Valentina Rojas (Envigado, Antioquia, 1998) es poeta, editora, docente, tallerista y promotora cultural. Es colaboradora en diversos medios digitales literarios del país, participante en el Colectivo Artístico y Cultural de la Revista Innombrable, miembro del comité organizador del Encuentro de Poetas de México en Diálogo con Poetas del Mundo, Cuernavaca Poesía. Es autora del libro bilingüe La desnudez de la sombra / The Shadow's Nakedness (2023), Formas de la luz (2024). Sus textos pueden ser encontrados en las antologías como: Mujeres poetas. La Jaula se ha vuelto pájaro, Medellín, 2019; 100 mujeres poetas Bogotá, 2019; El vuelo más largo, Perú, 2020: Cosechando Sueños y Memorias, Bogotá, 2021, Morir es un País que Amabas, Bogotá 2023; así mismo revistas y sitios web. Ha participado en diversos simposios, encuentros y festivales a nivel local, nacional e internacional. Fue pre-jurado del Premio Nacional de Libro de Cuentos R.H. Moreno Duran Sub-35 y del Primer Premio Nacional de libro de cuento Infantil Yolanda Reyes y Jurado del Concurso “Literatura Pa’ chuparse las Letras” de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Sus poemas han sido intervenidos en formatos audiovisuales, artísticos y de collage, además de ser traducidos al inglés, italiano, árabe y portugués.
Lluvia
El primer invierno fue un derrumbe
Una tierra dibujada con un trozo de carbón
Andrea Cote
He llegado a pensar que la lluvia
son los pasos que dejan
las personas ausentes,
el trueno, es el sonido de su partida
y ese frio que queda
se traduce en vacío …
Rito
La niña cruza el pasamanos
como si el hierro fuera seda,
hilo tendido al alba.
Bajo ella, la tierra,
donde duerme el hambre que otorga la caída.
No hay juego,
hay rito.
El hierro la recibe como un padre ausente.
Cada brazo extendido es un pacto,
en el que reconoce el sabor del miedo,
todo lo que en sus manos sostiene.
A veces soy esa niña:
festín descalzo en tiempo de llanto,
piel abierta al mundo,
entre orillas.
Cruza.
El vacío devuelve
el aliento frágil de la vida.
Lo casi olvidado
Cierra los ojos, da la espalda
a la puerta estrecha
donde arde tu cabeza
sigue fértil la ternura
en tu nombre desgarrado
aprendiste alimentarte
de lo inmutable
a abrazar ese pedazo de
verdad
no existe el despojo
(despojarse)
por más tenaz que sea el
verbo
el paso en falso
algo de lealtad aguarda
el villano
su confesión en el muelle
inexistente
cuán enmascarada está
la pérdida
adherida a su raíz
la esperanza es una
marcha
el beso que ignoras
el que esquivas en la calle
pero al final, te alcanza.
Verter
Recuerda la caída,
la mudanza que te llevó
de narices al rosal.
Las puntas del enjambre te abrazaron.
Saliste del cerco de tu casa
en busca de un testigo.
Cómo te revelas sin nombre
bajo esa corona agria,
donde el rostro deja de ser llama
en el borde de su propia espina.
Esperas la niebla,
la virtud de unas manos de algodón,
todo en su blancura.
Bajo esa máscara de zorro,
inocente,
merodea la luz.
Luciérnaga
Un día la vida acontece
y se teme al silencio del infinito
se camina y se nombra entre lo no sabido
Las huellas se convierten en lo único certero,
allí habita una luz
que como una luciérnaga enciende y apaga
Eso, llamado incertidumbre
Enigma sagrado que nos reviste.
Apeiron
Encarnamos el misterio del fuego en esa palabra tibia
al otro lado del templo.
Hombre:
es la humanidad la que te otorga tus manos, lo que perece y nace
bajo el velo de una fábula.
Mirada animal
que sospecha
y encuentra:
la flor carnívora que llama a la mosca, la araña que desciende
y cuelga
de lo que atrapa.
Esa es la razón
por la que ceden las murallas.
Es la miel que se asoma bajo ese impulso
de abrazar lo celeste, de descubrir el rostro en una verdad
que solo habita la embriaguez.
El orden de dos cuerpos quiere ser el sol,
el gesto de la sed,
la dulzura
de algún dios.




