Jorge Contreras Herrera (Tizayuca, Hidalgo, México, 1978) es poeta, ensayista y gestor cultural de trayectoria consolidada. Actualmente, dirige el Festival Internacional de Poesía "Ignacio Rodríguez Galván", que en 2025 celebra su decimoquinta edición, y ejerce como Coordinador Editorial del Municipio de Tizayuca. Su obra poética abarca dieciséis libros publicados en México, Italia, España, Marruecos y Argentina. Sus poemas han sido traducidos a una decena de idiomas (incluyendo inglés, alemán, italiano y árabe) y figuran en diversas antologías. Títulos recientes incluyen Si un día yo soy tú / If someday, I am you (2024) y Breve biografía inconclusa (2024). Ha sido distinguido con el KATHAK LITERARY AWARD 2024 (Bangladesh) por su contribución a la literatura mundial, y la Presea Internacional de Poesía Raúl Renán. Otros galardones notables son el Nelson Mandela 2022 y el Reconocimiento Universitario al Fomento de la Lectura Profesor Rafael Cravioto Muñoz (UAEH, 2016). Como editor, impulsó el concepto "Una hoja un libro / Libro Origami" con más de 150 publicaciones. Compiló antologías como Cien poetas del mundo en la capital con valor y editó 13 libros con el Congreso del Estado de Hidalgo para celebrar los 10 años del festival. Su rol como jurado en premios literarios nacionales resalta su influencia cultural.
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La poesía es un estado de conciencia
Cuando la vi, sentí una emoción bellísima; luego la escuché y tuve la impresión de que ella respiraba de un modo distinto, que podía llenar sus pulmones de sonrisas y cantos de pájaros, que era árbol y que la luz la convertía en palabras y que sus raíces se extendían hacia otras realidades, idiomas, sueños. Ella es el Edén. El paraíso es la poesía, que es un estado de conciencia, que es un lugar sin límites.
Ballena 52
Debes llevar el caos dentro de ti para dar a luz una estrella danzarina.
Friedrich Nietzsche
Todo lo que un hombre escribe, aun con su mano más torpe, es el eco de un lenguaje eterno.
Rabindranath Tagore
Todo es confuso.
Incierta claridad.
El pulso del poema es quietud.
El rumiar las palabras con hambre,
esgrafiar las carcomidas paredes
con las uñas de las lunas negras.
El papel con versos que no logras.
La tinta menstruada del aborto.
Letras en un carrusel de fantasmas.
El viento habla en los árboles;
escuchas susurrar sus lenguas.
Hojas babélicas tremolan cantos.
No consigues el cuaderno,
elegir la tinta, ni hoja en blanco.
Escribes en el aire y otra mano
escribe papel, y escribe:
"Hágase la visión."
No puedes detenerte, tiemblas;
una fiebre recorre la dermis,
se rompe la fuente de la frente.
Es un parto de ideas.
Un tornado de visiones inunda
los glóbulos albos.
Has muerto inúmeras veces:
cuando guarda silencio la mirada,
ves dándote un tiro en la cabeza.
Hay monstruos, sus flagelos
te impiden descubrir la alborada.
Cortaste el cordón,
el hilo de plata.
Soltaste la mano.
Eras minotauro con lágrimas de oro,
tornado de un lado a otro, perdido.
Dudas, miedo, callejones, laberintos.
Cada paso es interminable.
El tornado eras,
minotauro en algún paso.
Tus pasos,
de la mano, lágrimas
que pasas sin pasos.
Del guion te soltaste,
de la vida que tenías.
Eres el toro con cuerpo de hombre;
la sangre no te cabe en el cuerpo.
Necesitas heridas para respirar,
para no quedarte ciego.
Deseas drenarte la muerte
en pasión, como en un río hacia la vida.
El laberinto es el otro,
son ellos y aquellos,
ustedes: los que no entienden.
Eras la mano que a tientas
recorre el sitio.
El toro con lágrimas de oro,
soldando memorias en las veredas.
Hombre con lágrimas de toro
torna al caos que ordena.
Minotauro es andar en uno.
En otras vidas has sido torturado
en el vientre de Falaris.
El bramido es de un bronce incandescente,
bufa vapores y humo de incendiado músculo.
Has sido el verdugo y el condenado.
Encontraste la historia de los treinta y seis justos
que amparan la medida del mundo.
Pitágoras algo sabía del gran cuaternario
y de la expresión cósmica de fríos números.
En el alma del planeta hay mares,
seres extraordinarios,
inmortalidades en frecuencias que vi en un sueño.
Supe de una ballena que canta,
de un tiburón de medio siglo,
de una medusa que no envejece,
un pulpo con un código distinto.
Sé, lo sé. Todas las ballenas cantan,
y lo hacen entre quince y veinte hercios,
lo normal, como las personas normales,
que siguen la norma,
que viven de acuerdo a la norma,
un canto normal, mas no esta ballena.
El cetáceo emite un mantra
en una frecuencia de cincuenta y dos hercios
—es una ballena solitaria—.
Existe un árbol también único,
exhala el aliento del sol,
sus raíces son venas de luz
que impiden el derrumbe del firmamento.
Sus hojas reciben y envían señales
a desconocidas galaxias.
Tú eres una rama de dicho árbol.
Tu sonrisa de ola plenilunia
agita las feromonas del reino mineral.
Escribes historias como los árboles
escriben ramas, hojas, pájaros.
Una montaña con su lenguaje
de río y piedra teje un código.
Los astros y tronos
piensas en ellos.
—Todo es un lenguaje—.
El mar es un mantram que se hizo agua.
Prepárate para meditar:
llena los bosques de tu cuerpo,
inhala océanos de revelaciones,
exhala mansamente constelaciones,
respira átomos, sistemas solares,
plena tus pulmones de selvas,
que los jaguares suban por tus venas
y salgan tiernamente cariños de viento.
Llena el oxígeno de cantos.
ॐ
En una cueva del Tíbet
un monje medita hace mil años;
al pasar por su vasta sombra,
del pecho emerge una plegaria.
Eras un aprendiz entonces, luego
viste florecer la luz en un arco de colores;
una mujer que caminaba junto a ti
vio hundirse su pie en la roca.
Años ahora...
Alguien se detiene en la huella pétrea
y mantra un canto.
ॐ
Un Cyborg,
así definido por él mismo,
cree que con una antena entenderá;
o por injertarse orejas en el cuerpo,
escuchará las emociones del ajeno.
Pero para los que han escuchado
el rumor del árbol muerto
o el fuego vivo en la ceniza fría,
saben que no es con los oídos
como se escucha.
Saben que la visión no está en los ojos.
Todo es claro.
Total resplandor.
El pulso del poema es quietud.
Dejar ser el no ser. Todo es y no es.
Eres lenguaje, letra y palabra.
La luna no cambia, solo nuestra percepción.
El papel es arquetipo de ti, vida.
La tinta nace si la imaginas.
Letras en un carrusel de bosques.
Hay una ballena que canta más alto.
En su vacío vive un hombre llamado Jonás;
tiene a Ulises recitando a Homero
entre sus páginas de hueso.
En esos cincuenta y dos hercios hay una palabra
que abre una puerta,
que camina en un puente,
que navega en un ojo que es barco.
El fuego que encendiste
cuando en la penumbra era la única luz,
sigue encendido.
La noche es una ballena
moteada de estrellas
que salta en el infinito,
esparce galaxias,
y su mirada son universos mirándote.
En algún lugar de la tierra,
dos tortugas veteranas de amar,
caminan lento,
igual a dos montañas;
cada paso es un volcán,
cada beso es el estruendo.
Lees este poema
y encuentras un canto
que vibra sin movimiento.
Los lugares son estados de conciencia.
Yo vivía allá, contigo;
eras tú el que se quería suicidar.
De ti hablo en el poema,
porque soy otro.
Eres mi yo del pasado.
Te cargo en mis brazos
y te canto una canción de cuna,
y nada del pasado ha existido.
No, ahora, el pasado que te canto,
es perfecto.
Te comunicas con esa ballena.
No está sola.
No lo habías notado antes.




