Una conversación con Andrea Rivas

Alí Calderón conversa con Andrea Rivas (Puebla, 1991) sobre algunas de sus ideas estéticas. Rivas publicó en Círculo de Poesía Ediciones el libro de poemas Pertenecerme entera. Ha traducido también El país entre nosotros (Valparaíso México / Círculo de Poesía, 2015) de Carolyn Forché y Wāhine toikupu. Poetas contemporáneas de Nueva Zelanda (Círculo de Poesía Ediciones, 2022).

 

 

 

 

 

 

Alí Calderón

¿Qué te interesa hacer en un poema? O dicho de otro modo, ¿cómo despliegas tu poética en el texto?

Andrea Rivas

La realidad es un concepto que me​​ intriga desde siempre. En principio,​​ pienso que todo​​ lenguaje intenta hacer una traducción de esa realidad con fines comunicativos, sin embargo,​​ como toda traducción, nunca permite abarcar una realidad completa​​ y definitiva, hay múltiples factores que intervienen —la visión del mundo del receptor y su entendimiento de los signos que yo​​ envío​​ como emisora, por ejemplo—. Yo entiendo la poesía como una traducción mucho más fiel de esa realidad que​​ percibo y que​​ no es lineal ni unívoca; la poesía permite que las cosas sean por primera vez en el mundo: cuando un poema dice​​ fiera​​ está rehaciendo el concepto bajo su propio código, cuando dice​​ ternura​​ la ternura existe por vez primera. Entiendo​​ el lenguaje poético como una manera de volver a hacer el mundo porque es el lugar donde el signo se despoja de sus​​ significados más evidentes para replantearse en un modo de decir las cosas que​​ no parte de la norma sino de​​ la​​ imaginación individual, al final siempre hay​​ una provocación. En este sentido,​​ en mis poemas busco decir cualquier cosa que importa en mi realidad en un momento determinado de una manera que espero sorpresiva,​​ que llame al detenimiento, a la relectura. En los últimos años me interesa especialmente replantearme el signo mujer y entender mi propia existencia —individual y colectiva— desde​​ aprehenderme (nos) en la lengua como un modo de resistencia y​​ afirmación de una realidad.

 

Alí Calderón

¿Qué crees que ha dejado de ser importante o qué ha pasado de moda en la escritura de un poema?

 

Andrea Rivas

Creo que, como en cada época, es importante salir de los lugares comunes y ese me parece siempre el reto más grande.​​ Por otro lado,​​ me parece​​ cada vez es menos importante la poesía de tono coloquial si no tiene una búsqueda​​ en la forma​​ —no hablo aquí​​ necesariamente​​ de poesía terriblemente​​ complicada, pero sí una poesía que se detenga a pensar en su motivación—.​​ Y sobre todo pienso que se terminó el tiempo de la​​ escritura​​ apolítica: en la poesía​​ hay siempre​​ una postura y una enunciación desde un lugar en el mundo —un lugar estable​​ o​​ uno fluido que va y viene, da igual—.​​ Ya no creo​​ en una poesía que busca "solo" lo estético e ignora la realidad desde la que se plantea; nada me parece más pasado de moda que hablar desde la utopía del no lugar y la exacerbación de​​ metáforas intangibles que se sitúan​​ en algún lugar del Parnaso que nadie —ni​​ lxs autorxs​​ mismos— conocen.

 

Alí Calderón

¿Has leído recientemente poemas que te parezcan significativos o particularmente buenos? ¿Quiénes son los poetas que te entusiasman ahora?

Andrea Rivas

Hay una poeta​​ mexicana​​ que me emociona mucho​​ que se llama Laura Cárdenas, en los últimos meses he releído varias veces su libro​​ Perseguido olor a casa​​ que me parece​​ fantástico y es prácticamente desconocido. Hace poco llegó a mis manos el​​ Poema de las emociones comunes​​ de María Belén Milla​​ y​​ desde el primer poema he pensado que es​​ de lo mejor que he leído​​ de la poesía actual. Pero también están esos libros a los que siempre regreso en distintas etapas de mi vida y cada vez me sorprenden​​ como si los leyera por primera vez:​​ El manto y la corona​​ de Rubén​​ Bonifaz Nuño,​​ Norma Jeane Baker of Troy​​ de Anne Carson y​​ Extracción de la piedra de la locura​​ de Alejandra Pizarnik son libros que releo al menos una vez al año.

 

 

 

 

***

 

 

 

Porque no sé si debí nacer o desafié a la suerte

he venido a explorar mi vida.

Una no decide nacer ardiendo en el mes más cruel

y arrastrarse treinta y un años tras cualquier palabra de esperanza,

encontrar amparo en la sombra de las suicidas,

en la luz verde en lo alto de la colina

y preguntarse todos los días para qué.

 

Una no decide que en el nombre propio arda Troya

pero se deja llevar a rastras.

Yo no decidí los ojos tristes

pero los he colgado como el estandarte

del único territorio que conozco.

 

Mientras, el tiempo pasa

mientras, el nudo de mi garganta sigue intacto

mientras, la oscuridad vuelve y me rindo arrepentida

aunque otra vez me digas que no tengo que ser buena.

 

Porque no sé si debí nacer

le pregunto a tu poema qué sigo haciendo aquí

en este planeta que se incendia mientras viertes agua

desde tu telescopio en el Olimpo.

 

Acaso hay algo por lo que me he quedado:

por un anochecer gélido en bosques desconocidos

por una luna casi llena, casi promisoria

perdóname, Mary, pero me quedo por el placer

de arrodillarme en penitencia sobre la arena

por sumergirme en el naufragio

por la promesa de que también yo tenga un llamado​​ 

a ocupar mi lugar en la familia de las cosas.

 

 

 

 

 

 

 

tu retrato

 

¿alguna vez has visto un tigre estirando

sus huesos al amanecer justo luego de atravesar

un inmenso río & el momento exacto en que la luz

ocurre sobre sus omóplatos?

 

 

 

 

 

 

 

medusa

 

i.

 

tu planta toca el templo de atenea​​ 

ondeando tus cabellos bandera de lujuria

pies perdidos sobre recinto sagrado, gorgona,​​ 

el escándalo de tu belleza ahoga tu epidermis.

sediento, enloquecido el dios de todos los mares, medusa,​​ 

codicia tus inminentes piernas,​​ 

la inútil gloria de tu seno anochecido.

de rodillas y no en oración recibes al dios,​​ 

eres, gorgona, violada en tu primer nombre,

monstruo, infame, penetrada en todos tus nombres.

sucios líquidos se derraman en el mármol del templo,​​ 

tus gritos colman el deseo de poseidón,​​ 

alimentan el poder de las blancas olas que rompen

contra tus nalgas bestiales, tus muslos aberrantes,​​ 

manos que aúllan auxilio perdón pides, medusa,​​ 

el cabello nunca más negro te encuentra vertida​​ 

convulsa admitiendo el horror de tu belleza.

aparece la sabia, magnífica palas atenea que mira tu pecado

medusa, profanaste el templo de la diosa pero bendita seas

una cabeza te protegerá de los hombres,​​ 

no te tocarán los hombres, medusa, no podrán verte

serás carne del monstruo que llevas dentro,​​ 

maldita seas gorgona:

por tu cuerpo el templo, el sagrado recinto, ha sido mancillado;

serpientes brotarán de tu cabeza y serán tu escudo, bestia,​​ 

atrás.

 

 

 

 

 

ii.

 

atrás, al fondo de tu existencia te haces un sitio para amaestrar a tus demonios

aprehendes la ira y guardas en tu vientre el fruto, el germen condenado​​ 

medusa, ruin será el castigo, penetra las tierras de tu exilio y huye,​​ 

guárdate en un jardín, y ahora duerme, gorgona,​​ 

y que tus sueños sean visiones de salvación

nadie se acerca, sueña, alejandra, déjate ir

deja que te cobijen las cabezas que brotan de tu cabeza

victoria, los rumores entre la hierba son solo los primeros pasos del perdón

nadie viene, mira, no hay sombras, el vuelo que escuchas es el viento nuevo

mejor no mires, virginia, no abras los ojos

así estaba destinado a ser, agnes, no estamos listos para tu cuerpo

la diosa le ha dado alas a un hombre y un espejo para que mires

el demonio en que te has convertido:

colosal, perseo levanta tu cabeza en lo alto,

muerta ya, fernanda, tus ojos inmensos, tus labios no son peligro

tu sangre veneno y antídoto, tu cuello pegaso, tu cabeza escudo

sirven ahora a la ley divina, inmensa medusa, infame bestia

sirves maría, a las artes, tu cuerpo desnudo

tu mirada petrificada, elsa, tu vientre mutilado, fabiola

te convirtieron en otra, medusa, en caravaggio

bernini, versace y piedra, medusa

el mundo está amueblado por tus ojos

y de cada falta, eres, siempre, culpable.

 

 

 

 

 

 

 

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