Poesía argentina: Diego Bentivegna

Leemos poesía argentina. Leemos algunos textos del nuevo libro de Diego Bentivegna, El pozo y la pirámide (Audisea, 2022), presentados y comentados por Juan Pablo Abraham.

 

 

 

 

EL POZO Y LA PIRÁMIDE

 

 

Hoy presentamos una selección de poemas del libro​​ El Pozo y la Pirámide​​ de Diego Bentivegna. Un libro que me ha impresionado mucho por varios motivos. En primer lugar, me ha gustado mucho la calidad de su escritura, el cuidado que ha puesto en la elaboración de los versos. Un libro que está escrito en un lenguaje cotidiano, nada pretensioso ni arrebatado, lo que nos hace pensar en un poeta maduro. En segundo lugar, y siempre teniendo en cuenta que quien escribe este esbozo no es un crítico, sino lo que podría definirse como un simple comentador de un texto, me ha gustado el juego establecido en un espacio (acaso espacios en plural) de diferentes voces y tiempos, fusionando el presente y el pasado, lo vivido y lo documentado.

El pozo y la pirámide​​ se divide en tres partes que exploran diferentes aspectos temáticos y estilísticos. La primera parte, titulada "El pozo y la pirámide", consiste en poemas que son la memoria de un viaje realizado desde las Sierras de Córdoba hasta Leuvucó, en la provincia de La Pampa. Durante el viaje, se entablan conversaciones con personas de la comunidad ranquel, entre las cuales Mariano Rosas fue uno de los últimos lonkos. Algunos fragmentos de estas charlas, a veces reescritos, se incorporan a los poemas, dando voz y perspectivas diversas a través de la poesía. Esto muestra el carácter casi experimental con el que el autor ha querido que se lea su libro. Luego tenemos una segunda parte, llamada "Cartas a K y otros extractos", y que consiste en trozos reescritos de textos del jesuita italiano Nicolás Mascardi. Estos textos fueron recopilados por Guillermo Furlong en "Nicolás Mascardi y su Carta-Relación" (1670), y exploran la Patagonia en el siglo​​ xviii​​ y la fundación de una misión en el lago Nahuel Huapi. En esta​​ sección, se establece un diálogo intertextual con la obra de Mascardi y su relación con el polígrafo alemán Athanasius Kircher. Y por último una tercera parte del libro, titulada "Hechos del Mascardi", narra una experiencia vivida en noviembre de 2017, donde se camina por las orillas del lago Mascardi, cerca de Bariloche en la Patagonia argentina. Esta sección es una exploración personal en relación con los hechos históricos y geográficos relacionados con Mascardi y su legado.

El lector de este libro podrá recorrer cada una de sus partes junto a un yo lírico que se apresta a mostrarle la naturaleza de una geografía que cambia y se adapta a los distintos registros discursivos, mezclando géneros como poesía, ensayo y correspondencia, además de apropiarse de textos previos para su reescritura. Todo ello demuestra una búsqueda de nuevas formas de expresión y un cuestionamiento (opinión absolutamente personal como todo lo que he escrito) de las convenciones literarias tradicionales. Esta experimentación estilística y estructural enriquece la experiencia de lectura, y permite abordar los temas centrales desde múltiples perspectivas, logrando ser, por lo tanto, un gran aporte a la poesía actual, en un mundo poético que suele verse, en más de una ocasión, como una llanura de pocos declives y poco atractiva para el lector de hoy.​​ 

Juan Pablo Abraham​​ 

 

 

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Diego Bentivegna nació en Munro, provincia de Buenos Aires, en 1973. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de Venecia y en la Escuela Normal Superior de Pisa. Es docente e investigador. Publicó los libros de poesía​​ Las reliquias​​ (2013),​​ La pura luz​​ (2015),​​ Geometría o angustia​​ (2016) y​​ El pozo y la pirámide​​ (2022), así como varios libros de ensayo. Tradujo al castellano obras de Pier Paolo Pasolini, Antonio Gramsci, Ugo Foscolo, Franco Moretti y Attilio Bertolucci, entre otros. Obtuvo el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires.

 

 

 

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Al principio el ojo de la cámara

intenta capturar el balanceo de las ramas.​​ 

El objetivo​​ 

quiere grabar el bosque de caldenes,​​ 

las hojas del algarrobo que se mueven

casi imperceptibles.

 

Hay poco viento.​​ 

 

Son las diez de la mañana​​ 

y ya hace más de treinta grados.​​ 

Como si el campo​​ 

con tan solo mirarlo pudiera ser quemado.

 

 

 

 

 

 

La llanura, el sol, la maraña.​​ 

 

En Santa Rosa, en la estación de micros,​​ 

habita una jauría.​​ 

Perros flacos, perros heridos, perros desiguales.​​ 

Paramos en un hotel de cazadores​​ 

con el parquet desgastado, con machimbre​​ 

sobre las paredes del pasillo.​​ 

 

Desde la habitación escuchamos​​ 

el aullido de los perros.​​ 

Pelean entre los restos de la noche​​ 

por un cacho de carne.

 

 

 

 

 

La memoria es ese pozo.  ​​ ​​ ​​​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ En el fondo​​ 

del pozo viven las huellas, viven los gestos, titilan ahí abajo​​ 

como en el recuerdo las imágenes​​ 

que lanza sobre la pared un proyector casero.​​ 

 

La pirámide en cambio​​ 

es la escritura muda, es el túmulo de signos.​​ 

Cada signo pertenece a la familia de las pirámides​​ 

“donde un alma ajena ha sido colocada y guarnecida”.​​ 

 

Los hermanos y amigos en lágrimas bañados,​​ 

recogieron gimiendo los huesos calcinados,​​ 

y los pusieron en una caja de oro…

 

 

 

 

 

 

Hay además un hecho​​ 

en verdad digno de admiración,​​ 

y es que en el Reino de Chile,​​ 

en la parte occidental de los Andes

en la costa del mar Pacífico,​​ 

no se encuentra víbora, ni serpiente,​​ 

ni ningún otro animal,​​ 

ni se sienten nunca​​ 

rayos, ni truenos,​​ 

 

al contrario de lo que pasa​​ 

en la parte oriental de la dicha montaña,​​ 

donde se encuentran –en el desierto​​ 

de las pampas que van hasta el Paraguay–

serpientes​​ 

y otros innumerables​​ 

animales venenosos​​ 

 

y no faltan estrépitos de truenos y de rayos​​ 

y otros fenómenos,​​ 

y los cambios meteorológicos​​ 

son frecuentísimos.​​ 

 

Cuál sea la causa de ellos​​ 

queda reservado a ti,​​ 

Athanasius, investigarlo.​​ 

 

Carta a K

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