La divina de Dalia Alonso en Sonámbulo Ediciones



Dalia Alonso (Gijón, 1996) acaba de publicar, en Sonámbulos Ediciones, La divina, del que leemos algunos textos. Alonso es filóloga clásica, poeta y corista. En solitario ha publicado la plaquette Safo y Alfonsina en el acantilado (Heracles y nosotros, 2017). Sus poemas aparecen en diversas antologías, como Voces nuevas (Torremozas, 2018) y Los últimos del XX (Luna de Abajo, 2021), y también en algunas publicaciones periódicas como Maremágnum, Estación Poesía y Anáfora. En 2020, fue galardonada con el VII Premio Internacional de Poesía Jovellanos gracias al texto Arrugas”. Además, ejerce la crítica literaria con reseñas en medios especializados entre los que destaca la revista Clarín, y últimamente ha mostrado su faceta de traductora con el volumen Las rosas de Pieria: antología de la poesía lírica griega (Impronta, 2021), en el que presenta una edición, comentario y traducción de autores como Safo o Anacreonte.

 

 

 

 

 

Este estreno de Dalia Alonso, titulado La divina, tiene dos cosas que muy rara vez se dan en un primer libro. Por un lado, encontramos en él una voz distinta y reconocible, rica, densa, con verdad, capaz de modularse y variar sin dejar de ser ella misma. Eso ya es mucho. Pero además no nos encontramos ante una colección de poemas-ejercicio: estamos ante un conjunto unitario que no sacrifica a su hilo los muchos puntos de fuga, las variaciones, las necesarias contradicciones. Hay algo que Dalia Alonso nos quiere contar (lo que ya de por sí es raro) y además sabe cómo hacerlo, sopesando las palabras, con una conciencia muy clara de cada elección. No se leen muchos libros así. Y menos como este que ancla la búsqueda de una verdad en la belleza, en la elección de lo bueno. Si tenía razón Keats cuando escribió aquello de A thing of Beauty is a Joy forever”, no lo duden: este libro es para siempre.

 Martín López-Vega

 

 

 

 

Collige, virgo, rosas

 

En esta época en que amamos
—a secas—
y son nuestros únicos dioses
el carmín
y las canciones en francés,
es menester leer cuanto se pueda
y abandonarse a la pasión.

Acechan ya los años
maduros e implacables:
todo lo que advertían
los tópicos latinos.

 

 

 

 

Mito

 

No puede ser.
No puede ser que exista
este deseo bruto, tan pesado,
tan próximo.

Tal ardor es prerrogativa
de los mitos solamente —
Ariadna doblegada
y Fedra la llena de incendios.

No es posible tal dios.

 

 

 

Coro de románticos

A partir de “Doña Francisquita”,
de A. Vives, G. Fernández-Shaw & F. Romero.

 

Allí donde una súplica de amor
es un poema gorjeado
y las estrellas tiemblan
tras las capas galantes,
son los perfumados pañuelos
la celosía de un confesionario
y las palabras del cortejo inician
un diminuendo dulce.

Acarician las losas de la plaza
con un frufrú de faldas
y atardece dentro de cada pecho
un cielo sonrosado.

Las palomas se arrullan
e imitan su tierno cantar.

 

 

 

Bola de nieve

 

“Gioventù mia, tu non sei morta, né di te è morto
il souvenir…”
La Bohème, G. Puccini, L. Illica & G. Giacosa

Entonces la nieve y la melodía
caían sobre tu falda de tafetán gris
como una aurora de manos heladas.

Eran los últimos días de diciembre
y cantabas: tu voz nacía
como un elixir de color brillante,
un beso de exuberante cristal
que no alcanzábamos a comprender.

Ahora que un manto blanco de nuevo
cubre el dintel del viejo café,
tu recuerdo apenas revolotea
y los copos de nieve caen sin gracia.

Me pregunto, mi amor,
si acaso has olvidado esas canciones
o vive aún la joya en tu garganta.

 

 

 

 

Fedra suplica a Hipólito

 

Yo seré la granada jugosa
que muerdas al regresar
de la caza
y tu sábana,
seré perfume, perfume,
seré las hojas que apartes
para abrirte camino
y el paño que enjuague
los ardores de tu frente.       

Yo seré la vieja tina
en la que laves tus pies
y la ventana cerrada,
seré silencio, silencio,
seré el lecho
en el que al fin te venzas
y, cuando necesites agua,
¡seré yo tu agua
y nadie, nadie más!