Poesía mexicana: Ulises Paniagua

Leemos poesía mexicana. Leemos algunos textos de Ulises Paniagua. En 2019 ganó el Concurso Internacional de Cuento de la Fundación Gabriel García Márquez en Colombia. En 2015 publicó el libro de poemas Lo tan negro que respira el Universo.

 

 

 

 

 

 

Ulises Paniagua (México, 1976)​​ es​​ narrador, poeta y dramaturgo. Ganador del Concurso Internacional de Cuento de la Fundación Gabriel García Márquez, en Colombia (2019). Fue entrevistado por Silvia Lemus, en el año 2020, en el programa “Tratos y retratos” de Canal 22. En 2023 fue entrevistado en un capítulo de la serie “La ciudad es mi letra”, de Capital 21 TV. Incluido en la antología internacional bilingüe​​ Puente y Precipicio, publicada en Rusia, bajo la selección de Natalia Azarova y Dmitriy Kuzmin (2019). Es autor de dos novelas,​​ nueve​​ libros de cuentos y seis poemarios.​​ Ha sido divulgado en antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales, incluyendo​​ Nocturnario,​​ El búho, Círculo de poesía, Nexos, Punto en línea, Anestesia, La razón, El Sol de México, Ígitur, Letralia, Nueva York Poetry, Altazor, Algarabía, Jus, y Períódico de Poesía (UNAM). Es parte del catálogo de autores del INBAL. Ha sido conductor en Radio Anáhuac, Radio Sogem y Radio IPN (95.7 FM). Es director, creador y fundador del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía y el Festival Poesía por el Agua (respaldados por el Fondo de Cultura Económica). Ex-director de la Colección Digital de Terror en Editora BGR (España). Publicado en la Academia Uruguaya de Letras, en España, Italia, Perú, Argentina y Venezuela, su obra ha sido traducida al inglés, ruso, griego, serbio, checo e italiano.​​ 

 

 

 

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LUMINOSA Y SOMBRÍA​​ 

(fragmentos)

 

 

XXV

Los tremores​​ 

 

Un rumor. El hormigueo sobre la tierra. La ondulación. El arribo.

Año 9 Caña, entre copal e incienso los templos lamentaron la punzada, el alarido: ese jaguar que, con rostro de muerte, surgió del inframundo. Era1475, Axayácatl gobernaba (con máscara de agua) la cúspide del teocalli. Tenía el rostro mitad azul, mitad rojo -colores que se vinieron abajo-. Texcoco se erigió en una inmensa ola. Tenochtitlan se rindió al primer tlalollin, el tropezar de los astros.​​ 

Veinte años antes,​​ la tierra se agrietó y las chinampas se derrumbaron; y la gente se alquilaba a otra, a causa del hambre. Era el despertar. Los cimientos del riesgo. La semilla kamikaze…

4 pedernal, 1496. Ocurrió de nuevo. Supimos entonces que el futuro sería pantano, simulacro de muchas caídas sin límite de tiempo. Bajo una danza​​ macabra nos sacudimos. Esta nopalera se convirtió en viacrucis. Los terremotos nos tornaron Jesucristo.

1538. La venganza de Tepeyóllotl. Las vírgenes se hicieron polvo. La Nueva España era apenas una fabulación ceniza. Se pensó mover el corazón desde su centro… Pero se puso en pie. Esta urbe de tezontle siempre se levanta. Los españoles se rindieron, seducidos por el encanto del islote. Vivir aquí es enfrentar el vértigo, retar los límites cual horda de suicidas. Se camina a riesgo de perder el equilibrio.​​ 

1542, horror coyoacanense. 1611, colapso de San Francisco; 1653, hormiga de Azcapozalco en ascenso al fin del mundo. La duración se medía en padres nuestros en medio de las cosas caídas. México aprendió que también de dolor se canta. Oramos: Santa Coatlicue que estás en los cielos, ruega por estos, tus hijos.

1787, de San Sixto los festejos. De San Sixto las oraciones. La ciudad de los palacios fue un polvo dorado y fino. Era el fin de los tiempos (cual ocurre a cada lapso). Nacía, entre retablos floridos, la madriguera de los sismos, nuestra bella temblorosa:​​ todo se bamboleó … durante seis minutos…Tembló cinco veces aquel día.

1818. Horror de San Hipólito. 1885, el palacio nacional sufría cuarteaduras, cual metáfora profunda. El país era una fisura, una grieta que avanza y avanza hasta nuestros días: eterno combate de verdes contra colorados.​​ 

Siglo XX. Nos dio por repensar. Tiembla y retiembla mientras de un sueño despierto: Abro los ojos y mi casa se sacude.

1911, Madero estremeció el suelo con sus centaúricas tropas. 1957, la Nike, harta de cacicazgos, escupió su cabeza sobre Reforma ante el terror de los​​ paseantes; 1985, el trauma contemporáneo, la hendidura letal, la más profunda. Casi de muerte. 2017, el mexica Ragnatog posmoderno, relámpagos lloviendo desde el subsuelo.​​ 

Un maltrecho imperio de mentiras, de Monchitos y Fridas Sofías. Ciudad de héroes y heroínas, de perritas rastreadoras, ciudad de topos. Geografía del desastre, almanaque de la infamia: derrumbe del Regis, del Rébsamen, de los eternos edificios de hilanderas y costuras: terror de Tlatelolco, tragedia hípster de la Roma-Condesa. Nuestro centro gran corazón que repite bajo las ondas:​​ No se asusten, no se asusten, está temblando un poquito.... Cada tanto, la estafa, la injusticia. También la reconstrucción de nuestros signos vitales.

Las fracturas, los daños. La alerta sísmica que aúlla a media noche. Es un milagro estar vivos, no sin llagas en la memoria, no sin cáncer en los edificios, pero vivos. Quizá debimos quedar sepultados. No nos fue posible. Vendrán los siglos (si es que llegan). El gusano que camina abajo busca devorar carne, mondar los huesos. Es el ciclo del fuego. La eterna guerra del Tamoanchan.​​ Vendrá el gran sismo y tendrá tus ojos.​​ Vendrá “again, and again”, gentrificado. ​​ 

Almas sordas, atrapadas en los escombros de la zozobra, caminamos la ruina que llevamos por cuerpo de concreto y asfalto. Somos muertos que levantan a otros muertos. Aquí seguimos, inmortalmente mortales. Nos tocó nacer sobre un entierro. Nuestra madre, la ciudad, sigue en pie; al menos hasta que sus hijos la hagan pedazos.​​ 

Aquí tiembla. Una, y otra vez. Cada día. Cada hora.​​ 

No estamos listos. No estamos preparados. Nunca. No bastan los Emigdios ni los Gregorios Taumaturgos. No hay defensa contra la tragedia urdida por hondos oráculos mexicas.​​ 

La ciudad es hermosa, es verdad. Más no hagamos confianza, oh, antiguos y valientes tenochcas; oh, proclives y arriesgados europeos; ay, nóveles migrantes. Esta ciudad es una viuda negra. Una trampa que habita bajo los pies. Es milenaria. Parece sólida. Ingenua…​​ 

Y sin embargo, se mueve.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

Luminosa y sombría es la Ciudad de México.​​ 

Ominosa y resplandeciente la ciudad de los palacios;​​ 

la constante madriguera de los sismos: nuestra bella temblorosa.

 

Refulgente y umbría es, oh, antiguos dioses, ojerosos Huiztilopochtlis,​​ 

vírgenes de avenida Circunvalación,​​ 

tratantes de blancas y rescatistas de ellas, este largo aparador arquitectónico.

​​ 

Esplendente y torva es, oh, patronos santos, obispos pederastas,​​ 

san juditas y chichifos,​​ 

con sus avenidas plagadas de restaurantes y cafés posmodernos.

 

A cada ciudad le llega su nombre:​​ 

Es el turno de que a esta le alcance el de oscura y sagrada belleza​​ 

¿Qué es monstruosa?​​ 

Tanto como sus portentos​​ 

¿Imprecisa? Es que le han nacido muchos ombligos.​​ 

 

El corazón se le dividió en cigotos.​​ 

Es por eso que los edificios nacen de las nopaleras,​​ 

Brotan de las biznagas, desde viejos pantanos

 

Portentosa y moderna es nuestra urbe de cuatro letras.​​ 

Esplendorosa y antigua este hermoso esperpento.​​ 

Por ella escupen sus argucias los machos deleznables.​​ 

Por ella es el desfile de los chacas en sus sacrosantas motos

 

A ella le escriben elegías fotográficas los periodistas éticos, etílicos o anexos.​​ 

Esplendente y opaca es esta urbe de espanto, oh, cargadores de mercado;​​ 

oh, comercio ambulante; oh, vendedoras de pornografía y ropa.

 

Luminosa y sombría, ay, con los ríos de armas y cocaína​​ 

que escurren a raudales por los barrios y las mansiones:​​ 

santoral de las Lomas en una mar de tachas.​​ 

Refugio de la Santísima con girones de verde yerba.

 

Delicada y turgente es esta sabrosa podredumbre,​​ 

oh, glorioso Distrito Federal de los sábados perdidos;​​ 

habitáculo de chilangos y arcángeles de barro y fuego.​​ 

 

Profunda y homicida es, oh, escritoras lúcidas, inigualables cronistas,​​ 

ebrios trasnochados: oscuro sicariato de espanto

 

Una ciudad es el espejo de nuestros deseos íntimos.​​ 

Aunque es también el brillo y el horror colectivo.

 

Escribo ciudad, y en las páginas de la memoria surge tu nombre,​​ 

ay, mi vieja Tenohtitlan,​​ 

querida gran trajinera sobre el lago de los siglos.

 

Escribo tu nombre con letras castizas, francesas, anglosajonas, chinas y judías.​​ 

Escribo tu nombre con las representaciones​​ 

de un tianguis al calor zapoteco o del otomí

 

Una ciudad es la suma de las voluntades hondas y desconocidas.​​ 

Por eso te canto, en voz baja.​​ 

Despacito. A ritmo de trap, de museo, de cantina

 

Efervescente y quieta eres, ay, urbe. Sombría y más sombría.​​ 

Clara sobre tu lucidez abominable

 

Territorio de feministas emergentes.​​ 

De brillantes profesoras de historia.​​ 

De policías que quién sabe si algún día dejarán de ser corruptos.​​ 

Anuario de asesinados a mansalva.​​ 

Fortuna y carnaval de los vivos

 

Largas y plácidas son tus calles.​​ 

Misteriosas y cacarizas las vecindades antiguas.​​ 

Profundos tus drenajes, insalubres tus ratas y míticas, incluso tus alcantarillas.

 

Escandalosas y reinas del silencio son tus noches.​​ 

Tus plegarias de caminatas noctámbulas:

tus desenfrenos neonómadas.​​ 

Largas son las avenidas, estrechos tus callejones,​​ 

afiladas las esquinas, interminables los rascacielos.

 

Eres Dios en el papel de diablo.​​ 

El mito antiguo en un mundo virtual labrado con tarjetas de crédito.​​ 

Eres Carlota, Maximiliano, Chin Chin el Teporocho y Pepe el Toro.​​ 

El Bryan y la Britany.​​ 

Las inundaciones más memorables.​​ 

Los espectáculos a través del Iris y el Palacio de Bellas Artes.

 

Hermosa eres. Malditamente hermosa.​​ 

Magníficas son, oh, urbe octópoda, urbecrustáceo, tus fachadas elegantes,​​ 

tu alumbrado septembrino y navideño.​​ 

Imborrables son tus cines, tus castillos, la Alameda.​​ 

El acueducto que se nos ha ido: este pulmón de gente impura que es tu centro

 

Eternas tus historias, querido DF, Nueva España,​​ 

alegres tus bares, prehistóricas tus peleas,​​ 

inigualables tus terrazas, infinitos tus paseos,​​ 

los carruajes, los autos, tus pasos sobre el asfalto en ruinas.

 

Los dioses antiguos (y los dioses por venir)​​ 

te guarden y te protejan de tanta depredadora indiferencia inmobiliaria.​​ 

Algún dios rescate tus casas, los edificios, tu esencia.

 

Luminosa, larga y sombría es, oh, queridos chilangos,​​ 

nuestra atiborrada Ciudad de México.

 

 

XXIII

 

Surrealista y profética, eres, portento, cortinaje de humo

transmutación de agua, nominación de tiempo

Fellinesca, Tarkovskyana, salvaje y funámbula:​​ 

entrañable Ciudad de México

 

Deslumbrante y onírica en tus calles

en los filos radiográficos de callejones estrechos

 

Electrizante pervives entre neónicos hologramas de asfalto

en la hondura de lo que se sugiere

 

De tus muros se desprenden, coloridas y complejas

ancestrales osamentas de muertos que caminan con nosotros

 

Profunda, capa sobre capa respiras cual antiguo paquidermo

honda en tu corazón arqueológico; la más blanca de las magias:

resurrección de resurrecciones:​​ 

ciudad que es una ciudad, y es otra, y otra

 

Fantasmagórica, poderosa, puerta dimensional de piedra

susurrante de dulzuras y fierezas

Italo-calvinesca, ciudad invisible que nos habita, invisible

que dejas escapar pesadillas cada noche​​ 

 

Profunda, hermosa, tierna tatarabuela

célula expansiva de la Historia

 

Función de permanencia voluntaria

por tus siglos navegan comales, antiguas carbonerías

cocinas de talavera, mercados de pulgas

episodios oníricos de “llévele, llévele”

lugares de rompe y rasga que desembocan en Tlaxpana

en el cautivo dolor de Lecumberri

en el suicido, en Santo Domingo, del depresivo Manuel Acuña

 

Territorio de saltapatraces, de la bella mulatada

Eterno argumento de ustedes los ricos y nosotros los pobres​​ 

(hasta que los pobres se cansen de ser tan pobres)

 

Ciudad de ciudades que estalla por los aires

caldero de los muchos contrapuntos

Tenochtitlan que desvanece sus cimientos

 

Lugar que creyó en el mañana; ciudad con rostro de semilla

Ciudad que nació del deseo, y en el deseo pervive

 

Ciudad que fue agua desde el primer segundo:

viaje sobre el viaje de los siglos

Monstruosidad y belleza al límite

 

Se desprenden de tus raíces la Catedral Metropolitana y su sagrario

la Torre Latinoamericana​​ 

con residencia en el futuro que promete, más no llega

los rumores de la duquesa Job sobre Madero

el torrente de sangre que corre, Kubrickniano​​ 

en los pasillos del antiguo Tlatelolco

 

Aerodinámica y ligera, eres, aire sobre aire

viajan tus inmuebles por el cielo en un acto de escapismo

vuelan lo​​ noveau, lo​​ decó, lo virtual

las costumbres perdidas hasta retornar a su centro

 

Esta casa, nuestra casa, es remano, huracán

cenit y abismo

Arte de muchas artes, oficios de mil oficios

 

Maravillosa, fantástica, gran ficción de ficciones eres

Profunda y psicológica, introspectiva y oscura

Urbe de millones de madres y muchos hijos

Ciudad de grietas en los corazones​​ 

zócalo de dolor y de verbena

 

Ciudad misógina, de seriales asesinos en Tacuba​​ 

Atizapán, y la Guerrero

de caníbales y espantosos y “Goyitos”

 

Urbe de las muchas manchas, de las muchas marchas

inteligencia construida por mil mentes:

Babel de lo posible y lo imposible

Ciudad friki, ciudad ciber, ciudad porno

conexión mecatrónica de soledades

 

Humo-fantástica, espumo-hilarante, androide

prototipo del bucle recursivo:

cada chilango puede retornar a ser otro chilango que es a su vez

un ancestral chilango

 

Amada profecía vuelta caos; distópica memoria del futuro

Jodorowiskyana, hiperreal y Caifanesca, eres

refugio de pobres, mercado más grande del mundo

 

Memoriosa y criminal con automóviles grises

cuyas bandas en curules no se extinguen

 

Libertaria en tu asilo a la Revolución cubana

a la comunidad española ​​ 

Pequeña promesa de refugio

 

Mátrix, Anti-Matrix, ciudad verdad, ciudad espejo

ciudad honesta a grandes ratos, y su contrario

 

A vuelo de pájaro respiro en tus arterias de holograma​​ 

A vuelo de pájaro contemplo tus cosas de encantamiento

 

Onírica, adivinatoria y asombrosa

Enredada, inigualable y multivérsica​​ 

Cinematográfica y Fritzlanguiana

eres, oh, portento, virtualidad que se vuelve nuevo rumbo

Surrealistmo y profecía es​​ 

mi entrañable Ciudad de México

 

Desde tu inmortalidad te filmo, te persigo

 

Puedo verte seguir y seguir​​ 

Oxígeno y tiempo:

Camarógrafo, escenario y cámara

debajo de este denso cortinaje de pixeles.

 

 

 

 

 

 

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