Poesía mexicana: Claudia Osorio

Leemos poesía mexicana. Leemos algunos textos de Claudia Osorio (1972). Publicó Los poemas del diván (Summa, Perú, 2024), Noche callada (Summa, Perú, 2025). Organiza, junto a Harold Alva, la Primavera Poética en Lima.

 

 

 

 

Claudia Osorio (Villahermosa, 1972)​​ estudió la licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Maestra en Administración de Instituciones Educativas por la IEU Universidad. Doctora en Educación por la Universidad Maya de Chiapas. Actualmente trabaja como Coordinadora administrativa de la Dirección de Difusión Cultural, en la UJAT. Ha sido organizadora de diferentes eventos culturales como Ferias de libro, entrega de premios y reconocimientos a grandes personajes, tanto del ámbito cultural, político, deportivo y empresarial. Ha sido docente de las licenciaturas de Administración, Mercadotecnia y del Taller de Lectura y redacción. Gestora Cultural. Ha publicado:​​ Carlos Pellicer Cámara. Poeta y Educador​​ así como​​ Los poemas del diván​​ (Summa, Perú, 2024)​​ y​​ Noche callada​​ (Summa, Perú, 2025). Es miembro de la organización del Festival Internacional Primavera Poética.

 

 

 

 

 

 

Oculto amor

 

Los amantes ocultos, entre sombras y pasos,

se encuentran en los rincones donde el sol no llega,

en la penumbra, lejos de miradas y abrazos,

su amor se teje en susurros, en una trama ciega.

 

No hay promesas,

ni palabras que confirmen lo que sienten,

solo el roce furtivo, el beso furtivo

en los lugares donde el silencio miente.

 

Se esconden tras las cortinas del tiempo,

bajo el manto de una luna esquiva,

los amantes ocultos no buscan promesas,

solo el calor de lo prohibido.

 

Bajo la piel de la noche su amor respira

invisible a los ojos que juzgan,

es el amor clandestino, fugaz, profundo,

el amor que se nutre de lo que no puede ser.

En su secreto como en un sueño mudo

los amantes imploran cuando se ven.

 

 

 

 

 

 

 

Libre

 

En la inmensidad del cielo

mi espíritu se siente a plenitud.

 

Libre

como el aire que acaricia mi piel,

amando sin temor a perder.

 

Bailo con las nubes, abrazo al sol,

me elevo con el corazón.

 

Soy dueña de mis pasos.

 

Amo ser libre,

caminar ligera, sin peso ni ataduras.

En cada suspiro encuentro paz,

en cada amanecer, libertad.

 

Este es mi destino, mi elección.

Aquí el amor es uno:

brilla, ilumina mi camino.

 

 

 

 

 

 

 

Amigo

 

A ti, amigo fiel, en quien confío,

compañero de risas y de llanto,

te dedico estas palabras,

pues en tu amistad, hallé mi encanto.

 

Contigo el tiempo vuela,

tu presencia calma la tormenta en mi ser.

Eres faro en la noche, refugio y calor,

el eco que resuena cuando me siento perdida.

En tus ojos, la verdad se dibuja sin temor,

y en tu abrazo, la vida se vuelve más ligera.

 

A tu lado, cada día adopta un nuevo color,

y en tu risa, el mundo se reinventa.

 

Gracias por estar, por ser mi sol,

esa fuerza que siempre me guía,

por hacer de este camino un sendero sin control,

pero lleno de luz, y esperanza.

 

 

 

 

 

 

Con los años

 

Con los años uno aprende,

que el tiempo no se detiene,

que las risas son fugaces,

y el dolor va y viene.

 

Uno aprende que el sol,

aunque oculto por la niebla,

vuelve a brillar,

y la tormenta se aleja.

 

Con los años uno entiende

que las promesas se rompen,

que no todo lo que se sueña

siempre se llega a obtener.

 

Pero también aprende uno

que la vida es un regalo,

y que al final del camino,

lo más valioso es el abrazo.

 

Con los años, uno sabe

que lo único constante es el cambio,

y que el amor, aunque tarde,

siempre llega en su propio tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

Resiliencia

 

Resiliencia es un suspiro

cuando el alma se tambalea,

es el viento que, aunque fuerte,

sabe cómo acariciar la marea.

 

Es el árbol que, herido,

se inclina, pero no se quiebra,

sus raíces son profundas, en ellas

encuentra la fuerza que lo mantiene.

 

Resiliencia es aprender con cada herida,

con cada pérdida, cada error,

convertir en luz lo sombrío

es transformar el dolor en amor.

 

Ser resiliente es dar un paso tras otro,

aunque el camino sea incierto,

es encontrar quietud durante la tormenta,

darse cuenta de que, la esperanza, siempre en silencio,

siempre abierta.

 

Resiliencia no es resistir,

es fluir, es bailar con el mar, con el viento

es abrazar la cicatriz que nos hace grandes

pero que ya no duele.

 

 

 

 

 

 

 

El mar

 

El mar, mi mejor amigo,

es un susurro en la madrugada,

es el abrazo que alivia,

es la calma que nunca me falla.

 

Sus olas, como manos suaves,

me acarician el alma,

y en su vaivén encuentro paz,

en su inmensidad, libertad.

 

Cuando el sol se oculta en su horizonte,

él guarda mis secretos, mis temores,

y cuando la tormenta ruge fuerte,

me enseña a bailar en su blanca espuma.

 

El mar, es un poema sin fin,

un canto eterno que se repite

y me invita a sumergirme,

es mi refugio y mi espejo,

donde aprendo a ser quien soy,

y aunque a veces me duele su fuerza,

siempre vuelve a abrazarme.

 

 

 

 

 

 

 

Lo que fuimos

 

Fuimos algo, aunque no sé qué, quizá dos sombras que se cruzaron, un roce de manos, un suspiro,​​ 

un breve instante.​​ 

 

Fuimos algo, ​​ 

sin pactos ni promesas,​​ 

dos almas que se encontraron​​ 

sin buscarse,​​ 

y aunque el amor no se dijo, ​​ 

se sintió cuando callamos.​​ 

 

Fuimos algo, un “quizá”,​​ 

un “tal vez”,​​ 

un instante eterno que se escurría entre los dedos;​​ 

al final, solo quedó ​​ 

lo que no se dijo, lo que no fue.​​ 

 

Fuimos algo, ​​ 

solo fragmentos de un sueño​​ 

que se disipa con la luz del día,​​ 

y aunque no fuimos todo: fuimos, eso basta.

 

 

 

 

 

 

 

En esta noche callada

 

En esta noche callada,​​ 

donde el tiempo parece detenerse, las sombras susurran secretos que solo el alma comprende.​​ 

 

El viento roza las hojas,​​ 

como un viejo amante perdido,​​ 

y la luna, ​​ 

ilumina mi pecho dolido.​​ 

 

los recuerdos vuelven sin prisa, como fantasmas ​​ 

que se niega a desaparecer.​​ 

 

Cierro los ojos y escucho​​ 

el eco de aquello que fui,​​ 

y entre suspiros me pierdo, preguntándome si aún estás en mí.

 

 

 

 

 

 

 

La mujer que quise ser

 

En ocasiones​​ 

me mira a veces en los espejos, con los ojos llenos de preguntas​​ 

y el alma vestida de sueños.​​ 

 

Ella camina sin miedo,​​ 

no carga las dudas,​​ 

no conoce las noches en vela​​ 

ni el peso de tantos fracasos.​​ 

 

La mujer que pude ser​​ 

no se queda callada en la sombra, no teme al juicio del mundo​​ 

ni se esconde detrás de las horas.​​ 

 

Pero yo, la que soy ahora,​​ 

con todas mis cicatrices y dudas, sé que, ​​ 

aunque tomé otro camino, también merezco mi propia ternura, la que hoy vive en mi piel​​ 

tal vez no sean la misma…​​ 

pero ambas merecen creer.

 

 

 

 

 

 

 

 

Y​​ entonces nos vimos

 

Sin prisas, sin planes, sin miedo,​​ 

como si el destino esperara​​ 

el instante perfecto en el tiempo.​​ 

 

Nos vimos y todo fue claro,​​ 

como si el mundo callara su ruido,​​ 

como si en un solo segundo​​ 

el alma entendiera el camino.​​ 

 

No hicieron falta palabras,​​ 

solo escuchar el latido,​​ 

dos miradas que se encontraron​​ 

y un suspiro compartido.​​ 

 

Y entonces nos vimos,​​ 

y sin saber qué vendría después,​​ 

supimos que algo cambiaba,​​ 

que nada sería igual.​​ 

 

Y de pronto la vida cruzó nuestros caminos sin avisos, sin planes, sin dudas,​​ 

como si el destino jugara en secreto​​ 

y esperara el momento preciso.​​ 

 

No hubo preguntas, solo miradas,​​ 

un cruce de almas en la tormenta,​​ 

dos historias que iban errantes​​ 

y de golpe encontraron respuesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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