Poesía mexicana: Rodrigo Suli Mora

Leemos poesía mexicana. Leemos algunos textos de Rodrigo Suli Mora (Ciudad de México, 2000). Estudió Lengua y literatura hispánicas en la UNAM. Es poeta y gestor cultural. Lleva el proyecto @poesiaesfungi.

 

 

 

 

 

 

 

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No tengo razones para ser optimista 

Cristina Peri Rossi escribió:​​ La vida 

está muy cara pero los atardeceres siguen siendo rosa

Pero yo sé que no falta mucho 

para que empiecen a colarnos anuncios en el cielo

Entonces tendremos que pagar 

 una suscripción para tener un cielo sin anuncios 

Lo que significa que nunca dejaremos de trabajar 

ni de reducir gastos innecesarios 

-vivimos para lo innecesario-

Pero al menos

 sé que pagaremos el plan familiar 

entre dos o tres o cuatro personas 

que nos amemos mucho

o lo suficiente para no dejarnos perder el asombro 

-nuestro proyecto comunitario-

Nos reuniremos  en una azotea a ver el cielo y

le llamaremos a eso​​ Divinidad 

Seremos muy ridículos

Sabremos que la vida es insostenible 

y nuestras única certezas serán que el atardecer solaza

 porque  es lo opuesto a producir riqueza

Y que son pocas las razones para seguir viviendo 

-las tres personas con las que compartimos cuenta y el cielo que no se inmuta-

pero son nuestras




Pensamientos recurrentes

 

Cuando miro al cielo me pregunto cuáles 

de mis pensamientos subrayarían las nubes

y si alguna vez volverían a consultarlos

o sólo se quedarían arrumbados como prueba

de que la vida siempre nos rebasa por el costado

y es inútil buscarle sentido

porque ningún poema ha prevenido nada 

y eso lo vuelve hermoso 

 

Al final no importará nada de lo que escribimos

porque el viento ya me dijo

una vez que la poesía es prelingüística

Estuvo antes y estará después 

Cuando todos los pensamientos hayan sido archivados

en carpetas sin nombre

 

las nubes seguirán pasando 

Habremos insistido hasta entonces en subrayar

Quizá con la ilusión de ganarle a la vida 

o como una carta de amor a la inutilidad

Es por eso que tantos poemas  hablan de lo mismo 

y para nadie es un empacho leerlos todos 

Porque el tiempo no es una moneda

El tiempo es el tiempo y se desliza

 

Yo ya no seré el mismo 

cuando vuelva a ver los cardos que hay en la montaña 

y ninguna foto ni ninguna semblanza podrán decirme 

quién fui

Pero las palabras que subrayé seguirán siendo las mismas 

Y todos los pasados que desfilaron por ahí 

recorrerán mi mente 

Y  sabré que tropecé más de dos veces con la misma piedra 

y le di las gracias por ser una piedra 

e ignorar que ese era mi camino

 

Si las nubes subrayaran mis pensamientos sabrían que las envidio

porque ellas ven los cardos que hay en la montaña 

porque nunca han hecho un trámite 

porque simplemente son y nunca han necesitado

 una semblanza para demostrarlo

 

Por eso escribo sobre ellas

y lo haré siempre porque no tengo nada más que aportar -¿Y quién sí?-

 

Verían  que pienso en las palabras precisas de alguien más 

Que es esa afinidad lo que nos define

Que si pudiera 

las subrayaría a ellas

a los cardos

a cientos de fenómenos naturales que no he presenciado 

Y diría:​​ Esto soy

Nada más importa

 

Escucharían cuando les hablo:

Tómenme como a  una flor 

que se marchita entre las páginas 

y olvídenme para siempre.


 

 

 

 

 

 

Tradición

 

Las cosas son las cosas

y nuestra idea intransferible 

de estas, cuando digo que 

mi taza de peltre contiene 

el Universo,

nadie puede negármelo

Entonces bebo té del Universo,

abiertamente ridículo,

pensando en la esencia arbitraria 

de las cosas

como una forma calculada 

de existir 

El tiempo vuelve a eso manía,

y de nuevo el tiempo, en ternura.

 Dirán mis descendientes:

Así solía beber té, pensando en

las estrellas (qué profundo)

Empezarán a hacerlo también, porque 

para los muertos todo son reverencias

Ignorando que yo era uno más 

que se las ingeniaba 

para soportar la rutina.



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