Quevedo en el origen y el fin de la modernidad de Hernán Sánchez Martínez de Pinillos



Hernán Sánchez Martínez de Pinillos ha publicado recientemente el volumen Quevedo en el origen y el fin de la modernidad bajo el sello de la Biblioteca Áurea Hispánica. Sánchez Martínez de Pinillos ha sido discípulo de Don Gonzalo Sobejano y es uno de los grandes estudiosos de la Edad Media y de los Siglos de Oro.

 

 

 

En la poesía metafísica el hombre interior se encuentra deshabitado: carece de estancia, morada o centro donde instalarse y habituarse. La interiorización metafísica y amorosa no conduce a una elevación mística y espiritual, sino a la conciencia del yo como ausencia (“´¡Ah de la vida…`¿Nadie me responde?), fantasma (“fantasma soy en penas detenida”) lleno de angustia, y volcado a la tumba como destino perenne del amor-pasión: “y siempre en el sepulcro estaré ardiendo”, dice en un soneto. A esta vivencia del yo lírico acompaña una concepción numinosa del amor profano, sometido a la violencia de lo sagrado, pero capaz, paradójicamente, de vencer a la muerte, no solo en espíritu, sino materialmente: “polvo seré, más polvo enamorado”. Desde la experiencia de la noche oscura, se insinúa en la obra de Quevedo una concepción gnóstica y desencantada de la vida y del mundo natural. Nos sorprenden entonces imágenes cercanas al sentimiento moderno del infierno no como lugar, sino como estado de conciencia: el hombre sentado, condenado a una eternidad inmóvil devorado por el remordimiento; la risa, absurda, grotesca, desesperada, de los condenados en el fondo del infierno. En la noche de tinieblas del penitente, asoma también, según veremos, el esbozo de una duda ante el misterio de la pasión de Cristo: interrogación sobre el misterio de la agonía del Hijo del hombre, que será secularizada por los poetas agnósticos románticos del siglo xix en la representación de la orfandad del hombre Jesús.

Hernán Sánchez Martínez de Pinillos

 

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El análisis de varios poemas de Quevedo es de una erudición asombrosa, no sólo porque las referencias son numerosas, sino sobre todo porque son pertinentes e iluminadoras. La erudición se vuelve en este libro una fuente de interés y de estímulo para la lectura, no en un obstáculo o en un despliegue de conocimiento estéril. Gracias a esa erudición, Quevedo se vuelve en este libro un verdadero contemporáneo nuestro: a sus poemas se les encuentra el horizonte clásico, la presencia histórica de su momento de escritura y la proyección hacia nuestro presente. […] El libro de Sánchez Martínez de Pinillos coloca a Quevedo en un horizonte que comienza en la antigüedad clásica y termina en nuestros días. Además, repito, los poemas de Quevedo reciben una lectura cuidadosa, atenta, lúcida y fascinante. Se trata de un libro con “volumen”, multi-dimensional. Es pertinente no sólo para los interesados en la literatura clásica de nuestro idioma, es pertinente también para todos los interesados en el pensamiento occidental, en las relaciones entre ideas y poesía, y en temas específicos como la visión barroca de la muerte, el amor-erotismo en la modernidad, etc…

Jorge Aguilar Mora