Música silenciosa de las cosas, nuevo libro de Carlos Ramírez Vuelvas

Carlos Ramírez Vuelvas (Colima, 1981) ha publicado un nuevo libro de poemas, Música silenciosa de las cosas (Universidad de Guanajuato, 2026). Se lee en la contraportada: “Esta obra representa un conjunto de emociones cargadas de nostalgia y añoranza en el que la voz narrativa, mediante un lenguaje sencillo y melancólico, conduce al lector a través de las cuatro partes que componen este poemario: "Panoramas", "Sacramentales", "El cantar de la saudosa" y "Tres poemas románticos". Los versos y la prosa contenida en cada una de estas páginas rememoran el pasado en una suerte de conjuro que permite revisitar lugares y fechas importantes que, a su vez, exploran situaciones estrechamente ligadas a la infancia, la juventud, la intimidad, el amor y la vida en pareja, pero también a la soledad y el sentimiento de vacío que llegan de la mano con la pérdida”. 

 

 

 

 

 

La​​ ventana

 

La​​ mañana​​ inmóvil​​ crece​​ en​​ la​​ ventana.​​ Fija,​​ 

en​​ su​​ mirada,​​ la​​ cadencia​​ absoluta​​ del​​ tiempo.

En​​ su​​ reflejo,​​ en​​ la​​ memoria,​​ resplandecen, uno​​ mismo,

los​​ amigos,​​ las​​ peleas,​​ los​​ platos​​ rotos. La luz​​ 

se condensa en​​ armonía​​ con​​ esta​​ 

enorme​​ ventana que abraza al día y la noche.

El​​ tiempo​​ crece, se aproxima,​​ me contempla.

Yo​​ lo espero​​ y lo​​ observo

como​​ un​​ niño​​ asombrado, que escucha

la​​ música​​ silenciosa de las cosas.

 

 

 

 

 

 

 

Limones

 

La luz ácida del limón ilumina​​ 

el verano con su voz de fuego.​​ 

Brilla su lumbre de agua​​ 

sobre las frutas nobles: la sandía,​​ 

el mango y el pepino, por ejemplo,

y les devuelve el sabor, el destello​​ 

a ciertos hombres antes del día fatal de su muerte:​​ 

Salve, poderoso limón, yo te celebro.

Luego, sobre la mesa, una abeja​​ 

no encuentra en julio, el dulzor hexagonal

del panal de la primavera de mayo.

 

 

 

 

 

 

 

El​​ mango

 

La​​ piel​​ del​​ mango, su fuego interno​​ 

y despeinado,​​ capaz​​ de​​ arder

con los​​ últimos​​ días​​ verdes​​ del​​ verano.

Su​​ cuerpo​​ hecho​​ del​​ musgo​​ del​​ calor,

con​​ los​​ dedos​​ más​​ tiernos​​ de​​ mayo​​ 

para saciar la dulce sed​​ 

del​​ hambre​​ de​​ tu​​ lengua, y dejar​​ 

una huella en tus mejillas, besadas​​ 

tiernamente​​ por esta esponja,​​ 

la​​ fruta​​ más​​ alegre del reino tropical.

 

 

 

 

 

 

 

 

La​​ miel

 

El​​ cristal​​ líquido​​ 

de​​ la​​ luz​​ de​​ la​​ infancia​​ 

recorre,​​ sabio​​ y​​ alegre,​​ 

los​​ sentidos​​ de​​ la​​ tierra.

En​​ su​​ dorado​​ absoluto​​ reblandece

el​​ rostro​​ agrio​​ de​​ los​​ hombres​​ 

que no han dormido largas​​ noches,

que sólo beben breves sorbos​​ 

de escorbuto en la memoria,​​ 

que sólo saben del sabor​​ 

acerbo de la mentira y el llanto,

que en su dureza viven​​ 

mutilados en silencio. ​​ 

 

También​​ la​​ piedra​​ sonríe si la nombra​​ 

con​​ su​​ cuerpo​​ espeso,​​ destila una música​​ 

que recuerda​​ el​​ zumbido​​ 

elegante de la abeja,​​ 

vencedora real de​​ los​​ aires

de​​ la​​ primavera, el cristal líquido​​ 

con que mira la alegría el calendario.

 

 

 

 

 

 

Papaya

 

Un día​​ logramos​​ 

de​​ la​​ palabra​​ trópico​​ 

tomar un fruto.

Tocamos​​ la​​ carne​​ del​​ verano,​​ 

el olor de humedad distante,​​ 

de​​ tormentas​​ dormidas en el​​ cielo,

sobre​​ el​​ mar.

Tocamos​​ también​​ el​​ color

crepuscular del sol frente​​ a​​ la​​ playa.

Tocamos​​ la​​ imagen​​ de​​ un día​​ cálido

en​​ la​​ garganta​​ del​​ papagayo.

Un aguacero anaranjado,​​ 

la memoria en el ojo​​ 

como​​ lágrima​​ perdida.​​ 

Eso​​ fue​​ para​​ nosotros​​ 

la papaya, así​​ su​​ rebanada.

Tocamos​​ con​​ ella​​ el​​ hambre​​ 

de un pedazo del trópico,​​ latiendo.

 

 

 

 

 

 

La​​ sal

 

Desde el fondo mineral,

en el principio del hombre,​​ 

en el principio del hambre,​​ 

la sal.

 

 

 

 

 

 

 

El plátano

 

Para la felicidad del abuelo​​ 

el plátano fue una siesta,

una sonrisa como un pedazo

de primavera en la mesa.​​ 

Lento y pasmoso fue su cuerpo​​ 

para alargar su sabor,​​ 

para ofrecer una segunda alegría​​ 

al padre de tu padre.​​ 

 

Ahora vive añorando​​ 

una tercera felicidad,

el momento de abrir otra vez,​​ 

el placer contenido

en un plátano de miel​​ 

sobre el frutero.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Lluvia nocturna

 

Plena, como se dice​​ 

la tierra en el verano,​​ 

constante de sí​​ 

en su caer profundo, la lluvia​​ 

llega a ti esta noche,

arrulla el principio del sueño​​ 

con su​​ tam tam​​ victorioso.

También la casa celebra su llegada

y te ofrece una lección del aposento.

El hogar es más intenso​​ 

cuando la tormenta​​ 

se asoma sobre el cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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