Amel Boudali (Argelia). Nació en Argel. Cursó sus estudios en Francia, donde dedicó una investigación a las coincidencias estéticas y éticas entre las obras de Mohammed Dib y Guillevic. Atenta a las voces poéticas contemporáneas, publica lecturas de antologías en su blog «Cultures Plurielles», dedicado a la actualidad poética de todos los horizontes. Ha publicado la antología Mers (2026) en la editorial LansKine. Lleva quince años enseñando en secundaria a jóvenes refugiados.
Mares interiores
A las calas mortíferas de la infancia,
al azafrán del erizo sacrificado sobre la roca,
al arrecife sangriento que emerge de los recuerdos,
a mis mares interiores,
a los muertos que me toman de la mano,
a las palabras que gotean de mis labios,
a mis pensamientos resecos,
a mis lenguas polvorientas,
a todos
les digo: salud
y llevo la ola a mi boca
saboreo con fuerza
la sal de este mundo
y escupo palabras.
El cielo viene a languidecer a la orilla del agua.
El llamado de los mares
Me has llamado
apoyada en mi ventana
veo
tu gran cuerpo afilado
tenso con velas opalinas
tu cabeza surcando las aguas
la espuma burbujeando
en tu boca de oráculo
voces roncas
se aborregan en tu proa
– o es acaso el tiempo
el que sueña así –
tu cabellera de liquen
crepita en los vientos
tus brazos suspendidos izan el cielo
al mástil de proa
flota tu corazón astrolabio
de nuestras errancias gloriosas
sobre mares exiliados
pongo el pie sobre el agua
y aquí estoy a tu cabecera
a medio camino, en el ojo de buey
temblando de azur
la ciudad, una vez más y siempre ella
la ciudad y sus espejismos
en ofrenda sobre los vértigos de nuestros recuerdos
la ciudad burlona avanza hacia nosotros
pero estoy tan cansada de soñar con ella
con sus risueños laberintos
en los azules grisáceos de diciembre
con sus cedros jadeantes
con su polvo de oro
con esas imágenes de Épinal
taponando las grietas
de nuestras nostalgias
que no esté yo liberada
del deseo de perderme
en sus brazos
en sus barrancos embotados
por el tiempo mutilado
los amores engullidos y
los días de luz
qué quedará de ella
cuando hayas estirado tus seres
hasta esa línea azulada
que lacera en la lejanía
hasta ese dolor del ojo
que se ahoga en la luz
por haber fijado demasiado la esperanza.
Argel, terrible imán
de nuestras esperanzas traicionadas
ciudad-espejo
de nuestras almas amuralladas.
Argel, sacude tu melena coralina
y revoca la melancolía
tu llamado por la mañana
los estorninos murmuran
y desde el fondo de la rada
se eleva tu risa
Una mujer en la noche
Soy
una mujer en la noche
levanto
mis manos-antorchas
para todos los descarriados
ilumino el camino,
excepto el mío
me consumo
y en mi camino
todo no es
más que sombras veladas.
Soy
una mujer entera
no la mitad de otro
con el rostro tatuado
por los días amargos
con las mejillas inflamadas
por las caricias del simún
con las manos surcadas de venas
verdes y esperanzadas
como los caminos de mayo
en mis montañas ásperas
mi garganta es el palacio
de mil cantos antiguos
que corren
hasta los valles
y se mezclan
con el chapoteo de las olas
para ser fecundados
por la espuma de los años
y resonar nuevos
en el corazón de mis hijos
mis cosechas de julio
son en la boca amargas
una mujer entera
no la mitad de otro
mis innumerables hijas
llevan al hombro
su cuerpo en carne viva que
golpea a las puertas
de la vida
y se desuella ante las miradas
erizadas de fragmentos
de vidrios, de cuchillos y de odio
de cuerpos enteros
no las mitades de otro
mis hijas de julio
aún languidecen
por los frutos de esta cosecha
su marcha comenzó
al alba de nuestra historia
en el día de nuestras ciudades
sus semillas en el camino
germinan en gritos de alegría
de penas y de revuelta
y en su surco
depositan los cuerpos
de las compañeras quemadas
degolladas desolladas
de donde renacerán aún
otros cuerpos en marcha
compañeras quemadas
degolladas desolladas
pero todas
todas
enteras no la mitad de otro
Lengua materna
la lengua que muere en la saliva estancada de las órdenes escupidas
la lengua tragada la lengua suspendida en tu glotis demasiado estrecha
la lengua trémula de raíces desenterradas
la lengua por siempre plural, singular en un mundo uniforme
de reglas de ortografía y correctores de almas
porque
la lengua de mi geografía íntima tiene sed de los rastros de sal seca en tu piel
tras los grandes baños inocentes del verano
antes de las grandes masacres
ella lame los atlas de los exploradores para falsear las rutas asesinas
mi lengua se libera del pasado y de las estatuas de sal
ella trenza en la noche velas ensangrentadas
que ven bogar a lo lejos en la mitad del infinito
los chibanis de Argel, Marsella y Orán
ella cuenta los sacrificios de los que están bajo el agua
ella brama la victoria con sabor a cuerpos hinchados
con sabor a cuerpos arrojados a las aguas del medio
para que los otros pasen
ella se agrava con el peso de las preguntas sin respuesta
desempaña la máscara del buceador
que ve flotar como peces de oro
los vientres blanquecinos de los niños del suburbio
despoja los pesados vestidos que condenan en el agua
mi lengua mira desde abajo y ve a través
mi lengua une, relee palabras soñadas
las palabras escupidas en los gritos de la barca
ella se alarga, se prolonga
embarcadero movedizo
sobre ella todos los males de África
se abalanzan como los ñus
y atraviesan los siglos
mi lengua-muelle chirría
y su cordaje se tambalea en los vientos
del oeste
mantiene el rumbo
y burla
la tectónica de placas
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