Rogelio Guedea es autor de más de sesenta libros en poesía, narrativa, ensayo y traducción. Sus obras más recientes son Cómo me haces falta (FCE, 2025, poesía), La palabra armada: poesía y dictadura (Almuzara, 2025, ensayo) y Los años difíciles (Edebé, 2025, novela). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de la Lengua. Actualmente es profesor de tiempo completo de la Universidad de Colima.
I
estoy escuchando a marco antonio solís
quien canta:
“el frío de mi cuerpo pregunta por ti y no sé dónde estás
si no te hubieras ido sería tan feliz”/
ya lo sabes
la hemos escuchado muchas veces
pero nunca supe muy bien lo que decía marco antonio solís
hasta ahora que la escucho y tú no estás
porque no es lo mismo escucharla cuando estás que cuando
te has ido,
así que la he escuchado una vez más
dos o tres
más
porque hay canciones de marco antonio solís que son así
uno las escucha muchas veces pero no las entiende hasta
que tú no estás:
hasta qué tú no estás.
X
A veces sólo me sostienes tú,
tu cuerpo que se levanta en alguna
parte de mi cuerpo
como se levanta en dos patas un perro
o una nutria
y es todo lo que tengo para sobrevivir:
tu cuerpo cantando
en alguna parte de mi cuerpo.
A veces no tengo ni pan para comer
ni agua para beber
ni la sombra de un árbol sobre la cual echarme,
nada,
sólo tu cuerpo extinto que me sostiene:
que se parece al amor pero que no es el amor
que se parece a la felicidad pero que no es la felicidad
que se parece a ti pero que no me alumbra.
XII
Yo sabía que algún día de estos tenía
que suceder,
no tengo el trabajo que te dije
ni gano lo que te dije que ganaba
y yo soy el único responsable de esta deuda por la que ahora estamos
a punto de perder la casa,
no sé cómo no te lo dije antes,
el día que perdí el trabajo en el tribunal
estabas muy alterada con el asunto de tus oposiciones
y las últimas correcciones a tu tesis doctoral
y se me hizo fácil permanecer con la boca cerrada,
aun cuando sacar mis libros, mis fotos y mis cuadros de la oficina
donde estuve los últimos diez años
casi me deja sin aliento,
lloré en silencio en aquel espacio sin nadie,
no pedí explicaciones -para qué- aunque mi despido fuera injustificado,
no protesté ni siquiera contra mí mismo,
salí esa mañana sin decirle adiós a nadie
y estuve toda la tarde con la caja de mis pertenencias sobre las piernas
sentado en el jardín de enfrente,
viendo a las palomas picotear el suelo vacío,
sabía que lo de la tarjeta de crédito tarde o temprano haría aguas en nuestra embarcación
pero confié en que pronto encontraría algo,
creía que tenía buenos amigos, sin embargo los amigos todos se esfumaron,
ya ves que a nadie se le quiere en la desgracia,
te lo iba a decir hace unos meses pero te vi tan triste luego de perder las oposiciones
que preferí esperar,
esperar otra vez,
hoy que llegó esta notificación del banco no me deja más excusas,
voy a salir a decir lo que tenga que decir,
asumo la responsabilidad de mi fracaso,
es un día tan hermoso que me da la impresión de que todas las cosas
se pondrán a mi favor.
XX
son las cosas que hemos comprado juntos
las que nos unen,
no es tu mano o mi mano, tus labios o los míos,
tu pie, tu pelo, mi pierna, tus recuerdos, mi porvenir,
sino las cosas que compramos juntos
y que nos tienden redes:
la licuadora, la estufa, el peine, la taza de café,
nuestra lamparita de noche, de ellas salen pequeños filamentos
que nos atan las orillas, unen nuestros extremos,
tal vez eso explica por qué vamos acumulando cosas
de las que pasado el tiempo no nos podemos deshacer,
como tu vieja chaqueta roja o mis zapatos negros,
las bicicletas oxidadas en el sótano y la aspiradora
que ya fue reemplazada tres veces,
o como la tetera eléctrica o las colchas o cortinas que ya no
caben en el closet donde hay ropa que aunque nunca nos ponemos no nos
animamos a tirar: porque precisamente tirarla es romper
esos pequeños filamentos que nos unen,
respiran a veces por nosotros,
sueñan acaso lo que tú y yo ya no nos atrevemos.
XXV
Todo se seca.
Hoy estará mojado por la lluvia y mañana
o pasado mañana se secará.
Todo se llena de polvo en ligeras capas
sobre la superficie de las cosas.
Todo se cura,
no siempre, pero a veces todo se cura.
Todo se acaba también:
el vaso que estaba lleno hace unos instantes
se vacía irremediablemente
y se acaba sin dejar un solo rastro de lo que fue.
Se acaba el amor,
a veces el amor es lo primero que se acaba,
un poco menos la esperanza
pero también se acaba,
luego el dolor.
Todo se muere, nace impetuoso como un río
que baja desde lo alto, pero todo se muere.
Todo tirita de frío también:
las tazas en las alacenas invernales,
las escaleras de los edificios solitarios,
algunas veces los cuerpos desnudos
en la oscuridad, no siempre tiritan si se aman
pero algunas veces.
Todo se cae,
se cae una espalda encorvada
o una mano que dice adiós,
el cielo algunas veces se nos cae encima
aunque no siempre,
yo mismo voy cayendo en ti sin más remedio.
Por ejemplo,
al final de la tarde:
sin poder levantarme más.
XXX
Miro
a los pájaros
en el pequeño parque junto
a la iglesia
sobre el césped verde
bajo el sol de las dos de la tarde:
son como éramos nosotros.
Dan pequeños saltitos
de un lado a otro
hasta estrecharse,
se tocan la punta del pico una y otra vez
en movimientos ágiles
y luego se alejan.
A los pocos segundos vuelven
a repetir lo mismo.
Son como éramos nosotros:
no podíamos estar lejos ni un
instante,
el pecho oprimido sin poder volar
de tanta ausencia como se nos juntaba
y eso que eran sólo unos metros!
Míralos ahora:
se han vuelto a estrechar,
el sol se derrama en sus plumillas
dándoles un brillo especial.
Son como éramos nosotros:
sólo vivíamos para volvernos a tener,
una vez y otra vez.







