Poesía mexicana: Alfredo Garcidueñas

Leemos poesía mexicana. Leemos algunos textos de Alfredo Garcidueñas (Morelia, 1992). Es músico, poeta y ensayista. Su libro de poesía más reciente es Solo de trombón y otros pájaros heridos (Silla vacía, 2023).

 

 

 

 

Alfredo​​ Garcidueñas​​ (Morelia,​​ 1992)​​ es​​ Músico​​ yescritor.​​ Egresado​​ de​​ la​​ Facultad​​ de​​ Letras​​ de la U.M.S.N.H. Ha publicado los poemarios​​ El rumor de la hierba​​ (2023) de forma autogestiva,​​ Solo de trombón y otros pájaros heridos​​ (Silla vacía, 2023) y​​ Nostalgia del nuevo​​ siglo:​​ ensayos​​ sobre​​ la​​ escena​​ musical​​ y​​ contracultural​​ en​​ Michoacán​​ (2024).​​ Becario INTERFAZ, San Luis Potosí, 2017 y beneficiario del PECDA Michoacán 2023 en la categoría de ensayo. Obra suya aparece en las antologías​​ México S. XXI​​ (España, 2018),​​ Entalpía​​ (2022),​​ Raíces a una voz​​ (FILIT, 2022) y Los conductos del fuego (2023).

 

 

 

 

 

 

Golpes

 

Hay golpes en la vida, yo no sé​​ golpes​​ como​​ la​​ incertidumbre​​ a​​ los​​ 23 como el desempleo a los 25

como​​ el​​ dolor en​​ los​​ riñones​​ a los​​ 27

como​​ ser​​ una vacante​​ de​​ la muerte​​ a los​​ 29.

Golpes como encontrar un clavo oxidado en la sopa como​​ ir​​ llenando​​ libretas​​ con​​ sueños​​ que​​ no​​ cumpliste como amargarse desde temprano

por​​ mercurio​​ retrógrado​​ o​​ el​​ recibo​​ del​​ agua.

 

Golpes como defraudarse a uno mismo como​​ dejarse​​ comer​​ en​​ mitad​​ del​​ naufragio para que los otros​​ sobrevivan.

 

Golpes​​ de​​ no​​ estar​​ ni​​ muerto​​ ni​​ vivo en ninguna parte y a ninguna hora pero estar

mientras​​ todo​​ lo​​ consume​​ el​​ tiempo​​ y​​ las​​ balas, estar cuando mejor sería no abrir los ojos

no abrir ninguna puerta ni responder ningún llamado, estar​​ próximo​​ al​​ silencio​​ y​​ a​​ los​​ pájaros​​ que​​ no​​ cantan y quedan sobre el campo

a la vista de un coro de gente que​​ no​​ mira​​ ni​​ escucha​​ ni​​ habla

pero​​ que​​ hace​​ su​​ danza​​ por​​ costumbre hasta marchitarse

 

 

 

 

 

 

 

Ronda​​ por​​ los​​ amigos

 

 

I

 

Los​​ amigos​​ de​​ mi​​ barrio​​ ya​​ están​​ muertos, se drogaron tanto que un día de pronto

se​​ adentraron​​ en​​ un​​ profundo​​ bosque a pintar sus últimas​​ firmas acompañados por la luna.

 

Ya nadie canta,​​ nadie orina​​ el​​ callejón,

las​​ calles​​ están​​ solas​​ como​​ después​​ de​​ una​​ guerra, repican las campanas, sangran los baldíos,

los​​ hijos​​ de​​ mis​​ amigos​​ crecen, les llevan flores a sus tumbas juegan con fantasmas

a​​ patear​​ la​​ pelota​​ contra​​ un​​ muro

y​​ a​​ esconderse​​ para​​ que​​ no​​ los​​ encuentren con la piel llena de mango y caramelo.

 

Las​​ casas​​ donde​​ vivieron​​ mis​​ amigos​​ están​​ a​​ la​​ venta, sus recuerdos se acumulan en cajas de cartón,

si​​ a​​ alguien​​ le​​ sirve​​ algo,​​ puede​​ llevárselo.

 

 

 

 

II

 

Quizás​​ la​​ vida​​ solo​​ fue​​ el​​ sueño​​ de​​ un​​ borracho y nunca pisamos la cárcel

ni conocimos​​ el frío o​​ la​​ sed

cierto​​ verano​​ al​​ final​​ de una​​ cerveza​​ amarga.

 

-Se​​ escucha​​ una​​ patrulla​​ hace​​ dos​​ meses.

 

-Córrelo​​ a la​​ derecha.

 

-¿Cómo​​ se​​ verían​​ unas​​ pintas​​ en​​ negro​​ y​​ cromo en la barda recién blanqueda de la vecina?

 

Vámonos​​ a​​ Pátzcuaro​​ y​​ de​​ ahí​​ a​​ la​​ playa, a donde nos alcance la juventud,

a​​ donde​​ nos​​ agarre​​ la​​ noche​​ o​​ el​​ hambre y si es necesario taloneamos

para​​ completar​​ un​​ buen​​ presente aunque nos​​ lapiden​​ otros​​ barrios

o​​ nos​​ patee la eriza​​ con​​ sus​​ cascos​​ de​​ bronce.

 

 

 

 

 

 

 

 

Y​​ tras tanto​​ huir

llega​​ el​​ viernes​​ y​​ se​​ instala

en​​ la​​ banqueta​​ a​​ mirar​​ las​​ horas​​ con​​ nosotros, y ahí agazapados, al acecho,

sin un veinte en los bolsillos, hediondos,​​ afilados​​ como​​ un​​ machete nos dejamos caer sobre esas miradas

para quienes no somos más que escombro que​​ el​​ camión​​ de​​ la​​ basura​​ no​​ quiso​​ llevarse.

 

Firme​​ la​​ receta​​ Doctor

que​​ me​​ está​​ esperando​​ la​​ muerte y quiero llegar sedado

a​​ su​​ fiesta​​ en​​ esa​​ colonia​​ sin​​ farolas.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El​​ año​​ en que​​ Bob​​ Dylan​​ ganó​​ el​​ Nobel​​ de​​ Literatura

 

1

 

El​​ año​​ en​​ que​​ Bob​​ Dylan​​ ganó​​ el​​ Nobel​​ de​​ Literatura pudo ser también mi debut en ligas menores,

pero tenía tanto miedo que elegí invernar hasta​​ que​​ el​​ ruido​​ tomara​​ forma​​ de​​ pájaro

y sintiera en mí arder las palabras como brasas. Ahora​​ que​​ todo​​ avanza,​​ puedo​​ escuchar​​ el​​ viento.

 

De aquel año recuerdo terremotos, zika, atentados terroristas alrededor del mundo,​​ la​​ muerte​​ de​​ Bowie,​​ algún​​ partido​​ de​​ fútbol, salirme de casa y meterme a chambear, pausar la escuela para siempre,

pero​​ la​​ sorpresa​​ fue​​ que​​ Bob​​ recibiera el Premio Nobel de Literatura.

 

De​​ esa​​ larga​​ lista​​ he​​ leído​​ un​​ 10%

los​​ premios​​ no​​ son​​ sino​​ puentes​​ amarillos que hacen llevadero el viaje,

solo​​ Pasternak​​ y​​ Sartre​​ tuvieron

la osadía o la congruencia de rechazarlos, cuando​​ otros​​ y​​ otras​​ no​​ tuvieron​​ la​​ fortuna de recibirlos aun mereciéndolos.

 

 

 

 

 

 

2

 

Por​​ entonces​​ también​​ intentaba​​ navegar

los​​ dos​​ grandes​​ océanos:​​ la​​ Poesía y​​ la​​ Música, en una época donde el arte aún no cobraba

la​​ importancia​​ que​​ mil​​ años​​ después​​ tendría​​ en​​ mi​​ vida.

 

Bob​​ Dylan​​ representa​​ el​​ espejo​​ donde​​ se​​ miran​​ mis​​ fantasmas, no por los premios y las giras interminables,

sino​​ porque​​ consiguió​​ que​​ confluyeran las dos aguas que sacian la sed

que uno​​ tiene a los​​ veinte.

De​​ Dylan​​ el​​ jurado​​ expresó:

“Por​​ haber​​ creado​​ una nueva expresión​​ poética

dentro​​ de​​ la​​ gran​​ tradición​​ estadounidense​​ de​​ la​​ canción”, ahora pienso que no estaba tan perdido

cuando​​ intuía en​​ las​​ canciones​​ ese flujo​​ eléctrico.

 

 

 

 

3

 

Dijeron: “Solo es un niño que escucha demasiado la radio, no significa peligro alguno; denle una guitarra o un libro para​​ que​​ se​​ entretenga y​​ no​​ interfiera​​ con​​ los​​ grandes​​ planes que tenemos para América; denle un paseo en autobús

con​​ el​​ destino​​ que él​​ elija

para​​ que crea​​ que la​​ libertad​​ consiste

en​​ mirar​​ por​​ la ventana​​ lugares​​ de​​ paso​​ y​​ montañas”.

 

Tan pronto como creció tuvo sin fin de bandas, los​​ conciertos​​ son​​ la​​ fragua​​ donde​​ se​​ (de)forman los metales del músico,

entendió​​ que​​ la​​ carretera​​ sugiere​​ ritmos que pronto son canciones,

canciones​​ que​​ pronto​​ serán​​ multitud​​ de​​ flores​​ o​​ barricadas, barricadas de poemas para frenar las botas del policía, ninguna flor para el policía, para ellos,

el​​ espectáculo​​ de​​ la​​ sangre y​​ las​​ piedras​​ de​​ la​​ ira lanzadas desde la turbulencia del despojo.

 

 

 

4

 

¿Qué​​ es​​ una canción​​ después​​ de​​ Bob​​ Dylan?

¿Un​​ poema​​ puede​​ volverse​​ popular​​ en​​ Spotify?

¿Una​​ canción​​ como​​ un​​ best​​ seller​​ para​​ arrojarla​​ a los​​ perros?

¿Cuántos​​ sonetos​​ de fuertes​​ raíces​​ para lograr​​ un​​ sold​​ out?

¿Un​​ poeta puede​​ llenar​​ estadios​​ y​​ salas​​ de​​ conciertos?

¿En​​ qué​​ momento​​ de​​ la​​ historia​​ la​​ música dejó de ser poesía y viceversa?

 

 

 

 

5

 

Como​​ en​​ el​​ origen,​​ todo​​ vuelve​​ a​​ su​​ curso, nuestra especie​​ enferma se cura​​ con​​ cantos

y​​ no​​ hay​​ diferencia​​ entre​​ el​​ sonido​​ que​​ produce una guitarra acompañada por una armónica

y​​ los​​ versos​​ de​​ Poeta en Nueva​​ York

que leemos​​ en​​ el​​ transporte​​ público.

 

 

 

 

 

 

 

 

También quiero​​ creer​​ en​​ los​​ milagros

 

Dios mío, que se me quite lo imbécil, que​​ mañana​​ aparezca​​ bajo​​ mi​​ almohada un grueso fajo de dólares,

un​​ jale​​ con​​ seguro​​ y​​ prestaciones

con​​ horario​​ chido​​ y​​ actividades​​ varias, que aparezca también

en​​ papel​​ fino​​ mi​​ título​​ universitario y mil gentes que reciban mi cv

sin​​ desconfianza,

mil​​ gentes​​ que​​ me​​ digan​​ estrechando​​ mi​​ mano: “Bienvenido, preséntate mañana”.

 

Ni​​ siquiera​​ yo​​ ​​ cómo​​ he​​ sobrevivido

con menos​​ de cien quetzales​​ desde febrero, me da vergüenza pedir prestado, empeñar, vender​​ entre​​ mis​​ cercanos​​ mis​​ pocos​​ libros, me da miedo robar y me robo a mí mismo

toda​​ la​​ juventud​​ que​​ cabe​​ en​​ cascos​​ de​​ caguama, todas las horas que se me van o se me estancan

sin​​ que​​ nada bueno​​ florezca o​​ vaya​​ de larva​​ a​​ mariposa.

 

Dios​​ mío,​​ sálvame de las​​ deudas​​ y​​ el​​ alquiler,

dame​​ fuerzas​​ –o​​ no​​ me​​ las​​ quites–​​ para​​ conseguir​​ el​​ pan, dame claridad y sombra cuando haga calor,

dame tu sagrado aliento para cantar en los mercados, dame​​ tus​​ manos​​ llagadas​​ para​​ escribir​​ poemas​​ místicos.

 

 

 

 

 

 

Nostalgia​​ (fragmento)

 

Nostalgia​​ es​​ alivio,​​ reintegración,​​ súbito​​ despertar​​ en​​ medio​​ de​​ la​​ nada.​​ Autoreciclaje. Saber que nunca escucharás a tus bandas favoritas o agotar las entradas cuando hacen su quinta gira del adiós. Es una oscuridad donde todo luce aún más vivo, más propio, más increíble y más distante.

La nostalgia es​​ un tiempo sin​​ contornos,​​ máquina​​ recién​​ aceitada de​​ la​​ memoria. Un coma, un cuerpo conectado con varios tubos al primer orden, al primer caos, al primer​​ recuerdo.

La nostalgia es un viaje sin regreso, una postura conflictiva contra el ahora, una negación del futuro. Son los viejos edificios, las calles, los parques cada vez con menos árboles de una ciudad reconstruida mil veces.

La nostalgia es​​ una droga,​​ una desesperada pugna por recuperarse,​​ por​​ no​​ morir,​​ por no pasar de moda, por no volverse obsoleto, por no quedarse debajo del sillón como un juguete roto.​​ Es​​ una trampa,​​ la más​​ dulce y​​ más​​ cálida.​​ Caer​​ en ella no​​ es​​ ningún​​ desplome, ningún​​ paso​​ en​​ falso.​​ Uno​​ sabe​​ que​​ caerá​​ en​​ un​​ pozo​​ profundo,​​ pero​​ como​​ Sísifo​​ ha​​ de​​ subirlo una y otra vez con la piedra de su Ser a cuestas.

La nostalgia como el amor, es una fuerza que hace florecer lo seco, que te reubica. Fuerza​​ que​​ mueve,​​ que​​ revitaliza.​​ Recordar,​​ llenar​​ los​​ huecos.​​ A​​ veces​​ parece​​ que​​ de​​ verdad todo tiempo pasado fue mejor.

Nostalgia, el cuarto de los tiliches donde están nuestros VHS′s, la máquina de coser de​​ la​​ abuela,​​ el​​ reconocimiento​​ que​​ le​​ dieron​​ al​​ abuelo​​ al​​ jubilarse,​​ álbumes​​ de​​ fotos,​​ recibos pagados, amarillos, cintas, acetatos y unos cuantos libros.

Nostalgia:​​ Ítaca que duele, pero reconforta. Anhelo. Infancia plena. Los amigos que murieron. Un lugar rescatado para siempre del olvido.

 

 

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