Dira Martínez Mendoza. Licenciada Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela) Especialista en Estudios Avanzados en América Latina (Universidad Complutense de Madrid). Cuenta con dos libros publicados (N)aves por la Editorial Pirata Cartonera y el libro En pistilos con el aire (editado por la Municipalidad de Lima). Forma parte de las antologías: Antología postmortem (Editorial Casamanita- México); Prometeo 97- La paz se escribe sobre lava (Revista Prometeo- Revista Internacional de Poesía en Colombia); Antología Literaria Internacional "Poesía Hembra" (Perú, 2014); 102 poetas Jamming (Oscar Todtmann editores); Revista Poesía número 160 (Universidad de Carabobo, Venezuela); Antología de Poesía A voz Limpia (Australia, 2016); Nubes - Poesía Hispanoamericana (Dcir Ediciones-Editorial Pretextos, 2019); Antología Hispanoamericana El vuelo más largo (Ángeles del papel Editores, 2020); Esos raros peinados- Arbitraria Antología Brasil- Puerto Rico- Venezuela (LP5 Editora, 2020). Desde el año 2009 incorporó, en su propuesta poética, intervenciones de cuerpos con poemas. La propuesta de poesía en el cuerpo estuvo participando en White Street Project en Melbourne- Australia en el año 2014 formato light boxes. “Latido de la Tierra” (Exhibición de collages y arte multimedia en el Centro de Arte Frankston en Melbourne-Australia, 2022). Exposicion colectiva de Collages realizada en Pequena Galeria (Madrid-2023). Arte visual (collages y geometría). Durante más de 11 años ha realizado talleres en comunidades populares, con la intención de desarrollar el pensamiento creativo. Esta labor también ha sido realizada también en cárceles de mujeres, escuelas, geriátricos.
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Muraku, verifica la temperatura de las aguas termales. Sube a la alcoba, ponte el kimono, con precisión de sastre revisa las costuras, que no se vea nada roto Muraku, que los señores feudales no detecten con su experticia alguna humedad en tu rostro. Dicen que los hombres feudales sólo esperan tu sonrisa Muraku, un vestido impecable, una conversación con mesura, y beber sake.
Lanza aquel grano de arroz en los sembradíos no cubiertos por el pantanal. Respira pausado y escribe un haiku Muraku, alguna métrica perfecta sobre la primavera y el cerezo, sobre el corazón que nunca duda.
Hanna, hermana mía, no importa dónde estés, con tu cabello rojo cayendo en los hombros, temblando de frío por la nieve con un corazón ardiente. Caminaste durante siglos en la profundidad del bosque, descubriste dónde está el claro y la aurora, donde se escondieron los animalitos perdidos en las raíces de los árboles, tomaste agua de los arroyos, te alimentaste con cantos. Y ahí estabas tú, Hanna, con tu cabello encendido, tus ojos siempre apuntando al horizonte infinito.Infinito es lo único que existe.
Hiroki teje su río, sube la colina y divisa un mundo, el viento, sí, ella dice que el viento ha estremecido a las hojas caídas en el otoño, y suenan, se alejan o se acercan. En su pisada hay peso de sacudirse el espanto, en el sur, en el norte, en el este y el oeste, todo junto, sí.
Arqueóloga de puro indagar memorias, reunir pistas en caminos encumbrados, astrónoma de puro contar anillos de Saturno, navegar las lunas, resistir a urano intentando encender el sol.
Hiroki mira el deshielo, se cose y se descose, suelta las amarras del barco, inicia su propia isla, funda su propio reino y despide a los náufragos. Extiende su mano y sus dedos, señala con pétalos dónde está el cobijo del árbol que ahí se queda, que no se va.
Camila, tú, la de la tez pálida, ida tú a los acordes del tango. Gabo el extrañante te insinuó en su canción. América la nuestra, América matices y bemoles, no te hemos entendido, América. Hay mucho rostro que no quiere parecerse a tí, y tú en cambio nos cobijas, América y nos das de beber agua de las prístinas fuentes. Nosotros nos damos la media vuelta y tú nos insistes con jacarandas. ¿Viste Camila? cuál es el origen del tango.
Rokia, ennegrecida de belleza, tus manos tocan la guitarra y el balafón aunque tu familia noble lo prohibiera. Ébano, Rokia,si,ébano. Así se construyen los barcos, así se sueltan las amarras, así se va creando una salida al mar, Rokia. Cerca de los ríos, cerca de las aguas caudalosas, un canto borra las fronteras dolientes entre los cuerpos de agua.
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Corriente antigua entrando, tus brazos se extienden, en tus manos la exacta precisión. Te veo desde abajo, te has convertido en cielo y nube, relámpago apuntando con su electricidad la tierra que soy. Somos, mil veces somos y hemos sido, aquí no cabe la derrota, juntos estamos dibujando un arcano del triunfo.
Los caballos aparecen en sueños, en las calles empedradas. Decimos, esto es Pitágoras, esto es la música de las esferas, la geometría del tacto, la partitura escrita tiempo atrás en el simposio como dijo Montejo: "La tierra giro para acercarnos y juntarnos por fin en este sueño"
Un sol encendiendo otro sol, semilla brotando incesante. Un sol aterriza y crece un nido. Un nido se expande y va multiplicando pájaros. La multiplicación de los pájaros se anticipa a la desaparición de los hitos. La desaparición de los hitos aumenta la geografía del canto. Canto es una galaxia en espiral en expansión de su onda. Te veo desde abajo apuntando la tierra que soy, te veo desde arriba cuando soy septentrional en ti. Me convierto, tu tacto me convierte en latitud, y desaparece el límite con el mar caribe; nos acontecen todos ríos y mares del mundo. Océano incesante, tú. Lago, tú. Por ti conocí el desbordamiento instantáneo, el delirio de la euforia. Estamos creando verbos aplacando el dolor de la demolición: Luname, Amapolame, nenufarme, ballename, leoname. Atreverse a lo frágil y lo feroz.
Hombre mío, lanza estos símbolos desde tu asalto a este barco. No perderme en la espesura del bosque:
Temperance: pasar el líquido de un envase al otro hasta calmar estas aguas.
Luna: La putrefacción de las aguas en su descomposición. Muéveme, Debussy, hacia lo más claro y lo más alto de sus fases.
Amapola: adormece el bullicio de este insomnio.
Nenúfar: Nymphaeaceae, Cabombaceae. Flotar en la superficie de tu agua. Loto azul atravesando tu Nilo.
Ballena: cetácea, mamífera, migrante de tus aguas que van y vienen. En tu canto lo más remoto de la tierra, en tu canto la luna blanca.
Selene; que esta luna ya no tenga que esconderse.
Leona: en su ferocidad protege su reino. En su contacto con la clorofila y el sol, un león verde procede a su destilación.
Calcinación: Oirás tu nombre en el estremecimiento. Una piedra divide sus partículas, lo nota: intenta su reunificación.
Piedras canto rodado: todo lo celeste teme su extinción.
La realidad de la belleza
((luciérnaga fugaz))
se posa 1 segundo en mis cabellos
¿Qué viento negro podría romperme el paso
o intentar siquiera cancelar mi canto?
Mario Santiago Papasquiaro
Venado azul
Vi el venado azul
corría en el largo sueño de la tierra
nos abrió el corazón
nos hincamos de dolor
de tanto pecho abierto
Astro
temblando de fuego entre las nubes
la tierra como una madre
nos iluminaba con su abrazo manto
protegiéndonos
Existe un canto
que escuchan los hijos del sol
abrir los oídos
es escuchar los latidos
de la esperanza dormida.
La noche es larga;
el sonido del agua
dice lo que pienso.
Kobayashi Issa
Fugaku sanjūrokkei
Buscamos la ola, Hokusai
Aquella de Kanagawa
¿A cuántos barcos se llevó?
Dime donde queda en mí el Monte Fuji
Cuéntanos de aquella última erupción
En las que hojas calcinadas
Y esparcidas en el aire
Como pequeñas partículas flotantes
Sobrevolaban las cabezas de los hombres
Con íntimo lenguaje
Hay sonidos que no se olvidan, Hokusai
La nieve cayendo
Cubriéndolo todo
Una mano que se abre
Pura
Para recibir el blanco.
Oshiokuri-bune
Háblame en tu lenguaje de oshiokuri-bune, Hokusai. El inicio de una ola, y otra que empieza a romper. Trazar el desplazamiento de los cuerpos en el desplazamiento de las barcas. Kanagawa, azul estampa.
Dime, Hokusai. Háblame en tu lenguaje de penínsulas y peces, remeros desde Izu i Bösö. Mundos flotantes.
Vuelven los marineros después de la gran tormenta.
Ukiyo-e
Dijo alguna vez Kobayashi Issa: “Para el corazon que no duda, las blancas flores del ciruelo.