Poesía mexicana: Juan Antonio Jiménez



Presentamos una muestra de Juan Antonio Jiménez (2000). Poeta, declamador y orador originario de Río Grande, Oaxaca, México. En el año 2017 fue campeón regional y estatal de declamación bajo el sistema educativo nacional Colegio de Bachilleres, en el estado de Oaxaca (COBAO). Su poesía ha sido incluida en la revista digital El futuro del ayer, hoy, así como en la antologíal Versos & prosas (Sexta Fórmula, 2020). Es estudiante de la Licenciatura en Educación Primaria, en el Centro Regional de Educación Normal de Río Grande, Tututepec.

Esta colaboración fue seleccionada en la Convocatoria 2020.

 

 

Ayotzinapa es latido tétrico

Sombras de muerte descansan
            sobre aquellos ojos
que vieron bocas implorar nombres
            y almas escupir el miedo.
Mis oídos sordos se hicieron a las voces
que reclaman un cuerpo
y ver por última vez un rostro.
El corazón expulsaba pedazos de noche
cuando ladraban los perros.
¿Quiénes son esos espíritus que me atormentan?,
¿a qué santos he recurrir cuando el sol se apague
y la luna en venganza se esconda de mis súplicas?
preguntan los padres de los desaparecidos
Tantas calles recorridas,

tantas palabras consignadas,
tantas marchas y plantones
para ser tomados en cuenta,
incontables veladoras encendidas
               para alumbrar un camino;
todo no fue suficiente
para hacer entender a un pueblo
que aquí
la justicia no tiene ningún significado.

 

 

Corazón de nube

Mi corazón late en un cielo color infinito
mientras se regocija en cándidos tonos de algodón.
Mi corazón se envuelve con el aroma de eternos cafetales
            y arropa a las verdes montañas con su luz.
Mi corazón es un templo de cal
que tira un anzuelo de sombra cada vez que respiro.
Mi corazón se propaga;
             muchas raíces ha echado como el árbol de tololote.
Mi corazón está vivo. Arde en llamas.
Mi corazón ha preñado tierra sin abono.
Mi corazón vive en una red de pestañas.
Mi corazón,
                 es de nube.

 

 

Mi verdad

Soy una paloma que defeca en el árbol de la vida,
un útero que guarda las gotas de lluvia.
Soy un recuerdo árido que se extrae de la copra,
un colibrí que succiona el alma de las rosas,
dos pies que caminan por una vereda colmada de cornizuelos.
Soy el rostro de un pueblo tatuado en una estela,
el eco de una estirpe olvidada
que resuena en las montañas.
La unión de tres culturas
que forman un solo poema.

 

 

Fotos con ruido

Un retrato en la mesa principal
me grita tu nombre
paraliza la sangre que circula por mis venas
e invade mi mente

La risa de una fotografía tuya
revienta en mis oídos,
como el día que las olas del mar
reventaron a mis pies

Una foto familiar en blanco y negro
sollozan las huellas de un final feliz
en el vuelo de etéreas golondrinas

La mirada de un perro hace escurrir
una gota de lluvia en el alma de la noche

Ahora vivo en los límites de tu amor y mi locura,
pretendo tan solo que enraíce una flor en mi memoria
y convierta tu recuerdo en pétalos de rayo
que se esparzan sobre el dorso del tiempo

Pues es mi olvido una crisálida
estancada en un portarretrato,
una libélula que metamorfosea
en perfecta conjugación con la luna

Porque,
aunque me rehúse a aceptarlo
ya no estás,
                nunca estuviste,
                                         nunca estarás.

 

 

Llanto

Una lluvia salada brota de mis ojos,
recorre mi rostro,
inunda mi nariz,
sus causes
llegan a mi mandíbula,
se convierten en río
a veces en laguna
después
besan el suelo.