Carmen Rojas Larrazábal: A pesar de la lluvia



Presentamos en versión bilingüe italiano-español, el poema A pesar de la lluvia de la poeta venezolana radicada en Estados Unidos Carmen Rojas Larrazábal (Aragua, 1971). Además de poeta es Terapista Ocupacional. Ha publicado Riberas de Ausencia, (Zátachi, México), Confesiones de la Ausencia (Free Lancer, Chile) y Fracturas del Silencio (Trajín, México). Hace parte de la World Academy of Arts and Culture, UNESCO. Es Cofundadora del Círculo de Escritores y Autores de La Plata, (CEAP) Argentina. Es Directora-Fundadora de El Arco & la Flecha Editores, 2021. La traducción al italiano es de Emilio Coco.

 

 

 

 

 

 

 

A PESAR DE LA LLUVIA

Україна
Ucrania

 

Salgo de mí, en lo más alto de la primera lluvia,
no hace falta cobijar el sitio a mis espaldas.
Dejar correr las raíces que se encajan
al otro lado del invierno, es inminente.
Nada puede abandonar el impreciso abismo donde asumo
como un barco que se hunde,
este silencio, cada día.
A la hora del naufragio, sangra una gaviota.
Cruza poco a poco las esquinas de un recuerdo,
cambiando de lugar de una manera arbitraria,
detrás del estanque del patio.
Detrás de los peces invisibles que navegan allí,
un mar interminable en cierto asombro suyo,
parecido a la nostalgia.
Sus hojas secas anunciando el crujir
de un mundo irreparable bajo el hielo,
frío incalculable de guerras perdidas
derritiendo de un golpe metales y fronteras
con el mismo fuego.
Poder clavar allí algún madero de infancia
que exhume los últimos peldaños
hacia la luz.
En las afueras de la lluvia
se atreve a infringir un pacto de sombra
con tu voz, la madrugada.
Se desliza en los labios,
como un acento que no es el de esta noche
donde la línea ilegible de tu mano,
escapa a la escritura cómplice
de la esperanza.
Tu sangre quieta cerca de la herida
sacia brevemente
al depredador nocturno
que no conoce estas escarchas.
El uniforme no se ha manchado de sangre
todavía,
pero el corazón va descalzo
hacia la intemperie de estas vísceras
floreciendo hacia las sombras.
Acabo la última cena dentro de los ojos
de tus muertos
y no hay más preguntas
en la superficie vencida de la cueva.
La he excavado en la íntima grieta de la sangre.
La he excavado en los tejidos inertes
del lado menos navegable de tus ojos.
Quizá llegue a ser la satisfacción de un refugio
(¿o un instante desgastado de tu tumba?).
Salgo sin perder el equilibro de las horas
que ya no baten sus alas en el aire nocturno de estos huesos.
Y a pesar de la lluvia,
algo tuyo del amanecer
va hacia el nombre de las cosas
que se quedan
para siempre.

 

 

 

 

NONOSTANTE LA PIOGGIA
Traduzione di Emilio Coco

Україна

Ucrania

                                                          

Esco da me, al culmine della prima pioggia,
non c’è bisogno di proteggere il luogo alle mie spalle.
Lasciare correre le radici che s’incastrano
nell’altra parte dell’inverno, è imminente.
Niente può abbandonare l’impreciso abisso dove assumo
come una nave che affonda,
questo silenzio, ogni giorno.
Al momento del naufragio, sanguina un gabbiano.
Attraversa a poco a poco gli angoli di un ricordo,
cambiando posto in un modo arbitrario,
dietro lo stagno del cortile.
Dietro i pesci invisibili che navigano lì,
un mare interminabile in un certo stupore suo,
simile alla nostalgia.
Le sue foglie secche che annunciano lo scricchiolio
di un mondo irreparabile sotto il ghiaccio,
freddo incalcolabile di guerre perdute
che sciolgono d’un colpo metalli e frontiere
con lo stesso fuoco.
Poter conficcare lì qualche tronco d’infanzia
che esuma gli ultimi scalini
verso la luce.
Nella periferia della pioggia
osa infrangere un patto d’ombra
con la tua voce, l’alba.
Scivola sulle labbra,
come un accento che non è quello di questa notte
in cui la linea illeggibile della tua mano,
sfugge alla scrittura complice
della speranza.
Il tuo sangue calmo cerca la ferita
sazia brevemente
il depredatore notturno
che non conosce queste brine.
L’uniforme non si è macchiata di sangue
ancora,
ma il cuore s’incammina scalzo
verso le intemperie di queste viscere
fiorendo verso le ombre.
Finisco l’ultima cena dentro gli occhi
dei tuoi morti
e non ci sono più domande
sulla superficie vinta della grotta.
L’ ho scavata nell’intima fessura del sangue.
L’ho scavata nei tessuti inerti
dalla parte meno navigabile dei tuoi occhi.
Forse arriverò a essere la soddisfazione di un rifugio
(o un istante consumato della tua tomba?)
Esco senza perdere l’equilibrio delle ore
che più non battono le loro ali nell’aria notturna di queste ossa.
E nonostante la pioggia,
qualcosa di tuo dell’alba
s’incammina verso il nome delle cose
che rimangono
per sempre.