Poesía cubana: Reynaldo Zaldívar

Leemos poesía de Cuba con Reynaldo Zaldívar (Fray Benito, Holguín, 1993). Miembro de la AHS y la UNEAC. Colabora para varias revistas, periódicos y sitios digitales. Sus textos, que aparecen en numerosas antologías, han sido musicalizados y gravados en audio libros.

 

Tiene publicado los libros​​ Carne Roja​​ (2019) y​​ Desequilibrio​​ (2020), ambos por Ediciones La Luz.​​ País que empuja el viento​​ (2023), por la editorial peruana Santa Rabia Poetry. Además, su libro​​ Perforaciones​​ está en proceso de edición por Ediciones Ávila. Ha merecido la beca de creación La Isla en Peso (2019), el premio El Árbol que Silba y Canta (2020) y el premio Poesía de Primavera (2023) y la beca de creación Angel Augier (2023).​​ 

 

 

 

 

ÁRBOLES

 

Me levanto temprano. Talo árboles.

Un bosque me nace dentro del pecho.

Aquí se puede respirar la corteza y el sudor y el hacha.

Nada como respirar esta trilogía:

corteza/ sudor/ hacha.

Otro golpe y otro árbol.

Preferiría pastorear vacas,

hornear panes.

Pero si un bosque te nace dentro del pecho

no queda más que talarlo

o dejar que poco a poco los árboles te asfixien.  ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

 

 

 

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El MEJOR POEMA  ​​ ​​ ​​​​ Pude nacer en Freetown y escribir ​​ el mejor poema en la estación de lluvias. ​​ Nacer en Liberty rodeado de maíz y pequeñas granjas ​​ y escribir​​ el mejor poema. ​​ Pero nací en una isla donde ​​ escasamente llueve y no hay maíz ​​ y se escribió hace mucho ​​ el mejor poema.​​ 

 

 

 

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ERA NEGRA Y ESCRIBÍA NOVELAS

 

Virginia tenía los ojos grandes y hundidos sobre el rostro hundido.​​ 

Una tarde tocó a mi puerta y me dijo:

“John —ella siempre me decía John—​​ 

conocí a un tipo, le hice el amor​​ 

y tuve asco por primera vez de un hombre”.​​ 

Virginia y yo nos emborrachamos esa noche.​​ 

Seis años después regresó,​​ 

con unas maletas y un niño y me dijo:

“John —después de seis años aún me decía John—​​ 

este niño se te parece un poco”.

 

 

 

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acabo de publicar mi última jarra: una cerveza sin dios perforándome el lenguaje. ​​ estoy vacío. pero da igual: el vendedor de hornillas artesanales olvidó qué es la primavera y a nadie le importa. y borracho. estoy borracho. digo <<a tu salud, este invierno es un asco, brindemos por langston hughes, el ruido de nueva orleans y todos los negros del mundo>>. ​​ otra cerveza. y otra. y tú diciendo que te duele no sé qué parte del pecho cuando escuchas esa canción y a mí me importa un carajo tu nostalgia​​ y tus ojos porque me recuerdan sus ojos: puertas arruinadas de la felicidad.  ​​​​ 

 

 

 

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(este olivo apaleado tantas veces se resiste a morir y da sandías)  ​​​​ me gustaba pensar que el amor era un país de aire donde no se hacían preguntas y se moría uno ya muy viejo sin haber sentido nunca miedo al invierno. ​​ en todo caso vivir en un país donde no se gana lo suficiente para comprar guantes y bufandas termina haciéndonos cambiar de opinión. ​​ el amor es una bota con gato. ​​ mi papá quería que yo fuera igualito al che. y descarrilé el tren que soy, y no me bañé durante seis meses. el país del che está lleno de hippies que usan bufanda y guantes para el frío. ser hippie allí no es un problema. sufro por mis hippies que se aman de sudor a sudor. ​​ me gustaba pensar que el amor era un país de aire. el amor es una tortilla de huevos. ​​ déjame quedarme en tu invierno y hacer sopas para combatir la hipotermia. hacer el amor hasta que no puedas levantar las piernas y tiembles más que yo con la voz rota en hilos. te cantaría entonces la única canción que nos hace feliz. la única. ​​ ámame, aunque no tenga bufandas. nuestro amor encerrado en un vaso tiene las raíces de todo un bosque. ​​ soy como el che: habla de mí a los que van a morir por la patria. ​​ recuerdo que el olivo sirvió para iniciar esta conversación, aunque en realidad solo quería decir que el amor es un país que resiste el invierno a fuerza de huevos y sopa como un olivo apaleado que se niega a morir y da sandias.​​ 

 

 

 

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solo me queda imaginar que caminas por santa lucía y un poco de mi va contigo hasta el horno 3 de fundidora parck a ver como son las cosas una vez rotas de nostalgia.​​ 

 

 

 

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(anni di plomo y una foto de 1970)

 

italia, mil novecientos setenta.

una mujer ata sus zapatos en la acera.

el auto al fondo de la imagen​​ 

es un fiat 124.

la mujer es carla lonzi

y está sentada al borde de la acera.

detrás una multitud y sus carteles,

la fiebre del otoño,

puñetazos de la izquierda

o es la derecha que revienta en las calles como una fuente.

crecí con la idea de que estaban planeando

un golpe de estado.

enemigos.

todos eran enemigos.

 

la fábrica donde trabajaba mi padre

fue tomada por los autonomistas.

mi padre se llamaba antonio​​ 

y un viernes de llovizna​​ 

dejó de regresar a casa.

 

coroneles. generales.

sus uniformes​​ 

y la primavera como un asco enorme.

luego el recuerdo​​ 

que es peor que los separatistas

y las imágenes que se me confunden​​ 

como un todo irremediable.

un país militarizado

siempre mantendrá como bandera

el hambre de su pueblo.

mi hambre es las cuatro paredes​​ 

donde se junta toda mi familia a rezar​​ 

oh venus de los harapos

de michelangelo pistoletto.

 

hay un cartel amarillo​​ 

en la parte superior derecha.

debajo

una mujer con la espalda totalmente descubierta

camina en sentido contrario a carla lonzi.

si pudiéramos acercar la imagen

ambas mujeres se besarían.

 

 

 

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la tarde llovizna la tarde ​​ sus pelos de punta ​​ el gemir obeso ​​ soy el modo de talar los árboles ​​ un huesito tu ropa ​​ sin miedo en mi ropa ​​ que te usa y evita después ​​ te evita desnuda y olvida ​​ y sobre todo te olvida ​​ es la hora del café no hay quien pierda ​​ los estribos el hacha ​​ suelo reprocharme las manos ​​ aprender la ciudad ​​ y los perros ​​ que hacen el martillo de la noche.​​ 

 

 

 

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el pueblo se nos rompió sin darnos cuenta y hay veces que todos unimos nuestro ruego para que algún viento de cuaresma lo haga caer y nos sepulte definitivamente. ​​ el señor obispo ha venido ​​ con un sermón de hora y media a decirnos algo ​​ sobre la esperanza y no se que ​​ ideología de la resistencia. ​​ ay madrecita mía, si no me sujetas le parto la cara al muy estúpido. no fue desde ayer que venimos ​​ apuntalando el desastre. uno debe contar hasta diez y regresar. así setenta y siete veces. luego te das cuenta que te han tomado el pelo sin que medien nervios suficientes ​​ para evitar la represalia.  ​​​​ pero ralamente el señor obispo no es culpable. solo que me ha disgustado un poco su aptitud. pobrecito el señor obispo que vive ​​ lejos de dios y cerca del señor ministro.  ​​​​ 

 

 

 

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PRESTA ATENCIÓN A ESTOS PROVERBIOS que diré despacio por si las moscas ​​ el sombrero que la mano quita frente a la espesura del monte ​​ no lo arrebata la brusquedad de la rama ​​ siéntate junto al fuego los domingos ama el gorrión que limpia tus migajas ​​ cuando escuches la misma canción ​​ en la escuela militar y la taberna has de ver más allá ​​ en la política las emociones ​​ son el maquillaje ​​ el problema esencial no es la poesía es la pregunta a mitad de la noche ​​ levanta la palabra dialogar es romper con besos al agresor ​​ no te enojes con el más feliz desconfía de quien no canta porque algo esconde ​​ inicia la conquista de la rosa di adiós a la frontera que pones ​​ entre lo que haces y lo que predicas ​​ reza por los que se fueron por su rastro de semillas la palma y el ajenjo ​​ que siembran a orillas de su nueva casa para no olvidar la ruta de regreso ​​ mañana quedarán escombros donde el templo se levanta invita a predicar al​​ que no cree en la raíz al que niega el río y las estrellas al que tiene un dios en el filo de su hacha  ​​​​ y derriba el boque ​​ por el placer de su caída ​​ grita con todas tus fuerzas en la barranca ama tu voz que retorna de la piedra sufre despacio el arrepentimiento se capaz de darle sentido al rezo al viejo rezo de aguardiente y nostalgia.  ​​ ​​​​ 

 

 

 

Esta​​ muestra es una colaboración​​ bajo la curaduría de Karel Leyva Ferrer 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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