Poema para leer un viernes por la tarde: El presidente, de Jorge Hernández Campos

En Poema para leer un viernes por la tarde, nuestro editor, el poeta Mario Bojórquez, nos propone la lectura de El Presidente, de Jorge Hernández Campos, uno de los poemas sociales más fuertes de esta tradición en la poesía mexicana.

 

 

 

 

Jorge Hernández Campos nació en Guadalajara el 19 de junio de 1921 y murió en la Ciudad de México el 17 de marzo de 2004. Autor de Parábola del terrón y otros poemas, A quien corresponda, La experiencia, El presidente y Sin Título con el cual obtuvo el Premio Bellas Artes de Literatura, Nacional de Poesía Aguascalientes 2001. En una conversación con el poeta Marco Antonio Campos recogida en el libro de entrevistas El poeta en un poema, Jorge Hernández Campos revela la anécdota que provoca este escalofriante testimonio lírico de su tiempo:

“Por aquel tiempo Miguel Alemán viajaba por Europa. Buscaba –se decía– el Premio Nobel de la Paz. Se rumoraba que iba con él una caravana de Cadillacs. Sobre él corrían anécdotas a pasto. Una de ellas la reproduje en el poema. Cerca de acabar su sexenio (1946-1952), unos amigos le ofrecieron una cena de despedida. Se emborracharon, y él, en cierto instante, agarrándose los testículos, dijo: ‘No hay nadie, que yo se lo pida, que no me venga a besar los huevos’”.

 

Mario Bojórquez

 

 

 

El Presidente

 

…fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malo pravoque. Huic ab adulescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia civilis grata fuerunt, ibique iuventutem suam exercuit. Corpus patiens inediae, algoris, vigiliae supra quam cuiquam credibile est. Animus audax, subdolus, varius, omnium rerum simulator ac dissimulator, alieni adpetens, sui profusus, ardens in cupiditatibus; satis eloquentiae, sapientiae parum habebat. Vastus animus inmoderata, incredibilia, nimis alta semper cupiebat.

La conjuración de Catilina

Salustio

 


…tengo frío tengo frío

¿este frío?

el revolver

la cacha del revolver

¡quién!

¡quién!

¿quién vive?

En la tiniebla

las manos temblorosas

la boca amarga

fuera, los centinelas

la noche la ciudad

y el uuuiiuuuiiuuuii doloroso de un tren lejano

…allá cuando nosotros, junto al fuego del campamento

con la silla de montar por almohada

el hedor a fatiga, el aguardiente

en las entrañas

congelado

en Culiacán y Monterrey

en Zacatecas y Torreón

caballo bayo cuaco alazán

amigo tú amigo yo

huíamos por el desierto y las bestias

se roían las crines y relinchaban sed.

Pero aquél era otro tiempo

y ahora tú te pudres

mientras que yo

¡yo soy quien soy!

lo que tú no fuiste

¡lo soy por ser quien soy!

¡Yo!


Me arde el pecho

 

Y es tan larga la noche

Año de mil novecientos

el veinticuatro de junio

los cogieron los rurales

Tú y yo éramos niños

–Padrino, ¿qué les hacen?

En el atrio de la iglesia “por ladrones de ganado”

¡cras! ¡cras! ¡cras! ¡cras!

mi padre, tu tío, Francisco, Nicolás y Pedro

que tenía catorce años

después

huimos

el monte

la primera sangre

los primeros caballos

con lomo de sangre.

Y cuando decías: la muerte, amigo,

la de verdad

la que uno elige

sólo una vez

y no se repite

como el dinero

está mal repartida

quién tiene más quién tiene menos

y aquí mi amigo y un servidor

tenemos para dar y prestar

y Madero tenía muy poca

Huerta algo más Zapata mucha

Doroteo Arango tenía casi nada

y cuando decías: mi general,

hay que ser dadivosos,

cómo llorabas de risa

y a Fierro:

qué hombre eh, qué hombre

y bebías de su botella sudorosa.

 

El pecho me quema

 

Es tan tarde

 

Y la noche no acaba

 

Si pudiera dormir

 

Si pudiera dormir sin que tú

hijo de puta

amigo mío

si pudiera dormir

libre de ti el pensamiento

¡acabaras de morirte!

 


el más hombre


Capitán

de los corridos

de la risa desencajada

en el incendio en el combate

 

Ah. Sí

Tú, el héroe

para ti la plata

para ti confidencias

a ti el silencio deferente

en el Estado Mayor

En Aguascalientes

y en Querétaro

como brillabas

cuero kaki pomada

con Pancho Álvaro

Leobardo Roque

Antonio y Eulalio

Siempre tú

…y yo, en el rincón

fuera del grupo

con tu sombrero en las rodillas

y con tu alcohólica insolencia

a cuestas por las escaleras

desmañadas del hotel

Y bien

¿ahora?

¿Ahora dónde estás?

¡Responde!

¿Donde estás,

dónde están

los grandes

los redentores

los mortíferos

los intocables?

Aquellos generales

tan gloriosos

¿qué se hicieron?

Con toda su potencia

¿por qué murieron

mientras que yo

sombra de mi amigo

el guerrillero

de burdel

el que hizo la Revolución

en las cantinas

tengo en sus huesos

pedestal y discurso?

¿Quién fue el más fuerte?

 

Pero no se trata de ti

con todo y todo

lo de nosotros

fue otra cosa

te lo repito

te lo he dicho mil veces

y te lo dije a ti, cara a cara

que tu ambición

que lo pensaras

que por qué habías cambiado

que sobre los afectos

está siempre la causa

Y luego la Constitución

todavía fresca

habíamos jurado

tú cambiaste partido

y a mí una noche

me insistieron

usted es el único que puede acercársele

usted es el único que puede salvar

a la patria

si usted no se mueve quedará traicionada

por siempre la causa

del pueblo

y habrá sido inútil la lucha la muerte

y el sacrificio

de tantos hermanos

Por eso lo hice ¿comprendes?

y porque yo no era yo en aquel instante

sino la mano armada de la nación

¡cras! ¡cras! ¡cras! ¡cras!

te hice justicia cuando vuelto de espaldas

encendiendo el cigarro

reías

indefenso

 

Ves pues

que ni tú mismo

podrías llamarme

traidor

No te maté por interés

por envidia

ni por granjearme la voluntad

del Caudillo.

Y si después seguí adelante

con el llanto en el alma

si fui a las Cámaras

a la gubernatura

a la Secretaría

y llegué luego aquí

fue porque alguien

tenía que hacerlo

Este pueblo no sabe

México está ciego, sordo y tiene hambre

la gente es ignorante, pobre y estúpida

necesita obispos, diputados, toreros

y cantantes que le digan:

canta, vota, reza, grita,

necesita

un hombre fuerte

un presidente enérgico

que le lleve la rienda

le ponga el maíz en la boca

la letra en el ojo.

Yo soy ese

Solitario

Odiado

Temido

Pero amado

Yo hago brotar las cosechas

caer la lluvia

callar el trueno

sano a los enfermos

y engendro toros bravos

Yo soy el Excelentísimo Señor Presidente

de la República General y Licenciado Don Fulano de Tal.

Y cuando la tierra trépida

y la muchedumbre muge

agolpada en el Zócalo

y grito ¡Viva México!

por gritar ¡Viva Yo!

y pongo la mano

sobre mis testículos

siento que un torrente beodo

de vida

inunda montañas y selvas y bocas

rugen los cañones

en el horizonte

y hasta la misma muerte

sube al cielo y estalla

como un sol de cañas

sobre el viento pasivo

y rencoroso

de la patria.

 

Basta ya, déjame que raya el alba

Por una calle profunda baja un tranvía

exasperante como el insomnio

¿Aquellos disparos?

¡cras! ¡cras!

¿Quién no muere?

Vuelve el sueño…

No No No

Hermano

dame a comer de eso rojo…

 

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