Poesía colombiana: Julio Macott



Leemos nueva poesía colombiana. Leemos a Julio Macott (Cartagena, 1994). Es editor de Café caliente y fue fundador de la revista Acento. Ha publicado cuento y poemas en revistas digitales de Colombia y Argentina.

 

 

 

 

Figura de los hombres huecos

 
El Nombre está lejos de nosotros.
El hombre, el gran opresor de los pueblos,
pronuncia sonidos y marchas.
La mujer doblemente oprimida y compañeros,
Le hacen la guerra.
El hombre ha creado la guerra.
¿Cómo esperan que no se defiendan?
El hombre articula sonidos
a veces bellos sonidos para domesticar a las
masas:
a quienes les vende una apacible moral.
Ellos la compran fatigados
con la moneda enajenada
y es el verbo el que clama silencio.
El hombre está lejos de nosotros
y es el hombre quien lo utiliza
para guiarnos a la ruina.
El significante es una cerca.
El espíritu del hombre nos dice:
separación.

Está lejos de nosotros.
El hombre lo utiliza como excusa
para hacer del hombre algo terreno:
un arma.
El cuerpo del hombre nos dice:
corte.
Su piel brilla en los labios de los generales
y está afilada.
Su nombre es un arma blanca.
Blanca como la luz del Sol
que ciega a quienes la siguen.
Quien no parpadea está perdido.
¿Buscas el vacío, amigo?
Mantenerse con los ojos abiertos es inteligente;
prudente es cerrarlos para el descanso.
Tu mente necesita sueños.
Observa también las sombras,
que no son ajenas al mundo,
ni son tampoco monstruos;
no más que aquellos que sin pestañar
han seguido el brillo de la luz.
La forma del hombre es un arado.
El hombre para sembrar su reino
primero necesita destruirnos.
¿Qué es acaso un
reino sin esclavos?
Pronunciar es lejanía.
Se dijo, se sabe: es ausencia.
En las oraciones se esconde el silencio
al igual que entre las notas y los acordes
en la música.

 

 

 

 

Sermón a la fiebre

 
He conocido el aburrimiento del vino,
las aves enfermas, y he
saltado en su tos.
He visto comedias muy extrañas
de ángeles ahorcados, de vacas
negras que cagaban
sobre las flores para mancharlas.
He contado cuántos lisiados
se rompían los huesos, pero los huesos
que no eran, y todos en círculo
se intercambiaban las astillas.
He visto a cristo lujurioso arrodillado
en medio a los apóstoles: he comprendido
que los dioses son indecentes, y nosotros
recogemos el caldo con las manos.

 

 

 

 

Memoria de soledad

 
La soledad
es el canto
de la ausencia,
el paisaje
donde suceden
los recuerdos,
donde
ya no hablan dos,
sino uno,
uno que está solo.