Francia Perales (Tamaulipas, 1990) mereció el segundo lugar del premio de poesía La Mujer y la Independencia en América Latina por la Universidad de Nottingham 2014 y Premio Municipal de la Juventud de San Pedro Garza García, Nuevo León 2015. Ha sido becario del Centro de Escritores Nuevo León 2020, V Campamento Literario: El Ejercicio Novelístico del Noreste de México-Durango 2020, Estímulo Fiscal a la Creación Artística EFCA Nuevo León 2020, y Jóvenes Creadores PECDA Tamaulipas 2020 y 2024. Poemas suyos han sido publicados en revistas literarias como Oculta Lit, Digo.Palabra.txt, Tintero Blanco, Punto de Partida y diversas antologías. Es autor de los libros de poesía Ese silencio entre las manos (2019) y La persistencia de la Melancolía (2020).
encajamiento
“…y creó dios al hombre a su imagen,
a imagen de dios lo creó;
varón y hembra los creó…”
GÉNESIS 1:27
El pasado se abre a la redonda, nos atraviesa.
Soy una mirada al pretérito,
soy el tiempo que ya pasó, y las cosas que sucedieron de él.
Soy una escena que rodea a la sepultura del miedo,
el tiempo donde quizá nace otro:
— yo —
El yo que designa mi principio de realidad.
Soy un cuerpo que se desgarra en dos.
Un cuerpo que crece, se estira, se asfixia y se afloja.
Soy el que acomoda un cuerpo dentro de otro.
También soy el cuerpo que debe emerger por una abertura, pequeña, emerger por un pasaje complicado, navegar a la deriva por una pelvis ósea.
Debo girar la cabeza, ser empujado por las contracciones de la vida y resistido por el suelo pélvico. Soy un cuerpo que negocia con hueso, sociedad y cultura: nacer es atravesar costumbre y materia.
Soy el cuerpo que se llama enfermedad o trastorno mental, el concepto que me define como condición anormal, patología o hasta anomalías severas de personalidad.
Soy el prefijo que atraviesa, el que sobrepasa, de un lado a otro, del otro lado y más allá. Soy el cuerpo que tiene que pasar por —o cruzar — (¿qué?) el orificio vaginal de la sociedad.
Soy el cuerpo que se transcribe, el que vuela más allá del río. Soy el tras del detrás de, al otro lado de o a través de, un conjunto con una “n” en posición final de la silaba y seguida de la “s”, para relajar la articulación: trans.
Soy la piedra, el obstáculo al que debes de rodear.
Ocultar lo que sientes, reprimirlo.
Ocultar una cara, detrás de la máscara.
Ocultar el lado clandestino.
Ante los ojos de los demás:
lo que es interno, pero no puede ser externo.
Quizá vine a contar mi historia:
nacer de un modo, llamarme de otro.
Saber que en el adentro sobrevive el niño,
nacer y llamarse niña herida.
Cuando nací, mi padre alzó los ojos al cielo decretando que naciera varón:
en la constancia de nacimiento:
órganos sexuales fenotípicamente femeninos
acordes a la edad.
Los y las transexuales tienen la convicción de pertenecer al sexo opuesto al que nacieron, con una insatisfacción mantenida por sus propios caracteres sexuales primarios y secundarios, con un profundo sentido de rechazo y un deseo manifiesto de cambiarlos médica y quirúrgicamente. Desde la infancia su identidad mental es distinta a su fenotipo genital. Son mujeres que se sienten “atrapadas” en cuerpo de hombre, y hombre que se sienten “atrapados” en cuerpos de mujer, sin trastornos psiquiátricos graves que distorsionen la percepción de la realidad.
En el adentro se esconde el niño, en el exterior se denota otro rostro, una máscara, otro cuerpo.
Querer arrancar el rostro, ponerme otro.
Sentirme animal, monstruo.
Nombrarme cosa sin pertenencia. Ni a lo blanco, ni negro.
De ambos, o de nadie.
Sentirme círculo, un ser redondo.
Monstruo de cuatro manos, cuatro patas, dos rostros mirando en dirección opuesta.
Una cabeza, cuatro orejas.
Adjunto: dos órganos sexuales como compuesto de ambos.
Ser, o no ser, ésa es la cuestión.
¿Cuál es más digna acción del ánimo,
sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta,
u oponer los brazos a este torrente de calamidades,
y darles fin con atrevida resistencia?
Morir es dormir. ¿No más?
¿Y por un sueño, diremos,
las aflicciones se acabaron
y los dolores sin número,
patrimonio de nuestra débil naturaleza?...
Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar.
Sí, y ved aquí el grande obstáculo,
porque el considerar
que sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro,
cuando hayamos abandonado este despojo mortal,
es razón harto poderosa para detenernos.
Esta es la consideración
que hace nuestra infelicidad tan larga.
Quizá no exista mi nombre o espero uno para reconocerme en el eco, como pájaro que sueña con liberar sus alas de la jaula.
Soy la incongruencia del género, la disforia de la dualidad. Me miro, atrapado en mi adentro. No busco respuestas: habito las preguntas.
Desde la infancia crecí con la identidad extraviada ¿qué intento recuperar? Trato de recordar con el cuerpo, y en el cuerpo he sabido desde siempre el cruzamiento que se me revolotea en el interior.
Desde las entrañas, empiezo a reencontrarme con los cipreses, con los helechos y musgos que crecen en forma de masas apiñadas, y que brotan en el camino perpendicular que llevo. El aroma de los álamos me hace olvidar con rapidez esos dolores y vacíos que se sienten sin sentirse. Una araña se me cruza en la mirada.
Persigo a la araña.
Intento descifrar el tejido de palabras gastadas que me invaden. Repito y experimento cada mensaje. Las pruebo. Sé que hay un algo más que el simple pronunciar. En cada sonido de las palabras deletreadas me dilato y descifro que voy en búsqueda de descubrir otro mundo, otra cara. Fragmento el rostro con la yema de mis dedos, como si en este momento me creara a mí. Los ojos se me agrandan ante esa presencia disoluta. Cavo en mis entrañas y descubro que lo distinto vive dentro. Enfrento el tormento, confío en mí y en el espacio que me habita. Por segundos, me arranco de mí. Tomo control. Decido ser //él//. Sin tapujos. Desnudo. Sensato. Pero el miedo regresa. Retrocedo al bullicio, me incorporo a otras escenas, un laberinto de habitaciones confusas y perdidas en el pasado.
Siento el abandono bajo la inmensidad de aquellos vastos árboles. Veo a dos personas que se desgarran, //ella// a la que odio y a //él// el que yace escondido, asomándose, detrás de un ventanal.
El miedo: ciclo que flota, arrastra, ruge,
te descompone como carroñero.
El miedo: donde no hay libertad en este cuerpo,
solo tinieblas que mecen el infierno de un caos.
El fantasma de Lili Elbe como pregunta que taladra a la sombra. Antes de ella, antes de sí misma vivió informe y en las tinieblas de existir como Einar el pintor de la melancolía. Ella buscó su génesis para saberse de otra forma. Sus paisajes trazaron el mapa de otra geografía
Y la tierra estaba informe y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. ¿Es presuntuoso de mi parte pensar en mi propio génesis cada vez que escucho estas palabras y la música de este verso?
Su mano brota de la tierra para desterrarme. Estoy a oscuras. Ella me acerca a la luz. Me nombra. Me arranca del tiempo y revela el origen: imágenes que desarticulan a los monstruos. Allí, ella me nombra y yo me reconozco en su pasado, me reconozco en las líneas de sus manos. Desde abajo, reconozco la columna de mi madre:
La máscara que llevo puesta se quiebra.
Las preguntas se rompen, caen, se derrumban.




