Función del poeta en el siglo XXI



Este verano, en la Universidad Internacional de Andalucía, Raquel Lanseros (1973) dictó la conferencia “Función del poeta en el siglo XXI”. En esta conferencia, como apunta Marisa Martínez Pérsico, “la escritora reflexiona sobre la función del poeta en la sociedad actual, su labor de necesaria resistencia, la revindicación de la imaginación como motor del cambio, la poesía joven y los nuevos insumos digitales que intervienen en el acto creativo”.

 

 

 

 

 

Función del poeta en el siglo XXI

 

Transcripción y notas de Marisa Martínez Pérsico

 

En julio de este año tuvo lugar en la Universidad Internacional de Andalucía el curso “Los poetas del siglo XXI. Joven poesía española en la era digital”, dirigido por Remedios Sánchez García y Manuel Gahete Jurado. El programa se concentró en debatir y estudiar el actual panorama lírico español en diálogo con Hispanoamérica, por lo que de transatlántico tiene al menos una de las tendencias estéticas que dominan la lírica en lengua española durante la última década.

El programa incluyó una puesta al día sobre temas como la poesía joven y las redes sociales, la significación de Poesía ante la Incertidumbre, la construcción de un nuevo canon de naturaleza panhispánica, el posicionamiento actual ante la tradición literaria, los ámbitos de la recepción y la naturaleza de los nuevos lectores.

Se puso el foco en el fenómeno reciente de la construcción de un discurso poético poliédrico e interdisciplinario que excede el soporte verbal, como es el caso del videopoema, la ciberliteratura con combinación de elementos audiovisuales, o la sinergia entre poesía y música con la canción de autor. Otros puntos de reflexión han sido la influencia del soporte en el mensaje, la poesía performativa y la halopoesía, las dinámicas de tallereo por retroalimentación inmediata con el lector que habilitan las redes sociales.

Una de las intervenciones más celebradas, que aquí reproducimos, fue la de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), en la que la escritora reflexiona sobre la función del poeta en la sociedad actual, su labor de necesaria resistencia, la revindicación de la imaginación como motor del cambio, la poesía joven y los nuevos insumos digitales que intervienen en el acto creativo.

 

 

 

 

CONFERENCIA DE RAQUEL LANSEROS

 

Muy buenos días. Para mí es un honor estar con todos vosotros, si me permitís tutearos porque veo caras muy jóvenes, lo cual también me congratula, en este curso de poetas del siglo XXI.

Estamos en 2016, sin embargo apenas alcanzamos a atisbar lo que va a suponer en la historia de la literatura del siglo XXI; eso seguramente lo van a juzgar personas que no han nacido o que están naciendo. Pero nosotros tenemos también una obligación, como ciudadanos finiseculares que somos (finiseculares es una palabra que a mí me encanta, porque además no todos los ciudadanos pueden presumir de serlo). Decía que a nosotros nos toca vivir esto que no sé cómo se llamará en los libros de historia de dentro de cien, doscientos años, pero que podemos definir hoy en día como revolución tecnológica, digital, robótica, de inteligencia artificial… Es plausible y evidente que hay un cambio en la forma de comunicar que afecta todos los rangos de la vida, y entre ellos, a la poesía.

Oscuridad luminosa es una forma de definir a la poesía, y también a la vida misma. Y este contraste, que puede parecer paradójico, no lo es. Es el germen de la propia vida, es el germen que mueve al poeta y que lo ha movido siempre –estoy hablando en masculino pero es un masculino epiceno, estoy en todo momento incluyendo a las mujeres–. Es el germen que ha movido al poeta a lo largo de la historia a escribir, a contar, a comunicar, a leer, porque no deja de ser cierto que todo poeta se mueve sobre todo por admiración. Yo no he conocido a uno solo, ni una sola poeta que no haya comenzado a escribir por admiración. Alguien que escriba sin haber leído. Uno primero lee, primero se embelesa con las cosas que han escrito otros, y que de pronto coinciden con lo que uno siente. A lo mejor es otro escenario, otro lenguaje. Esa coinciencia, esa identificación es lo que uno sientepiensa, o piensasiente, que es un verbo que deberíamos proponer a la Real Academia.

Porque la poesía es una simbiosis perfecta, en el caso de los grandes poetas, imitativa o conativa, de pensamiento, reflexión, lógica razón más emoción, intuición inconsciente, legado histórico, musicalidad, ritmo. Esos poetas que nosotros leemos han sentipensado lo mismo, pero han escrito en diferentes épocas y en diferentes situaciones, a través de vivencias que quizás no vayamos a tener. Pero de pronto uno siente que no está solo. Que si esa persona que no es de mi misma cultura ni de mi mismo siglo ha pensado esto, es que hay un hilo conductor a lo largo de la humanidad que nos une. Y eso es muy reconfortante.

El hecho es que hoy nos estamos preguntando cuál es la función del poeta en la sociedad contemporánea. Y fijaos que es una pregunta o reflexión que nos hacemos continuamente. Yo siempre que voy a una radio, siempre que me entrevista un periodista, casi siempre en la batería de preguntas está incluida la pregunta de para qué la poesía, hasta me dan ganas de grabar una respuesta piloto. ¿Cuál es la función del poeta y de la poesía? Claro, nosotros esto lo automatizamos y nos parece normal que nos pregunten para qué, pero como poetas o aprendices de poetas que somos –la palabra poeta es demasiado grande, creador en griego– yo os invito a rebelarnos juntos ante esta pregunta. ¿Qué significa, por qué nos preguntan insistentemente para qué la poesía en el siglo XXI?

Para qué los poetas. El complemento circunstancial de tiempo en el siglo XXI está apostillando que antes sí pero ahora ya no. Es lo que yo colijo de la expresión. No es solo para qué los poetas, sino para qué los poetas ahora. De manera que lo que aparece, de alguna forma, en la estructura profunda –para hablar en términos gramaticales– es que los poetas antes servían, pero ahora ya no sirven. Esa es al primera trampa.

La segunda trampa es la de caer en las redes del utilitarismo. A nadie se le ocurre preguntar para qué los abogados en el siglo XXI. Nadie se plantea jamás para qué un hombre de leyes, para qué un letrado en el siglo XXI. Está muy claro: para defender a una persona que tiene un pleito. Pero sí se cuestionan los poetas. Y no solo: también se cuestionan las humanidades enteras, también se cuestiona para qué los filósofos. Ahora mismo en la Universidad Complutense de Madrid estamos viendo un proceso de contestación por parte de los decanos ante propuestas de los rectores de unir Humanidades y Filosofía en una misma facultad. Esto a nosotros nos parece una aberración, pero siguiendo la lógica del mundo que nos rodea, utilitaria, capitalista, es lo más normal del mundo. Todo se cosifica y se reduce a cuentas y balances económicos. Esta mentalidad nos permea, porque de hecho aceptamos que nos pregunten para qué la poesía, cuando deberíamos decir refuto la pregunta por inválida.

Pero el hecho es que vivimos en un momento histórico, y por eso sí es pertinente esta charla y este título, en el que machaconamente se nos invita a pensar que el poeta puede ser que ya no tenga utilidad, y por lo tanto, que no tenga sentido. La palabra útil es muy engañosa. El peligro de esta amenaza tácita directa hacia las humanidades es mayor de lo que parece. Necesitan en mi opinión, focos de resistencia. Hay que organizar una resistencia porque no es baladí pensar que estamos amenazados. Hay que diseñar un sistema de alerta ante todas estas amenazas, porque además están bien estructuradas.

También es verdad que los poetas van a existir siempre. De esto tengo la certeza. Ayer por ejemplo tuve otro balón de oxígeno a favor de esa certeza. Aquí hay varios amigos poetas, por lo menos cinco, que estuvimos leyendo en el Bar 1900 de Huelva, al parecer de mucha solera, en el que se han reunido intelectuales y artistas onubenses durante muchas décadas. Estamos hablando de un foco de resistencia. Lo que se respiraba allí era una reunión simbólica alrededor de la poesía apoyando un estado mental, una forma de oponerse a ciertos mensajes que nos están invadiendo. A mí me resultó muy grato. Tuve la sensación de una mano tendida invisible hacia esto que estoy diciendo. Y de pronto allí había muchísima gente joven, hoy están con nosotros Enrique, Rafa, Marisa, Alejandro, Miguel… Y también en Lavapiés no hay día en que no estén los bares rebosantes de gente leyendo poesía, en cualquier lugar de España. En América Latina pasa lo mismo, incluso ellos van un poco más avanzados en desmenuzar la neolengua orwelliana que nosotros, están más acostumbrados a los embates del neoliberalismo, del economicismo estructural imperante, y más avezados en cuanto a los escudos mentales necesarios, como un antivirus para detectar troyanos antipoéticos pronto. Allí he aprendido mucho.

Es cierto que la poesía va a seguir existiendo siempre, aunque a lo mejor no en la primera plana de los periódicos. La poesía no es la verdad oficial, probablemente sea la verdad real. ¿Y por qué va a existir? Pues por algo muy simple. Porque los seres humanos, por mucho que nos comuniquemos a través de dispositivos electrónicos, de celulares y móviles (a lo mejor dentro de veinte años ya sea simplemente a través de un chip insertado en la muñeca), por dentro no somos tan diferentes a lo que hemos sido siempre. Por eso cuando leemos un poema de Góngora nos sucede lo que decía Octavio Paz en El arco y la lira: lo que descubrimos cuando leemos un poema en realidad es que ya lo llevábamos dentro. Todas esas necesidades anímicas no las cubren los balances que hace el agente contable al que hayan encargado determinar qué es lo rentable en una universidad. En sus cuentas no cabe nuestra alma.

De modo que necesitamos más espacio. Las necesidades del ser humano, no nos engañemos, son mucho más hondas y más complejas que lo que cabe en un balance de cuentas, y ahí es donde entran la poesía, la filosofía, la historia del pensamiento, las artes. Y ahí es donde entra todo lo que los hombres han desarrollado para trazar una línea de luz en tan intrincado territorio, porque ni nosotros mismos conocemos del todo quiénes somos. Y necesitamos saberlo.

Hay un río del que no conocemos las fuentes pero sí sabemos que ahora nos bañamos en él. Ese río es el lenguaje. El río no va a ser el mismo mañana pero, como generación, cada uno va poniendo unas gotas a ese río que va creciendo. El día de mañana, los que nazcan sin duda se reunirán, en vez de en el 1900, quizás en el 2000, a inyectar sus gotas de poesía en ese río que no pertenece a nadie, del que somos espectadores, servidores, protagonistas temporales, pero que pertenece a la humanidad entera.

No hay ni una sola civilización, desde los maoríes hasta los pueblos indoeuropeos que vinieron de Siberia, en la que la poesía como medio de transmisión de la información, de la belleza de la sensaciones, no haya sido el origen, la semilla de la cultura. Entonces a mí me llama mucho la atención que me pregunten para qué. Es un contrasentido. ¿Por qué de pronto hemos llegado a cuestionarnos lo básico? He traído una cita de Faulkner en la que él reflexiona sobre el papel del poeta. El dice que los poetas, los escritores, tienen el deber de escribir sobre las cosas que conciernen a todos los hombres. Es el privilegio de ayudar al hombre a soportar la existencia mediante el levantamiento de su corazón, recordándole el coraje y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión y la piedad y el sacrificio que han sido la gloria de su pasado. La voz del poeta necesita no solo ser el registro del hombre, puede ser, además, uno de sus pilares, los pilares que le ayudarán a resistir y a prevalecer. Fíjense que hablaba ya de resistencia. La cita original en inglés dice resist. Palabra ligada al corazón de la poesía. Ya William Faulkner lo sentía así. El poeta como agente activo de la poesía, agente temporal de la poesía, no solamente es un transmisor de una determinada información, sino que es también un agente de resistencia y prevalecimiento.

No hay poesía sin meditación, sin reflexión, sin pensamiento, sin introspección. ¿Os ha pasado, alguna vez, que perdidos en la maravillosa energía de estar con los otros uno necesita retirarse otra vez para encontrar el silencio para poder crear, a pesar de que aprendemos unos de otros y escribimos a raíz de la admiración de cosas que nos han despertado los demás?

Vamos a intercalar ahora unos poemas que traigo preparados porque vienen muy al caso. El poeta granadino Javier Egea tiene un poema que es su poética, y lo he traído porque estamos hablando de resistencia:

 

 

Poética

 A Aurora de Albornoz

Mas se fue desnudando. y yo le sonreía.
Juan Ramón Jiménez

Vino primero frívola -yo niño con ojeras-
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.

Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchase su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.

Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.

Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad.

 

 

Yo cuando leí este poema por primera vez me acordé de Asterix. ¿Os acordáis cuando se decía que toda la Galia estaba invadida por el ejército romano? Sin embargo, había un pequeño pueblo que resistía. Yo pensaba que eso es la poesía, y que la función del poeta es la de ser Asterix el galo.

Y ahora pasamos a otro Asterix: Roque Dalton, grandísimo poeta salvadoreño. Él no murió, lo mataron. Vamos a decir las cosas por su nombre, faltaría más. ¿Os acordáis de un libro de Anaya que fue un escándalo, que ponía “Antonio Machado emigró con su familia a Francia y murió el Collioure” o “Federico García Lorca murió en Granada”? Gracias a las redes esto se supo. Esa es una forma de neolengua: es una forma de impugnar y secuestrar la verdad. Vamos a llamar a las cosas por su nombre sin dejar que nos impugnen. Roque Dalton, además de poeta, era guerrillero. Él era Asterix el galo de verdad, con su escudo y su espada. Vivió en muchos países, estuvo en Chile, México, en toda Nuestra América. Tenía 40 años cuando lo asesinaron. Él comprendía que ante un enemigo tan grande no valía solamente la poesía y empuñó las armas, en la época de las grandes revoluciones latinoamericanas. Y escribió un arte poética en 1974, donde decía “Poesía, perdóname por haberte ayudado a comprender que no estás hecha solo de palabras”.

Este poema suyo también habla del rol de poeta:

 

No te pongas bravo, poeta

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.

Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.

Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.

 

Uno de los poetas teóricos que más han estudiado la poesía, el hecho de la poesía, fue Octavio Paz, cuyos libros son de cabecera en cualquier facultad. Y él decía lo siguiente sobre la poesía, en El arco y la lira, de 1956: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario”.

También yo quiero hablar del poeta como el ser que, por un momento –y esto ya no es una labor colectiva, sino también individual–exorciza fantasmas, se libera por un instante del vacío. Porque la existencia da mucho miedo, no nos engañemos. Todos estamos aterrorizados en el fondo, fingiendo tener el control de  alguna manera. Es ese inevitable agujero existencial que llevamos dentro por el simple hecho de nacer, y de estar vivos, y de saber que algún día no lo estaremos, y de ver que los seres que más amamos dejan de estarlo. Esto lo definió como nadie el gran Rubén Darío. No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Por lo tanto, si estamos conscientes y estamos vivos, ¿cómo renunciar a escribir poesía? ¿Cómo pedirle al poeta que no exista?

Hay que decir, también, que uno de los orígenes de este cuestionamiento, ya no de las artes o de las humanidades en general, sino de la poesía en particular, se da sobre todo en los inicios de la modernidad. La poesía pierde uno de los roles fundamentales de la edad antigua, que era el rol comunicativo. A la vez que la imprenta se populariza, y una vez que la prosa se revela como un modo más directo de transmitir conocimiento, la poesía queda en un rol diferente al que había tenido antes. En unos casos renuncia a la comunicación. Cada una de estas afirmaciones son tesis doctorales, por supuesto que estamos resumiendo. La poesía pura defiende el arte por el arte, mientras otras corrientes se basan más en el compromiso, en la transmisión de información más denotativa. Mantienen que sin perder un ápice de su belleza ni de su esteticismo, la poesía tiene que comunicar de otro modo. Pero estas disquisiciones tienen que ver con personalidades, y se dan en todos los países y épocas históricas. Aunque sí es verdad que uno se encuentra en una situación, al menos en España, en que te dicen a mí la poesía me parece muy difícil, no la entiendo.

Pues si hablamos de las funciones del poeta habría que intentar íntimamente comprender por qué sucede esto. A mí no me gusta la palabra culpa, por la carga histórica que tiene. Pero es una obligación actual del poeta recapacitar: por qué sucede esto. Qué parte de responsabilidad tiene, qué hace falta, hasta qué punto la poesía puede ser popular o no. Quien escribe poesía está obligado a pensar y a repensar esta problemática.

A partir de un momento histórico ha habido una especie de divorcio, de separación amistosa. La poesía ya no pertenece tanto al pueblo como cuando hacían cola en los corrales en el siglo XVII para entrar a ver la última comedia de Lope de Vega. Allí la gente se mataba por entrar, y era gente que no sabía leer ni escribir. ¿Cómo es posible que hoy esto no suceda, cuando los índices de alfabetización son tan altos, estamos hablando de un 93% en España? ¿Cuál es nuestra responsabilidad colectiva e individual para convertir a la poesía en un arte más popular? ¿Qué se puede sacrificar y qué no se puede sacrificar?

Y aquí vienen las redes sociales. Fenómenos que se vienen dando en estos últimos dos años son, en mi opinión, muy beneficiosos. A lo que estamos asistiendo últimamente es a que jóvenes con una media de veinte años, nativos digitales que nunca han vivido en el mundo analógico y que no han tenido que adaptarse a la tecnología porque han nacido con ella, están revolucionado el mundo de la poesía. Y, además, se ha dado en España con un vigor desconocido en los países de nuestro entorno (Italia, Portugal, Francia, por hablar de nuestros vecinos, pero tampoco se da igual en América Latina). Es un tema que, además de poético, es sociológico. Nos podemos preguntar hasta qué punto ha tenido que ver la llamada crisis. Las nuevas generaciones se están encontrando con que las certezas de sus mayores no les sirven. La poesía como refugio también necesita, para su efervescencia, un territorio hostil, y desde luego ahora lo hay, pues es difícil trazar hoy una vida con unos mínimos de seguridad (personal, económica, vital, afectiva). A lo mejor esto tiene algo que ver con el fenómeno.

Que la gente joven lea masivamente poesía es un acontecimiento de envergadura. Que en un momento en que todo es cuantificable y material de golpe los jóvenes lean y escriban poesía sentimental no deja de ser una resistencia en sí misma. Llegan los jóvenes con veinte años y dicen: vamos a hablar de amor. El amor es siempre revolucionario. El amor contribuye a crear resortes que ayudan ante los vientos crueles del economicismo absoluto.

Pues estos jóvenes nos hablan de amor. Eso me parece una buena noticia. Están diciendo necesitamos poesía de nuevo. Y están utilizando los medios que hoy existen para difundirla. Hay personas que creen que la poesía, por el hecho de que cambie el soporte, de pronto se transforma en otra cosa. A mí no me lo parece: me parece que la poesía se adapta a todos los soportes humanos de comunicación. Y se adaptará.

Es verdad que no es lo mismo escribir un poema extenso que tuitear, pero también se tuitean versos de poemas más extensos. Al final todo se adapta, pues lo que la gente quiere es comunicar. No creo que haya que perderse en el soporte. La poesía pervive en los soportes actuales, pervive en ellos, y pervivirá en futuros soportes, como podrán ser los hologramas. La poesía como hija de la vida, de la oscuridad y de la luz y de la distancia, sobrevivirá a todos los soportes y seguirá teniendo un significado similar: resistir, crear, imaginar.

Y aquí pasamos a una palabra talismánica: la imaginación.

La imaginación es una forma de inteligencia, es una de las capacidades intelectuales más altas que existen, y es verdad que históricamente ha sido relegada y que recién ahora se la está incorporando en la pedagogía y en el aula. Es menos cuantificable, no es medible, y eso hace que sea complicada de evaluar. A lo mejor por eso es más difícil de insertar en los planes educativos. De lo que no cabe duda es de que sin imaginación, nada de lo que ha conseguido el hombre hubiera sido posible. Aquí estamos, por ejemplo, en una tierra que recuerda a América. De aquí salió Colón, y estamos continuamente imaginando las carabelas, y todo tiene nombres que tienen que ver con el descubrimiento. Pues eso no habría pasado nunca si no hubiera habido alguien que pensó antes, o no solo alguien sino mucha gente, porque no podemos ser tan soberbios de pensar que lo hacemos todo solos… No, normalmente uno hereda ideas, pero de pronto en alguien cristaliza. Hace poco he estado en Fuente Vaqueros. Y me decía un hombre, con mucha buena intención, “aquí estamos en la Vega de Granada, ahí estaba Antoñito el Camborio y esto en realidad Lorca no se lo inventó, esto es nuestro, él fue cogiendo y tal y cual”. Pues es verdad, un poeta también es una especie de augur, que toma lo que hay y hace una combinación que no existía previamente, y la vertebra en algo que empieza a ser real. Pero tampoco podemos quitar mérito a Lorca, porque hace doscientos años también estaban la Vega de Granada y el saber popular, y ahora también, pero aunque es verdad que nadie inventa nada en absoluto, porque es la humanidad, también es cierto que hace falta quien lo vea. Y así volvemos a Colón, quien con un pensamiento que venía de siglos, hizo que la realidad del descubrimiento cristalizara en un momento dado. “La tierra es redonda, quizás se pueda ir a las Indias por otro lado”. Eso ha sido un prodigio. Y no hablo de lo que vino después. Me refiero al hecho de que alguien mirara el horizonte y pensara diferente. Todo eso que tiene que ver con la imaginación: no solo vemos lo que existe sino lo que puede llegar a existir. Ese es el motor no solo de la poesía sino de cualquier avance humano, en cualquier campo del saber. Hay que reivindicar la imaginación como motor del cambio. De la misma manera que para lograr un sueño hay que previamente haberlo soñado. No hay buen viento para quien no sabe dónde va. La imaginación es esa capacidad que tenemos de no ver solo la realidad, sino la que podría existir. O la que nos gustaría que existiese. Entonces todas esas realidades paralelas son plausibles, pues la realidad se trata de ir rechazando encrucijadas y eligiendo un camino.

Hay muchas otras posibilidades que no son lo real exhaustivo. Y de esas posibilidades da cuenta la poesía. Esa es la intrahistoria de la que hablaba Unamuno; él se refería también a lo que pasa de puertas adentro y no se recoge en los libros de texto ni en los periódicos. Pero la intrahistoria también es lo que ni siquiera pasó de puertas adentro pero pudo haber pasado. Eso también es la poesía. Alguien tiene que dar cuenta de todas las posibilidades, de los anhelos, de los deseos, de los remordimientos. Porque sino todos esos momentos se perderán como gotas en la lluvia, como diría la película 2001: una Odisea en el espacio. El poeta las rescata. ¿Por qué nosotros sabemos que el conde Olinos madrugaba y que la mora se enamoraba del cristiano y sufría horrores y se preguntaba cuándo habría de volver a verlo? Es de una belleza que nos pone los pelos de punta. Esta mujer echaba de menos a su amado como yo echo de menos al mío. Y hablaba una mezcla de lenguas, árabe, latín (que, por cierto, pienso de comer y pienso de pensar, en latín, son dos cosas distintas, pero ya se han encargado de que no estudiemos latín tampoco). Y hoy en día tuiteamos, y decimos te echo de menos, te necesito. ¿Cuándo volverá? Es el mismo llanto de la muchacha morisca que vivía en la frontera con los cristianos y que tenía el mismo llanto, gozosamente el mismo llanto, una y otra vez. Es el mismo llanto en la lluvia que solo la poesía rescata.

Os voy a leer ahora un fragmento de un poema de Manuel Machado. Yo soy veneradora de Antonio Machado, pero los dos hermanos eran prodigiosos. Siempre digo que la tragedia humana que les tocó vivir, si les hubiera pasado en Estados Unidos, habríamos visto cien películas de Hollywood. Decía que los dos hermanos eran prodigiosos y que tenían un sentido de la poesía muy especial, heredado de su padre, al que llamaban Demófilo, el mayor flamencólogo aglutinador y recopilador de coplas. Manuel Machado, gran medievalista, conocía muy bien el romancero y las coplas tradicionales, hablaba del poeta y mantenía algo que a mí me parece muy interesante y que entronca con la función del poeta. Él decía que el poeta no es tan importante. Lo importante es la poesía. El mayor logro que puede conseguir un poeta era que, una vez muerto, la gente recordara algún verso sin acordarse de quién lo escribió. Por ejemplo hay gente que no sabe quién escribió verde que te quiero verde, pero lo dice. O Caminante no hay camino… Esto lo decía mi abuela y no sabía quién lo había escrito. Pero esa poesía se había permeado y se había vuelto del pueblo, había tenido el acierto de comunicarse con todo el mundo. Según Manuel Machado, este era el mayor éxito al que podía acceder un poeta:

 

La copla

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

 

¡Si ha sido hasta profético, porque lo cantan en flamenco y nadie dice que lo ha escrito Manuel! Esta copla me parece certera, porque tiene ese sentido de permanencia, que además él consiguió porque lo están cantando sin nombrarlo… Como ¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería! ¿Quién escribió eso?

Antes de pasar a vuestras preguntas, quiero leer un poema de Juan Gelman contenido en su libro Hacia el Sur. Cada vez que el maestro leía esto, la gente se ponía de pie:

 

 

II

Habría un par de cosas que decir/
que nadie la lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y

con el asunto de comer cada día/ se trata
de un asunto importante/ recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el

tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/ salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/ esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/ para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/ que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas/ los almaceneros/ los guerreros/ los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/ yo ahora
para que me quierás.

 

ENRIQUE GARCÍA BOLAÑOS: ¿En qué posición queda un poeta cuando le dicen que no entienden su poesía?

RAQUEL LANSEROS: Creo que eso es muy grave. Pero vamos a no perdernos terminológicamente. Entender no es en poesía lo mismo que en una clase de álgebra. No quiere decir que sea un mensaje unidireccional, sencillo, que solo tenga una explicación. La comprensión en poesía va más allá de la comprensión comunicativa, que entra en las regiones del inconsciente, de la imaginación, de las sensaciones, de las intuiciones e incluso de las sensaciones físicas, los recuerdos, la biografía propia a través de la cual tamizamos lo que nos dicen. Todas son válidas y ciertas. Pues el yo que interpreta lo que ha escrito el , interpreta a partir de sus bases vivenciales. Lo que cada uno va a interpretar es diferente pero igualmente valioso. No se trata de poner cuál es la respuesta del examen. Cuando la gente dice no entiendo no se refiere a que hayas utilizado determinadas palabras, o que deban acudir al diccionario. Quizás sean capaces de comprender palabra por palabra que vertebra el poema. Me da la sensación de que cuando una persona no entiende quiere decir no me ha dicho nada, no me ha comunicado, no he sentido, no me ha transmitido nada, me he quedado frío. Como cuando vemos una película y salimos del cine igual que entramos. El fracaso del poeta, en ese caso, es el de no haber sabido comunicar. Bien es cierto que no hay ningún poeta que pueda comunicarse con el cien por ciento de la humanidad. Casi siempre hay poetas que gustan a un segmento, aunque es verdad que hay poetas que tienen grandes consensos. Pero de pronto hay poetas que no se comunican con casi nadie. Toda la población le da la espalda. Cuando es ya mayoritaria la incomprensión, ahí ya hay que reflexionar sobre la responsabilidad.

INTERVENCIÓN DE REMEDIOS SÁNCHEZ: En la tendencia estética del fragmento, por ejemplo, hay autores que no pretenden comunicar. Que pretenden que sientas un fogonazo, una cuestión instantánea. No pretenden decirte nada en particular.

RAQUEL LANSEROS: Como todo, hay buena poesía hermética, mala poesía hermética, buena poesía clara, mala poesía clara… Yo creo que hay buenos y malos poemas en todos los estilos. Hablaba con Joan Margarit durante la escritura de mi tesis, y él me decía que desde su punto de vista un poema era algo que cuando el otro lo leía, se identificaba. Sea una identificación formal, sentimental, o un pinchazo. Cualquier tipo de reacción humana. Y cuando no existe, la gente le empieza dar la espalda. Como decía Julio Llamazares: está la poesía que te da calambres, y la que no es poesía. Si no te hace pensar ni sentir, pues de pronto al lector no le merece la pena y se aleja de la poesía. Básicamente la poesía está compuesta de fondo y forma. Podemos experimentar y jugar con ambas cosas. Yo creo que los grandes poetas logran, de alguna forma, innovar en ambas. Sí que es cierto que la poesía, si no conecta aboslutamente con nadie, de pronto no va a cumplir ninguna función, y el poeta es un ser social. La poesía es un hecho individual, es cierto, se hace en soledad, pero también colectivamente, porque en la mente del poeta están resonando las palabras, y las palabras no pertenecen a nadie, las palabras son una herencia de la humanidad. Son temporalmente nuestras, pero las tenemos en usufructo. Y cuando tú a solas, en tu casa, cuando estás reflexionando, estás conectando con tu interior, estás concentrado, de pronto tienes ese estado de ánimo que te predispone a crear, toda la humanidad está resonando en ti, en esas palabras que, además, tienen adherencias históricas, culturales, ideológicas. Luego también tienen eufonías, cacofonías que cada uno intepreta a su manera. Y con todos esos ingredientes tienes que hacer una pócima que beberán los demás. Pero creo que algo tiene que transmitirte, sea sensorialmente, intelectualmente, emocionalmente… Puede ser que la propia experimentación cause un efecto sensorial que a ti te llene. Y también es verdad que con el tiempo la experimentación se convierte en tradición, cliché. Pasa a ser un formulario burocrático. Eso también pasó en el Siglo de Oro: el primero que dijo tus dientes son perlas fue un genio. Hasta que la fórmula se agotó.

MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO: Quiero preguntarte cómo has conciliado tu veta de estudiosa con tu vena poética. Tienes una sólida formación teórica, eres traductora, y un largo recorrido como poeta. ¿Te identificas con el rótulo de poeta profesor (pienso en Salinas, por ejemplo)? Me gustaría conocer la trastienda de ese camino tuyo, que es doble.

RAQUEL LANSEROS: Hay algo de misterioso en la poesía que hace que pueda escapársele a los grandes estudiosos pero aparecérsele a una muchacha de veinte años en su casa. Yo me quedo más con Miguel Hernández, a quien no le falta cultura, lo del poeta cabrero es un mito. Pero sí tenía una especie de hálito natural muy fuerte que hacía de él un poeta de nacimiento. Esto del poeta nace o se hace es una disyuntiva eterna y no vamos a poder llegar jamás a una conclusión satisfactoria, aunque yo soy partidaria de la formación. He dicho que escribimos por admiración: hay que conocer lo que se hizo antes. Lo decía Picasso, gran innovador. Cuando empezó a hacer pintura abstracta, él decía que conocía muy bien los resortes técnicos de la pintura figurativa. Soy partidaria de conocer muy bien lo que se ha hecho para, al menos, no correr el riesgo de hacer algo que ya se hizo creyendo que uno ha descubierto el Mediterráneo. Al menos para no caer en ese ridículo. A escribir se aprende sobre todo leyendo a nuestros precursores, formándose de manera teórica: tener resortes para explicar las cosas que uno intuye es fundamental. Pero también es cierto que con eso no basta. Es conditio sine qua non, pero no suficiente. No se autoabastece. Mi formación para mí no fue un obstáculo porque yo cultivo mucho el animal que hay en mí. Que es una manera de decir ese yo natural, previo, incluso previo a los conocimientos y que no lucha con ellos. Esa dicotomía es falsa. El conocimiento nunca es enemigo de la intuición ni de la imaginación, al contrario, le da apoyatura. Lo que ocurre es que puede ser que uno se pierda en los ramajes de un conocimiento demasiado burocratizado y ahogue esa voz de niño, esa voz interior que había en sí. Eso sí que hay que cuidarlo. Yo cuando digo cuidar el animal que hay en mí lo digo en un sentido respetuoso, no despectivo. Amo a los animales y los considero iguales, con eso lo digo todo. Animal viene de anima, etimológiamente es una palabra hermosa, quiere decir que hay alma dentro. Por eso hablábamos de la resistencia, de ser críticos ante los mensajes, de ser capaces de mimar a ese niño interior para que perviva. Que no se ahogue en un mar proceloso de mensaje incoherentes e inválidos, de apariencias. Porque lo que más amenaza al yo interior es la apariencia: yo quiero parecer culto, moderno. Pero hay que estar pendiente de lo que a uno le late. Lo fundamental es ser fiel a uno mismo, aun a riesgo de parecer cursi, provocador, démodé. Esa es la posibilidad más real de acertar, porque las otras ya son imposturas y máscaras. Vivimos en un mundo con muchas máscaras. Y si sirve la poesía para algo, es para quitarlas. El conocimiento te sirve para dar razones. Tener ese escudo, esa armazón para refutar, es importante y libera. Siempre y cuando se cuide el fuego. El fuego natural. Porque no hay nada peor que un poeta funcionario. El poeta se expone. La poesía es un riesgo. Y quiero finalizar esta conferencia con un poema de Fernando Valverde, donde él nos habla de la función del poeta. Está incluido en el libro “Razones para huir de una ciudad con frío”:

 

La apariencia

Una ciudad enferma es un invierno frío,

un invierno tan frío como el dolor sin viento,

un rincón es un verso,

un huracán un águila,

agosto una mentira.

Las cosas nunca son lo que parecen.

Lorca es la luna quieta.

sobre el estanque rojo,.

Neruda un animal.

que se retuerce y llora.

Tampoco los poetas.

Borges cogió del tiempo su descaro,.

Vallejo jamás leyó a Cernuda,.

Cernuda nunca quiso una mirada.

que pudiera salvarle,.

Miguel Hernández tuvo.

en su mano un fusil,.

y Alberti que fue un pájaro.

azul como las olas…

Los poemas que duelen son de todos,

la razón de los días está en ti,

el tiempo no comprende la existencia,

y la ciudad aún duerme,

todos duermen…

La noche es un lugar para el olvido.

La niebla nunca suele acomodarse,

los barcos que se hunden son ciudades

en el fondo del mar,

la música es el eco de un lugar muy profundo,

las palabras son cofres que contienen

una parte de ti que pretende ser pájaro.

Y hay un lugar que tiembla,

los lugares que tiemblan son paisajes,

paisajes parecidos a septiembre,

cartas que son espera,

direcciones de viento que procuran

recibir un adiós cuando es octubre

y nada se parece al equilibrio

de aquello que has amado.

La muerte es un instante que ya es nuestro,

el frío una razón para sentir

el calor de los otros.

Nada aquí se parece a su contrario,

este dolor tan simple es un desierto.

 

Muchas gracias.

 

 

Universidad Internacional de Andalucía, sede La Rábida, 12 de julio de 2016.