Fernando Valverde (Granada, 1980) fue elegido por críticos de más de un centenar de universidades (Harvard, Oxford, Princeton, la Sorbonne y Bolonia, entre ellas) el poeta más relevante en lengua española nacido después de 1970. Su obra ha sido traducida a diferentes idiomas y publicada en más de una decena de países. Es profesor de Poesía y Romanticismo en la Universidad de Virginia en los Estados Unidos. Este volumen reúne todos los libros de poesía de Ferna ndo Valverde, abarcando más de veinticinco años de creación. Acostumbrado a hacer «lírica de las ruinas», como escribió la profesora de la Universidad de Columbia Nathalie Handal, Valverde ha evolucionado de una poesía de tono confesional a una voz capaz de adentrarse en un bosque lleno de lobos y serpientes bajo el gobierno de la sociedad civil.
«En la poesía de Fernando Valverde encontramos la coherencia de una disposición bondadosa hacia el mundo. Por su profundidad y transparencia, por la claridad de sus imágenes, por su deslumbrado trato con lo real, por su luminosidad y acosante ternura, la obra de Valverde nos recuerda que, frente a los mundos arrasados de la historia, la poesía tuvo también que inventar la bondad».
Raúl Zurita
«No he leído nada en años que tenga la ambición y la originalidad de Fernando Valverde».
Charles Simic
***
Viento favorable, 1997.
La ciudad extraña
Esta ciudad fue noche y fue diciembre.
Aquí ya todos saben quién soy yo,
difícil esconderme de mí mismo.
Razones para huir de una ciudad con frío 2004.
En Amsterdam el sol se parece a un ahogado
Hay un silencio sordo en Nieuwe Kerk.
Un funeral de viento y avenidas
sin campanas, ni lluvia, ni cadáver.
Nadie sabe su nombre a pesar del tumulto.
Las prostitutas lloran sin calcular el tiempo,
los hombres de negocios se detienen y saben
la longitud del día,
los náufragos se quitan el sombrero,
saludan a las damas que muestran sus collares
de perlas y de conchas.
Hoy el mar se ha callado por detrás de los diques.
Los puentes son inútiles a pesar del olor
que dejan los canales en los cuerpos.
Hoy todo se parece a un magnicidio.
Alguien dice mi nombre en Nieuwe Kerk.
Los ojos del pelícano, 2010.
El tiempo
El 25 de mayo de 1869, mientras el alma de Don Juan era enviada a los infiernos en presencia del emperador, hicimos el amor con la luz encendida. Te engañó la ciudad y prometiste amarme para siempre. No hubo música después, se cerraron los labios y no pude encontrarte.
Te esperé en el incendio, en las salas de té y en las escalinatas, y decidí marcharme después de que Viena descubriera a Leonor disfrazada de Fidelio, en un sueño que sólo perteneció a Beethoven. Aquella noche del 5 de noviembre de 1955 quise reconocerte disfrazada, con vino y pan en las manos, escondiendo una pistola. No eras real y me llevé conmigo las cadenas, que hablaban de tus pechos y de la libertad.
Adquirí desde entonces un gusto incontrolable por la tragedia, y la imaginación me hacía recordarte desnuda en la terraza de una habitación de hotel en Milán, unas horas después de que el Réquiem de Verdi devolviera el verano a un continente errante.
No duró muchos años, pero el color rosado de tus pechos nunca se envenenó, por más que desfilaran ejércitos de muerte tentando las ciudades que pudieron ser nuestras.
Pocos días antes de que 1991 se convirtiera en pasado, cuando mis once años hacían imposible el gusto por la melancolía que aprendí de tus piernas, lloramos por Dubrovnik junto a dos copas de vino, mientras las llamas consumían los tejados y calculabas cuánto te costaría asesinarme aquella noche, desgarrarme la piel hasta dejar el futuro tan frágil como el humo que golpeaba las estrellas del Adriático.
Son las mismas estrellas que iluminaban hoy el patio de tu casa. Las mismas que afilaban las calles para hacerme dudar, sin dejarme escoger uno de tantos siglos y ciudades que saben de nosotros.
He apurado la magia hasta saber del mundo por tus ojos. He abrazado tus dudas y he querido volver a una noche de mayo de 1869 en la que fue posible caminar por tu vientre, sin que el miedo anunciara un cuerpo arrepentido que sabe de tu pérdida, que conoce el camino que lleva a la derrota. Es otro nuestro tiempo.
La insistencia del daño, 2014.
Celia
Nacida hoy.
No conoces la lluvia ni los árboles,
pero ya eres un bosque.
Hoy que comienza el mundo para ti,
que se pueblan tus ojos con el mar,
que todos te reciben como en una estación
donde se espera siempre,
que es principio y asombro,
mapas que no aseguran un lugar donde ir.
Hoy que el mundo comienza,
tristeza inadvertida,
eres el tiempo limpio,
el olor a madera y el silencio,
las preguntas sin sombras
y el amor sin orgullo del que ha perdido todo.
Es esa mi certeza,
las olas, el océano,
tu risa que es un pájaro.
Has traído el murmullo de un recuerdo,
los pies pequeños, como pequeño
es el rastro de nieve que has dejado
en las horas de enero.
Cómo será la vida cuando crezca en tus manos
con la fragilidad de las buenas noticias,
como un pez que se escurre para volver al río.
Una tarde cualquiera,
con la misma sorpresa que un amor,
vas a sentir la brisa que ha tocado los árboles
con su cansancio antiguo.
Hay veces que es rugosa y escuece como un fósforo
cuando enciende un recuerdo…
Tus manos brillan,
no hay sombras ni puñales,
puedo ver los cometas
arañando la noche
como un barco que zarpa y se adentra en la niebla.
La vida es una casa donde habita un extraño,
un jardín del pasado al que no volverás,
una orilla que buscas con miedo a los fantasmas.
Pero también la vida
es una luz detrás de una ventana
cuando la oscuridad
ocupa cada hueco y cada continente.
Esta noche es oscura,
el tren busca unos brazos
que están al otro lado de las horas.
Mientras, pienso en el modo de decirte
que los sueños son parte de nosotros
como un embarcadero es un viaje.
Porque ya eres un bosque,
y hay delfines, y lagos, y montañas,
y amores imposibles
que se llamarán Celia.
Alguien dice tu nombre en el futuro
y se llena de gente una casa vacía,
todos se sientan a la mesa.
Ya lo habrás olvidado,
fue la felicidad quien sembró este dolor,
fue la felicidad igual que una tormenta
sobre un vaso vacío.
Cuando lleguen el miedo y la desesperanza,
y todas las cerezas hayan caído al barro,
y las gaviotas griten
el olvido imposible de una mujer herida
que siente que avanzar es quedarse más sola…
Si todo esto sucede
recuerda la manera en que la lluvia
se convierte en un árbol
y el modo en que las olas
son el final del agua y el principio del mar.
No conoces el mar, ni el barro, ni los árboles,
pero ya eres un bosque por el que pasa un río.
América, 2021.
Austin, Texas, 1966.
No seré yo quien dispare
será otro hombre
o diablo
quien apunte
desde la torre
porque pienso en subir a la torre cada día
he intentado escapar de mis propios pensamientos
pero hay algo dentro de mi cabeza
una semilla
o un escorpión
o una bala
con mi nombre
Charles
quisiera abrirme el cráneo con un cincel para poder sacarlo
Charles Whitman
el elegido para subir a lo alto de la torre
y repartir lo que me ha sido entregado
en abundancia
y sembrarlo con la precisión de un ejército
porque soy un soldado
el marine Charles Whitman
alguna vez fue manchada mi reputación
pero desde la torre el pasado queda en un lugar casi irreconocible
lejano
pequeño
insignificante
sólo importa el ahora
sobre el reloj
no hay tiempo para mirar atrás
todos van a pensar en el futuro
todos van a correr hacia donde puedan encontrar compasión o arrepentimiento
y yo no puedo dárselas
mis virtudes son otras
de las que todos huyen
mientras mis pensamientos los persiguen
con mira telescópica
no puedo hacer ya nada por evitarlo
he matado a mi madre
y a mi mujer
no puedo hacer ya nada para evitar la muerte porque todo lo ocupa
soy un esclavo
nadie vaya a culparme
no manchen la reputación del soldado Charles Whitman
soy un inocente
tal vez alguna vez fui irrespetuoso
pero fui entrenado para la obediencia
no me atrevería a cuestionar ninguna orden
he arrancado un ramillete de flores
siento dentro un relámpago
son las pisadas de los animales
bolas de fuego
el campo de batalla
y estas agujas
mi madre agonizando
yo también me quedaré mudo cuando se acabe la munición
pero no pienso arrodillarme
he sido hecho prisionero
sé lo que significa estar encerrado
en una celda
o un cráneo
una ráfaga más
la humedad en Florida será insoportable
qué mala época para un entierro
Charles Whitman
una bandera cubrirá mi ataúd
qué desgraciado
he estado demasiado tiempo en los brazos de las tinieblas
ya es hora de ascender majestuosamente
una vez esté fuera de mi cuerpo todos quedaremos aliviados
pero no vayan a culparme
no maldigan el nombre de Charles Whitman
porque todo estaba dispuesto
en el reloj
en el cráneo
en el rifle
en la torre
en el infierno
Desgracia, 2022.
Alguien dice tu nombre en el pasado
Yo tenía una casa sin inviernos,
el olor de un magnolio,
las manos de mi abuela curando mi aflicción,
un puñado de luz amontonado
debajo de una araña,
un rincón en el mar
azul como la tarde en sus balcones.
Yo tenía un hermano y una abuela
y mi madre cantando siempre alegre
dentro de su desgracia,
llenándose las manos de pintura,
haciendo extrañas flores con la pena.
Yo tenía una casa,
no me perteneció,
quise ponerla a salvo,
me destrocé las uñas,
bebí todo el veneno
del miedo y la sospecha,
y al fin logré alcanzarla,
ya nadie estaba allí.
Yo tenía una casa
de lluvia
de alegría
de triste agua
pudriéndose:
la nada
rota.
Los hombres que mataron a mi madre, 2023.
Mujer cruza los páramos del miedo
Desde el principio habitas
este mundo de hombres
su ambición es la carne
nada importa la tierra
puedes verlos morder en los pezones
sin hambre
la lujuria
es la sed
tendrás que acostumbrarte a sus colmillos
a no buscar tu sombra
cuando sientas el miedo y mires a la tierra
que te verá pasar
arrastrando tu sexo sin sed y sin serpiente
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