Cuento de la India: Anushka Jasraj



Presentamos un cuento de Anushka Jasraj, titulado “El Circo”, en traducción de Andrea Alcazar. Anushka Jasraj es una escritora de ficción. Fue ganadora de la región de Asia en el Commonwealth Short Story Prize 2017. Su trabajo se ha publicado en diversas revistas angloparlantes.

 

 

 

El Circo

 

Estoy leyendo un libro sobre la vida en el circo. El autor es un japonés que se enamoró de una trapecista llamada Mala y siguió al circo alrededor de la India por cinco años. Eso es dos años más de lo que yo he estado casada, y ya estoy planeando mi escape.

Cada mañana tomo cinco diferentes multivitamínicos y una pastilla que detiene la ovulación, para no quedar embarazada. El nombre de mi esposo rima con hurón[1], y no sabe que tomo anticonceptivos. Es olvidadizo. Come almendras en el desayuno y curry de pescado para el almuerzo, para mejorar su memoria. Es raro, le digo, los peces son tan olvidadizos, pero los comemos para recordar mejor.

Lo llamo Hurón porque es irrespetuoso llamarlo por su nombre. Cuando estoy sola digo su nombre para mí sola: Kiran. Se supone que le cocine toda su comida y tengamos sexo semanalmente. Una consecuencia inesperada de este tipo de acuerdos: el deseo de conocer y que me conozcan. Hay una discordancia entre su falta de afecto y la intimidad en nuestra vida en común. Lo más cerca que está Hurón a ser tierno es cuando me dice No comes lo suficiente. Los domingos, él ve mi programa favorito conmigo, sin quejarse.

Encontré el libro en una tienda de segunda mano; el dueño anterior ha dibujado un bigote a todos los animales, la cubierta está dañada, pero las fotografías han conservado su brillo. El japonés habla de una mujer esquelética que no come. En cada presentación, camina alrededor del ring, y la audiencia la mira mientras el maestro de ceremonias le ofrece un vaso de agua. Suena trivial, pero es uno de los momentos más dramáticos del show, porque se espera que cualquier día la mujer colapse. Por la noche, el autor observa a la mujer, esperando encontrarla sacando comida furtivamente de algún bolsillo oculto entre los voluminosos pliegues de su sari.

En su lugar, descubre que duerme profundamente y ronca como una máquina de vapor.

Los miércoles ayuno. El doctor dice que no es sano, pero le digo que no puedo tomar medicamentos los miércoles. Tomo una doble dosis el jueves. Eso es un disparate, dice el doctor. Cuando mi madre se enferma, ayuno la semana entera y considero unirme al circo. Entiendo la fuerza de la mujer esquelética. Mi doctor dice que la anorexia es adictiva porque el cuerpo libera hormonas que estimulan el apetito y simultáneamente revitaliza la mente.

A mi madre le gusta recordarme que siempre fui una molestia y, algunas veces, me culpo por mi propia fragilidad. Estos días pasa su tiempo tejiendo y me envía ropa tejida por correo, a pesar de que el clima es bastante caluroso y nunca le encuentro un uso.

Me llevó al circo cuando tenía cinco años. El primer acto fue un truco de magia y nos tuvimos que ir pronto porque no paraba de llorar después de que el mago desapareció dos palomas en su sombrero. Tardé en aprender sobre la permanencia de los objetos.

Hurón maneja una tienda de muebles, la cual heredó de su padre cuando nos casamos. Hace diez años el padre de Hurón promocionaba muebles y decoraciones modernas. Ahora es una tienda de antigüedades, vendiendo las mismas cosas. ¿Acaso no funciona de la misma manera pero al revés?

Practico contorsionando mi cuerpo cada mañana después de que se va mi esposo. Cuando el circo llegue a Bombay en el verano, me uniré. Mi bisabuela podía dislocar su ojo izquierdo de su cuenca. Ella fue parte de un show de circo itinerante durante una semana, pero se enamoró de mi bisabuelo quien trabajaba en una farmacia al sur de Bombay. Ella aseguraba que tenía el poder de la “visión”, aunque no era parte de su acto en el circo. La “visión” es protagonista de numerosas historias familiares. En una de ellas, las mujeres llevan comida y bebida como ofrenda a mi bisabuela para que les informara quien estaba durmiendo con cuál esposo. Es una broma común, en la familia las mujeres tienen la “visión” pero son ciegas ante los amoríos de sus propios esposos.

Mi bisabuela murió en 1979 y yo nací el mismo año. Nunca la conocí y en mi cumpleaños número trece mi madre me dio un ojo preservado en un frasco de vidrio. El iris es gris como las nubes que anuncian una tormenta. Lo he conservado todos estos años. Yo también heredé su “visión”. Me dice que conoceré a mi verdadero amor cuando me una al circo Kohinoor. Me pregunto si Hurón vendrá a verme cuando me presente. Mi acto se llamará: La Desafiante Draupadi. Mi nombre real es Sita.

*

Algunos días estoy sola y me pregunto si existo. En esos días invito a mi vecina del piso de abajo, Saila, a tomar té y ver una película. Ella es hermosa, con sus perfectamente proporcionados pechos. Yo me enamoro de mujeres hermosas porque la belleza es simétrica y el desdén es la única expresión facial asimétrica. Imagino que mi esposo me amaría si fuera más como ellas. Mis pechos no son lo que se dice simétricos.

Practico mi despedida a Hurón en frente del espejo y no es fácil, así que decido escribirle una nota en su lugar. En el primer borrador enlisto quince cosas que encuentro mal en mi matrimonio. Me detengo en quince porque me recuerdan tan enfáticamente mi miseria que lloro durante dos horas aproximadamente. Mi esposo llama para decirme que llegará tarde porque su cena de negocios es de siete tiempos. En la radio una mujer canta sobre cruzar el mar para aprender una lengua en la cual su amante pudiera entenderla.

Reescribo la nota de despedida pero en esta ocasión trato de sonar alegre. Estos años han sido los mejores, escribo. Robo líneas del japonés que siguió al circo. “Nunca antes se ha creado un espectáculo semejante y esta muerte marca el fin de una brillante era de maestros de circo.” Mantengo esta nota incompleta en mi joyero. Hay muchísimo más que necesito decir antes de partir.

*

Mi verdadero amor es Rajan, el domador de leones; lo sé porque tengo la “visión”. Cuando el circo llega, leo las críticas en el Times de Bombay y descubro que mi amor verdadero es un hijra[2] aunque prefiere el pronombre masculino.

Sueño con Rajan y me doy cuenta que él ya es una criatura perfecta ─si todos estamos en búsqueda de la mitad que nos completa entonces él ya es perfecto─ ambos, hombre y mujer. Pero después me pregunto cómo la criatura perfecta puede ser hombre y mujer, cuando hay amor infinito para Saila en mi pequeño corazón. Desearía que ella me pidiera que me quedara. No puedo predecir qué me hará feliz. La visión viene y se va a voluntad propia y me informa de cosas que ya son ciertas, mas no me ayuda a tomar una decisión.

Antes de irme para unirme al circo, debo recuperar el frasco de vidrio con el ojo de mi bisabuela. Está en una esquina en el closet, detrás de una pelota de playa desinflada, una caja de copas de vino rotas, tres pares de botas para la lluvia y un ángel de unicel. En mi última noche como una mujer doméstica, duermo sosteniendo el frasco cerca de mí y en la mañana ha caído al piso y se ha abierto, derramándose. Hay un vago olor a químicos en el cuarto. Mi bisabuelo había trabajado en una farmacia y debió haber olido de esta manera cada noche al regresar a casa con mi abuela. Lo tomo como una buena señal y empaco mi maleta.

Debajo de la cama tengo un acuario grande de vidrio lleno con formaldehído en el cual conservo a Billy, la gata. La adoptamos hace dos años y murió el mes pasado. En mi luna de miel en Nueva York, vi una obra de arte de Damien Hirst: un tiburón preservado en un gigante aparato parecido a un acuario. Hablé con una mujer en atención a clientes y ella me contó sobre las diversas dificultades que supusieron el proceso de mantener al tiburón muerto en la galería. Quise quedarme con la gata porque un alma existe en el cuerpo y desaparece como polvo una vez que el cuerpo es quemado. Billy todavía tiene su alma. No llevo a Billy conmigo pero la saco de la caja y dejo su cuerpo en el horno. Será una sorpresa para Hurón, porque él nunca ve debajo de la cama pero sí la encontrará en el horno.

Escribo la nota final. Dice: Estos últimos años han sido los mejores años. Te he amado y te recordaré. Me voy porque en mi corazón está creciendo─ La nota se queda incompleta debido a que busco en el diccionario por la palabra correcta para explicar el vacío en mi interior, que es también un tipo de sustento.

El lenguaje es un juego arreglado en un carnaval en el cual los aros son demasiado pequeños para encajar en ninguno de los premios. Amistad. Deseo. Amor. Soledad. Ninguna de estas palabras puede explicar lo que siento. Decido quedarme otro día, hasta que termine la nota de despedida.

Saila viene a la casa y vemos una película de kung fu sin subtítulos. Me besa en la mejilla cuando le digo que me iré una vez que termine de escribir la nota. Sus labios están secos y su aliento huele a jengibre.

Te ayudaré, me dice, y pasamos una hora hojeando el diccionario y probando palabras oscuras que nunca hemos escuchado antes. Astrafobia. Ecofobia. Frabulloso. Grandilocuencia. Sigil. Onomatopéyico. Chorradas. Vieres. Zaum.

¿Qué te parece abatimiento? Saila pregunta.

Tengo esperanzas. Mi amor verdadero es Rajan el domador de leones.

Es un hijra. Dice Saila. Su tono está desprovisto de juicios, pero deja el diccionario. El juego termina.

*

Llamo a mi madre, quien está postrada en cama, por ayuda, pero no le digo que mi verdadero amor es un hijra. Simplemente digo: Creo que hay alguien más para mí. Puedo unirme al circo. He estado practicando y puedo torcer mis extremidades en la forma de un jalebi[3]. Te enviaré una fotografía. Checa tu correo electrónico.

Madre dice: no cometas errores, y no estoy segura si se refiere a los mismos errores que ella hizo o errores en general, porque lo último es casi imposible y mi madre siempre me está imponiendo peticiones imposibles. Como la vez que me preguntó por qué no estaba en el cuadro de honor del décimo grado cuando todavía estaba en el noveno.

¿Fui un error?, cuestiono, tratando de aligerar el tono de nuestra conversación.

Dormir con ese hombre fue un error, pero tú eres una bendición, dice.

No sé nada sobre mi padre excepto que mi madre lo conoció en una fiesta de Diwali[4] en el vecindario, pero nunca volvió a verlo. Mi madre tenía veintidós y me crió sola, sin ayuda monetaria de mi abuelo. Estaba oscuro, me dice siempre que pregunto sobre mi padre. No creo que lo reconocería si lo viese.

Cada vez que veo a un hombre de mediana edad con rizos oscuros, me imagino que es mi padre. Estos hombres generalmente van vestidos con ropa arrugada y en mal estado, lo que sugiere su soltería. No son hombres exitosos pero tienen empleo y viven su vida en un estado de distracción que les impide confrontar el vacío de sus existencias. Fantaseo con encontrar a mi padre y traer un nuevo significado a su vida.

Me voy el lunes y la nota sigue incompleta, pero algunas cosas toman mucho tiempo y deben ser olvidadas para poder seguir adelante. He estado ayunando y el hambre hace mis huesos débiles. Me retuerzo y todo cruje como una casa hinchada después de una inundación. Yo no lloro; las lágrimas no son una señal de debilidad sino una forma de ceguera. 

*

Estoy segura que el domador de leones no tiene hijos y dudo que esté casado. ¿Qué mujer permitiría a su pareja poner su cabeza en la boca de un gato salvaje todos los días?

El circo se ha establecido en la plaza de criquet. Llego dos horas antes de la primera función. El calor y los nervios me hacen sudar. Me escabullo a la carpa principal, escucho que alguien se refiere a ella como thambu. Dentro es un pequeño planeta. Hay quinientos asientos rodeando el ring y las paredes de tela son de un trémulo poliéster. Los artistas se encuentran lejos, al final de la tienda, pero sus voces llegan ruidosas hasta los asientos más lejanos donde estoy sentada.

Nada me ha preparado para el sentimiento de melancolía que me acompaña mientras veo este absurdo show. Un anciano en un traje de payaso hace malabares con huevos. Los acróbatas, todos en trajes de lentejuelas azules y plumas, están estirando en una esquina. Rajan, el domador de leones, los alimenta con carne no identificable. Me acerco al ring y el payaso se fija en mí.

¿Qué haces aquí? pregunta. El público no tiene permitido entrar hasta las seis.

Quiero audicionar, anuncio lo suficientemente fuerte para que todos me escuchen.

El maestro de ceremonias camina hacia mí y dice: No. Conozco a las de tu tipo. Vuelve con tu familia antes de que las cosas empeoren.

Lloro porque no hay nada más que se pueda hacer. Puedo ir a casa, destruir la nota antes de que mi esposo regrese del trabajo, pedirle a Saila que me perdone y revertir todo a su estado original. El circo es como un cometa accidental y yo sólo puedo regresar a mi órbita. El japonés escribe: El circo es mágico porque es humano. Estos cuerpos humanos realizando imposibilidades. Los envidiamos e imaginamos que somos ellos. Hay una profunda tristeza que permanece en mí después de cada show. Me doy cuenta de que nunca seré tan liviana. Yo nunca volaré.

El domador de leones se sienta junto a mí. Su barba está desaliñada, como virutas de metal reunidas alrededor de un imán. Me siento jalada hacia él y poso mi cabeza en su hombro. Parece sorprendido, pero lo permite. No es fácil, me dice, ser envidiado de una manera anormal. El público se va y vuelve a sus vidas pero esto lo es todo para nosotros.

Puedo lavar tu ropa y cocinar para ti. Preparo el mejor idli-sambhar.

No derrames lágrimas por esta tontería. Vete.

Voy a hacer un voto de castidad.  

Rajan se ríe. ¿Por qué, niña?

Por ti.

Se queda callado cuando ve que hablo en serio. Todos nosotros vivimos en pequeñas tiendas de campaña detrás. La mayoría las comparte. Dos o tres en una tienda. Yo estoy solo. Nadie quiere compartirla conmigo. ¿Me entiendes?

Yo asiento, pero mis ojos siguen el rastro de cicatrices a lo largo de su brazo. El bulto en su hombro, la delgada marca de nacimiento en su cuello. Yo ya he decidido seguirlo de regreso a su tienda, así él lo permita o no.

¿Cómo es que el mundo entero no está enamorado de él?, me pregunto.

Hay un descanso antes del show. Los leones son guiados a las jaulas que después aseguran y son sacadas por Rajan y el anciano payaso. Me quedo fuera de su vista pero los sigo por el sonido de las ruedas crujiendo. Las jaulas están situadas a unos pocos metros de las orillas del círculo que forman las tiendas. Rajan entra a una de éstas. Me acerco más y lo escucho hablando pero no puedo entender las palabras. No me doy cuenta que él puede ver mi silueta a través de la fina pared de trapo. Él sale y me grita: ¿Qué estás haciendo aquí?

Lleva una mano hacia su frente como para proteger sus ojos del sol o limpiarse el sudor. Su postura defensiva parece más temerosa que enojada o molesta. El látigo de cuero, brillante por el uso, está todavía en su mano izquierda. Quiero que esta criatura me domine, pero primero debo forzar mi entrada en su vida. El japonés escribe que un animal es indiferente cuando estás fuera de su jaula mirándolo, pero se transforma una vez entras en su morada. Sostengo la mirada de Rajan sin retroceder. Él ve hacia el suelo por un momento, como si se preparara para atacar pero yo lo empujo con mi hombro y, a pesar de que no soy fuerte, él está demasiado sorprendido como para impedirme que entre a su tienda.

Dentro hay una bolsa de dormir en el piso y un pequeño catre en el que una demacrada anciana duerme. Ella me recuerda a la mujer esquelética en el libro del circo.

Rajan duerme en el piso y me cede su bolsa de dormir. La anciana es la mujer del libro japonés. Ella era joven en aquel entonces. El circo intentó dejarla en un asilo pero era infeliz porque los doctores la alimentaban a la fuerza a través de una vía intravenosa. Es tan pequeña que Rajan la esconde en su ropa de cama cuando el circo viaja. Ella habla Tamil: una lengua que yo no entiendo. Rajan traduce para las dos. Su nombre es Kamala. Es anciana. Probablemente conoció al señor Barnum personalmente.

¿El señor Barnum?

Sí, del famoso circo Barnum y Bailey, me dice Rajan. A veces ella dice cosas que son dirigidas a mí pero él se niega a traducirlas.

*

Yo no tengo permitido actuar. De hecho, debo permanecer escondida si quiero viajar con Rajan. Él tratará de encontrar una manera de escabullirme en el tren del circo cuando partan hacia Jaipur el próximo mes.

*

Rajan me cuenta sobre dos leones: Teníamos cuatro más, pero no podíamos permitirnos toda esa carne de caballo y tuvimos que subastarlos. Estos dos son Leo y Castor. Ellos son especiales porque vienen de un linaje de leones criados por Carl Hagenbeck en el siglo diecinueve. Mis ancestros del lado de mi abuela eran cazadores en Bengal y suministraban elefantes y tigres a Hagenbeck. Él le hizo un regalo a mi tatarabuela un cachorro de león de una casa de fieras belga, de dos años y entrenado como un perro. ¿Alguna vez has estado en Europa?

No, nunca he ido.

Algún día me presentaré ahí. El agente del circo internacional vendrá al show esta semana. Lo vemos una vez al año. Esta vez tengo algunos nuevos trucos.

Fijado a la pared y revoloteando ligeramente por el viento está una hoja de papel enlistando nombres y causa de muerte:

Trieste contrajo un grave resfriado.

Bolívar fue atacado por un amante celoso.

Titus en un incendio.

Atir bebió un barril de licor y tuvo un ataque.

Old Betty psicosis.

Darling, June, Jenkins y Felix de vejez.

Zora huyó.

¿Estas son personas con las que actuabas?

Leones, dice. Bolívar era el único tigre.

En las noches Rajan me toca a través de la bolsa de dormir, pero nunca directamente. Un animal es una bestia diferente una vez entras a su jaula. Coloca su palma sobre mi palma, con capas de algodón y poliéster entre nosotros. Estamos solos, y morimos solos, me dice, citando a algún poeta, pero nos sorprende estar hechos para sentir semejante soledad.

Como peces en el agua, sedientos de oxígeno, murmuro.

Me gustaría ser una inmortal medusa, dice.

La anciana grazna desde su catre. Rajan no la traduce.

Cuando era una niña, mi madre me contaba historias para dormir en las que siempre había animales parlantes y tenían una moraleja. Mi favorita era una acerca de un cocodrilo que se comía el corazón de un mono. Y constantemente pensaba acerca del corazón del león. Tener el corazón de un león es ser valiente, pero, ¿qué pasa con el león cuyo corazón posees?

*

Dos días antes del que se espera que el agente asista al espectáculo, Rajan me lleva a los ensayos. Los leones no están presentes. Chet, un caballo café claro, trota alrededor de la arena, mientras un gran danés se para en un pedestal en el centro. Esto se presentó por última vez en 1873. La casa de fieras de Hagenbeck. Entrenó a un león para montar un caballo. Primero, necesitas permitir que el caballo se acostumbre a tener el peso de otro animal en su espalda. He estado entrenando a Chet para actuar con un perro en su espalda.

A la orden de Rajan el perro corre, salta hacia Chet y se balancea en la espalda del caballo como una prima ballerina: sus cuatro patas todas juntas y el cuello extendido. Yo aplaudo, pero nadie más en el ensayo parece impresionado.

Hoy intentaremos con Castor por primera vez, dice Rajan. Una montura especial está atada en la espalda de Chet para prevenir que las garras de Castor se entierren en su piel. Rajan abre la puerta y Castor baja plácidamente los escalones que han sido colocados en la entrada de la jaula. Los trapecistas, usualmente despectivos hacia el resto de la gente del circo, se vuelven atentos. Incluso el gran danés parece estar con los pelos de punta. Castor está acostumbrado a pararse en el centro. Rajan camina al lado de Chet, alrededor del ring. Una vez, dos. La tercera vez él silba: fuerte y marcado, Castor se para en sus patas traseras, Rajan silba de nuevo y Castor se impulsa y salta sobre la espalda de Chet. Chet se sorprende por el nuevo peso y se pausa por un momento como decidiendo si debería desbocarse. Rajan jala las riendas de Chet y murmura en la lengua secreta formada entre animal y cuidador. El caballo se calma y sigue el camino circular.

Hay una pintura de George Stubbs en la cual un león está atacando un caballo. La pintura representa el momento en el que el león ha saltado sobre el caballo y hunde sus garras en su carne. Podría ser tanto una escena de apasionado amor como una de un perverso ataque. El caballo no ha sangrado aún.

Castor se enferma una noche antes del día en que se espera que el agente asista al espectáculo. Está inquieto en su jaula, caminando de un lugar a otro en el espacio de dos y medio por tres metros. Leo le gruñe. Puedo escuchar a Castor moviéndose en su jaula y Rajan lo trae a nuestra tienda. Ha colocado un bozal alrededor del hocico de Castor. ¿Alguna vez te has acurrucado con algo que podría comerte? Pregunta Rajan. El león mueve su cabeza de lado a lado como si tratara hablar. Es inofensivo, dice, y desata el bozal. Castor vomita un charco de bilis. Huele como leche que ha sido hervida por demasiado tiempo.

La mayoría de los días, mientras el espectáculo se presenta, me quedo en la tienda con la anciana y le cuento historias de mi vida a pesar de que ninguna habla la misma lengua. Debajo del catre de la vieja mujer hay una pequeña caja de metal que contiene un mapa de Bélgica de 1850, una fotografía en blanco y negro de P. T. Barnum, una miniatura de un león en porcelana, una copia amarillenta de Bestias y hombres de Hagenbeck, un colmillo deleón y una flor azul de papel.

Asisto al show hoy porque estoy preocupada. El señor Magri, el agente del circo internacional, está sentado en primera fila. Su nombre le queda y su bigote se tiende delicadamente sobre sus labios como si estuviera a punto de caerse de su rostro. En el círculo de chismes del circo hay rumores de que es descendiente del Conde Primo Magri, el famoso enano italiano. Él es de estatura normal. Usualmente no tenemos cupo completo pero el rumor de un acto especial se esparció. Saila, o alguien que se parece a ella, está entre el público.

Después del show, el señor Magri se une a los artistas en la tienda donde se cena. Camina hacia Rajan para hablar con él. Ese fue un estupendo truco, dice, hay una larga pausa. Magri se da cuenta que estamos esperando a que continúe. Oh, dice, Me temo es sólo que el público en estos días está buscando algo con más corazón. Algo con un poco más de narrativa. Este es un acto un poco aterrador. Debo ir a saludar al escapista antes de que se vaya. Fue bueno conocerte, Rajan.

Magri se va y Rajan toma mi mano. Es la primera vez que nos tocamos. Estoy alborozada y más tarde rezaré por misericordia porque estoy feliz.

[1] En el texto original la autora dice “heron” que es garza en español, sin embargo considero que la rima no concuerda con la traducción literal, por lo que siguiendo con un nombre de animal lo cambié a “hurón” para quedar más acorde a la rima del nombre. Nota de la traductora (de aquí en adelante “N. T.”)

[2] En India se les llama hijra a las personas del tercer sexo o intrasexuales.

[3] Un tipo de postre de la India. (N.T.)

[4] Se refiere al festival de las luces que se lleva a cabo en India durante el otoño. (N.T.)