árboles
Me levanto temprano. Talo árboles.
Un bosque me nace dentro del pecho.
Aquí se puede respirar la corteza y el sudor y el hacha.
Nada como respirar esta trilogía:
corteza/ sudor/ hacha.
Otro golpe y otro árbol.
Preferiría pastorear vacas,
hornear panes.
Pero si un bosque te nace dentro del pecho
no queda más que talarlo
o dejar que poco a poco los árboles te asfixien.
El mejor poema
Pude nacer en Freetown y escribir el mejor poema en la estación de lluvias. Nacer en Liberty rodeado de maíz y pequeñas granjas y escribir el mejor poema. Pero nací en una isla donde escasamente llueve y no hay maíz y se escribió hace mucho el mejor poema.
Era negra y escribía novelas
Virginia tenía los ojos grandes y hundidos sobre el rostro hundido.
Una tarde tocó a mi puerta y me dijo:
“John —ella siempre me decía John—
conocí a un tipo, le hice el amor
y tuve asco por primera vez de un hombre”.
Virginia y yo nos emborrachamos esa noche.
Seis años después regresó,
con unas maletas y un niño y me dijo:
“John —después de seis años aún me decía John—
este niño se te parece un poco”.
acabo de publicar mi última jarra: una cerveza sin dios perforándome el lenguaje. estoy vacío. pero da igual: el vendedor de hornillas artesanales olvidó qué es la primavera y a nadie le importa. y borracho. estoy borracho. digo <<a tu salud, este invierno es un asco, brindemos por langston hughes, el ruido de nueva orleans y todos los negros del mundo>>. otra cerveza. y otra. y tú diciendo que te duele no sé qué parte del pecho cuando escuchas esa canción y a mí me importa un carajo tu nostalgia y tus ojos porque me recuerdan sus ojos: puertas arruinadas de la felicidad.
(este olivo apaleado tantas veces se resiste a morir y da sandías) me gustaba pensar que el amor era un país de aire donde no se hacían preguntas y se moría uno ya muy viejo sin haber sentido nunca miedo al invierno. en todo caso vivir en un país donde no se gana lo suficiente para comprar guantes y bufandas termina haciéndonos cambiar de opinión. el amor es una bota con gato. mi papá quería que yo fuera igualito al che. y descarrilé el tren que soy, y no me bañé durante seis meses. el país del che está lleno de hippies que usan bufanda y guantes para el frío. ser hippie allí no es un problema. sufro por mis hippies que se aman de sudor a sudor. me gustaba pensar que el amor era un país de aire. el amor es una tortilla de huevos. déjame quedarme en tu invierno y hacer sopas para combatir la hipotermia. hacer el amor hasta que no puedas levantar las piernas y tiembles más que yo con la voz rota en hilos. te cantaría entonces la única canción que nos hace feliz. la única. ámame, aunque no tenga bufandas. nuestro amor encerrado en un vaso tiene las raíces de todo un bosque. soy como el che: habla de mí a los que van a morir por la patria. recuerdo que el olivo sirvió para iniciar esta conversación, aunque en realidad solo quería decir que el amor es un país que resiste el invierno a fuerza de huevos y sopa como un olivo apaleado que se niega a morir y da sandías.
***
Poetas cubanos del dossier
Taimi Dieguez Mallo / Luis Enrique Mirambert del Valle / Ana Margarita Arada Clavería /



