Donde están ellas: Dina Grijalva



En ocasión del dossier Donde están ellas, presentamos a Dina Grijalva. Nació en Ciudad Obregón, Sonora, pero ha elegido la ciudadanía de Ficticia. Doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México. En la primavera de 2008 visitó Buenos Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora y promotora de ese maravilloso género. Ha publicado libros de minificción: Goza la gula, Las dos caras de la luna, Abecé sexy y Miniaturas Salmantinas.  Ama a los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con habitar en Liliput. Dicta clases de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Publicó una Antología de minificciones eróticas, bajo el título de Eros y Afrodita en la Minificción

 

 

 

 

¿Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier?

Rubén Darío

 

No, yo no quiero ser una pálida Margarita Gautier

Ni provocar una guerra como Helena

Ni ser una guía como Beatriz

Ni inspirar a poetas como Laura

Ni vivir esperando al esposo como Penélope

Ni morir de amor como Julieta

Ni ser idealizada como Dulcinea

Ni amante de reyes como Cleopatra

Ni apurar el arsénico como madame Bovary.

No, yo solo quiero cantar mi canción.

 

 

 

Final de novela

 

Una reciente investigación indica que cuando Ema Bovary estaba a punto de  ingerir el arsénico, recibió la noticia de la muerte de un tío olvidado y de una herencia fabulosa.

Tirar el veneno, viajar a París y armar una librería fueron sus acciones inmediatas.

Se rumora que seducía a los lectores jóvenes; este dato no ha sido corroborado.

La misma investigadora afirma que Ana Karenina no se lanzó bajo un tren.

 

 

 

Amorosa

 

Me he ido enamorando casi sin darme cuenta. El mío es un amor dulce. Ahora que he descubierto mi enamoramiento me dejaré ir, como un río que corre hacia el mar. Cultivaré mi amor como cuido mi jardín.

Estoy enamorada de mí misma. Disfruto los atardeceres conmigo, antes de ir a la cama me invito una copa y en la plenitud de la noche, desnuda y sudorosa, me duermo entre mis brazos.

 

 

 

Clitoridiana

 

Mi clítoris destella en el día, en la noche.

Mi clítoris estalla como flor de pasión

Mi clítoris relincha

Mi clítoris refulge

Mi clítoris es flor y es árbol y raíz

Mi clítoris es volcán

Mi clítoris es lava embravecida

Mi clítoris es un mar de placer

Mi clítoris es luna, es sol, es sortilegio

Y es un perene placer

 

 

 

Geométrica

 

El vértigo está en el círculo, el círculo está en el triángulo, en el triángulo está el vértice, en el vértice está el clítoris, en el clítoris está el relámpago.

 

 

 

La minificción es un universo hecho de palabras.

 

Al escribir una minificción creamos un mundo. Escribo flor y un jardín brota de la página. Agrego la palabra agua y una fuente riega el jardín. Surgen de entre las flores las palabras colibrí, mirlo y pájaro; al nombrarlos cientos de ellos abren sus alas y vuelan. Tal vez ahora habiten en otro texto.

 

 

 

Destellos sígnicos

 

Signo

Hasta este extremo he llegado:

sentir que entre

dos oraciones

la conjunción

padece claustrofobia.

Ion Pop

Y sentir que la a destella alegría

Mientras la i, tímida, no se atreve a aparecer sin sombrero

Tal vez lo heredó de su madre, la j:

Pero la j muestra orgullosa su esbeltez y su curva.

La h sufre por su mudez

Mientras la zzzzz siempre soñolienta descansa

Salvo cuando acompaña a la abeja en su dulce vuelo.

Los … siempre en suspenso

Y los ¿? Siempre inquietos indagando

No importa qué

Y la q ya cansada de su eterna acompañante

Planea asesinar a la u

Solo la detiene pensar que tal vez sería también su muerte.

 

 

 

La a aletea feliz

 

La o, osada y orgásmica, expande su redondez

La x de sexo es excitante

Tus palabras salen de tu boca y entran en mí

Cual flechas

Te las regreso, las recibes goloso

 

 

 

Tú iluminas mi lecho

 

Te espero excitada en la oscuridad. Cuando entras  iluminas mi alcoba y el mundo; tu cuerpo desnudo resplandece como un sol del que brotaran mil rayos luminosos. Todo en mí se conmueve y es entonces que me pregunto: ¿tendrás contrato con la comisión de electricidad? 

 

 

 

Palabras vivas

 

Palabras con alas, airosas, aladas, alzadas, ligeras, leves, sutiles, con viento con aire con luna así es como son cuando libres vuelan escalan suben bajan caen se levantan brillan juegan brincan sueñan se abrazan se acomodan se mueven huyen despavoridas hablan cantan ríen

 

 

 

Palabras vivas 2

 

Las palabras peces nadan; las colibríes, vuelan, las serpiente, reptan. Las palabras elefante no existen.

 

 

 

Anuncio clasificado

 

Se vende auto nuevo, en mal estado.

Culiacán, Sinaloa, a 28 de abril de 2012

 

 

 

Minis de casino

 

En mi reloj siempre es hora de jugar.

 

 

 

El tiempo

 

En la habitación de Safo siempre es un cuarto para las dos

En la del divino Marqués, un cuarto para las doce

 

 

 

Adicta

 

Como todos los viernes al despertar me digo hoy no lo haré, hoy no lo haré. Como todos los viernes, mi día transcurre en una lucha feroz entre el deseo de hacerlo y el propósito de hoy no. Llega la noche y fatalmente me baño, visto la pequeña falda que compré ayer jurando que no la usaría hoy, y camino hacia un nuevo bar, sólo a tomar una copa, me digo, hoy no lo haré. Me siento en la barra y el hombre de gabardina negra me sonríe; trato de evitar su mirada prometedora y me digo hoy no lo haré. Pero él igual se acerca a mí (¿por qué serán tan rutinarios los hombres?) y me ofrece una segunda copa, acepto y pocas copas después él me invita meloso a salir. Me propone ir a un hotel cercano (¿por qué serán tan rutinarios?) y le digo que no, mejor a mi casa.

Mientras busco la llave empieza a besarme y a desabrocharme la blusa (¿por qué serán tan?). Apenas entramos y me arranca la falda, intenta acercarse al sofá y tengo que ser firme para lograr llevarlo a mi alcoba, ya que mi propósito de que hoy no lo haría ha fracasado como todos los viernes, hay que hacer las cosas bien, alcanzo a pensar en el frenesí del deseo.

En mi gran cama sus manos, sus labios y su lengua recorren mi cuerpo con premura, y como en un ritual primitivo y feroz, me penetra con fuerza y es en el éxtasis del placer en donde mi voluntad de nuevo flaquea y no puedo evitar cubrir su  rostro con el almohadón que siempre se vuelve dócil entre mis manos.

Mientras meto su cuerpo en el clóset compruebo con tristeza que ya no cabrá otro más. Tendré que cambiar de nuevo de ciudad me digo y eso sí, en esa nueva ciudad ya no lo haré.