Poesía panhispánica No. 26: Juana Bignozzi



En nuestro tiempo postutópico, el tiempo de la poesía panhispánica, continuamos la revisión de la pluralidad de pasados desde la que escribimos y leemos poesía. Presentamos a la poeta argentina Juana Bignozzi (1937-2015). Poeta, traductora y periodista. Es autora de Tierra de nadie (1962), Mujer de cierto orden (1967), Regreso a la patria (1989), Mujer de cierto orden (1990), Interior con poeta (1993), Partida de las grande líneas (1997), La ley tu ley (2000), Si alguien tiene que ser después (2010), Las poetas visitan a Andrea del Sarto (2014) y otros títulos. Obtuvo, entre otros, el Premio Municipal de Poesía 2000, el Premio Konex 2004 y el Premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional Argentina en 2013.

 

 

 

Ce triste exil, ce fier exil

 

En las noches felices con la gente que amo

él hace sentir su ausencia,

se instala en el amor que me dan,

en el amor que doy,

en el otoño, sí, ya sé, las hojas;

dos amigas caminan por calles entrañables,

hablan del amor, la vida, los hombres,

se dejan envolver por la dulzura de la noche de mayo,

hacen a un lado las cosas irremediables,

caminan solas entre los olores, las luces de las ventanas,

algún rostro obsesivo que insiste, insiste,

pero ellas saben tanto sobre el amor, tanto,

que pueden convertir todo en una charla brillante

el hombre que desean hasta sentir frío,

el verdadero amor

y el aplastante domingo que hay que atravesar

para que su voz sea de nuevo

y todo empiece a cobrar vida.

 

Los amigos que me aman hablan de mis ojos,

ya sé, son importantes como las hojas en otoño,

pero todo cae a golpes

en estos domingos para lanas tibias, hijos que no tengo,

globos de colores en el parque.

 

Entre ritos familiares se calienta al sol

impura,

como si hubiera encendido fuego en viernes

o hubiera cantado en tierra extranjera.

 

 

 

 

Dulce post art nouveau

.

Desde este balcón miro llover sobre el mar

—Europa provee las imágenes de afiche I,

cumple los sueños de barrio

su realidad aumenta la cursilería y la verdad—

yo hago una lista donde objetos amados

se mezclan con objetos necesarios

a los que el agua y la distancia confunde y a veces ni rescata

todos vuelven sobre esta calmísima agua

que llega hasta el pie de mi casa

pocos logran tener una cara

si la palabra tiene valor

esta distancia lo probará

si la palabra es vida y los que la manejan viven en ella

ésta es la prueba

si ya pensé mi vida o sea ya la viví

el agua de este mediterráneo tan muerto

es prueba y respuesta

 

 

 

Le entrego mi nombre a la vida que sube

 

Detrás de estos juegos de inteligencia

detrás de nosotros, que estamos en lo que podemos,

que sólo manejamos vasos al borde de la lluvia

vinos amicales,

fosforescencias del mar tienen su nombre,

que yo sólo puedo decir a través de ojos lánguidos,

sonrisas tristes mi amor devastado.

Tan pobres que éramos,

y ahora los que vienen de Cuba, los que van hacia Cuba,

entran en mi lenta ternura de mujer que vive junto a un río

hacen insoportable nuestra miseria.

 

 

 

 

Interior con poeta III

 

Desde mi ventana

silencio de verano silencio de invierno

veo servir la comida

encenderse las luces

lámparas del atardecer mesas del mediodía

¿acogerían ellos a una sin patria?

¿no estaría mi corazón para siempre en otra tierra?

soy ajena a las ceremonias de la costumbre

que suelen acogerme para señalarme extranjera

vidas de espaldas al mar que es el camino de mi vida

 

 

 

 

El hombre que me compra flores

 

el hombre que me compra flores

se las guarda en el bolsillo después de dedicármelas

recomienda serenidad ante mis síntomas y mis pérdidas,

cuando se ha asegurado de que recuerdo la hora del regreso

me pide que deje de buscar mi maleta

vuelva a calzarme mis incómodos zapatos

y busquemos un buen lugar para comer

 

 

 

El sujeto de la izquierda

 

educada para ser

la magnífica militante de base de un partido

que por no leer la historia de mi país

se ha convertido en polvo no enamorado sino muerto

preparada para una eterna carrera de fondo

tengo ante los ojos una pared impenetrable

detrás de la cual sólo hay

otros 50 años de trabajo y espera

 

 

 

 

Domingo a la tarde

 

Cuando se sientan frente a frente

amores imposibles, quincallería amistosa,

tipos que se atrevieron y esa mujer intensa

que lleva augurios a felicidades que nunca entenderá,

la buena gente desecha las malas palabras,

la buena gente dice todos tienen posibilidades en la vida,

sienten crecer su amor por esa mujer intensa,

tan sola, que vivirá siempre detrás de una ventana

y todo lo que le ofrecen está demasiado azucarado.

 

 

 

 

Luz de gas

 

Todos pudimos apagar y encender las hogueras

digamos, las luces

los más inconscientes lo hicimos

pero yo pregunto

quién tuvo la valentía de verlas agonizar

y siguió hablando moviéndose

pensando en las celebraciones

sonriendo ante las consecuencias del cambio de estación

la luz que agoniza era una obra que amaba mi madre

en su fantasía del teatro

pero aquí no habrá salvadores

lúcidos detectives jóvenes enamorados

sólo héroes que miran cómo agonizan

y simulan vivir una vida

¿quién la llamó vida?

sin revolución

 

 

 

Educada en el vicio de los hombres

 

voy a la cocina y me siguen

voy al baño y golpean la puerta

me despiertan en la noche para preguntarme si duermo

llaman por teléfono en todas mis ciudades

para avisarme cuidado con el vino y la vida literaria

no he perdido padre ni tíos ni ahijado ni amigos de juventud

por no perder no he perdido ni editor

ni ese hombre

que ya sombra aún cuida mi paso en las esquinas

 

no me han dejado caer de su mano de su vicio

de su peso de mi corazón