Poesía cubana: Ketty Blanco



Presentamos una breve muestra de Ketty Blanco. Poeta y narradora. Licenciada en Ciencias de la Religión, por el ISECRE (La Habana, 2012). Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, (AHS) Graduada del  Curso Nacional de Técnicas Narrativas “Onelio Jorge Cardoso” (La Habana, 2005). Participó en el primer curso impartido por el Centro de Formación Literaria Hotel Kafka, de Madrid (Ciudad de la Habana, 2008). Ha obtenido, entre otros premios y reconocimientos: Primer Premio en el Concurso Nacional de Poesía “Regino Pedroso” (Cuba, 2009). Primer Premio en el Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio” (Cuba, 2010). Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento “Ernest Hemingway” (Cuba, 2010). Beca de Novela “Fronesis” (Cuba, 2015). Finalista del Concurso Internacional “El Mejor Poema del Mundo” (España, 2016). Premio de Poesía “PortusPatris” (Cuba, 2016). Premio en el Concurso Internacional de Poesía “Abriendo Puertas” (Cuba 2016). Beca de literatura infantil “La noche” (Cuba 2016). Publicada en antologías y revistas, dentro y fuera de Cuba, está traducida parcialmente al inglés, italiano, esloveno, croata, portugués y japonés.

 

 

 

Cosmos

 

El gorrión había muerto.

Encontró la nostalgia.

Yo no pude.

 

 

 

Aquí los amaneceres no son tan apacibles

 

El día es tan bello que de un momento a otro

podría acabarse el mundo.

El rugido de un avión en el cielo pareciera anunciarlo

y la tinta que gotea del lapicero 

es augurio de aniquilamiento.

Hace aquí una mañana apaciblemente bella.

Ya es hora, ya es hora. El teléfono suena.

 

 

 

Quién anda ahí

 

Hay alguien parecida a mí en una oscura celda. Lo sé, porque se ha abierto en lo alto una ventana, y la luz ha develado el cuerpo.

 

Alguien que detenida en sus muros, descubre un cuarto. El cuarto de su casa.

 

Luego escucha una voz y el sonido revolotea como una pobre reminiscencia de otra voz de afuera.

 

Es su voz que sale de otra boca, que por algún resquicio de su cuello gotea mientras inútilmente se aferra al picaporte. 

 

Cómo atravesar la puerta,

 

Quién es aquella desconocida que la suplanta.

 

 

 

Para qué

 

Mi madre pasa y volteo al otro lado

como un pollo con el cuello torcido.

Un pollo que debe escribir, comprar tomates,

tener hijos.

Levántate -dice, golpeando con un tenedor

el fondo del jarro.

¡Levántate! Dame unos huevos, orina, 

come sábila, sonríe a tu madre, escoge frijoles

aféitate las piernas.

 

 

 

Amniótico

 

Quiero escapar de un bosque de algas, jardín interminable

como un sushi pegajoso.

Me sacudo, intento nadar hacia la superficie,

pero no alcanzo a tocar la luz, a atravesar el saco materno.

Se me acaba el oxígeno.

 

 

 

Nunca podré crear

 

Excepto quizás una vida más larga/ para

encontrar nuevas excusas.

Charles Bukowski

 

Escribiré solo cuando tenga la habitación propicia.

O propia. Ahora es imposible. Duermo en la sala.

Dos viejas señoras llegan todos los días

a coserse con mi madre,

y yo debo apurarme para desayunar, pues la mesa

se ocupará con telas y carretes. Pero me digo que

si no escribo ahora, si no soy capaz de encerrarme

debajo del sofá, gruñendo como un perro

mientras las voces de las señoras golpean

con saña mis oídos,

perderé definitivamente el apetito.

 

 

 

Un árbol

 

Debo quedarme quieta mientras nace un árbol. No debo mover un ápice si el árbol procura estirar sus ramas dentro de mi cuerpo.

Cuerpo magro, frágil ante la abundancia de madera y hojas, y flores. Mi cuerpo que por momentos desea retorcerse, aullar frente a aquello que comienza a abrir sus manos.

Pues sabe que el espacio es exiguo, y las ramas pronto apuntarán sus dedos al cielo. Harán saltar ojos y rodillas, rasgando los poros de mi piel como a un vestido.

Y otra vez el instinto me implorará que corra, pájaro loco, sin dirección precisa.

Pero me han ordenado permanecer en calma, muda como la tierra antes de convertirse en bosque.