El manifiesto de las poetas impostoras. Poetas feministas de Islandia



El manifiesto de las poetas impostoras. Poetas feministas de Islandia

Andrea Medero ha traducido el manifiesto del colectivo feminista “Las poetas impostoras” de Islandia, publicado en junio de 2019. Se trata de un colectivo que se creó entorno al Departamento de Escritura Creativa de la Universidad de Islandia. La idea nació a partir de un viaje que realizaron seis jóvenes autoras con la única intención de escribir poesía juntas. El texto fue trabajado en el taller de traducción que conduce Gustavo Osorio de Ita.

 

 

 

 

Las poetas impostoras de Islandia emiten un manifiesto

 

Estamos en Flatey, una pequeña isla en el archipiélago del occidente de Islandia. Estas Islas están agrupadas en Breiðafjörður, un fiordo del que los islandeses a menudo hablan en términos metafóricos: “Sus pecas eran incontables como las islas de Breiðafjörður”. Escribimos esto en junio, cuando el sol nunca abandona el cielo, y la mitad de la isla está cerrada debido a la temporada de anidación. Hay aves por todas partes.

Hay seis de nosotras: Þórdís Helgadóttir, Þóra Hjörleifsdóttir, Sunna Dís Másdóttir, Ragnheiður Harpa Leifsdóttir, Melkorka Ólafsdóttir y Fríða Ísberg. Estamos aquí para escribir un libro que será publicado este otoño. Será nuestro tercer poemario en tres años.

En Islandia, hay poca o casi nula jerarquía cuando se trata de librerías. Es agradable si tu libro es publicado por una casa editorial, pero cualquiera puede enviar un email a la cadena más grande de librerías en el país y conseguir su libro autopublicado en los estantes. Es uno de los beneficios de vivir en una sociedad pequeña, nunca estás tan alejado de los que marcan tendencias.

Las Poetas impostoras surgieron en una cabaña de verano rodeada por abedul y piedra. Habíamos ido ahí para escribir un libro de poesía dentro del transcurso de una semana. El reto que nos planteamos a nosotras mismas fue eliminar nuestra fijación con la perfección, como terminar una mala relación, o dejar un trabajo agotador. Todas conocíamos muy bien al Impostor, esa figura que posa sobre tu hombro y susurra, “esto no es lo suficientemente bueno”. Concebimos este viaje como un trampolín hacia el proyecto inacabable de hacer las paces con el Impostor, como un impulso para escribir y publicar.

Las Poetas impostoras son un movimiento; invitamos al impostor a la mesa, lo confrontamos e incentivamos a otras a que hagan lo mismo.

La cosa que nos reunió fue que carecíamos de confianza en nosotras mismas para seguir adelante con nuestra escritura.

Cuando trabajamos juntas, tenemos una agenda establecida. Empezamos por examinarnos, compartiendo cualquier bagaje que hemos traído con nosotras, lo que estamos pensando, lo que nos agobia. Podríamos estar siendo afectadas por problemas de control, ponderando sobre la maternidad. Después escribimos, cada una en su propio rincón. Más tarde, compartimos nuestro material mientras aún está crudo, en bruto, y nos invitamos a prestar inspiración una de la otra. Nos revelamos en mutua confianza y trabajamos de manera colaborativa en nuestros libros. Siguiendo estas sesiones de trabajo, desarrollamos el texto entre nosotras y con los editores. Publicamos nuestros libros nosotras mismas. Encontramos mujeres talentosas con las que queremos trabajar: editoras, artistas, y diseñadoras. Trabajamos rápido, juntas.

Estamos alojadas en una antigua casa de madera que solía ser la tienda almacén del pueblo, las tablas del suelo están combadas, gastadas por todos los calcetines de lana que las han pulido con el paso de los años. Una de nosotras se astilla. Cajones de la antigua tienda, etiquetados con tipografía cursiva en bucle sobre tiras de papel, cubren una de las paredes de la sala de estar. Hay libros por todas partes.

No sabemos si está específicamente ligado al género, pero la cosa que nos unió en primer lugar fue que carecíamos de la confianza en nosotras mismas para verdaderamente seguir adelante con nuestra escritura. Para publicar sin pensar demasiado nuestros manuscritos que se quedaban al fondo del cajón del escritorio. El nombre que escogimos para nosotras, Svikaskáld, Poetas impostoras, es una referencia al síndrome del impostor, esa sensación que espera para abalanzarse inesperadamente sobre ti, esa sensación de que otras personas descubrirán que no tienes ni idea de lo que estás haciendo.

En un principio, nuestra camaradería era, más que nada, una decisión de mandar a la mierda esa inseguridad. Queríamos crear un espacio común en donde no pudiera importarnos una mierda nuestras incertidumbres, en donde pudiéramos permitirnos experimentar, cometer errores, intentar nuevas cosas. Presentamos nuestros poemas como parte de un gran y colectivo cuerpo de trabajo y este anonimato nos provee de una autentica oportunidad de crecimiento.

Desde la formación de Svikaskáld, hemos tomado este enfoque en varias direcciones y además hemos interpretado la raíz de la palabra en nuestro nombre, svik, significando traición, fraude, deslealtad, engaño, embuste, impostura, de muchas maneras. Cada vez que nos encontramos una convención o una tendencia en la sociedad o en el mundo literario, nos damos permiso de poner un signo de interrogación a lado de cómo las cosas se han hecho, además de lo que sea que las personas parezcan esperar. Ahí es cuando, tal vez, decidimos svíkjast: renegar, eludir, rehusar este precedente, hacer las cosas de manera diferente. Rechazamos la imagen original del poeta, el Genio machista, el lobo solitario. Hacemos esto intercambiando ideas, “robando” unas a otras, dándonos a conocer como grupo, compartiendo reconocimiento, sin preocuparnos por contradecirnos a nosotras mismas o las expectativas de otros.

Existe una total confianza dentro de este grupo, aunque hay que hacer una importante distinción entre total confianza y fidelidad total. Todas tenemos la libertad de buscar otras editoriales, grupos o entidades si queremos promocionarnos (de manera independiente),  pero siempre podremos depender del hecho de que, si no hay ningún interés en nuestro trabajo en otro lado, podemos simplemente publicarnos nosotras mismas. En un ambiente como este, realmente no se puede llamar a algo perfecto o imperfecto, bien o mal. Es simplemente vasto mar abierto y espacio más que suficiente para la creación y el juego.

La crítica todavía no sabe exactamente qué hacer con nosotras. Nuestras metas son artísticas, no políticas.

Antes de que pudiéramos publicar nuestro primer libro, necesitábamos desaprender mucho de lo que la sociedad ha inculcado en las mujeres y confrontar la manera en la que hemos sido socializadas, tanto interna como externamente. En 2017, cada una de las Poetas Impostoras estaba convencida del genio de las otras mujeres del grupo, pero plagada de dudas acerca de sus propias habilidades. Estábamos paralizadas por el perfeccionismo; ni una palabra escrita, pequeña o grande, se le permitía ver la luz del día antes de que cada crítica posible fuera considerada. Esta ansiedad performática no brotaba de la nada, existe una agonizante diferencia en el tipo de trato que reciben los artistas en Islandia dependiendo de su género. Si un hombre joven se presenta con un proyecto de mediana calidad, las personas dicen que tiene potencial, o, en el peor escenario, se encogen de hombros y lo toleran.

Pero muchos campos en el pasado han sido por completo intolerantes ante mujeres amateur, ellas tienen menos espacio para estirar sus alas, son etiquetadas como tediosas y presuntuosas si presentan un trabajo, que de alguna manera se piensa corto. Esta severidad en el asunto es de alguna manera relajante, pero es sólo porque con el paso de cada año y década, las mujeres se han hecho más visibles. Y entre más modelos a seguir existen, más diverso el escenario se convierte.

La casa donde nos alojamos en Flatey es llamada Vorsalir, Salón primaveral. A eso de la media noche, blanca y brillante, las golondrinas árticas se extienden por el cielo. Las observamos a través de la ventana, nos servimos una a la otra una copa más de vino, preparamos más café.

Ser una mujer poeta es un acto de malabarismo. Nos gusta trabajar juntas en grupo, compartiendo nuestra poesía con las demás. Nos gusta conversar y sabemos que un poema es siempre una conversación. En eventos literarios o durante entrevistas, se tiende a preguntar a las mujeres sobre otras autoras, acerca de sus influencias o temas relacionados, mientras que a los hombres se tiende a preguntarles sobre su propio trabajo, son menos requeridos a responder sobre el trabajo de otros hombres y compararlos con el suyo. Claro que las mujeres tienen sus propios modelos a seguir, claro que están leyendo a otras mujeres de la misma edad. Pero cuando a los hombres no se les hace esa pregunta, perpetúa el pensamiento de que los hombres poetas siguen siendo genios en el ático, mientras que las mujeres poetas son de alguna forma triviales, todas miembros del mismo club de lectura mediocre.

Nuestros libros han sido bien recibidos, han sido elogiados, y a su vez, empoderado a otras. Pero la crítica todavía no sabe exactamente qué hacer con nosotras. Sólo una reseña de nuestro primer libro fue publicada; llevaba el título “A Trustworthy Manual for Men”. La reseña, la cual fue halagadora, llamó a nuestro trabajo “Poesía de liberación femenina”. Hay una tendencia en las personas de definirnos como colectivo de poesía feminista, pero esa es una definición que resistimos. Todas somos mujeres y todas somos feministas, un hecho que puede ser leído a través de nuestra poesía. Pero no estamos escribiendo por la causa de la igualdad de las mujeres o su liberación, nuestra poesía es arte; no está primordialmente intencionada a contribuir con ello, o ser una herramienta para la lucha, aunque ciertamente puede ser usada en ese sentido, si gustan. Pero nuestras metas son artísticas, no políticas.

Las Poetas Impostoras no están obstaculizadas por el ego, en cambio, inflamos y reforzamos una a la otra la imagen de sí misma. Somos aliadas, somos colegas, y siempre intentamos jalar a nuestra compañera al primer plano junto a nosotras, y estamos más que dispuestas a hacerlo. Los hombres han hecho la misma cosa por cientos de años. Operamos con la premisa de que hay espacio para todas dentro de la escena literaria, porque siempre hay espacio para la calidad en el mundo, y a pesar de que como individuos a veces olvidamos que somos talentosas e ingeniosas, el colectivo nunca olvida. Lo recuerda todo. Y empuja hacia adelante. 

 

 

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