Equipaje, objetos personales
Podríamos haber llegado a Zgierz. El dormía, frente a mí,
con la boca abierta. Y yo miraba esa boca suya,
miraba la boca abierta, la boca, la boca sin lengua, abierta
tan de par en par que, incluso si no durmiera, no habría hablado; y
dormía tan hermosamente, como si hubiera muerto joven, o como si
en esa última hora antes de Łódź Kaliska no tuviera nada, frente a mí,
nada que ocultar. Me avergoncé
y empecé a leer algo.
Poema con una diputada llorando
En la red sigue llorando y así todavía
por mucho tiempo, la alcanzarás a mirar. Si
se fue a la cama con un agente, y cómo
la sedujo, que la sedujo tan rápido,
y qué vio en él cuando lo miraba,
antes de empezar a llorar, con una guirnalda
de conchas al cuello, pongámonos de acuerdo:
no lo sabremos. Aún no estábamos para nosotros
mismos. Tu nombre, todavía para mí
bajo tierra, apenas empezaba a germinar. ¿Quién
lo sembró? ¿Y quién después, qué agente,
de qué servicios especiales, para la vida y para la muerte
nos sedujo, de modo que lo que llegó al final,
sobre la sábana blanca pareciendo sangre
y semen, era sangre en el semen?
Acné
En la pared, huellas de viruela. Se descascara, no cicatriza.
¿De balas? No, por favor. Aquí siempre hubo silencio.
El viento sopla solo desde el portón, en días de fiesta bailan
bolsas blancas de plástico. Incluso
ese grafiti panorámico, en una lengua ajena del rojo, prescinde de palabras.
Junto al muro, un chico en edad plenamente reclutable
enciende un cigarrillo. Aparta el rostro. Rojo,
porque la juventud le robó la tez. ¿Hablo de lo que
veo? ¿En voz alta? ¿O por semejanza? No dice nada.
Y no grita. No tiene una venda en los ojos. Está junto a la pared,
a lo largo del muro el patio arde bajo un sol malo.
La mirada se interna, no regresa:
es una vista (con cuidado) a través del disparo.
![[corset]](https://circulodepoesia.com/wp-content/uploads/2023/04/9786079135799.jpg)



