En estos tiempos a nadie le interesa la poesía
A tu madre no
Al médico de cabecera no
A tu jefa del trabajo no
Pierdes el tiempo recitando poemas, dicen.
Como si el tiempo significara tanto.
Seguramente están muy ocupados
en asuntos más importantes como:
Abandonar el transporte a base de hidrocarburos.
Leer un libro de economía para entender la devaluación del peso.
O cambiar la contraseña del móvil para resguardar las nudes del amante.
Quizá la mejor opción sea embriagarse con licor de cereza
y recitar poemas a mi perro.
Del poemario: Soy de lxs que temen más a la forma de morir que a la muerte misma
(El Humo. 2020)
*
Los poetas deberíamos formar sindicatos
hacer huelgas, dejar de escribirle siempre
al amor y al desamor.
Hablar de cosas más importantes
como los hongos, que hermosamente
aparecen en las tortillas cuando se dejan afuera, a su suerte.
Sobre los gatos atropellados y desmembrados
en la carretera Querétaro - San Luis Potosí.
Sobre Claudia, una chica trans que vende su cuerpo
para pagar el tratamiento de su madre
con cáncer cervicouterino.
Los poetas también somos importantes.
Así como los médicos curan el cuerpo con medicinas
hay quienes por un poema han evitado el suicidio.
Los poetas deberíamos poder vivir de nuestros poemas
tener prestaciones, o al menos, seguro médico.
Porque los poetas también nos enfermamos de los riñones
sufrimos accidentes automovilísticos
y necesitamos endodoncias.
Nosotros como miembros de la sociedad
aportamos con nuestros poemas
Ya lo dijo Nicanor:
El poeta no es un alquimista
el poeta es un hombre como todos
un albañil que construye muros:
un constructor de puertas y ventanas.
Del poemario: Poemas Contemporáneos Para Gente Fea (N.E.L. 2022)
*
Lancé la mano a la mesa y maté una mosca
que no emprendió el vuelo.
Las moscas nunca son tan lentas
ni siquiera cuando sus patas se remojan
en sopa de fideos.
Maldita sea estaba lenta.
Y ahora prensada bajo mi mano
con las patas mojadas
en tripas y sangre.
Quizá la mosca estaba desahuciada
por algún cáncer que la devoraba
desde dentro
o trágicamente había perdido
a su familia en un siniestro aéreo.
No lo sé.
Tal vez estaba cansada de su vida de mosca
de los malos tratos de los transeúntes
que adornan las aceras
de sus compañeras de trabajo chismosas
o de los turnos extra entre la podredumbre
y las heces fecales.
Y así, en un arrebato
prefirió ceder ante mi extremidad inclemente
en un atentado contra la vida misma.
Del poemario: Poemas Contemporáneos Para Gente Fea (N.E.L. 2022)
HAY UN FANTASMA EN MI CASA QUE TIENE TOS
Se mudó la vez que jugué la Ouija.
Honestamente no causa ninguna molestia
no tira las tazas
ni los envases de caguamas
no molesta a Laika
es más
hasta le avienta la pelota para que no se aburra
no mueve el pelapapas de su lugar
y no le apaga las luces a mi roomie.
Pero me preocupa su tos.
En la cocina oigo
una tos de esas como si tuviera algo atorado en la garganta
algo más que un montón de flemas
tal vez un secreto de vida o muerte
o una confesión de amor.
Lo escucho toser y quiero abrazarlo
porque sé que sufre
y aunque no lo entiendo quiero que no esté solo
prestarle una de mis chamarras
darle un té tibiecito que alivie su garganta
o propóleo
en lo que vamos al médico.
Del poemario: Necesito un hobby nuevo en lo que me crecen las pestañas
(Ediciones Plutón. 2024)
NECESITO UN HOBBY NUEVO EN LO QUE ME CRECEN LAS PESTAÑAS
En la mañana me explotó el boiler
y es incomodísimo no tener pestañas,
es como andar con la mirada desnuda.
Así que necesito quedarme en casa
para que nadie me vea
pero estoy condenado a las monótonas labores de oficina.
No eran bonitas, pero ahora que no están
el viento ensucia mis ojos y mi alma.
Me arden los párpados, pero más la ausencia
quiero encerrarme en mi habitación
y llorar porque fueron calcinadas,
llorar porque me da ansiedad que mi perra se muera,
llorar porque Querétaro está en estrés hídrico,
llorar por Lalo, que se intoxicó con 80 aspirinas
por el sonido de los bomberos y por la soledad de las avenidas a las 4 am.
Llorar porque el fuego borra el presente y quema el futuro.
Quiero llorar tanto como si fuera a regar una maceta
y que de ella broten pestañas
que trepen por las paredes de la sala
por el baño.
Quiero llorar tanto porque nunca lloré en el funeral de Aurora,
mi otra madre
porque se supone debía ser fuerte
fuerte como la vez que reprobé lectura y redacción en la prepa
fuerte como la vez que me dio varicela a los 21
fuerte como la primera vez que me explotó el boiler.
Como quisiera haber llorado más antes,
así mis pestañas estarían tan húmedas,
que no se hubieran quemado.
Del poemario: Necesito un hobby nuevo en lo que me crecen las pestañas
(Ediciones Plutón. 2024)
Javier Pacheco (1995. Querétaro) Poeta y Paramédico. Ha publicado en un montón de sitios físicos y digitales. Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA 2024) para escribir un poemario sobre el cuerpo y las enfermedades mortales. Actualmente escribe eco-poemas para combatir a los involucrados en la quema de la reserva ecológica del Tángano en Querétaro. Cursa el diplomado en interpretación de nubes impartido por la reencarnación de Nicanor Parra



