como individuo en favor de cuidar de sus hijos y su incompetente esposo. Raphael Bob-Waksberg es también creador de la serie animada BoJack Horseman que explora lo ruin del concepto de fama norteamericano, y es en gran parte heredera del cinismo de Los Simpsons. Versión en español de Esteban López Arciga. Tomado de A.V. Club.

 

 

 

 

Los amigos de Marge

(Poema en quince tweets)

por Raphael Bob-Waksberg

 

¿Quiénes son los amigos de Marge? ¿Acaso Helen Alegría? ¿Sarah
Górgory? ¿Agnes Skinner?

¿A quién le dice  sus secretos en el café de los días fríos?
¿Quién le ríe sus bromas a Marge? ¿Quién la conoce bien
y en verdad?

¿Quién le dice a Marge que deje al bruto sabiendo que no lo hará? “No
tienes que quedarte, mereces mucho más”.

¿Quién camina de mañana, ve un arbusto azul, y le manda
la foto a Marge, “Me hizo pensar en ti”? Claro que ni Lenny, ni Kirk
ni Luann.

¿Le lloró Marge a Maude Flanders? Noche oscura en el comedor
viendo sus propias manos. ¿Acaso la atormenta su ausencia?

¿O verá a la vecina muerta como una advertencia? La casi
olvidada, semi-anónima Maude— ¿Es este también
el destino de Marge?

Quizá, en una parrillada de verano, cuando las dos
vivían, Maude tomó la mano de Marge debajo de la mesa
y se aferró.

¿Qué movió tal conexión repentina, este gesto  
de—(¿Qué era) calor?

Las dos no eran cercanas— se conocían, claro, ¿Alguna vez
se abrazaron?

Pero allí estaban ellas unidas de manos, en silencio y en secreto, mientras
los niños gritaban y los esposos asaban salchichas.

Una noche, Marge no pudo dormir, las sábanas, colgadas en el
jardín para secarse, azotaban con el viento con acento sin igual.

Marge se sumergió en la noche, un ápice de amarillo en un manto
de estrellas blancas, y ella se siente, como siempre, sola.

Marge sintió el césped afilado en sus pies, la brisa en su cara.
Y al otro lado del cerco. Maude. Blanca como papel. Ojos húmedos
de lágrimas.

Marge la vio— “¿Maude?” y Maude asintió.

Y Maude susurró: “No es el silencio antes de la tormenta
lo que me aterra. Es el silencio que le sigue.”

 

 

Does Marge Have Friends?
(A poem in fifteen tweets)

 

Who are Marge’s friends? Is Helen Lovejoy a friend? Sarah
Wiggum? Agnes Skinner?

To whom does Marge spill her secrets over coffee on cold days?
Who laughs at Marge’s jokes? Who knows Marge, truly and
well?

Who tells Marge to leave the brute, knowing she won’t? “You don’t have to stay. “You
deserve so much more.”

Who, on a morning walk, sees a tall blue bush, texts a photo to
Marge, “this made me think of you”? Surely not Lenny, or Kirk or
Luann.

Did Marge mourn for Maude Flanders? Late nights, at the
kitchen table, staring at her own hands. Is she haunted still by
her absence?

Does she see in her late neighbor a cautionary tale? Seldom-
remembered, semi-anonymous Maude — could this fate too
befall Marge?

Perhaps, once at a summer barbecue, when both were still
alive, Maude grabbed Marge’s hand under the table and held
tight.

What prompted this sudden connection, this sudden expression
of— what was it, warmth?

The two weren’t close— acquaintances, sure, had they ever
even hugged?

And yet here they were, holding hands, silently, secretly, while
their children shrieked and their husbands grilled the hot dogs.

One night, Marge couldn’t sleep, the linens, hung to dry in the
yard, flapping in the wind with unprecedented accent.

Marge wandered into the night, a fleck of yellow in a blanket of
white stars, and she felt, as she often did, alone.

Marge felt the sharp grass on her feet, the breeze on her face.
Over the fence she saw Maude, pale as a sheet, her eyes wet
with tears.

Marge looked to her— “Maude?” and Maude shook her head.

And Maude whispered this: “It’s not the calm before the storm
that frightens me. It’s the calm that follows.”