El neocostumbrismo en la poesía mexicana



Mario Calderón (1951) encuentra en la poesía mexicana contemporánea una tendencia muy semejante a la del costumbrismo del siglo XIX. Le ha llamado neocostumbrismo. Leemos aquí algunas de sus reflexiones al respecto. Calderón publicó en la colección Poemas y Ensayos de la UNAM el volumen Lenguajes en la poesía mexicana. (Entre el canon y el folclore).

 

 

 

 

 

EL NEOCOSTUMBRISMO EN LA POESÍA MEXICANA

 

En 1977, Roberto Fernández Retamar expresó: “y recogiendo también lo menos retórico de la antipoesía, se constituye en una poesía a la que le corresponde un nombre que no debemos temer emplear: un nuevo realismo, un realismo enriquecido con las conquistas (que no son pocas) de la poesía de los últimos cuarenta o cincuenta años. Esto sería lo propio de la poesía más reciente, la cual cronológicamente sigue a la de Parra y Cardenal, y cae ya fuera de esta charla, El movimiento hacia el realismo me parece ostensible en varias artes contemporáneas” (Fernández Retamar, Roberto, 1977:15). Y añade más adelante: “La comprensible (e incluso inevitable) actitud defensiva frente a cierta concepción estrecha del realismo, no nos ha facilitado darnos cuenta de esto. Pero hoy, al margen de aquella concepción, es menester darnos cuenta que esa vuelta al realismo está en pie” (1977:15). 

El realismo que se desarrolló como costumbrismo en la poesía del siglo XIX (por la exigencia del positivismo de observar y copiar la realidad) pudo reaparecer pasada la segunda mitad del siglo XX. En la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo XIX se habla de la existencia paralela de tres tipos de Realismo: Realismo localista, Naturalismo y Costumbrismo. Estas tendencias se observaron en la narrativa; sin embargo, en la poesía apareció el Costumbrismo poético que fue iniciado por Guillermo Prieto, poeta integrante de la Academia de Letrán fundada en 1836. El Costumbrismo en la poesía constituye una verdadera tendencia poética por sus características particulares: cercanía a la narrativa, a lo conversacional, el tono y la estructura utilizada, principalmente de romance, pintoresquismo, preocupación por reafirmar el concepto de nacionalidad, conciencia moral,  personajes arquetípicos,  lenguaje coloquial construido con base en refranes, frases hechas y modismos y, sobre todo, porque se sustenta ideológicamente, no importa el raciocinio ni los sentimientos; sino lo que debe ser de acuerdo a las costumbres. Los personajes de los romances de La musa callejera, el poemario costumbrista fundacional, muestran en su modo de ser lo que en el Existencialismo del siglo XX se conoció como Existencia Banal debido a que el individuo, al seguir las costumbres del pueblo, vive la vida de los otros, no la suya de acuerdo a su propio albedrío. 

La poesía, igual que las otras artes, no es percibida y escrita exclusivamente por individuos que han tenido la oportunidad de la educación especializada, no es patrimonio de la gente culta. Desde la época novohispana, en México ha existido un manantial popular que ha reflejado los temas propios de la colectividad con las palabras y estructuras lingüísticas propias de la gente; tal vez en esa poesía se encuentra la esencia del pueblo. A mediados del siglo XIX, Guillermo Prieto (1818-1897), de manera paralela al costumbrismo de la narrativa, recoge las costumbres y el lenguaje del pueblo. Cultivó el cuadro de costumbres, el cuento costumbrista y definitivamente fundó el costumbrismo poético, corriente poética en la que también se inscribieron Ignacio Ramírez, Luis G Inclán y Rafael Delgado, y que posteriormente fue continuada por Carlos Rivas Larrauri, Leobino Zavala, seudónimo de Margarito Ledezma, Miguel N. Lira,  Guillermo Aguirre y Fierro y Antonio Guzmán Aguilera entre otros.

El costumbrismo en la narrativa había aparecido en México desde 1832 con la publicación de Don Catrín de la Fachenda de José Joaquín Fernández de Lizardi. El pensador mexicano se basa para su escritura en La escuela de costumbres del escritor francés Blanchard. (Fernández de Lizardi,1989:33) En Don Catrín de la Fachenda se trata la temática que se desarrollará más tarde en las novelas de costumbres citadinas: el protagonista que sólo sobrevive y que inclusive desea mejorar su nivel social sin que medie el trabajo, por herencia o a través del matrimonio; presenta un aparato psíquico descompuesto, pues pretende pasar del ello (los instintos) al superyó (el estatus social) sin trabajar. En la novela hay patriotismo, se moraliza, se describen las costumbres sobresalientes y los individuos se conducen en la sociedad por lo que debe ser de acuerdo a las costumbres, no por lo que se piensa ni por lo que se siente. En el nivel de la expresión aparecen refranes y frases hechas en el discurso. Estas características se observarán más tarde en las novelas consideradas costumbristas como Don Catrín de la Fachenda de José Joaquín Fernández de Lizardi escrita en 1818 y publicada de manera póstuma en 1832, Astucia de Luis G Inclán, , El fistol del diablo, El hombre de la situación y Los bandidos de Río Frío de Manuel Payno, Ensalada de pollos y Baile y cochino de José T. Cuellar, La Calandria de Rafael Delgado, La Rumba de Ángel de Campo, Antón Pérez de Manuel Sánchez Mármol; en Cuba, Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde;   en Chile, Martín Rivas de Alberto Blest Gana y en España, La Gaviota de Cecilia Böhl de Faber, Fernán Caballero, publicada hasta 1849 .

En México no apareció primero el cuadro de costumbres, como sucedió en España. En México se cultivaron cuadro, cuento y novela costumbrista de manera paralela. El Cuadro de costumbres fue trabajado en México principalmente por Guillermo Prieto, Antonio García Cubas, Francisco Zarco e Ignacio Manuel Altamirano. El cuento costumbrista fue escrito  por Ignacio Rodríguez Galván, Francisco Zarco,  Guillermo Prieto y José López Portillo. Los cuadros de costumbres de Guillermo Prieto surgieron, según lo expresa él, por su admiración al escritor costumbrista español Ramón de Mesonero Romanos y al francés Víctor Joseph Etienne, quién usaba como pseudónimo Jouy (1764-1836) y cuyas obras son Guillaume Lefrank Parleur,  París Chit.Chat (charla parisina) que tenía como subtítulo “sociedad, maneras, literatura y entretenimiento”;  otro de sus libros es El encuentro de Moctezuma y Cortés

Guillermo Prieto escribió que ser escritor nacionalista y costumbrista en México era risible en su época. Cuenta: “Sucedió a Rodríguez que el solo nombre de Tezozomoc puesto a uno de sus personajes en El Privado del rey arrancaba burla y desprecio” (Prieto, Guillermo, 1947:20). En poesía, Guillermo Prieto funda el Costumbrismo Poético con su poemario La musa callejera que alcanzó tres tomos publicados en 1883 con poemas recogidos de diarios y revistas. Ahí, Prieto escribe poesía coloquial empleando las formas o estructuras propias del pueblo, principalmente el romance. El romance practicado por él es el tradicional, el heredado de los siglos XIV y XV, un poema narrativo que consta de una serie indefinida de versos octosílabos, donde los versos pares coinciden en la rima asonante, mientras que los impares son blancos, es decir, se sujetan a métrica, pero no a rima.

En la segunda mitad del siglo XX, al Realismo en poesía le han llamado con varios nombres: Poesía Conversacional, Antipoesía, Poesía de Compromiso, Exteriorismo, Poesía Coloquial; pero casi siempre presenta características similares o cercanas: deseo de comunicar, crítica social, furia ante la injusticia o ironía frente a la impotencia,  y, en el modo de expresión, el empleo del diálogo con palabras y construcciones lingüísticas del pueblo lo mismo que requerimientos gráficos actuales como  números y marcas. Por la naturaleza polisémica del género lírico se produjo una poesía diferente, tal vez de menor calidad estética y por esa causa, en algún grado, se convirtió este tipo de poesía en marginada, pues algunos de los poetas representativos no llegaron a todas las antologías de poesía hispanoamericana. Son los casos de Mario Benedetti, Jorge Enrique Adoum,  Roque Dalton, Efraín Huerta, Enrique González Rojo, Raymundo Ramos o Hernán Lavín Cerda entre otros.

A las características de la poesía conversacional y antipoesía yo añado el tipo de sensibilidad que en este caso casi siempre es masculina. Se critica a la sociedad, hay humor e ironía y la consistencia del significante del lenguaje poético en la mayoría de los casos posee densidad. Quizá por esta razón, Mario Benedetti en una entrevista realizada por Carmen Alemany Bay sobre el humor y la ironía afirma: “Las mujeres poetas dan directamente la idea seria, en ellas se emplea menos el recurso del humor y de la ironía, a veces si lo utilizan Claribel Alegría y Gioconda Belli, pero no con la frecuencia con que la utilizan los hombres. (Alemany Bay, 1997: 144)

Después de la desintegración de la URSS, al finalizar la Guerra Fría, en la lucha de clases, el proletariado de América Latina tuvo conciencia de la derrota. En ese momento el compromiso en la literatura sufrió un desmayo y los poetas comprometidos enfocaron su realismo hacia el humor y la ironía. Tal vez porque únicamente les quedaba el recurso del escarnio y quizá por la necesidad de riqueza de connotación de significado, a finales del siglo XX y principios del XXI, esa tendencia se desplazó a un Neocostumbrismo produciendo poemas impactantes con la inclusión de costumbres actuales citadinas sobre relaciones laborales y sexuales. Así en las dos últimas antologías mexicanas de poesía El Oro ensortijado y Vientos del siglo han aparecido nombres como Héctor Carreto, Ricardo Castillo y José Eugenio Sánchez.

Es necesario aclarar que esta tendencia, el Neocostumbrismo, se aprecia fácilmente en la poesía mexicana contemporánea, pero que en México ni en cualquier otro lugar, constituye una corriente formal con manifiesto estético y un grupo de poetas amigos con la intención de escribir de manera semejante; sin embargo, lo mismo sucedió con El Costumbrismo en la narrativa y el Costumbrismo poético del siglo XIX, nunca existió un manifiesto. Hoy, los poetas que parecen identificarse con un nuevo Costumbrismo Poético en México son Héctor Carreto, Ricardo Castillo, Arturo Trejo, José Francisco Conde Ortega, Juan José Ortiz García, José Eugenio Sánchez y Omar Pimienta.

La poesía de Héctor Carreto, por ejemplo, posee ironía. Se refiere a costumbres citadinas laborales, sexuales, religiosas y sobre el medio literario mexicano. Son las costumbres propias de la clase media alta. Veamos dos de sus poemas: 

 

Las tentaciones de san Héctor

 

Señor:

He pecado.

La culpa la tiene Santa Dionisia

la secretaria de mi devoción,

quien día a día

me exhibía sus piernas

-la más fina cristalería-

tras la vitrina de seda.

Pero cierta vez

Santa Dionisia llegó sin medias,

dejando el vivo cristal al alcance de la mano.

Entonces las niñas de mis ojos

-desobedeciendo la ley divina-

tomaron una copa, quedando ebrias en el acto.

¡Qué ardor sentí

al beber

con la mirada

el vino de esas piernas!

Por eso, Señor,

no merezco tu paraíso.

Castígame; ordena que me ahogue

en el fondo de una copa

 

 

Y el siguiente poema, “Café de chinos”:

 

La dinastía del centro sirve café con leche y pan

dulce en vez de sopa de nido de golondrina,

entre maderas descascaradas y virgencitas de Guadalupe.

Por la noche aquí se refugian dioses retirados

y boxeadores en el invierno de su gloria.

Aquí hacen escala   patrulleros, delincuentes, el taxista

y la billetera,

después de la pachanga, el taloneo, la última función.

Desde mi mesa observo cómo el carmín se deslava

en el rostro de la rubia:

desde la barra suelta sus perros al cincuentón relamido.

Detrás de la caja, un escuálido dragón cuida el sueño

de cada águila o sol.

Su mirada de rescoldos, ¿a quién vigila?

Es un simple café de chinos, un muelle abierto

a quienes temen las veredas del insomnio.

Meto una moneda en la ranura.

De un salto, el bolero alcanza toda oreja

y a la hora de cerrar

un espejo con las fauces abiertas

se traga, de golpe, el alma

–sin yin ni yang–

de los últimos desvelados. 

La ironía y la referencia a la mujer que están presentes en los dos poemas son características  propias de la sensibilidad masculina y ese tipo de sensibilidad es propia del Costumbrismo y el Neocostumbrismo Poético.

 Ricardo Castillo, como Héctor Carreto, pertenece también a la llamada “Generación poética de los cincuenta”. Él se refiere en su libro ya clásico, El pobrecito señor x a la clase social baja, la marginada. Se centra principalmente en las costumbres sexuales y, en general, a las familiares citadinas con lenguaje coloquial y algunas frases hechas, entre ellas las maldiciones.  Como ejemplo veamos los siguientes poemas:

 

Autogol

 

Nací en Guadalajara.

Mis primeros padres fueron mamá Lupe y papá Guille

crecí como trébol de jardín,

como moneda de cinco centavos, como tortilla.

Crecí con la realidad desmentida en los riñones,

con cursilería en el camarote del amor.

Mi mamá lloraba en los resquicios

con el encabronamiento a oscuras, con la violencia a tientas.

Mi papá se moría mirándome a los ojos,

muriéndose en la cámara lenta de los años,

exigiéndole a la vida.

Y luego la ceguez de mi abuelo, los hermanos,

el desamparo sexual de mis primas,

el barrio en sombras

y luego yo, tan mirón, tan melodramático.

No he hecho sino cronometrar el aniquilamiento.

Como alguien me dijo una vez: valgo madre.

 

Y el siguiente, “El que no es cabrón no es hombre”.

 

La suerte le dio el martillazo a su cochinito, sacó sus ahorros y acabó de mandarme a

     chingar a mi madre.

Si seré pendejo.

No son épocas de echar el rol con contemplaciones, de jugar al buen amigo con el pellejo.

La ciudad no da la mano, no abre las piernas, tira patadas como monito de futbolito.

(15 de abril, a la primavera le aprietan los choclos, trae la lengua de corbata como si le

     hubieran robado toda su crema, toda su nata.)

Salgo a la calle y no me queda otra que rumiar, que chupar calcio en la Avenida Alcalde.

Mi corazón echa vinagre, mi esqueleto se marea, el muy puto se lleva las manos a la cabeza

y dice que la muerte es un puchero sentimentalón difícil de tragar como el pinole.

Camino de a gallinita ciega.

La tranquilidad de las seis de la tarde me pega en las costillas seis campanazos en todo lo

     alto.

Esta tranquilidad es una macana lista para cualquier mandado;

las moscas que atormentan la seguridad del sistema tendrán que vérselas con el Borra-

     Manchas.

Caminen pajaritos, circulen por favor.

Y sigo, las mujeres están buenas y frías como sorbetes,

no quieren acostarse con uno, no se atreven siquiera a meter la mano por la… Oh,

oh desolación (esta risa es de pendejo).

Y qué pinche embuste,

qué momento para estar chingando a mi madre.

Si seré pendejo, si me faltará muchísimo para cabrón. 

 

Arturo Trejo Villafuerte, también de “La generación de los cincuenta” nació en 1953 en Ixmiquilpan Hidalgo y murió en 2020 en la Ciudad de México. Leamos el poema “También yo amé a una comunista”:

 

Mis costumbres cambiaron: dejé mi auto

y comencé a usar el Sistema de Trasporte Colectivo

 en todas sus modalidades.

Dejé de llevarle flores porque, decía,

esa era una actitud “pequeñoburguesa”

(pero estoy ahorrando, le contestaba).

Era una muchacha radical en muchos sentidos:

odiaba hasta el extremo,

se sentaba en la orilla izquierda de la mesa,

la tenía que abrazar con la siniestra

porque con el brazo derecho no le gustaba.

Le atraía el color rojo

y en sus hamburguesas y hot dogs siempre brillaba

la salsa cátsup.

Me incitaba a la militancia, quería vencer mis miedos

Y hacerme un radical.

Pero la muy canija colectivizó su cuerpo:

Camaradas y más camaradas (aunque también algunos compañeros),

compartieron conmigo su tersura,

sus amplias nalgas, su cintura, su circuito interior

y algunas otras zonas que irrigaba frecuentemente

con el sudor de mi cuerpo.

Recordé a Zapata “La tierra es de quien la trabaja”,

y la mujer ¿por qué no?

Quise acabar con esa forma de pertenencia.

con esa grotesca situación de tiempo compartido.

Pero ella era radical y se ofreció de lleno

Para el goce del proletariado

al grito de “Arriba Marx cabrones”.

 

Y veamos el siguiente poema, “San Juan de Letrán (Eje Lázaro Cárdenas) 4 a.m.”

 

Con la piel dolida y el llanto anegado,

justo a la hora que los ángeles bostezan,

la vida nos cobra sus pequeños privilegios.

Somos la llama en fuga a la hora de la hora:

cuando la tentación tiene cuerpo de mujer

y los taxis niegan su servicio.

El hombre más hombre solloza

y la melancolía se nutre de coraje.

Navego por la avenida gabachizada con bandera de pendejo.

A estas horas hay un frío para cada necesidad

y un quebranto que muele los huesos.

Es la madrugada de San Juan de Letrán,

Cuando los ebrios se refugian en su poste.

Es la hora de la soledad de los que se sienten solos.

Es la hora de la angustia de los que caminan por la acera,

sin dios y sin destino conocido.

Es la madrugada del dolor intenso y del crudo amanecer.

El frío se abraza a mi chamarra.

Esta madrugada tiene tu nombre y yo no soy su heredero.

 

Describe costumbres propias de los años setenta y las propias de los bohemios de La Ciudad de México incluyendo frases hechas como “navego con bandera de pendejo” o “tiempo compartido” y, por supuesto, la ironía en el discurso poético.

José Francisco Conde Ortega nació en la Ciudad de México en 1951 y murió en la misma ciudad en 2020. Veamos el poema “Norte 82”:

 

Otro nombre sobre el nombre

-el Loco, el Guadañas o el Kalúa-,

Más certero que el pacto no firmado.

Zapatos brillantes, ropa nueva

y salir a dar la vuelta con la chava

marcaron como fuego cada sábado.

Luego la tocada y los madrazos;

Y la pinche amistad tan solidaria.

El licor barato, las caguamas,

sabían con ellos de otro modo.

En la fiesta esperada y sorpresiva

los discos marcaban la figura: los pasos

que sabíamos mejor con ellas:

Gaudelia, Guadalupe Aurora;

Y Rosario y Soledad y Lidia;

Y Concha también y otras muchachas.

(Todas bailaban Matancera;

Y todas hermosas como lunas.)

Una cuba por los ojos de una de ellas

se agotaba en el transcurso de la noche.

Y los cigarros, las tres en cada alba

Navegando el sueño. La nostalgia

(los boleros cantados ya borrachos)

de no apurar la noche cada noche,

porque la cruel semana no termina

sino en licor amargo de la aurora.

 

Y éste poema “La flor de Oaxaca”:

 

Nunca estamos solos.

La cantina a la mitad de nuestra vida

(de nuestro sueldo también, de los amigos)

y una copa de ron y la botana.

Una mesa dispuesta, los meseros

diciéndonos a todos licenciados.

(Su cortesía es un agrio juego

y- dicen-

te sacan la propina de la bolsa.)

Una cerveza en la tarde calurosa

y en la noche un tequila para el frío;

y la sed exagerada, las canciones

y la plática que a veces languidece.

Una botella y otra más.

Somos jóvenes y este es el principio

de la amistad de veinte años;

y de la sincera también, y breve

y limpia amistad de cuatro copas.

Después el vértigo:

la ciudad a las dos de la mañana;

y la misma pregunta todo el tiempo:

¿la seguimos…?

 

Describe las costumbres de las colonias de la Ciudad de México y la vida en las cantinas. Obtiene lo poético a través del lenguaje coloquial y la connotación de emociones.

Juan José Ortiz García, también de “La generación de los cincuenta”, es notable porque encierra en su poesía el verdadero espíritu popular poblano describiendo costumbres sexuales expresadas con el lenguaje de norma coloquial de los jóvenes de la generación de los cincuenta quizá derivado de la Narrativa de La Onda. En su discurso poético emplea el recurso retórico llamado albur muy propio de la literatura mexicana .Un ejemplo es el siguiente fragmento de su poema extenso “Aguantar el rollo” de su libro Despuntes y aglutinaciones:

 

Siempre te he cumplido cuñadito

¿Cuándo te he fallado? Nunca

Ya ves hasta te di una ayudadita con Laura

¡Hijo de tu…hay mijita!

¡qué culo! ¡qué trancas!

¡qué chichis!

Si la hubieras visto en todo su esplendor

entre los matorrales del río

P´a su mecha

Como resistiéndose

No, Ángel no me hagas eso

No, Ángel

Por favor No

No no… Ángel

No no…Án..gel

Nooo…auch…Annn…geeee…l

Y los  pinches zancudos chupándome la sangre de las nalgas

A travieso nadie me gana

Mientras la sangre de ella hacía caminitos por sus trancas

¿Qué cuñadito te vas a sacar de onda?

 

José Eugenio Sánchez de nació en Guadalajara en 1965. Ha tenido éxito escribiendo poesía a partir de la mitología contemporánea, la ironía y las costumbres de los jóvenes de finales del siglo XX y principios del XXI. Como ejemplo, veamos un fragmento del poema “Mis renteras” contenido en el poemario Phisycal grafitti:

 

ya me imagino yo con una estilson entrando al baño

Siendo testigo de una penosa tragedia:

una mujer con piel de trapo

y el cabello enjabonado diciendo:

vente chiquito

o si le tienes miedo al agua vamos a la alcoba

nada más pásame el bastón

sirve que me pegas con él”.

 

Y también “Pies calientes cabeza fría”:

 

chucho fino extremo hábil y caracolero

de los que ya no hay

corre hacia el banderín de corner

y orina

el colegiado le muestra la primera tarjeta del partido

chucho orina al árbitro

al árbitro suplente

al inspector autoridad

el botiquín

a los hinchas del santos

y el resto de la fanaticada lo vitorea

chucho chucho oe oe oe

el juez exige garantías

uno de los directivos del rival prueba los orines

y exige por fax que la fifa intervenga

rumora un caso de dopaje

los compañeros y el entrenador intentan calmar a chucho

y chucho orina a los abanderados

a los comentaristas fotógrafos aguador médico porristas

al psicólogo del equipo

las siete pelotas oficiales en el terreno no botan ni a los tobillos

los ultras se desgañitan celebrando ese once que se atreve

y alegre inventa una cascada en los rincones

y amenaza con orinar la vitrina de trofeos

de la selección brasileña

y uruguaya y paraguaya también

qué noche

chucho fino extremo hábil y caracolero

de los que ya no habrá (por recomendación de concacaf)

con gafas oscuras como si hubiera volado un penal

y borracho como si lo hubiera metido

camina por el boulevard.

 

Otro caso es el de Omar Pimienta (Tijuana en 1978), por supuesto, de ”La generación de los setenta”. Veamos uno de sus poemas:

 

La Libertad

 

El Juan se apellida Laguna

su abuelo es un ex marino gringo-guameño.

La abuela vivía en Tijuana.

Esperaban que pasara la guerra.

(Mestizaje del pacífico gracias al belicismo gringo)

Su padre nunca quiso ir a Vietnam.

Prefirió ser mecánico en la frontera, donde sobran carros.

Nosotros crecimos trabajando en la herrería;

cruzamos la frontera a diario;

hablamos de la selección,

de La Libertad.

Cree seriamente que los migras se la pelan.

Le digo que está muy gordo, que corriendo no se escapa.

Me dice que para estándares guameños está ocho libras bajo la media. 

 

O el poema “se cayó una tonta”:

 

El pareja con las manos casi tocando el cielo dice:

va para un mes que es imposible encontrar mota en la colonia.

El noticiero nacional afirma:

se decomisó una tonelada en Tijuana, en La Libertad.

Al reportero le extrañó que el chofer lograra huir;

(es fácil escapar en La Libertad, sobre todo si de perderla se trata)

El camión se estrelló contra el muro.

¿Cómo es posible que entren toneladas a la colonia

y en las calles no haya ni para un gallo?

 

Omar Pimienta describe costumbres propias de la frontera del norte de México empleando lenguaje coloquial y modismos o frases hechas como “”los migras se la pelan” en lugar de decir que burla a la policía migratoria. Alcanza en sus textos lo poético mediante temas populares, tono desenfadado y, en cuanto al significante, asciende a literario el lenguaje coloquial a través de resonancias sorpresivas de palabras que comienzan con g, un ritmo atractivo y rima consonante. Además de estructurar el poema mediante relato. El poema es atractivo; se advierte como su antecedente claro El pobrecito señor X de Ricardo Castillo.

Se trata en todos los casos de poemas, textos literarios costumbristas debido a que efectivamente poseen pintoresquismo con base en el empleo de costumbres, de lenguaje coloquial, forma conversacional en la mayoría de los casos, ironía y polisemia o connotación. Por connotación se comprende, no únicamente un significado extra sino, según afirma José Sagredo en el Diccionario Rioduero Literatura I, que por connotación debe entenderse “matizaciones de índole afectiva, asociativa, social, etc., que se superpone al significado básico”.(Sagredo José,1977:65)

 

 

                                               Bibliografía

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1997     Poética coloquial hispanoamericana, España, Universidad de Alicante.

 

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Castillo, Ricardo

1992,  El pobrecito señor x, FCE-SEP, México.

Calderón Alí et al

2007, La luz que va dando nombre, Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Puebla, México

Conde Ortega José Francisco

2001   Práctica del lobo, UAM Azcapotzalco, México.

Cuéllar Margarito et al

2011 Vientos del siglo, Poetas mexicanos 1950-1982, UNAM, México.

Fernández Retamar Roberto

1977                Para una teoría de la literatura hispanoamericana, Cuba, Nuestro tiempo

Delgado, Rafael

1993 Obras, UNAM, México.

Fernández de Lizardi, José Joaquín

1989              Don catrín de la fachenda, México, Porrúa.

Ortiz García, Juan José

2008  Despuntes y aglutinaciones, BUAP, México.

Prieto, Guillermo

1996           Memorias de mis tiempos, México, Porrúa.

1985           Musa callejera, México, Porrúa.

1997           Cuadros de costumbres, México, CONACULTA.

1984           Romancero nacional, México, Porrúa.

Sagredo José

1977 Diccionario Rioduero Literatura1, Madrid.

Tibón, Guitierre

Trejo Villafuerte Arturo

1992              Nuevo mester de hotelería, UNAM, México.

 

1982               A quien pueda interesar Ediciones El Segundo piso-Letra, México.