Para habitar tu nombre, de Ricardo Plata



Para habitar tu nombre, de Ricardo Plata

Presentamos cinco poemas de Para habitar tu nombre, primer libro del joven autor Ricardo Plata (Ciudad de México, 1994). Es estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa y Periodismo y Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Ha participado en talleres de creación literaria y poesía. Becario del Festival Interfaz ISSSTE-Cultura “Los signos en rotación” Pachuca 2017. Ha publicado en revistas literarias y fanzines, además de colaborar en congresos universitarios de creación literaria.

 

 

 

 

 

 

Puedo huir de la prisa,
huir de la tarde,
de los diagnósticos errados de mi persona,
de los malos y buenos viajes,
de fumar en las alamedas.
Puedo huir de las emergencias
que olfatean mis pasos de serpiente
y de las ambulancias que aprendieron mi nombre
pero no aprendieron a pronunciarlo.
Puedo saltarme los llantos postcoito,
afinar las eyaculaciones
como en un piano de orgasmos.
Puedo ser un animal que olvida
cada una de sus costumbres.
Puedo huir de unos ojos
que me miran más de diez segundos
sin sentirme presa de la cursilería.
Puedo arruinar las cosas
cuando su marcha es perfecta
para no sentirme fuera de mi rutina.
Puedo huir de todos y de todo
menos de las rejas de carne
que aprisionan mi cuerpo.

 

*

 

Nació con oscuros caballos
galopando su sangre.
Nació con la oscura sonoridad
de la palabra adherida a sus neuronas.
Nació para colgar el abecedario de su infortunio
en los estantes de la noche.
Nació para interpretar el mundo
como una caja de tormentas.
Un centímetro de oscuridad
le faltó para ser el cuervo
que domestica la hora de las derrotas,
y el vuelo de su palabra
nombra a las constelaciones
con el idioma de su infortunio.

 

*

 

El cenicero se llena de preguntas,
mi garganta se vuelve una bola roja
que recuerda los labios apretados
de una castaña que ama de las dos maneras.
Los resortes de la cama
aún conservan la tibia sensación
de su sexo de prisma obscurecido.
Si paso una uña por mi rostro
me desvanezco:
mis mejillas, los poros, todo en mí
son edificaciones de ceniza.
Ayer se fue.
Para encontrarla en cada segundo
colgaré su fotografía con alfileres
en el centro del cielo,
por si llueve, todo se inunde de ella.
Si prendo la radio, estarán los Rolling
y será el soundtrack perfecto para su regreso.
Si quito las cruces de mis ojos,
ya no podré amarla,
y quiero que se quede
pero yo no puedo quedarme.

 

*

 

La noche lo descubre
acariciándole las teclas a la máquina
como si tocara el pecho
grisáceo de la madrugada,
una sinfonía cubre de tinta
el sueño de la hoja en blanco.
El humo cubre el rostro
de quien escribe
la historia detrás de sus pupilas,
una sinfonía que abarca las dos manos
como de quien graba su nombre
en el roble más viejo del bosque
y decide que el futuro es un tiro al blanco
donde la muerte acomoda sus dardos

 

*

 

Vi a mis amigos gritar,
el ruido tocaba el techo del cielo;
nadie respondía.
Yo tampoco pude hacer nada:
también era un grito de auxilio.

 

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