Dossier de poesía dominicana: Scarlet Shirley Sánchez Contreras

Leemos, en el marco del dossier de nueva poesía dominicana que prepara Bileysi Reyes algunos textos de Scarlet Shirley Sánchez Contreras. Ademas de poeta es narradora. Mereció el Premio de Literatura UCE 2025, en la categoría Cuento.

 

 

 

 

 

¿Dónde está el mar?

 

Derek Walcott escribió

que el mar es la historia.

Que las islas existen

si amamos en ellas.

Y yo no estoy en la isla.

A veces no salgo

porque no quiero hablar,

quizá porque falta

la lengua de la infancia,

esa que sabe nombrar el agua

sin miedo a perderla.

En mis costillas

se ha quedado un alce:

sus ramas duras,

muerden mi alfabeto.

El sur es la casa,

la brújula

cuando estoy perdida,

cuando no hay Waze

ni Google Maps

para volver.

¿A dónde mira esta gente

cuando no sabe llegar?

Busco el mar

la historia rodeada por el desierto.

Aquí no hay sur:

hay vacío,

hay sed.

 

Una se cansa

de mirar el fondo.

Una se pierde

acumulando presentes

que no se enraízan.

¿A dónde mira la gente

cuando está perdida

y no hay mar?

Pienso: en esa mancha azul

que es la capital,

esa grieta luminosa

que siempre anunciaba

el camino a casa.

 

Pienso.

La memoria vive

debajo del oleaje y el mar guarda

lo que no sabemos decir.

Aquí solo queda

el insomnio del águila,

un tren que resopla

sus clarines

cuando intento dormir.

Todo lo que flota

es una barca​​ 

con la que intento

volver al sur.

Pero el desierto

se burla de mi lancha:

atascada,

quieta,

sin orilla.

Y sin embargo,

el amor se sienta

en una piedra

en el fondo del mar​​ 

y nosotros,

en el fondo del bote,

cerramos los ojos

para sobrevivir

a la tempestad.

 

 

 

 

 

 

 

Me atraviesa la tristeza como un río

 

Reducida

 a la página​​ 

de un asiento de carro

  en

    movimiento.

 

Estacionado

 en la pendiente​​ 

de la ventana que difumina el día,

ese cilindro turbio

 donde las brochas reposan

    como huesos mojados,

remolino de colores

 que transmuta el agua

 y expía

pinceles.

 

Carne

 fuera de su cuerpo;

  mucho antes de ser carne

de saber que es cuerpo,

  que teje trenzas de venas

   que se amarran al cuello

para besar la vida

  y suspender

    la muerte.

Un instante

   que se columpia

     en la eternidad.

Un silencio

 fecundado;

  antes de ser voz,

   de saber que existe.

Palabras

   inyectadas

in vitro,

   en el vacío de la mente,

abriéndome la boca

      llena de estrellas

para prometerte

    una galaxia.

Y en la calle

un carro

   que se mueve,

un río

  que salta,

el vaso del pintor

  que tiembla,

    atraviesa.

 

​​ 

 

 

 

 

 

Imán de aire

 

Cuando muera el mundo quedará la música,

caerá como moneda sobre la tiniebla

junto a las gotas que traslade un meteorito.

Será canto de rocas

golpe de tambor sobre la piel de un río.

Habrá quedado polen, ​​ polvo de estrella,

como costra,

como mancha: puntitos amarillos,

en la mano pintada de un niño

que colgaba de la nevera

volverá al arte rupestre:

manito y huellas dactilares

calcadas con los colores del colegio.

Y será ese niño el último​​ 

el último habitante conocido de la tierra

​​ de la tierra de gente que camina rápido

con ojos fijos en sus manos de zombie.

Lugar de llanto de los ríos secos,

de la música y las bocinas de los carros,

de la Coca-Cola Zero y la dieta paleo,

sociedad de cristal resquebrajada​​ 

que baila en el filo de la mesa

y que vende todo lo que hay en ella.

La tierra donde todo el mundo te quiere…

Vender.

Meterse en tu cabeza para bailar en el ruido.

Para morderte la mano y hacerte zombie.

Para que aprietes el dedo en GO,

On,

Next,

Play.

Para que no te apagues nunca.

¡Shhh!

Tiene la enfermera y la bibliotecaria

el dedo vertical entre la nariz y la boca.

Y este es el momento perfecto que puedo darte,

detenida en el cosmos,

mirando la manita amarilla

que se descolgó del magneto de la nevera.

 

La tomo para salir corriendo,

porque he visto un zombie

lejos de mi cueva.

Ya empiezan a caer pedazos de estrellas,

veo los puntitos de polen que viajan pegados en el magneto del aire,

oigo caer las monedas en la tiniebla,

para formar el nuevo río y se escucha:​​ 

¡Shhh!

Me quedo callada,

desnuda mujer de caverna

que construye una canoa

con una voz que le grita al oído:

¡Remo!

¡Remo!

¡Remo!

Para que atraviese la línea infinita,

sin calendario,

ni relojes,

solo clavar el remo en la negrura​​ 

con los pechos al aire y los ojos en las lentejuelas del cielo

remar en los ríos sin cauce.

 

¡Silencio!

Y la nada canta una canción de cuna que me despeina.​​ 

¡Remo, remo, remo!

Siglos y siglos,

quebrando la música del silencio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Me ha nacido un poema

 

Ha salido de aquí…

lo he detectado en una costilla.

Lo siento atravesado

como si me creciera en la garganta.

Un fruto maduro se desprende:

es un poema enorme.

 

Sus ramas se enredan en mi tubo digestivo,

pequeñas hojas pintan mi cielo.

Río.

A carcajadas río.

Sin pausa, río.

 

Me ha nacido un poema grande.

Lo tengo en la boca del estómago.

Se baña desnudo en mis ácidos.

Es un poema agresivo,

un dragón oriental

que dispara fuego y hechizos.

 

Es un poema grande… y ahora duele.

Allí.

Acá.

En todas partes.

 

Es un poema malvado.

Quiere salir.

Quiere hacerme daño.

Me hace reír.

Sufro de la risa.

 

Me ha nacido un poema grande

y ahora quiere salir a jugar.

 

Y me gusta lo que siento.

El poema ha nacido

y se divierte.

 

Y a mí,

me gusta hablar ese idioma​​ 
que hablan las rocas en el río,

 

esa lengua que pinta una línea púrpura,

que rasga en dos la frontera

entre la noche y el amanecer,

y luego envuelve las ramas

de trinos, de barrigas amarillas

que se tragan el cielo

lleno de Venus.

 

Y en un idioma inventado

escupen abejas las flores,

para retozar el aire

temblorosas.

 

Me gusta hablar

ese lenguaje salado de las brumas,

deletrear el alfabeto

que expulsa la tierra,

el que crepita en los dedos

de Prometeo,

y transforma sus pulgares orugas

en mariposas que se besan la espalda.

 

Me ha nacido un poema.

Crece.

Me invade.

Me enreda.

No se piensa ir.

 

Y aunque me habite y me desgarre,
lo dejo correr como un río desbordado.
El poema no es mío,
se abre en bandada de pájaros ardientes,
y mientras vuela,
es una herida convertida en luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

Amor o el gusano come carne

 

(…) las costillas,un poco amarillentas, con jirones​​ 

de carne pútrida, negruzca, un hervidero de gusanos,​​ 

porque aún queda bastante por devorar.

 

Pierre Lamaitre

 

Me enamoré una vez.

La contundencia del golpe​​ 

enterró mis carnes,

se comió mis huesos.

¿Cómo puede una amar de nuevo

si ha quedado inhumada?

Exangüe

con el pellejo del alma en una fosa.

 

De un amor así no se regresa

jamás.

Ni viva

ni muerta.

Pende la gota de rocío del alma

camina errante e hipnotizada

al precipicio del acantilado.

 

Una Remedios, la Bella, envuelta en sábanas blancas,​​ 

levanta las manos​​ 

y abraza los golpes del aire

para crucificarse en una nube hueca.​​ 

Remedios,

ya no es bella,​​ 

está perdida;

en vez de transmutarse en gota evaporada que vuelve al cielo; cae.​​ 

Desparramada​​ 

como torrente

como diluvio​​ 

y en vez del cielo, cae al agua de Alfonsina Storni.​​ 

 

Y ese pétalo que sostenía esa gota​​ 

queda solo con la tierra

y sobre la tierra desfilan hormigas

que sacan sus espadas y banderas.

 

Y abajo,​​ 

en la fosa,

inician una guerra los gusanos

avisados del funeral

para iniciar el sepelio y su banquete.​​ 

Se comen mis carnes.

No queda vida en los huesos,

tampoco amor

queda un jarro vacío

​​ y el saco de huesos.

 

¿Cómo puede una recomponerse

cuando las carnes alimentan los gusanos?

 

Me enamoré una vez​​ 

y la contundencia del golpe​​ 

abrió una zanja​​ 

en forma de cruz

y vino por mí el escudero de la Muerte

y me dejó consciente

mas no viva.

 

Ese golpe ​​ me arrojó a la fosa​​ 

y me devoró un gusano,​​ 

soldado de la Muerte,​​ 

mientras los demás se arrastraban​​ 

a leer ​​ mi epitafio.

 

 

 

 

 

 

 

***

 

Otros poetas dominicanos en el dossier son: 

Jordan Manuel Hernández / Ronny Ramírez / Indhira Itsuki Roca /  thaís espaillat ureña / Heidy Lorenzo / Manuel Bidó Mateo / 

 

 

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