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No tengo razones para ser optimista
Cristina Peri Rossi escribió: La vida
está muy cara pero los atardeceres siguen siendo rosa
Pero yo sé que no falta mucho
para que empiecen a colarnos anuncios en el cielo
Entonces tendremos que pagar
una suscripción para tener un cielo sin anuncios
Lo que significa que nunca dejaremos de trabajar
ni de reducir gastos innecesarios
-vivimos para lo innecesario-
Pero al menos
sé que pagaremos el plan familiar
entre dos o tres o cuatro personas
que nos amemos mucho
o lo suficiente para no dejarnos perder el asombro
-nuestro proyecto comunitario-
Nos reuniremos en una azotea a ver el cielo y
le llamaremos a eso Divinidad
Seremos muy ridículos
Sabremos que la vida es insostenible
y nuestras única certezas serán que el atardecer solaza
porque es lo opuesto a producir riqueza
Y que son pocas las razones para seguir viviendo
-las tres personas con las que compartimos cuenta y el cielo que no se inmuta-
pero son nuestras
Pensamientos recurrentes
Cuando miro al cielo me pregunto cuáles
de mis pensamientos subrayarían las nubes
y si alguna vez volverían a consultarlos
o sólo se quedarían arrumbados como prueba
de que la vida siempre nos rebasa por el costado
y es inútil buscarle sentido
porque ningún poema ha prevenido nada
y eso lo vuelve hermoso
Al final no importará nada de lo que escribimos
porque el viento ya me dijo
una vez que la poesía es prelingüística
Estuvo antes y estará después
Cuando todos los pensamientos hayan sido archivados
en carpetas sin nombre
las nubes seguirán pasando
Habremos insistido hasta entonces en subrayar
Quizá con la ilusión de ganarle a la vida
o como una carta de amor a la inutilidad
Es por eso que tantos poemas hablan de lo mismo
y para nadie es un empacho leerlos todos
Porque el tiempo no es una moneda
El tiempo es el tiempo y se desliza
Yo ya no seré el mismo
cuando vuelva a ver los cardos que hay en la montaña
y ninguna foto ni ninguna semblanza podrán decirme
quién fui
Pero las palabras que subrayé seguirán siendo las mismas
Y todos los pasados que desfilaron por ahí
recorrerán mi mente
Y sabré que tropecé más de dos veces con la misma piedra
y le di las gracias por ser una piedra
e ignorar que ese era mi camino
Si las nubes subrayaran mis pensamientos sabrían que las envidio
porque ellas ven los cardos que hay en la montaña
porque nunca han hecho un trámite
porque simplemente son y nunca han necesitado
una semblanza para demostrarlo
Por eso escribo sobre ellas
y lo haré siempre porque no tengo nada más que aportar -¿Y quién sí?-
Verían que pienso en las palabras precisas de alguien más
Que es esa afinidad lo que nos define
Que si pudiera
las subrayaría a ellas
a los cardos
a cientos de fenómenos naturales que no he presenciado
Y diría: Esto soy
Nada más importa
Escucharían cuando les hablo:
Tómenme como a una flor
que se marchita entre las páginas
y olvídenme para siempre.
Tradición
Las cosas son las cosas
y nuestra idea intransferible
de estas, cuando digo que
mi taza de peltre contiene
el Universo,
nadie puede negármelo
Entonces bebo té del Universo,
abiertamente ridículo,
pensando en la esencia arbitraria
de las cosas
como una forma calculada
de existir
El tiempo vuelve a eso manía,
y de nuevo el tiempo, en ternura.
Dirán mis descendientes:
Así solía beber té, pensando en
las estrellas (qué profundo)
Empezarán a hacerlo también, porque
para los muertos todo son reverencias
Ignorando que yo era uno más
que se las ingeniaba
para soportar la rutina.






