Poesía mexicana: Ariel Miller



Leemos un fragmento de un poema autobiográfico de Ariel Miller (Ciudad de México, 1994). Licenciado en Historia y Arte y poeta. Ha traducido textos poéticos del persa, árabe, inglés, portugués, sánscrito, hebreo, alemán y polaco para la revista literaria Opción (México), misma donde ha publicado su poesía desde el año 2013 y donde se publicó su traducción de la poesía completa del autor iraní, Sohrab Sepehrí, en el año 2021 bajo el título Los ocho libros: poesía reunida. Asimismo ha traducido poesía kurda contemporánea en Círculo de Poesía (México) y Elipsis (Ecuador). Cursa estudios de maestría en Estudios de Irán en la Freie Universität Berlin y forma parte del Corpus Avesticum Berolinense. Ha sido becario del Deutschlandstipendium por los periodos 2021-2022 y 2022-2023. Sus proyectos se centran en la difusión de la poesía iraní y actualmente traduce el poemario Man gurg-e xiyālbāfī hastam (Yo soy un lobo soñador) al alemán. Su poema en prosa, intitulado “El sitio de la autoconstitución del Yo en el monte Qaf de la lengua, o la pérdida de Abu Hamid ibn Abu Bakr Ibrahim en el Mar del Perfumero” se publicará en Editoriales Heredad (México) como parte del libro Atlas de Ciudades Invisibles (2022).

 

 

 

 

Las alabanzas y los muertos
(fragmento)

Alabanzas

me cansa regresar al llanto dorado de la confesión cristiana,
y sobre todo, hacerlo con tantos dioses en tan pocas lenguas muertas:
abandoné la compulsión y los espasmos,
tener que saber algo para sentir un algo más:
mendigar quietud entre palabras
y darle a la búsqueda un sentido
como un hogar en el silencio cuando alguien en algún lugar aprende a hablar,
como un niño que al caer al suelo entre risas, llantos y olvidos,
pide leche, ignorando que al tener un alfabeto, la leche habrá de ser león
o sólo leche y que sus muertos podrán ser asesinos,
cantores, nadie o todos, y que serán todos, león, leche, asesinos, cantores y muertos.
no serán nadie y lo serán.
o como describir el sobresalto de una mujer que sale de su casa en la mañana,
meditando entre gota y gota de lluvia lo que fue de su destino
sin recordar aquello que pensé una vez haber escrito;
tal vez en su infancia no toleró que la ignoraran
durante los rugidos de dragones
y leyendas de pueblos que no fueron los suyos,
mas ahora es ella quien ignora a su pequeña
cuando es acechada,
y eso pesa:
hoy sólo recuerda
esos otros días esos otros tiempos esos vagos días:
así es como se aprende a degustar de la abstracción,
reprochándole al vendedor de azúcar y al copero la tradición de una cultura moribunda,
y de las treinta aves, qué sabor tiene perderse en un ayer que no llegó a ser noche
sin el reconocimiento de la singular presencia del invierno en israel:
que he buscado como quien ha pedido una coartada de un vecino cuyo nombre desconoce
tras haber decapitado mil niños negros y haber hecho de su sangre un vino que lo llevara a dios,
como quien vio tan pocas tabernas abrirse en los callejones del desierto
que pronunció en la lengua que abandoné hace siglos
en bujará,
en samarcanda
y en la tumba de una memoria iluminada en shiraz:
“coronen a este hombre, oh pléyades, hagan de su ser una sola gota de rocío unida con el mar”,
y enmudecí, pues no sabía cantar;
además, me han llamado bastardo en la lengua de abraham:
mamzér,
y cual palomilla: olvidé cantar, ardí. me quedé sentado: y desde ahora sé cantar.

aunque no sepa cómo es que siento lo que siento, que sean los frescos senos de una reina viuda
aquello que cure la ancianidad que aún no llega a mis ojeras
y que aunque el triste enjuiciamiento del carnero que salvó a isaac
no me haya de salvar a mí:
sépase que pude haber sido la tierra de elohim con los apellidos de un judío muerto
o el militante de una aldea perdida en samara con un pasaporte cuyas hojas brotarían del olivo
al que haría arder un tanque que el destino no quiso que yo pilotara,
o, al menos, un quetzal con el plumaje de los dioses de aquellos pueblos
en los que no se conocía la metafísica de los profetas.
así fue que me convertí en uno de los hijos de adán,
y es por eso que los dejo: me voy de viaje al fin:
empacaré en mis maletas más éxodo que 60,000 de ustedes:
y será bueno si registro mi destino en una nueva constitución de fe.
aarón, miriam, les prometo:
tengo la eternidad que moisés tuvo en sus labios, pero no en sus ojos:
jamás habré de ser deudor de mis palabras: vi a yahvé en el espejo:
pinté en mi rostro cada uno de sus rostros, para ser capaz de ver. lo vi.

todo se ha resumido en una idea más deidad que todo dios:
al final de tantos años jóvenes
llegué a ser alfarero, comprador y comerciante
entre el mutismo y la pronunciación de unos dos mil tarros, 
por lo que hoy revelaré
la lluvia del invierno de la tierra del volcán
y el poco otoño al que sobrevino caín sin heredar su patronímico,
cómo es que la primavera es púrpura,
y el verano, más húmedo que los ríos en cuyas aguas no jugaron al muerto mis soldados:
véanme a los ojos y profiéranme en palabras bíblicas que no soy como ustedes,
que los ovarios de dina son más puros que los de mi madre, margarita,
y que en los 300 días previos a mi nacimiento no existió lo que existió porque no existen notarios que lo corroboren.
recen: “nosotros hemos pecado contra nuestro dios,
pues tomamos por esposas a mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra”:
(judío es quien de vientre judío nace) y manden judíos de vientre cristiano a salvaguardar con sangre impura vientres judíos de sangre pura.
y el hijo de un israelita blasfemó a la tierra:
consideren si en mis ojos se refleja o no el monte sinaí, sobre cuyo arenal fue derribado el avión de mi padre que formó la tierra que tomaron; si en el verbo que revelo se entreoye o no el aullido de los miles de judíos que escuchó mi abuela a cappella entre las nubes de polonia; si en mi manuscrita se percibe o no la técnica y el níquel de las llaves que hizo su marido de los callos de sus manos:
pregúntenme si soy o no yo el heredero de tantos nombres cuando escribo…
¡pero ni en egipto ni en polonia ni en palestina había notarios!
¡alejandro! ¿quién te acompañó cuando previste muerte y memoria en el profeta del fuego?
¡césar! ¿quién te acompañó cuando hiciste de un riachuelo la perpetuación de un sueño?
¡napoleón! ¿quién te acompañó cuando la nieve incineró a tus hombres y los hombres que lo hicieron se burlaron de tu atuendo?
¡hitler! ¿quién te acompañó cuando le murmuraste la penumbra a tu progenie tras habérsela bramado a aquellos otros días?
¿y a mí? a mí me acompaña el sacrificio de su pureza en la punta del pene…

“y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre y serás una bendición”, dijo elohim.
¿y mi gran nación? ¿y mi bendición? ¿y la grandeza de mi nombre? ¿y mi bendición?

por eso yo bendeciré los retornos del desdén,
las abluciones del desprecio y la miseria
para que replante la tierra su cima en arrabales perdidos;
la llama, su calor en el tronco muerto del olivo:
tan viejo que concientice su caída
el hijo al que no fue dado nombrar a un padre
y no tuvo en su lengua más que un nombre para dios y por eso lo nombró innombrable:
propongo caer, alzar la mirada al cielo,
gritar “hoy no” en lugar de “amén”,
guardar silencio,
desmayarse,
perder,
cerrar los labios, pavimentar con suciedad el mar,
enseñar a la paloma a cantar como la alondra:
volver a odiar, a proferir palabras ciertas y precisas:
maldigo al cristiano y al judío, al musulmán.
maldigo al blanco, al negro, maldigo al prieto y al indio.
maldigo a la mujer y al hombre:
maldigo a la hora, a los minutos.
maldigo a todo lo que no conoce fin.
maldigo al punto ciego de toda revelada eternidad.
maldigo la sobriedad de un infiel detrás del alcoholismo de un fiel
para que no haya jamás agua en el desierto;
en este pozo, que desborde.
no fijarse.
recordar que la peor forma del pasado es la que se deja recordar;
la más tranquilizante,
la que obliga a transferir un nuevo fin del mundo
y pesos y medidas de algo que se perdería en el juicio
a los días que vivimos en sosiego,
a esos otros días:
soñar revelaciones de aquello que fue y no de aquello que será,
sabiendo que no somos nada
si no los hijos sin más padre que los nombres
que le dimos a nuestras historias fenecidas.
porque también el odio será algún día amor, y cambiará.
y quedarán aquí los muertos que olvidó la fe de los judíos.
y los alabarán más que a los vivos.

y bautizaré yo mi suciedad con sus ciclones,
sembraré agua en el néguev y sombra en las alturas de golán:
tendré la lengua de los milenios de los hijos de adán
y los milenios de la lengua de mi nombre: seré el nombrado:
–cuando el sinaí fue tapizado por el fuego
de elohim en un arbusto
y el de mi padre en los misiles de un avión francés,
se mantuvo igual de silencioso que cuando los verbos fueron más que verbos
y dios fue más que un hombre en su pluralidad: fui yo quien hubo asesinado a cristo;
luego, se revelaron por las rendijas de mis dientes los cansancios
de un pueblo que perdió sus pies de tanto andar:
y alabaré más a los vivos que a los muertos cuando cruce los dinteles de judea.