Sydia Candanedo de Zúñiga- (David, Chiriquí, República de Panamá, 11 de febrero de 1926) es poeta, cuentista y ensayista. Realizó estudios de posgrado en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Perú, revalidando su título de profesora de segunda enseñanza. Ha publicado: Una rosada estrella en la vendimia (poesía, 1969); Segundo lugar del Premio Nacional de Poesía en el Concurso Ricardo Miró.; El girasol caminante (poesía, 1975); Memorial de la casa grande (poesía, 1976); Arbolino (1987); Dos poemarios: Sinfonía del agua y De las pequeñas cosas (poesía, 1994); Los papelillos del Dr. Escarria (cuento, 2000). Ganador del Premio Nacional de Cuento en el Concurso Ricardo Miró; Única flor (poesía, 2005); Las flores de mi vendimia (poesía, 2007) y El sendero de los brezos (poesía, 2012).
Romance del alba
Mi libro es un mar de luces
como los ojos del suelo
y en el agua de sus olas
se retrata el pensamiento.
Las hojas y las pestañas
del girasol marinero,
despiertan entre las páginas
numerosos los recuerdos.
Hay olas grandes y chicas
en cada gota de aliento,
cuchillos en las espumas,
gajos, en gajos muy tiernos,
pero además en mi libro
el polen sigue cubriendo
la calva de muchas piedras
a lo largo del sendero.
Así en mi redondo canto
cabalga en mis ojos lleno,
un sollozo de esperanza
orillando los anhelos.
Solo miro tu rostro
Me ofreciste la sangre que no estaba conmigo,
me brindaste lo claro del ensueño sin luna,
y estremeciste el aire en busca de la imagen
y una marina estrella llevaste a mi celda.
Grandezas y ternuras conquistaban la ofrenda
de triste mariposa a fruto bendecido;
hoy por doquiera vives con esperanza inerme
en alas y en horarios y en el aire sencillo.
Eres como el espejo de amorosos halagos
y saturas mis pasos de luces y de almíbares
cuando las ansias mueren
y el brazo se derrite.
Sólo así te concibo,
hijo de mi memoria,
en el lecho sin nombre de las edades viejas.
Liberada en mis sueños, tu sonrisa
Los caminos,
los infinitos caminos,
se doblan y se desdoblan
en la eterna tristura del que vive...
Si pudiera tomar por la cintura,
ese manojo eléctrico de penas,
esa injusticia diaria de la noche,
esa lenta tristeza del que muere;
desdoblara el camino
y lo doblara
extendiendo sus puntas arrugadas,
para brindar en el abierto espacio,
una mano,
un cántico,
un lucero.
Aquí yace mi canto
Iba por el sendero
de cristal y espejismo,
y ante ese torbellino,
mi vista,
mi sentir,
todo se unió.
Pensaba en la vida
reflejo de la nada,
y llegué hasta ti
al agua del camino;
secos mis pies,
soleados y quemantes.
Rompí el espejo claro
de ese húmedo sendero,
descorrí con mis manos
el celaje marchito,
y así, desvanecida,
me sumergí en la Nada.
Verdes serán las ramas de este cielo
Tronco de árbol, dulce cuerpo,
estás calando mis venas
como la lluvia en el techo.
Trozo de carne caliente
como la tierra asoleada,
muestra el humo,
tu esencia,
en las tardes de relámpago.
Te palpo con toda el alma,
mirándote por los valles,
al igual que hace la lluvia
en esa noche invernada.
Fuerzas extrañas me inundan
al sentirte tibiamente,
y canto porque te siento
en tus luces y en la savia;
porque me siento en tu vida
como oración sin palabras.
Extrañeza de un girasol
Cómo es que la lluvia
del cuerpo y del ojo,
no encienda entre las fértiles
manos
la fruta madura
y en gotas y espigas
ablande las almas
cargadas de encono
y soberbia?
¡Es lucha que nunca termina!
Tomemos la lluvia
salada del mundo
y ahoguemos en mar de castigos
los gritos, lo inmundo,
lo incruento, la guerra.
Es más, hagamos del ojo naciente
el ágora eterna de audiencias.
Es hora...
Abierta es la semilla en tu mirada
El agua clara brota confundida
en manantial de cantos amorosos
cuando en las redes del oleaje hermoso
en misterios de amor surge la vida.
Es mi lucha ferviente, dolorida,
y es mi pecho fecundo, silencioso
y en las ondas de viento rumoroso
nace clara la voz amanecida.
Así febril, mi espíritu inocente,
cual cerrado botón en la mañana
se convierte en clavel magnificente
y en retazos de alma soberana
torna rojo su verbo reluciente
en amagos de luz por la ventana.
Aquí yace mi canto
Iba por el sendero
de cristal y espejismo,
y ante ese torbellino,
mi vista,
mi sentir,
todo se unió.
Pensaba en la vida
reflejo de la nada,
y llegué hasta ti
al agua del camino;
secos mis pies,
soleados y quemantes.
Rompí el espejo claro
de ese húmedo sendero,
descorrí con mis manos
el celaje marchito,
y así, desvanecida,
me sumergí en la Nada.
Todo el año y un día
Mi lirio de fino encaje
va caminando en tu canto
para arrullarte en sus brazos
por tu bondad de mil tardes.
Hoy como siempre te adoro,
mi cielo, mi amor, mi encanto,
chispa de fuego en mi mente,
dulzura en noches de nardo.
Eres ensueño de lluvia
eres amor en la sangre,
rojos son todos mis frutos
que el ofrezco en navidades.
Amor de toda mi vida,
pascua infinita en el alma,
paz en mi tierno capullo
sabiéndote entre mis brazos.
Fructífera cosecha entretenida
El caimito
deja entre mis labios
el morado grito,
y allá en la quebrada
cuando cae su fruto,
rueda por sus aguas
como un aerolito.
Hojas de caimito,
flores de caimito,
leche de caimito,
pero…,
¡qué sabrosa
la pulpa y su dulce,
así son tus labios
sabor a caimito!

![Epafrodito [o de la poética oscura]](https://circulodepoesia.com/wp-content/uploads/2024/03/Epafrodito_Miniatura.jpg)


