Poesía coreana: Kim Kyung Ju



Leemos, en versión de Marisol Ramírez Cruz, algunos textos del poeta coreano Kim Kyung Ju (1976). “Nació en el espacio. Llegó a la tierra a finales de 1970 a Corea, donde se quedó y escribió poemas. Algunos dicen que se convirtió en el poeta más importante de su generación. Ganó el premio Kim Soo Young, entre muchos otros. Sin embargo, debido a que se encontraba en la lista negra del gobierno firmó, en algunas ocasiones, con un seudónimo. Además, escribió novelas pornográficas por dinero cuando era joven”. 

 

 

 

 

Reindeer on My Upper Lip

 

Reindeer walk around my upper lip and
with my tongue, I lick the ice on their feet while they walk.

Licking the watery tracks that someone left,
walking backwards in the ice.

Reindeer graze on my upper lip, nibbling
the cold roots of a tree and the blue leaves
that bud out the horns
of a reindeer calf that froze to death.

Once upon a time, a baleen whale
breached upon my upper lip.
When my ears got hot the ice began to melt
and the reindeer carefully licked the flapping whale.
Underneath the leaves that stack my upper lip
the reindeer do not share their love.

They sit on my upper lip and,
until my tongue is frozen to the horizon,
the reindeer will sorrowfully mumble to themselves.

I was born on the fins of eyes.
Dragged into a snowy country, I became
the soft petroglyphs left by a pessimist.
Appearing on the ice on my eyelashes
that I lower one at a time
is the road back to my home.

Because they form a line, reindeer lose the road and
because they stand beneath the ice, the reindeer fall asleep.
If it is spring, they become warm ice on my lips, they become
my lips that flow beneath the thin ice.

At the edge of the cliff on my lips
reindeer are dangerous.

 

 

 

 

Renos en mi labio superior

 

Renos caminan en mi labio superior y,
con mi lengua, lamo el hielo de sus pies mientras caminan.

Estoy lamiendo las huellas húmedas que alguien dejó,
caminando de espaldas en el hielo.

Renos pastan en mi labio superior, mordisquean
las raíces gélidas de un árbol y las tristes hojas
que brotan de los cuernos
de la cría de un reno que se congeló hasta morir.

Érase una vez una ballena barbada
que irrumpió sobre mi labio superior.
Cuando se calentaron mis oídos, el hielo comenzó a derretirse
y los renos, cuidadosamente, lamieron a la ballena aletada.
Debajo de las hojas que se apilan en mi labio de arriba
los renos no comparten su amor.

Se sientan en mi labio superior y,
hasta que mi lengua se congele al horizonte,
los renos murmurarán tristemente para sí mismos.

Nací en las comisuras de los ojos.
Arrastrado a un país nevado, me convertí
en los suaves petroglifos abandonados por un pesimista.
En el hielo de mis pestañas,
que deslizo una por una,
se encuentra el camino de regreso a casa.

Porque forman una línea, los renos pierden el camino y
porque permanecen debajo del hielo, los renos se quedan dormidos.
Si es primavera, se convierten en hielo tibio sobre mis labios, se convierten
en mis labios que fluyen debajo de hielo fino.

Al borde del acantilado en mis labios
los renos son peligrosos.

 

 

 

 

 

Crying for No Reason

 

Bursting out from the side
flowing toward the beach
from the blue scar of a whale
the cry I cry for no reason.

Taking a ladle of soup over
to the lips of the injured whale,
the boy that pours soup, together,
like spit dribbling out the corners of the whale’s mouth
I cry for no reason.

With lips stuck together in the snow
saying “I’ll take you home”
between us, a shared sense of the death
of our singular selves,
and I cry and I don’t know why.

After running away from home, the poetry of a girl
that lived several months
inside the wáter tank on my apartment rooftop
said, I cry and I don’t know why.
“I’m scared…”
“Today I’m going home too…”
However, the wáter in the tank got filled to the top.
Together, with plastic bread wrappers that swarmed by the thousands,
inside the yellow wáter tank
the apperance of death
floats like that girl’s canary and
I cry and I don’t know why.

 

 

 

 

Llorando sin ningún motivo

 

Surge del costado
que fluye hacia la playa
de la cicatriz añil de una ballena
el llanto que lloro sin ningún motivo.

Llevo un cucharón de sopa
a los labios de la ballena herida
junto al niño que sirve la sopa,
como saliva goteando de las comisuras de la boca de la ballena
lloro sin ningún motivo.

Con los labios pegados en la nieve
diciendo “Te llevaré a casa”
entre nosotros, un sentido compartido de la muerte
de cada uno de nosotros,
y lloro y no sé por qué.

Después de huir de casa, la poesía de una niña
que vivió durante varios meses
dentro del tanque de agua en la azotea de mi apartamento
decía, lloro y no sé por qué.
“Estoy asustado…”

“Hoy, yo también iré a casa…”
Sin embargo, el agua en ese tanque lo llenó hasta el tope.
Juntos, con envoltorios plásticos de pan, que abundaban por miles
dentro del tanque amarillo de agua
la apariencia de la muerte
flota como el canario de esa niña muerta y
lloro y no sé por qué.