Una vez intenté renunciar al odio
Pero nací para sentir una gran mezquindad
Recostarme boca abajo en mi atuendo de alumna católica
y golpear los adoquines del Royal Albert hall
La escritora neozelandesa Hera Lindsay Bird ha sido descrita de muchas maneras en los últimos tiempos: poeta de internet, una nueva voz nítida en un medio de constante cambio; la única causa de la desaparición de la poesía; una conspiradora y revolucionaria; nigromante histórica; albatros¹; una austera ladrona de joyas. Considerando la efímera historia del género de ‘comentarios de la web’, ninguna de esas descripciones es singularmente definitoria. Lo que importa es que legiones de lectores, que de otro modo no se habrían comprometido con la poesía, ahora están respondiendo entusiasmadamente a su obra.
Bird tiene una maestría en poesía de la Universidad Victoriana – ella radica en Wellington – y su primera colección de poesía estalló en línea de una manera viral que los poemas no suelen hacer. Además, su trabajo ha recibido atención de muchas publicaciones que a menudo subestiman la poesía. Recientemente apareció en el Festival de Escritores de Sídney y el Festival de Escritores Emergentes. Su trabajo mezcla las desgastadas convenciones literarias del pasado con un tono apasionante, pero apropiadamente conversacional, alcanzando un equilibrio entre dos polos contemporáneos de sensación. Bird escribe con gravedad sobre el apego y el sentimentalismo tanto como lo hace con la exquisitez de castillos en decadencia y celebridades de los 90, haciendo observaciones agudas y a menudo alarmantes acerca de las peculiaridades de la vida mundana. El entusiasmo que muestra al símil moderno –como en su poema “Las exnovias han vuelto”– podría posiblemente funcionar como un autogolpe tanto como podría ser un desmontaje alegre de la cuarta ola / feminismo académico o pseudointelectualismo perezoso. Para aquellos que evitan lo camp² y lo kitsch³ por miedo a haber perdido su lugar en la poesía, Bird está escribiendo para convencerlos de lo contrario. La colección Hera Lindsay Bird se lanza ante el morbo y la vergüenza mientras se hunde profundamente en su gratificante abrazo como un viejo sillón favorito, y sin ningún rastro de miedo o aprensión.
Habiendo gastado años experimentando contra las convenciones restrictivas de la estructura poética, la primera colección de Bird demuestra cómo ha sobrevivido a las dudas sobre sí misma y ha creado una colección de poemas ágilmente inteligentes, conmovedores, profundamente validadores y equilibrados. A pesar de todo esto, quizá es solo liberador leer el trabajo de una poeta que claramente se ríe, internamente, mientras está escribiendo su obra, disfrutando plenamente del proceso sin importar el resultado.
Jonno Révanche: Una de las cosas que se destaca de tu colección de poesía no es solo lo divertida que es, sino que se trata de un tipo de humor muy preciso, uno que permite la introspección, el sentimentalismo e implicación emocional. Por ejemplo, en “Trampas de espejos” escribiste “un amor que te hace caer en picada por el hueco del elevador”. Algo contundente, pero aún honesto e ingenioso a su manera. ¿Se te dificulta acomodar todas estas cosas? Si es así, ¿Sientes como si tomara mucha práctica para llegar allí?
Hera Lindsay Bird: Es una pregunta difícil de responder porque para mí, ahora es una segunda naturaleza, y no quiero sonar como si estuviera escribiendo poemas mientras me río en un Cadillac robado, pero ese particular humor híbrido con una base de honestidad emocional o compromiso es casi todo lo que me importa al escribir en estos días. Hubo un periodo cuando empecé, y estaba escribiendo muchos poemas controlados y estéticamente rígidos, pero rápidamente me aburrí de eso, y cuando me aburro me vuelvo imprudente, y cuando me vuelvo imprudente envío un montón de poemas de broma sobre el sexo oral a mi supervisor de maestría. Pero la mayor parte del trabajo consistió en reconocer qué clase de escritura verdaderamente tenía la energía y entusiasmo, y darme permiso de escribir de esa manera. Mis escritores favoritos de todos los géneros siempre se sitúan en la línea entre comedia y compromiso emocional, George Saunders, Chelsey Minnis, Mark Leidner, Frank O’Hara, Lorrie Moore. Solo era cuestión de admitirlo para mí misma, y luego conectar Cadillacs se volvió mucho más fácil. Nunca escribo bien cuando soy pesimista. Incluso mis mayores tragedias personales me gusta convertirlas en una broma, lo que podría ser un defecto personal, pero no creo que haya sido al menos poético.
JR: Muchas de las imágenes en tu libro evocan el simbolismo medieval, pero incluso están al margen con elementos que hacen referencia a la cultura pop, ya sea de ahora o de los años 90 y 2000. ¿Es esta mezcla de lo viejo y lo nuevo algo automático, un producto de la cultura en la que creciste / viviste, o a propósito intentas juntarlos?
HLB: Estoy totalmente obsesionada con las imágenes medievales. Los recreadores históricos son una de mis grandes obsesiones en la vida, aprovecho cada oportunidad que pueda para mencionar casualmente las torretas y salirme con la mía. Me gusta que mi contenido histórico sea camp y mal realizado, como un buffet de mariscos servido en un restaurante con temática medieval, lo cual no quiere decir que no tenga un amor genuino de verdad, una historia sin franquicia sin licencia de licor vigente, pero amo la manera en que pobremente se ha traducido a un contexto contemporáneo. Mi habitación entera está decorada con imágenes de la Piedra de Rosetta y Stonehenge y columnas romanas y las maravillas del mundo antiguo, pero también soy una verdadera bolsa de basura contemporánea, y amo a Paris Hilton y los enfrentamientos en el patinaje artístico y las películas de Liza Minnelli hechas para televisión. Básicamente, lo que estoy tratando de decir es que todas estas imágenes y referencias en mi poesía son cosas que profundamente amo, y quiero incluirlos independientemente de cuán temáticamente relevantes sean para el poema.
JR: En una charla reciente mencionas a Lauren Gould y cómo su influencia te ayudó a entender a cómo salir de las convenciones de la poesía. ¿Has tenido alguna otra experiencia similar con la poesía contemporánea en los últimos cinco años que te han inclinado en la dirección en la que estás viajando ahora? ¿Hacías una obra en oposición a algo o afirmabas la voz de otros poetas?
HLB: Trató de no hacer arte en oposición a alguien más porque creo que eso hace mi trabajo retrógrado y didáctico, y ser didáctico no produce buena poesía. Creo que hay ciertamente un lugar para la buena lectura literaria (pocos en mi libro) pero siempre prefiero trabajar en algo que me entusiasme. Si te defines demasiado por aquello a lo que te opones ¿qué nos queda cuando las viejas instituciones se desmoronan, como inevitablemente sucede? No quiero pasar gran parte de mi vida escribiendo, gritando a las nubes, a menos que sean nubes traviesas y lo merezcan. Además, mis escritores favoritos nunca fueron retrógrados o, cuando lo fueron, fueron retrógrados con licencia ideológica, como cuando los surrealistas se relajaron un poco con su manifiesto y empezaron a escribir poemas de amor. La manera en que siempre aprendí a escribir fue imitando a los escritores que amaba, y se han agregado algunas nuevas adiciones a mi lista de lectura personal, pero la dirección en la que estoy viajando sigue siendo la misma. Recientemente he descubierto a Crispin Best y Kimmy Walters y Max Ritvo y Richard Siken, los cuales me han empujado a trabajar más duro y arriesgar más.
JR: Me encanta que decididamente mencionaras a Paris Hilton porque siento que la gente ha empezado a sentir nostalgia por ella, a pesar de que sigue siendo bastante famosa, especialmente porque su presencia se siente bastante visceralmente en lugares como Ibiza (creo que ella es la DJ embajadora allí del momento o algo así). ¿Puedes identificarte con su poder de celebridad supuestamente ilimitada? La función de un poeta, al menos en la vida pública, parece caer dentro esta expectativa de modestia o nobleza, que se siente recién destrozada. ¿Por qué a los poetas no se les permite ser también modelos, esteticistas y miembros de la alta sociedad? ¿Cómo crees que nuestra generación poética ha empezado a derribar esos muros de opresión, y a revivir la sensibilidad del glamour?
HLB: No creo que ella tenga una fama ilimitada. Los años de Paris están menguando lentamente, como un sol de terciopelo rosa, que cae sobre el horizonte. La modestia y la subestimación en la poesía siguen siendo moneda de cambio fácil y aún es divertido burlarse de la gente poniéndose una pesada peluca negra y llamándose a sí misma la viuda de guerra de T. S. Eliot. Existe esta idea de que los mejores poetas son aquellos que nunca dan de más, quienes nunca se revelan en el texto, quienes nunca te llaman en tu cumpleaños incluso prometiendo que lo harían esta vez, pero si quieres un ganso solitario en vuelo ya sabes a quién preguntar. Para mí es el fenómeno True Detective de la literatura contemporánea; mucho apretón de mandíbula escénico y una recompensa decepcionante. Frank O’Hara no era reticente ni se portaba bien en su poesía, pero, para mí, su obra está llena de generosidad. No estoy diciendo que la poesía deba ser generosa, solo digo que no debería ser el equivalente literario de arte de hotel.
No sé nada acerca del glamour. Definitivamente hay mucho estampado de leopardo en mi libro, pero prefiero que las boas de plumas y la exageración estética de este libro se atenúen con depósitos de chatarra y meadas en los supermercados.
JR: El camp me valida a mí de hecho, y me alegra que esté regresando porque, francamente, nosotros, los gays, necesitamos toda la validación que podamos obtener, y esa antigua magia se ha desvanecido por completo. ¿Qué nos ofrece el camp, en términos de forma poética, que nada más pueda ofrecer?
HLB: No estoy segura de seguir con la definición funcional de camp de alguien más, pero, para mí, sus principios centrales son la irreverencia, el sentimentalismo, la referencia cultural, la decadencia estética y el sentido del humor, todo lo cual quiero en mi poesía. No sé qué ofrece el camp exclusivamente a la poesía, pero la idea de camp era importante para mí cuando escribía este libro, porque veo un movimiento en la ficción contemporánea / escena poética donde las mujeres, para ser tomadas en serio por el establishment literario, se visten de esmoquin de hombre y posan en escalones de concreto para sus fotografías de autor. Había un artículo publicado hace algunos años que animaba a las mujeres a dejar de sonreír en las fotografías de autor porque los hombres no tenían por qué hacerlo, pero no me importa lo que los hombres no tengan que hacer. Quiero gente a la que le guste mi escritura en sus propios términos. Me gusta un buen traje tanto como a Fran Lebowitz, pero no echemos a perder el estampado de leopardo con el agua del baño.
Hace mucho tiempo me prometí que no caería en la trampa de vestir como un anuncio mediocre de Burberry para que la gente me tomara en serio. No quiero que la gente me tome en serio. Amo el camp, porque me dio el permiso de escribir de la feminidad en todo su humor y con lo grotesco y sentimental.
JR: Hay un pequeño grupo de poetas neozelandeses que están escribiendo una poesía muy atrevida, colorista y aventurera en estos momentos. ¿Crees que hay un tono o una narrativa particular que emerge de este punto de vista geográfico/cultural, o está demasiado cerca de él para decir nada? ¿Y qué opinas de la gente que, como yo, intenta ciega pero sensatamente comprenderte de esta manera, que es posiblemente reductora?
HLB: Hay muchos poetas emergentes neozelandeses que me encantan y que están superando todo tipo de límites, pero tengo que decir que no tengo ni idea de qué grupo de gente te refieres. Me encantan Stacey Teague, Gregory Kan, Carolyn DeCarlo, Jackson Niewland, Ashleigh Young y Chris Tse. Estas voces son profundamente diferentes entre sí, abordan distintos contenidos y no veo un movimiento en absoluto. ¿De quiénes estás hablando?
JR: Supongo que Teague y Tse son nombres que me vienen a la cabeza. Hablar de escenas es, en el fondo, de mal gusto, y probablemente a todo el mundo le den ganas de morirse, ¿sí o no? ¿Puede alguien pronunciar la palabra escena en serio sin estrechar la mano del gótico de centro comercial más cercano y cantar The Black Parade de My Chemical Romance?
HLB: Supongo que hablar de escenas no tiene mucho sentido para mí en el contexto neozelandés, porque internet ha hecho que la proximidad geográfica sea algo irrelevante. La gente con la que me siento más identificada son escritores jóvenes de Estados Unidos y el Reino Unido. Eso no quiere decir que no tenga una comunidad aquí, pero mis escritores favoritos de este país son todos completamente diferentes estilísticamente de mí y de los demás. Hablando de The Black Parade, sin embargo, hay una gran mezcla Mariah Carey / My Chemical Romance que he estado disfrutando esta temporada festiva.
JR: He leído a un crítico que te describe como valiente. ¿Qué significa ser verdaderamente valiente al escribir? ¿Qué opinas de este calificativo? ¿Es sólo un eslogan antifeminista reduccionista? ¿Es la valentía una mala colina en la cual morir?
HLB: Cuando la gente habla de mi trabajo como algo valiente, casi siempre se refieren a las partes sexualmente más explícitas de mi obra, pero, para mí, eso no es valentía. El sexo ya no es escandaloso. Las mamadas no son revolucionarias. Demasiados genitales hacen una lectura aburrida. Creo que el concepto de riesgo es muy personal y, por tanto, diferente para cada persona, pero en mi caso nunca sentí que arriesgara mucho al escribir sobre sexo de esa manera. Había poco en juego. Las partes más arriesgadas del libro eran las que se inclinaban hacia el sentimentalismo y la vulnerabilidad emocional, especialmente la alegría, más que la desesperación. Quizá la seriedad sea el último gran riesgo, pero quizá el último gran riesgo ya no sea un concepto importante. No creo que el trabajo sea siempre mejor cuando más emocional es lo que está en juego. Sé que es una creencia impopular, pero no me gusta nada que no me haga reír. Creo que el despiste, la ironía, el juego y las bromas son tan importantes como la sinceridad y la vulnerabilidad. Es la interacción entre estas cosas lo que da vida a la escritura.
Hubo una época en la que vivía en Dunedin e intentaba escribir un trágico libro largo sobre Shirley Jackson, los fantasmas, la homosexualidad y el fracaso de mi relación, pero escribirlo era una tortura y acababa muerta en la página. Era demasiado serio, demasiado autoindulgente. No había humor en él, y tiene que haberlo. Si no, siento que le estoy haciendo un flaco favor a la vida. La miseria estética puede ser tan superficial, sentimental y banal como los gatitos en una lata de galletas. Incluso en mis peores momentos, no puedo evitar reírme de la vida. Incluso los escritores más icónicamente miserables, como Dorothy Parker, John Berryman o J.D. Salinger, son los más divertidos para mí. La vida es divertida. La vida es terrible, pero siempre me hace reír.
JR: Tus símiles son quizá la mejor y más emocionante característica de muchos de tus poemas. Conocí los símiles como una de las primeras técnicas reales de escritura cuando era más joven y ahora utilizarlos con demasiado entusiasmo o incluso de forma ‘poco convencional’ me parece un poco furtivo o travieso. ¿Cuándo volverá de la guerra el arte del símil?
HLB: Los símiles proceden de Minnis y Leidner. Los símiles son lo que más me divierte de la escritura. No creo que los utilice necesariamente de forma poco convencional, pero comparar unas cosas con otras es una de las grandes alegrías de mi vida. También es una forma estupenda de meter en un texto tantos helicópteros como sea humanamente posible. Hay muy poco que decir sobre el mundo. Creo que la gente odia las metáforas y los símiles porque se les da mucha profundidad y peso, pero a mí me gusta que mis símiles sean improvisados y acumulativos. Las metáforas y los símiles son un proyecto fallido, porque nada se parece realmente a nada. Tener un excedente de ellos es una forma de reconocerlo, pero también introducen el mundo. Bosques, retretes, bolsos de lentejuelas, guerra civil. La poesía personal sería tan claustrofóbica sin ellos.
JR: Probablemente esté curtido en que se hable de tu trabajo, ¿lees tus críticas o te resistes a la seducción?
HLB: Leo la mayoría de mis críticas, cuando las veo. Entiendo que otros no lo hagan, pero yo tengo la piel bastante dura. Lo peor para mí es una crítica positiva que malinterpreta fundamentalmente lo que intentaba conseguir, o atribuye a mi obra una motivación política o estética que yo no pretendía.
JR: Gracias por tomarte el tiempo de compartir estos proyectos conmigo. Y ahora una última idea: ¿cuáles son tus planes como escritora para el resto del año?
HLB: Tengo muy pocos planes, aparte de visitar Australia para asistir a un par de festivales. Probablemente sea una gran pereza, pero no me gusta pensar en términos de proyectos, al menos para la poesía. Quiero escribir poesía, no libros de poesía. Estoy deseando ir y ver algunas de sus grandes y terribles aves nacionales y cualquier escarabajo que tengan por ahí.
Notas
¹ albatros quiere decir que es una carga molesta; pues, alude al poema de Samuel Taylor Coleridge ‘The Rime of the Ancient Mariner’ donde un marinero dispara a un albatros y se ve obligado a llevar su cadáver alrededor del cuello como castigo.
² camp es una estética de arte popular que basa su atractivo en el humor, ironía y exageración.
³ kitsch, término alemán, es un estilo artístico considerado de mal gusto, pretencioso y pasado de moda.
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Keats ha muerto así que cógeme por detrás
Keats ha muerto así que cógeme por detrás
Despacio con propósito carnal
Alguna negra tarde en pleno invierno
Mientras los niños caminan a casa desde la escuela
Despójame de las calcetas con tus dientes
Coleridge ha muerto y también Auden
De reír en un abrigo
Shelley murió en el mar y su corazón no se quemaría
& Wordsworth…
Nunca hallaron su cuerpo
Su viuda enloquecida de pena, martilleando clavos en un prado vacío
Byron, Whitman, nuestro perro atropellado frente a la cochera
Dedéame despacio
En el paisaje nevado de tu infancia
Nuestros muertos flotan justo bajo la superficie de la Tierra
Inclíname como a una maestra substituta
& envísteme lleno de flechas temblorosas
Oh vulnerabilidad emocional
Canciones folk bosnianas, aves en la chimenea
Dime lo que amas cuando crees que no estoy escuchando
La madre de Wallace Stevens lo llama para cenar
Pero él no responde, él también está muerto, muerto hace sesenta años
Y no importó a nadie su entierro
La vida es real
Y los días se queman como estampado de leopardo
Nadie, ni los muertos pueden decirme qué hacer
Cómeme desde atrás
Bill Manhire no está volviéndose más joven
[Traducción de Andrea Rivas]
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