Poesía argentina: Fermín Vilela

Leemos poesía argentina. Leemos algunos textos de Fermín Vilela (1992). Además de poeta es artista visual. Su libro más reciente es Ejercicios respiratorios (Perú, 2025). Los textos que leemos pertenecen a una colección que será publicada por Alastor en Perú este 2026.

 

 

 

Fermín Vilela​​ (Buenos Aires,​​ 1992). Es artista visual,escritor, docente e investigador. Estudió filosofía y artes visuales en la Universidad Nacional de​​ las Artes de Buenos Aires mientras asistía a diferentes talleres de artistas y escritores de su ciudad natal. En 2016 y en 2020 recibió la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes para​​ realizar residencias artísticas e investigaciones, viajar y emprender diferentes​​ experiencias por Latinoamérica y Europa.​​ Como artista visual participó de muestras colectivas e individuales. Publicó los​​ libros​​ Dormitorio​​ (Argentina, 2018),​​ Purga​​ (Argentina, 2019),​​ Janeiro​​ (Brasil, 2024) y​​ Ejercicios respiratorios​​ (Perú, 2025). Actualmente reside en Buenos Aires, en donde desarrolla su labor como docente​​ e investigador, enfocándose en los puentes entre los lenguajes visuales y la​​ literatura.

 

 

 

 

 

 

 

 

Primer ejercicio

 

Inspirás por nariz,

llenás los pulmones 

de todo el oxígeno que podés

hasta empezar con estos ejercicios.

 

No hay una respiración igual a la otra.

 

Tampoco una máscara, 

un lenguar, 

un decir igual al otro,

bocas en fuga 

de andar.

 

Te sacás la máscara

frente al espejo.

 

Hacés preguntas 

pero nadie responde.

 

Después tomás aire, 

lo hundís hacia la espalda

hecha a base de artificios,

de bosque azul y aire caliente,

per me si va tra la perduta gente.

 

Cada cual con el ejercicio

respiratorio que mejor le haga

para bailar mejor al final del día.

 

 

 

 

 

 

 

 

Txalaparta

 

A los bisabuelos vascos que nunca conocí

 

Hace mucho tiempo

mis alpargatas rotas

quedaron bajo el sol 

de la costa, abandonadas 

entre los huevos de tiburón.

 

De repente,

una voz hace sonar 

la campana de mi sangre

y me pide que me acerque.

 

Estoy descalzo. No digo nada.

 

Me acerco, lentamente,

a esas alpargatas sin pies.

 

Me estoy acercando a ellas

desde que tengo memoria.


 

 

 

 

 

Discurso de la compraventa

 

Arrinconada por las maniobras de la publicidad,

la mano derecha de mi consumo 

escribe​​ redención​​ sobre la tierra baldía

del patio del desarmadero vecino

sin intenciones de sonar trágico

pero con ganas de hacer ruido.

 

Fumo, comparo, 

me escapo, opino, evalúo 

con más amor que con odio

y esto te lo digo con una mano 

en el dibujo de la Propiedad Privada 

del Sagrado Corazón. Mi única soledad, 

la no publicitada, se respira a sí misma 

hasta perderse en el viento de tiza

que seca el barro para levantar 

estatuas en la tierra baldía 

del desarmadero vecino.

 

 

 

 

 

 

 

Tensión

 

 La presión con la que hago las líneas equivale a la tensión que llevo dentro. Más quiero retener, más se me escapa. Eso es inevitable,  y me afecta. A mí y a la figura que quiero representar. Respiro. Muevo el lápiz, la pluma, el pincel. La imagen se me presenta entre los ojos antes de llevarla al papel o a la tela. Mi deseo no es retenerla, sino conceder un trazo libre, un dibujo atado a la vida, impredecible como ella.

  ​​ ​​​​ Anoto: el trazo no tiene que ser un reflejo de mi control, sino de mi libertad. La técnica no es tensión. La técnica es gracia. Diferenciar el control de la gracia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundo ejercicio

 

Hacerlos vivir, hacernos vivir.

 

No perderse en buscar caminos 

fáciles para ensanchar el aire

y aprender a respirar con la rama 

azul de los pulmones,

de manos transpiradas

por haber cuidado el fuego.

 

Hablar del dolor,

de nuestro dolor. Trabajar

en nuevos ejercicios respiratorios,

purgando toda la tierra

que sea necesaria.

 

Dejarse rezar

y sacarnos de adentro

con nuestras propias palabras.

 

Amar lo que se ama,

sin arrastrarse de rodillas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un pedido

 

Dame un poema rengo,

un poema que te sepa escuchar,

que me dibuje las muletas del ángel

dejando sus marcas en la orilla.

 

Dame ruta, aguaribay, 

tus cuatro perros, 

camino seco de tierra

para tirarnos a descansar

entre las misas del ruido.

 

Dame escalera firme

que apunte a la nube de sangre 

más cercana. Dame furia.

 

Dame historias mal tejidas
en consecuencia de nuestras acciones,

ojos cerrados y estrellas podridas

en el agua de la historia reciente.

 

Dame un oro en la sangre 

que se active al verte bajar 

por las escaleras,

un domingo.

 

Dame ajo recién cortado, 

fantasma para dejar atrás,

la renovada oportunidad 

de empezar otra vez

a juntar estos fragmentos

no en fuga, no en disciplina,

sino en muletas del ángel  

bailando por exceso

de hacha y de sol.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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