Poesía africana: Jean Joseph Rabéarivelo



Leandro Manuel Calle construye una imagen de la poesía africana de expresión francesa. Traduce aquí al poeta Jean Joseph Rabéarivelo (Antananarivo, Madagascar, 1901). Publicado en la célebre antología de Léopold Sedar Senghor, Rabéarivelo está considerado como el padre de la poesía moderna malgache. También escribió en francés. Tradujo y se interesó por la obra del poeta español Luis de Góngora y mantuvo una correspondencia importante sobre el cordobés con Alfonso Reyes. En 1937 acabó con su vida. Los poemas aquí presentados y traducidos por Leandro Calle, fueron escritos originariamente en francés y pertenecen a su libro Traduit de la nuit (1934)

 

 

 

2

Quel rat invisible,
Venu des murs de la nuit,
Grignote le gâteau lacté de la lune ?
Demain matin,
Quand il se sera enfui,
Il y aura là des traces de dents sanglantes.
Demain matin,
Ceux qui se seront enivrés toute la nuit
Et ceux qui sortiront du jeu,
En regardant la lune,
Balbutieront ainsi :
« À qui est cette pièce de quat’sous
Qui roule sur la table verte ? »
« Ah ! ajoutera l’un d’eux,
L’ami avait tout perdu
Et s’est tué ! »
Et tous ricaneront
Et, titubant, tomberont.
La lune, elle, ne sera plus là :
Le rat l’aura emportée dans son trou.

 

 

 

 

2

¿Qué rata invisible
Llegada de los muros nocturnos
Roe el pastel lácteo de la luna?
Mañana por la mañana,
Cuando ella haya huido
Quedarán huellas de dientes sangrantes.
Mañana por la mañana
Los que se emborracharon toda la noche
Y aquellos que salieron de jugar,
Al mirar la luna,
Balbucearán así:
“¿De quién es esta moneda de dos centavos
Que rueda sobre la mesa verde?”
“¡Ah, agregará uno de ellos,
El amigo perdió todo
Y se mató!”
Y todos se reirán
Y, titubeando, caerán.
Ella, la luna, no estará más allí.
La rata la llevará a su madriguera.

 

 

 

 

3

La peau de la vache noire est tendue,
Tendue sans être mise à sécher,
Tendue dans l’ombre septuple.
Mais qui a abattu la vache noire,
Morte sans avoir mugi, morte sans avoir beuglé,
Morte sans avoir été poursuivie
Sur cette prairie fleurie d’étoiles ?
La voici qui gît dans la moitié du ciel.
Tendue est la peau
Sur la boîte de résonance du vent
Que sculptent les esprits du sommeil.
Et le tambour est prêt
Lorsque se couronnent de glaïeuls
Les cornes du veau délivré
Qui bondit
Et broute les herbes des collines.
Il y résonnera,
Et ses incantations deviendront rêves
Jusqu’au moment où la vache noire ressuscitera,
Blanche et rose,
Devant un fleuve de lumière.

 

 

 

 

3

El cuero de la vaca negra está tirante,
Tirante sin haberlo puesto a secar,
Tirante en la séptima sombra.
¿Pero quién mató la vaca negra,
Muerta sin haber mugido, muerta sin haber bramado,
Muerta sin haber sido perseguida,
En esta pradera florecida de estrellas?
Hela ahí que yace en la mitad del cielo.
Tirante está la piel
En la caja de resonancia del viento
Que esculpen los espíritus del sueño.
Y el tambor estará listo
Cuando se coronen de gladiolos
Los cuernos de la vaca liberada
Que salta
Y pasta en la hierba de las colinas.
Allí retumbará
Y sus encantamientos se volverán ensoñaciones
Hasta el momento en que  la vaca negra resucite,
Blanca y rosa
Delante de un río de luz.

 

 

 

 

6

Un oiseau sans couleur et sans nom
a replié les ailes
et blessé le seul œil du ciel.
Il se pose sur un arbre sans tronc,
tout en feuilles
que nul vent ne fait frémir
et dont on ne cueille pas les fruits, les yeux ouverts.
Que couve-t-il ?
Quand il reprendra son vol,
ce sont des coqs qui en sortiront :
les coqs de tous les villages
qui auront vaincu et dispersé
ceux qui chantent dans les rêves
et qui se nourrissent d’astres.

 

 

 

 

6

Un pájaro sin color y sin nombre
replegó sus alas
y lastimó el único ojo del cielo.
Se posa sobre un árbol sin tronco,
cubierto de hojas
que ningún viento hace temblar
y cuyos frutos no se recogen con los ojos abiertos.
¿Qué es lo que cobija?
Cuando vuelva a volar,
serán gallos los que saldrán:
gallos de todos los pueblos
que habrán vencido y dispersado
a aquellos que cantan en los sueños
y que se alimentan de los astros.

 

 

 

 

8

La dévote a fini ses versets quotidiens
et vient écouter ses enfants qui apprennent à haute voix
leurs leçons bibliques
sur la vérandah.
On dirait une cascade lointaine
sautant quelque rocher moussu,
là-bas, derrière les collines,
ou des chrétiens surpris par l’ombre
récitant des surates musulmanes
sous le ciel pacifique.
Moi,
par les interstices des feuilles qui en retombent
comme des larmes noires qui ne cessent de couler,
je ne puis rien discerner
et n’entends que des bribes de paroles
où reviennent souvent les mots : Égypte
et Israël.
Je me hausse sur une motte de terre
fleurant l’herbe foulée,
et j’écarte la verdure qui me gêne les yeux ;
un petit oiseau migrateur sanglote près de la cime ;
et je lève la tête ;
mais ce sont les étoiles que je vois :
bulbeuses comme les aulx,
mouchetées comme les cailles,
elles me rappellent les prières que je viens de confondre,
et, dans le désert de l’azur imérinien
où il me semble que l’exode
refuit les Pharaons,
voilà que les Religions se rencontrent ─
et toi aussi, ô mienne, ô Poésie !

 

 

 

8

La devota ha terminado sus versículos cotidianos
y viene a escuchar a sus hijos que aprenden en voz alta
sus lecciones bíblicas
en la galería.
Parece el sonido de una cascada lejana
golpeando algún peñasco musgoso,
allá detrás de las colinas,
o cristianos sorprendidos por la sombra
recitando suras musulmanas
bajo el cielo en calma.
Yo,
por los intersticios de las hojas que se caen
como lágrimas negras que no paran de correr,
no puedo discernir nada
y solo escucho pedazos de palabras
en donde se repiten a menudo los términos: Egipto
e Israel.
Me paro sobre un montículo de tierra
donde florece la hierba pisada,
y separo el verdor que molesta a mis ojos,
un pajarito migratorio solloza cerca de la cima;
yo levanto la cabeza;
pero entonces son estrellas lo que observo:
bulbosas como ajos,
moteadas como codornices,
me recuerdan las plegarias que acabo de confundir,
y, en el desierto del cielo imeriniano[1]
donde parece que el éxodo
rehúye a los faraones,
he ahí que las Religiones se reencuentran,
y tú también, tú, mía, ¡Oh poesía!

 

 

 

[1] El Reino de Imerina fue un estado pre colonial que dominó la isla de Madagascar.