Sobre Habitación en sombras de Beatriz Pérez Pereda



Beatriz Pérez Pereda (Villahermosa, 1983) ganó, este 2021, el Premio Dolores Castro 2021 con el poemario Habitación en sombra. Citlaly Aguilar Sánchez reseña el libro y nos invita a su lectura. Pérez Pereda ha publicado los libros Teoría sobre las aves, 2018; Un hermoso animal es la tristeza, 2016; Los sueños del agua, 2013; Álbum Personal, 2013; La impaciencia de la Hoguera, 2010 y Trópico de ausencias, 2010.

 

 

 

 

 

Habitación en sombras, mujeres de luz

 

 

La casa blanca y cuadrada, sus cuatro esquinas en cada cuarto, quizás el lugar que más se nos ha obligado a las mujeres a conocer. Encomendadas desde antaño a las labores del hogar y el cuidado de la familia, hemos aprendido también a tomar esos espacios como un estandarte de la belleza.

Beatriz Pérez Pereda en Habitación en sombras, libro ganador del Premio Dolores Castro 2021 de Poesía, habla de ese lugar que, aunque común, es ya parte incluso de nuestros cuerpos. Ahí aprendemos a ser quienes somos, para bien o mal. El poemario se compone de 21 poemas en verso libre, en los que la autora nos permite habitar también ese recinto real e imaginario y reconocernos:

 

Cuando era pequeña
las niñas jugábamos a construir casas
y los niños automóviles de cartón

Las niñas buscábamos un lugar para quedarnos
los niños un artefacto en qué partir

 

Leo en las páginas de la alcoba de Pérez Pereda. Me encierro en esas líneas. Sé lo que dicen, siento lo que dicen. Lo he vivido. Me encuentro. Me vuelvo a encontrar. Me re-encuentro. ¡Cuánta verdad hay en ello, en unos pocos versos! Me siento acompañada. Yo me he quedado en casa y ellos se han ido, siempre.

Y así, en cada poema vuelvo a verme como la niña que fui y la que sigue muy en el fondo de mi adulta. De ahí la fina belleza que se dibuja, cual rayo de luz filtrado entre la cortina, sobre una pared de cal. Me conmociona su lucidez.

 

¿Este es mi hogar?
Estar inmóvil en mi cama pequeña
mi corazón dando tumbos
como queriendo salir de sus paredes.

 

Leo mientras estoy tumbada en mi lecho de enfermedad, con la tristeza de un duelo encima, mientras en el techo una mosca dibuja una coma que marca esta pausa: ¿cómo no sentirse parte del poema, de la poeta? Algo en mí intuye que estamos conectadas. No solo ella, Beatriz, sino todas. Y lo sabemos. Siempre ha existido un lazo entre nosotras, el de sabernos iguales en nuestros sentires, pese a la desigualdad social.

Entonces el título del poemario resulta paradójico, pues más que sombras arroja mucha luz sobre nuestras almas; es, incluso, esa lámpara que nos guía en las noches más eclipsadas. Las palabras construyen resquicios entre muros y es fácil ver entrar por ahí el brillo. No es una habitación carcelaria:

 

Digo la palabra hogar
y quizá estoy del lado equivocado de la puerta
Digo hogar
y construyo muros
Que no estoy tocando la puerta para entrar
sino para que me liberen
que soy yo
quien no dejó entrar a nadie

 

Es también a veces un refugio que intenta ser un santuario, pues, aunque deja afuera a veces a los otros y a veces a sí misma, su poder de crear al nombrar está en incesante recreación.

A la poeta la conocí el día de la premiación del Premio Dolores Castro 2021, con una copa de vino tinto alzada con naturalidad, con la seguridad de quien se comparte. La vi reír y la escuché hablar de la escritura de las mujeres, de sus experiencias.

Su libro me conoció a mí, al igual que los otros galardonados con este reconocimiento aguascalentense, entre los que encuentro sinceras conexiones de temas y recurrentes metáforas y aforismos. Lo afirmo: estamos conectadas. Somos habitaciones de una enorme casa.