José Luis Velásquez Garambel es educador, ensayista y pensador peruano, cuya trayectoria académica y literaria ha contribuido al desarrollo del pensamiento crítico en el altiplano andino y el Perú contemporáneo. Ha publicado El hombre y el cosmos en la concepción filosófica andina, Las luchas por la escuela inimaginada del indio, Imaginario de la escuela rural en los Andes, Violencia Social y educación en el altiplano, y un monumental Atlas de la Región Puno. Recibió el Premio Nacional de Ensayo del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en 2005. Ha dirigido además la publicación de mas de setecientos títulos en el Fondo Editorial de la UNAP, por lo que sido reconocido como personalidad meritoria de la Cultura Peruana en el 2016.
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[VIAJE A LA LIBERTAD]
“A principios de 1867 en Azángaro, Lampa y Huancané, se producen sangrientas rebeliones indígenas en contra de los abusos cometidos por hacendados y autoridades. El maltrato e injusticia fueron tan crueles e inhumanos que Juan Bustamante (diputado por Puno, comerciante próspero, liberal, defensor de la clase indígena y viajero que le había dado la vuelta al mundo dos veces) decide encabezar el levantamiento. La rebelión iba en marcha y el contagio se generalizaba en el sur, por lo que Andrés Recharte, sub prefecto de Azángaro, decide sofocarla. La batalla final se produjo en Pusi el 02 de enero de 1868, las tropas de Recharte vencieron, Bustamante y sus hombres fueron apresados y encerrados en dos pequeñas habitaciones, para luego ser asfixiados con humo de ají. Bustamante fue sacado a la plaza, donde, de tres machetazos, le cortaron la cabeza”. [Jorge Basadre]
Viaje a la libertad
A Juan Bustamante,
mártir de la causa indígena
I
De tus ojos libres
un ave
de tus manos que acarician al cielo
un grito
de tu corazón trueno
lluvia amansada por el canto de una sirena
los años y el sufrimiento caen como el agua de una cascada
un sol rojo se asoma al amanecer
en la estepa más olvidada
una multitud de viajeros alzan sus carpas
los arrieros recogen sus sueños y los sacuden
como si fuera polvo acumulado en su calzado
llevan consigo viejas mulas que sostienen al peso del mundo
llamas cargadas de tristeza
de enormes ojos de luna
de cuellos alargados por el tiempo y la esperanza
caballos que en otra vida fueron hombres desbocados
aquí
entre el cielo y el lago
viejos indios juegan con las estrellas
hacen aguayos con el arcoíris
el sufrimiento de la tierra se reúne en esta estepa
el comercio es un tejido de colores donde todo se compra y se vende
la vida tiene un precio
lector
el tiempo es un viejo mercader que juega contigo
II
Quién dice que los muertos no sufren
y deja tu nombre al olvido
desde qué planicies y nevados el dolor sigue llevándote en sus entrañas
de qué cumbre puede avistarse la puerta del infierno
a la que nunca se asomarán los hijos de Recharte
esos que matan en nombre del bautismo
y te despellejan para elevar oraciones a un taita ajeno al dolor
en esta sementera
la locura arrea vicuñas y venados
hasta este páramo han venido las mujeres con jardines en el vientre
y flores en la cabeza
en esta feria se compra el sol, la luna, el viento y la lluvia
en la cima del mundo
los caminos infinitos se dibujan en el rostro de una anciana
todas las razas son hilos que se juntan en el horizonte
a estas horas
la ternura anida en el corazón de un niño
a este campanario
ha subido Cristo
y ha mirado en el corazón transparente
las aguas que recorren tu piel
y se hacen lago
isla
cielo
de los tantos cielo y lago
un Cristo pensativo
se ha metido en esta chullpa
donde juega con los gentiles
haciendo burros con nuestros huesos
preguntándole al futuro si florecerá la libertad
III
en la noche más fría en la noche de San Juan
se incendian los pajonales
las aves enloquecen
al amanecer
la libertad es el grito de un recién nacido
los qollis dicen que se llamará Juan
las nubes y el cielo
que será viajero
los ríos y las aves
que tendrá latidos indios
solo será misti
le susurra la paja al viento
Chachacoma
en estas hondonadas una carcajada se arrodilla
las sombras asisten al velorio de la alegría
el intenso frío abre grietas en el rostro de la ternura
del corazón indio
ha nacido el niño Juan
el sol abre sus ojos de sanq´ayo
una mano invisible dibuja los caminos del mundo
para que este niño arriero lleve su curiosidad en el lomo de una libélula
colibrí de fuego y lluvia
su corazón se agita de ternura
de las altas cumbres bajan ríos de lágrimas
surcos de sufrimiento en las laderas
un viejo cóndor eleva su vuelo
y en la tierra
como las vizcachas
los indios esconden su dolor en los roquedales
aquí los corazones han sido forjados por truenos
todo vuelve a la tierra
la muerte no existe
IV
ha crecido el niño Juan
y en sus ojos indios
todo es salvia para el dolor
en sus sueños
el mundo es una navaja
un precipicio sin fin
la boca del infierno que se traga mitayos
el viaje inicia
en sus ojos
la montaña es rocío que desaparece al caminar
a su paso
los ríos cambian de cauce
jadea el viento
relinchan los truenos
las olas del mar y el lago palpitan en su corazón
en su sien
no hay límites
el horizonte de sus ojos no se acaba
a pie desnudo ha recorrido el mundo
un trasatlántico recorre por la imaginación sonámbula
delgadas líneas de filigrana parten al universo en dos
un hombre proclama la muerte desde una máquina venida del futuro
en cientos de lenguas se oye a la distancia
“progreso y muerte
economía y esclavitud”
el dolor destella como el sol
la miseria es tejido de la piel
una sonrisa tuya sirve para remendar el corazón
el cielo se deshilacha y las estrellas caen del firmamento
V
pequeños emperadores juegan con sus coronas
reinos e imperios son una rayuela
a su paso gira el mundo como una rueda ebria
Francia, China, Rusia
España, Inglaterra
es redonda la tierra
y hay estepas en sus cuatro costados
el dolor sigue siendo humano
hay pobres en toda su extensión
en todas las lenguas
la muerte sigue siendo muerte
del Éufrates al Egipto
del Amazonas al Misisipi
del Atlántico al Titicaca
el poder es antropófago
de vuelta Juan
sube la cumbre más escarpada
el granizo le da la bienvenida
la paja brava lo saluda
tú
tienes el color de la indiada
estás loco como las aves
que de tanto soñar con el cielo
se atrevieron a volar
y sus brazos
dos alas encallecidas por el dolor y los abusos
el silencio solloza
una margarita abre sus ojos puros
se hacen esperanza dos perlas brillosas
VI
Juan
reparte sus tierras al viento
tierra a la tierra
fruto al fruto
agua al agua
la conciencia cae como un trueno
un latido
un ejército de alegría se asoma con timidez
se hace sombra detrás del loco
señor diputado
señor senador
señor prefecto
señor del sol, el viento y los caminos
Wirakocha
recoge este dolor en una cesta y has que las palabras se hagan camino
para que este pobre indio recorra las calles oscuras de la razón misti
de las altas cumbres
baja un enjambre de hombres sombra
de las planicies más bajas
sube un mar de voces
de este corazón y de este latido
nace un hombre libre
Juan
alza la voz para defender a los suyos
y los suyos
pura sombra
crecen cuando el sol se inclina
como la hierba del campo
los hombres sombra toman hondas y palos
piedras y sufrimiento
tu vida y tus sueños
con las olas y con la esperanza
quieren conquistar la justicia
parar el orden de la naturaleza
en estas ciénagas oscuras
arde el espíritu
y el indio hombre
la pobre sombra
se hace ejército
e invade los pueblos en nombre de la igualdad
VII
he vuelto
y soy millones
he vuelto
y soy rocío
cumbre y latido
ola y cataclismo
soy libertad
-repite una voz desde el espíritu-
tú que naciste de la tierra
vuelve a ella
tú que tienes su color
habla con el lago
tú que eres hermano de las cumbres
sé el río que abre su cauce
así Juan
indio y sombra
cumbre y pampa
río y viento
se hace lago y fuego
así
arde entre sombras
y se abre un campo de espinas
los caminos sangran
no hay pies que los recorran
rojas rosas se abren en su rescoldo
grita el dolor de dolor
las aves tienen su propia lengua y hablan con el cielo
desde esta orilla
se oye un gemido bronco
la arena y los indios
el sufrimiento y el mar
la lluvia y el fuego
unos ojos trueno señalan el horizonte
el mundo se quema en este latido
el corazón es el mundo
el mundo es un corazón
cada latido es un paso
una caminata hacia la muerte
VIII
Juan ha vuelto a esta sepultura
la simetría y la igualdad son invenciones de otra razón
en su cabeza enloquece el mar
unos ojos infinitos se salen de órbita
de su sien nacen indios rebeldes como yerba mala
de sus manos cielo
de sus sueños libertad
una montaña de voces es derruida por el viento
cada esqueleto de este edificio se conmueve
el espíritu rebelde vuelve al pueblo
de loco a indio
de viajero a prefecto
de diputado a rebelde
a galope limpio
recorre estos páramos un acaballo mostrenco
loco como el jinete
amable como el temporal
furioso como un relámpago
en sus ojos futuros
las palabras y el viento hacen nidos como las aves en las gargantas oprimidas por el dolor
la distancia es una nube cargada que se disipa
llegará el día en que las montañas se hagan mares
y el hombre sea nuevamente hombre
IX
para que este viaje infinito llegue a su fin
una mano le señala el camino
a la tierra sangre
a la sangre tierra
-repite una anciana, una madre, una hermana-
clama el cielo
no vayas Juan
no vuelvas
ahí encontrarás solo la muerte
nada más hay en esa estepa
pura traición, tristeza y dolor
incluso las flores han abandonado esa tierra
pronto las aguas dejarán su cauce
el sufrimiento correrá a ríos
a estas horas
miles de voces se agitan con el viento
qué será del indio
del hombre sombra
sin el gesto piadoso de la lluvia
sin la lluvia de fuego que acaricia estas planicies
corazón pura sombra
manantial
no vuelvas
pero Juan
es terco
impredecible como el viento
el granizo anuncia sus pasos
un volcán hace erupción
desaparece el cielo
y en la noche
un canto mal agüero le reprocha
sabes tu destino
solo te aguarda la muerte
ya no tienes lugar en este mundo que recorriste palmo a palmo
las sombras no serán luz
apacigua tu corazón de agua
la fiebre se apodera de su cuerpo
el insomnio lo acompaña
es un cementerio donde las almas
se disputan el gobierno
X
sombras y cadáveres
no hay diferencia
la imagen de una fosa común se incrusta en sus sueños
lo dilata
lo desgasta
es una rueda en la constante de sus preocupaciones
el motor de sus abismos
pero Juan no puede detener el latido de los ríos
el cauce de la lluvia
por eso vuelve al sopor de las pampas
a la médula de las cordilleras
al centro de los nevados
y ahí
los hombres sombra lo aguardan
piden que los guíe
negras aves surcan el cielo como una flecha
un carruaje oscuro se pierde en el horizonte
y los hombres pura sombra
se levantan al atardecer
auqui Mariano
Ezequiel, Teodomiro, Julián, Francisco
José Antonio…Carlos
los indios de San José aún no se unirán a tu lucha
Juan
no te preocupes por ellos -le dice una voz del futuro- Gamaliel
y por fin la fiebre venida del mañana cesa
la gente de tus sueños aún no ha nacido
no pelees las guerras del futuro
el tiempo está afiebrado
de este cabeza de chorlito solo nacen rebeliones y reformas
un eco resuena en el centro de sus sesos
[“la tierra es para los indios”]
[“el patrón no volverá a comer de tu pobreza”]
a voz en cuello
Diego Cristóbal Túpac Amaru vestido de general
le dice
[“Juan, tú eres uno de los frutos de nuestra tierra”]
sus ojos
manantiales de esperanza
se abren de súbito
miles de sombras se hacen luz
XI
como el viento
un jinete recorre el altiplano
es el ahayu de los chullpares
un ejército de fantasmas
de sombras
indios
mujeres y niños
acechan al amanecer
el despertar no es privilegio del abuso
del dolor y la muerte
ya es medio día
a estas horas
el sol tiene una corona de sangre
debiste oír el murmullo de las flores
el rumor del viento
debiste hacer caso de la advertencia del lago
en esta estepa solo hay traición
tristeza
dolor
muerte
mírate ahora
solo sesenta y siete indios te han sido leales
donde están las sombras que te hicieron volver
esas que cubrían al cielo y clamaban justicia
todo fue una ilusión
una máscara de líquido transparente
que solo existió en tu imaginación
pero como ves
estas fosas comunes están llenas de traición
esas nubes no anuncian la lluvia
son la saña de Recharte que viene por tu cabeza
traición hecha ají
humo que disipará tu alma
tus viajes y tus sueños
XII
a una choza derruida son arrastrados indios y mestizos
ahí
agoniza la igualdad
a medio día
el viento se lleva al futuro
de súbito
sacan el cuerpo de Juan
a rastras
una mano del infierno le corta la cabeza
y se la muestra a los hombres sombra
para que no se atrevan a soñar con la luz
con el sol y con el cielo
ha muerto el viajero
en sus ojos llenos de vida
ahora solo quedan manchas de sangre
en su sien solo anida el dolor y el olvido
de la tierra se abre una fosa común
un socavón que se traga 68 cuerpos
a estas horas
el olvido es el mejor canto
es rocío extendido en el cielo
es la palabra libertad en brazos del destino
ha muerto el viajero
el arriero de esperanza
el que hizo de su locura una flor de luz
ha empezado el azote de los hombres sombra
se ha sembrado una semilla de rebelión
la sangre regará al árbol del futuro
será frondoso el desenlace
en el mañana
la alegría no tendrá fin
no habrá muerto en vano el apóstol de los indios
no habrá cuaresma ni viernes santo
en la noche de san Juan
la sombra se disipará
se abrirá un camino de luz
ahí
en ese continente de risas
la igualdad será una flor de colores infinitos
XIII
con la cabeza en el suelo
separada del cuerpo
Juan mira cómo unos niños juegan en la muya
arrancan chijchipa de los campos
ellos ríen
“es el futuro” -se repite para sí mismo
con el cuerpo ensangretado
mira su destino
cierra los ojos que han visto la tempestad y la alegría
el sufrimiento y la esperanza
mira su cuerpo inerte
y comprende que le han separado la cabeza
que no volverá de este viaje
no hay culpa en sus hombros
su dignidad
será lluvia en la cordillera
manantial dulce en la sequía
aquí beberán las aguas transparentes de la verdad
cierra los ojos
piensa en el pasado y el futuro
la libertad no agoniza




