Poesía colombiana: Valentina Rojas

Leemos poemas colombiana. Leemos algunos textos de Valentina Rojas (1998). Ademas de poeta es editora, docente, tallerista y promotora cultural.

 

 

 

Valentina Rojas​​ (Envigado, Antioquia,​​ 1998) es​​ poeta, editora, docente, tallerista y promotora cultural. Es colaboradora en diversos medios digitales literarios del país, participante en el Colectivo Artístico y Cultural de la Revista Innombrable, miembro del comité organizador del Encuentro de Poetas de México en Diálogo con Poetas del Mundo, Cuernavaca Poesía.​​ Es autora del libro bilingüe​​ La desnudez de la sombra / The Shadow's Nakedness​​ (2023),​​ Formas de la luz​​ (2024). Sus textos pueden ser encontrados​​ en las antologías como:​​ Mujeres poetas.​​ La Jaula se ha vuelto pájaro, Medellín, 2019;​​ 100 mujeres poetas Bogotá, 2019;​​ El vuelo más largo, Perú, 2020:​​ Cosechando Sueños y Memorias, Bogotá, 2021,​​ Morir es un País que Amabas,​​ Bogotá 2023; así mismo revistas y sitios web.​​ Ha participado en diversos simposios, encuentros y festivales a nivel local, nacional e internacional. Fue pre-jurado del Premio Nacional de Libro de Cuentos R.H. Moreno Duran Sub-35 y del Primer Premio Nacional de libro de cuento Infantil Yolanda Reyes y Jurado del Concurso “Literatura Pa’ chuparse las Letras” de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Sus poemas han sido intervenidos en formatos audiovisuales, artísticos y de collage, además de ser traducidos al inglés, italiano, árabe y portugués.

 

 

 

 

Lluvia

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​      El primer invierno fue un derrumbe

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​  Una tierra dibujada con un trozo de carbón

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Andrea Cote ​​ 

 

 

He llegado a pensar que la lluvia​​ 

son los pasos que dejan​​ 

las personas ausentes,

el trueno, es el sonido de su partida

​​ y ese frio que queda​​ 

se traduce en vacío …

    

 

 

 

 

 

 

 

Rito

 

La niña cruza el pasamanos

​​ como si el hierro fuera seda,​​ 

hilo tendido al alba.
Bajo ella, la tierra,​​ 

donde duerme el hambre que otorga la caída.​​ 

 

No hay juego,
hay rito.

El hierro la recibe como un padre ausente.​​ 

 

Cada brazo extendido es un pacto,
en el que reconoce el sabor del miedo,​​ 

todo lo que en sus manos sostiene.​​ 

 

A veces soy esa niña:
festín descalzo en tiempo de llanto,

​​ piel abierta al mundo,
entre orillas.​​ 

 

Cruza.​​ 

 

El vacío devuelve
el aliento frágil de la vida.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo casi olvidado

 

Cierra los ojos, da la espalda​​ 

a la puerta estrecha
donde arde tu cabeza​​ 

 

sigue fértil la ternura
en tu nombre desgarrado​​ 

aprendiste alimentarte​​ 

de lo inmutable
a abrazar ese pedazo de​​ 

verdad​​ 

 

no existe el despojo​​ 

(despojarse)
por más tenaz que sea el

​​ verbo
el paso en falso​​ 

algo de lealtad aguarda​​ 

el villano
su confesión en el muelle​​ 

inexistente​​ 

cuán enmascarada está

​​ la pérdida
adherida a su raíz​​ 

 

la esperanza es una​​ 

marcha
el beso que ignoras
el que esquivas en la calle​​ 

pero al final, te alcanza.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Verter

 

Recuerda la caída,
la mudanza que te llevó​​ 

de narices al rosal.​​ 

 

Las puntas del enjambre te abrazaron.​​ 

Saliste del cerco de tu casa
en busca de un testigo.

​​ 

Cómo te revelas sin nombre

​​ bajo esa corona agria,
donde el rostro deja de ser llama​​ 

en el borde de su propia espina.​​ 

 

Esperas la niebla,
la virtud de unas manos de algodón,​​ 

todo en su blancura.​​ 

 

Bajo esa máscara de zorro,​​ 

inocente,
merodea la luz.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Luciérnaga

 

Un día la vida acontece
y se teme al silencio del infinito
se camina y se nombra entre lo no sabido

Las huellas se convierten en lo único certero,
allí habita una luz
que como una luciérnaga enciende y apaga
Eso, llamado incertidumbre
Enigma sagrado que nos reviste.

 

 

 

 

Apeiron

 

Encarnamos el misterio del fuego en esa palabra tibia
al otro lado del templo.​​ 

Hombre:
es la humanidad la que te otorga tus manos, lo que perece y nace
bajo el velo de una fábula.​​ 

Mirada animal
que sospecha
y encuentra:
la flor carnívora que llama a la mosca, la araña que desciende​​ 

y cuelga
de lo que atrapa.​​ 

Esa es la razón
por la que ceden las murallas.​​ 

Es la miel que se asoma bajo ese impulso
de abrazar lo celeste, de descubrir el rostro en una verdad​​ 

que solo habita la embriaguez.​​ 

El orden de dos cuerpos quiere ser el sol,
el gesto de la sed,
la dulzura​​ 

de algún dios.​​ 

 

 

 

 

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