Poesía mexicana: Javier Pacheco

Esta muestra poética de Javier Pacheco (Querétaro-1995) mezcla una aguda reflexión sobre la poesía y la cotidianeidad en un estilo conversacional y desenfadado.

 

 

En estos tiempos a nadie le interesa la poesía

A tu madre no​​ 

Al médico de cabecera no​​ 

A tu jefa del trabajo no

Pierdes el tiempo recitando poemas, dicen.

Como si el tiempo significara tanto.​​ 

Seguramente están muy ocupados​​ 
 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ en asuntos más importantes como:​​ 

Abandonar el transporte a base de hidrocarburos.

Leer un libro de economía para entender la devaluación del peso.​​ 

O cambiar la contraseña del móvil para resguardar las nudes del amante.

Quizá la mejor opción sea embriagarse con licor de cereza

​​ y recitar poemas a mi perro.

 

Del poemario: Soy de lxs que temen más a la forma de morir que a la muerte misma​​ 
(El Humo. 2020)

 

 

 

*

 

Los poetas deberíamos formar sindicatos​​ 

hacer huelgas, dejar de escribirle siempre​​ 

al amor y al desamor.​​ 

Hablar de cosas más importantes​​ 

como los hongos, que hermosamente​​ 

aparecen en las tortillas cuando se dejan afuera, a su suerte.​​ 

Sobre los gatos atropellados y desmembrados​​ 

en la carretera Querétaro - San Luis Potosí.​​ 

Sobre Claudia, una chica trans que vende su cuerpo​​ 

para pagar el tratamiento de su madre​​ 

con cáncer cervicouterino.​​ 

Los poetas también somos importantes.​​ 

Así como los médicos curan el cuerpo con medicinas​​ 

hay quienes por un poema han evitado el suicidio.​​ 

Los poetas deberíamos poder vivir de nuestros poemas​​ 

tener prestaciones, o al menos, seguro médico.​​ 

Porque los poetas también nos enfermamos de los riñones​​ 

sufrimos accidentes automovilísticos​​ 

y necesitamos endodoncias.​​ 

Nosotros como miembros de la sociedad​​ 

aportamos con nuestros poemas​​ 

Ya lo dijo Nicanor:​​ 

El poeta no es un alquimista​​ 

el poeta es un hombre como todos​​ 

un albañil que construye muros:​​ 

un constructor de puertas y ventanas.

 

Del poemario: Poemas Contemporáneos Para Gente Fea (N.E.L. 2022)

 

 

 

*

 

Lancé la mano a la mesa y maté una mosca​​ 

que no emprendió el vuelo.​​ 

Las moscas nunca son tan lentas​​ 

ni siquiera cuando sus patas se remojan​​ 

en sopa de fideos.​​ 

Maldita sea estaba lenta.​​ 

Y ahora prensada bajo mi mano​​ 

con las patas mojadas​​ 

en tripas y sangre.​​ 

Quizá la mosca estaba desahuciada​​ 

por algún cáncer que la devoraba​​ 

desde dentro​​ 

o trágicamente había perdido​​ 

a su familia en un siniestro aéreo.​​ 

No lo sé.​​ 

Tal vez estaba cansada de su vida de mosca​​ 

de los malos tratos de los transeúntes​​ 

que adornan las aceras​​ 

de sus compañeras de trabajo chismosas​​ 

o de los turnos extra entre la podredumbre​​ 

y las heces fecales.

Y así, en un arrebato​​ 

prefirió ceder ante mi extremidad inclemente​​ 

en un atentado contra la vida misma.

 

Del poemario: Poemas Contemporáneos Para Gente Fea (N.E.L. 2022)

 

 

 

HAY UN FANTASMA EN MI CASA QUE TIENE TOS

 

Se mudó la vez que jugué la Ouija.​​ 

Honestamente no causa ninguna molestia​​ 

no tira las tazas​​ 

ni los envases de caguamas​​ 

no molesta a Laika​​ 

es más​​ 

hasta le avienta la pelota para que no se aburra​​ 

no mueve el pelapapas de su lugar​​ 

y no le apaga las luces a mi roomie.​​ 

Pero me preocupa su tos.​​ 

En la cocina oigo​​ 

una tos de esas como si tuviera algo atorado en la garganta​​ 

algo más que un montón de flemas​​ 

tal vez un secreto de vida o muerte​​ 

o una confesión de amor.​​ 

Lo escucho toser y quiero abrazarlo​​ 

porque sé que sufre​​ 

y aunque no lo entiendo quiero que no esté solo​​ 

prestarle una de mis chamarras​​ 

darle un té tibiecito que alivie su garganta​​ 

o propóleo​​ 

en lo que vamos al médico.​​ 

 

Del poemario: Necesito un hobby nuevo en lo que me crecen​​ las pestañas​​ 
(Ediciones Plutón. 2024)

 

 

 

NECESITO UN HOBBY NUEVO EN LO QUE ME CRECEN LAS PESTAÑAS

 

En la mañana me explotó el boiler​​ 
y es incomodísimo no tener pestañas,​​ 
es como andar con la mirada desnuda.​​ 
Así que necesito quedarme en casa​​ 
para que nadie me vea​​ 
pero estoy condenado a las monótonas labores de oficina.​​ 
No eran bonitas, pero ahora que no están​​ 
el viento ensucia mis ojos y mi alma.​​ 
Me arden los párpados, pero más la ausencia​​ 
quiero encerrarme en mi habitación​​ 
y llorar porque fueron calcinadas,​​ 
llorar porque me da ansiedad que mi perra se muera,​​ 
llorar porque Querétaro está en estrés hídrico,​​ 
llorar por Lalo, que se intoxicó con 80 aspirinas​​ 
por el sonido de los bomberos y por la soledad de las avenidas a las 4 am.​​ 
Llorar porque el fuego borra el presente y quema el futuro.​​ 
Quiero llorar tanto como si fuera a regar una maceta​​ 
y que de ella broten pestañas​​ 
que trepen por las paredes de la sala​​ 
por el baño.​​ 

Quiero llorar tanto porque nunca lloré en el funeral de Aurora,​​ 
mi otra madre​​ 
porque se supone debía ser fuerte​​ 
fuerte como la vez que reprobé lectura y redacción en la prepa​​ 
fuerte como la vez que me dio varicela a los 21​​ 
fuerte como la primera vez que me explotó el boiler.​​ 

Como quisiera haber llorado más antes,​​ 
así​​ mis pestañas estarían tan húmedas,​​ 
que no se hubieran quemado.​​ 

 

Del poemario: Necesito un hobby nuevo en lo que me crecen​​ las pestañas​​ 
(Ediciones Plutón. 2024)

 

 

 

Javier Pacheco (1995. Querétaro)​​ Poeta y​​ Paramédico.​​ Ha publicado en un montón de sitios físicos y digitales. Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA 2024) para escribir un poemario sobre el cuerpo y las enfermedades mortales.​​ Actualmente escribe eco-poemas para combatir a los involucrados en la quema de la reserva ecológica del Tángano en Querétaro.​​ Cursa el diplomado en interpretación de nubes impartido por la reencarnación de Nicanor Parra

 

 

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