ESCRIBIR ES LLOVER.
ENTREVISTA A CARMEN MARÍA LÓPEZ
SOBRE ORACIÓN DE LA LLUVIA (Premio Adonáis 2025)
Carmen María López es autora de los libros Yo también anochezco (2024, Premio Complutense de Literatura), La madre de nadie (2024, Premio Espasa es Poesía) y Oración de la lluvia (2026, Premio Adonáis). Sobre su última obra hasta la fecha, el jurado del Premio Adonáis destacó “su emoción creciente, que atraviesa el tiempo, las generaciones y las herencias literarias con un lirismo a la vez hondo y luminoso”.
A propósito de la reciente publicación de Oración de la lluvia, hoy hablaremos con la autora sobre los principales temas e ideas del libro.
José Ángel Baños Saldaña
Universidad de Castilla-La Mancha
Oración de la lluvia es un libro marcado por la presencia del pasado. ¿Por qué es tan importante el recuerdo en tu trayectoria?
El recuerdo es la puerta a una identidad que ya no existe, a un yo que ya no somos. Abrir esa puerta es adentrarse en el territorio de la fabulación. Mi escritura se nutre de esos recuerdos difusos, que están ahí como las huellas borradas de un animal en la nieve. Literariamente me interesa el pasado porque está cubierto de niebla, porque en él todo está aún por decir. En ese territorio de lo incierto se instala mi escritura poética como una aventura hacia el lenguaje.
De hecho, el poema que lo abre, “Ítaca”, lleva el mismo título que el poema que cierra tu anterior libro, La madre de nadie. ¿Son, también para ti, múltiples las Ítacas?
Ítaca es siempre la misma y distinta. Es un desiderátum y es un universal. En La madre de nadie “Ítaca” se asociaba a la casa de la infancia, el símbolo de regreso al hogar familiar después de haber vivido múltiples experiencias, de haber sido estudiante en la Facultad de Letras, de preguntarme por qué elegí de entre todas las vidas entregarme al amor de las palabras, a la Filología. Es un poema de remembranza y de asombro, también de búsqueda. En Oración de la lluvia vuelve “Ítaca”. Aquí es la infancia, es esa puerta de entrada a una memoria íntima y universal, la de los libros leídos, la de la historia familiar, la de mi estirpe como la genealogía que una recorre, descubre y en la que se reconoce. El paralelismo es pura casualidad (o no tanto). Tal vez solo en origen. Creo mucho en el “seguro azar” de Pedro Salinas.
Tras este poema introductorio, el libro se divide en dos partes: “Lo divino” y “Lo humano”. Sin embargo, basta leer el primer poema de “Lo divino” para darse cuenta de que el verdadero milagro es la celebración de la existencia. ¿Cómo vino esta idea?
Oración de la lluvia es un canto celebratorio a la existencia. Vivimos ciegos ante tanta belleza y tanto asombro que cada día se nos descubre en la tierra. El poema llegó cuando me detuve a contemplar ese milagro cotidiano que es la existencia. Es un poema largo que escribí del tirón, sin apenas pausas o intermitencias, queriendo plasmar ese sentido de la belleza máxima que una encuentra en la naturaleza, en la música, en una conversación. La poesía hace grandes cosas con palabras muy pequeñas. Este poema nació así, de algo muy pequeño y, sin embargo, valioso: la necesidad de mirar.
En “Escribir y llover” planteas que la dedicación a la poesía se parece a los primeros rayos de luz que asoman tras la tempestad de los recuerdos. ¿Es la poesía una forma de oración? Sabemos que la lírica tuvo su origen como forma de reunión en torno a las emociones. ¿Confías en el carácter ritual de lo poético?
La poesía hunde sus raíces en el canto, en la música. Desde la noche de los tiempos, los poetas cantaban acompañados de la lira y mucha literatura de raíz oral se nutrió de la conversación en torno al fuego. Todas esas prácticas mágicas o ancestrales tienen algo de oración, porque son sagradas, porque aún no han sido tocadas por las reglas de la civilización y la cultura. La poesía, cuando es meditativa y honda, se parece mucho a la oración. Ese tipo de escritura unida al rito y a las tradiciones ancestrales, a lo arcano, genera un no-tiempo que nos saca de nuestro ritmo acelerado.
En tu libro leemos “La piedad está en la lluvia. / La piedad es el lenguaje del agua”. Si seguimos el hilo de la lectura —o el hilo de lluvia al que te refieres— rápidamente entendemos que la poesía es el discurso de la piedad. ¿Necesita piedad nuestro mundo?
Piedad, afecto y, sobre todo, entendimiento. El gesto sencillo de mirarnos cara a cara. La lluvia es un elemento simbólico en el libro que se relaciona con la humildad, la piedad y el agradecimiento. César Vallejo, uno de los poetas que están de fondo en el libro, tiene un poema impresionante, “Masa”, donde habla de un cadáver al que todos los hombres de la tierra intentan revivir. “Pero el cadáver siguió muriendo”, escribe Vallejo. Es una metáfora de nuestro mundo y, sin embargo, el poema insiste en la solidaridad humana, la esperanza y el amor fraterno.
Oración en la lluvia esboza el perfil de una poeta reflexiva, sensible, contemplativa —el verso deviene pupila— y entregada a una palabra cohesiva: “Escribir es llover: dar en ofrenda” y “Desde entonces / escribo para ver qué hace la vida / con la materia humana”. ¿Por qué es tan importante para ti escribir sobre el propio acto de escribir?
El hilo de la escritura dentro de la escritura está en mí, a veces sin yo quererlo. No creo en una poesía “metapoética”, pero sí en esos poemas que son poéticas sin pretender serlo de forma deliberada. Poéticas sin querer. Poéticas a su pesar. Poéticas por accidente o por casualidad. A veces cuando escribo las imágenes o el lenguaje poético me llevan al acto mismo de escribir, a su génesis. Mi escritura se ha asimilado al ovillo de Ariadna, al bambú o a la lluvia, por ejemplo.
A lo largo de tu obra, asoma el tema de la superficialidad en la que estamos envueltos. ¿Hemos olvidado fijarnos en “Lo pequeño”?
Sí, puede que se nos haya muerto esa parte de nosotros que se fijaba en lo pequeño, como el cadáver de Vallejo. Puede que la vida ya no nos interese demasiado. Y sin embargo, lejos del catastrofismo y la derrota, la escritura nos saca de la superficialidad, porque bucea en lo que muchas veces no se puede decir o al menos carece de un significado unívoco. La verdadera literatura siempre se queda en los bordes. Nos salva del adocenamiento y de la ineptitud. No permite que nos planchen las almas, como escribe Sylvia Plath en un poema, y que nos aplanen las ideas. Por eso escribimos y leemos: para navegar en aguas más profundas. Como la cerilla de Faulkner, escribimos no para iluminar nada, sino para constatar cuánta oscuridad hay a nuestro alrededor.
La sección “Lo humano” ahonda en las relaciones familiares y en la inevitable transformación de nuestro árbol genealógico: “La familia es un bosque” (“La familia”), “Vivir es bagatela. / Olvidar lo que fue. Desposeernos” (“Las cosas”). ¿Hay un cambio en la visión de la vida de Oración de la lluvia respecto de tu primer libro, Yo también anochezco?
Inevitablemente. Pese a ser libros que se llevan muy poco tiempo, apenas tres años, entre ellos media la grieta del tiempo, etapas vitales muy distintas. Yo también anochezco es el canto de una adolescencia evocada, la de aquellas muchachas pálidas o vírgenes suicidas que adoraban el rostro de Paul Newman, el cine en blanco y negro de los cuarenta, esas muchachas casi siempre indóciles que traducían la Eneida de Virgilio en clase de latín. Captura un momento vital irrecuperable y al mismo tiempo vivo en la memoria. Oración de la lluvia cruza tiempos y memorias, espacios y aprendizajes vitales muy distintos. Hay una educación sentimental (la de los libros leídos y los artistas admirados) pero también una huella vital (la de la familia, ese árbol genealógico en mutación, con la abuela y la hija). Es la misma voz, pero ya no mira las mismas cosas.
El poema “Lección de anatomía” parece partir de una lección —u ofrenda— poética previa. En su verso inicial, “Esto que veis aquí […]”, suena el eco de Ángel González. ¿Es la lectura un proceso de revelación similar al de la escritura? Como autora, ¿empieza tu proceso creativo también con la lectura de otros autores?
La lectura es mi fuente de inspiración por excelencia. ¿Cómo iba a ser de otro modo? Vivo entre libros, me dedico a la investigación. Los ecos de otras voces reverberan en mi cabeza, crean una especie de ritmo interior. Ese es el primer estadio del proceso poético. Pero después esas voces se alejan, se difuminan e inevitablemente las pierdo. Cuando siento esa distancia con los libros leídos llega el tiempo de la escritura, la revelación de la palabra. Los autores siguen ahí; están los libros, la filología, pero alejados. A mis espaldas está la literatura, pero como Orfeo no debo volver atrás para mirar a Eurídice. Está la huella borrada.
Para terminar, hay una simbología de lo circular en Oración de la lluvia, desde la redondez de los relojes, pasando por el vientre-mundo materno y por la hija “ovillo de oro”, hasta llegar a la presencia del tiempo cíclico. La vida es la sucesión de generaciones que son y no son las mismas. El título también parece esconder un enigma: en tu libro, la oración es canto —es decir, Carmen— motivado por la primera luz tras la lluvia —nótese el significado de Lucía—. ¿Cómo le explicarías a tu hija, Carmen Lucía, a quien va dirigida la dedicatoria, este libro que, aun tejido con un hilo de lluvia, borda su historia con letras de oro?
No había caído en el simbolismo de la oración-canto y de la lluvia como primera luz. ¡Y me encanta! Hay un poema precioso de Yeats titulado “Cuando seas vieja” en el que el poeta se dirige a una mujer a la que ha amado, ya vieja, canosa y sumida en el sueño, con la emoción de que vea ese libro y en él se reconozca: “Cuando ya seas vieja y canosa, y con sueño / des cabezadas junto al fuego, coge este libro / y léelo […]”, escribe Yeats. Es una meditación sobre el paso del tiempo y el amor verdadero.
Cuando corregí las galeradas de Oración de la lluvia me acordé de estos versos de Yeats y me recorrió una sensación parecida: la de pensar que mi hija, tal vez en un futuro, leería este libro. Era una tarde plomiza de diciembre y me imaginé esa escena futura. Con permiso de Yeats, le diría: “coge este libro y léelo”.
***
Capilla sixtina
Su luz no es de este mundo. ¿Qué colores
para pintar la piel de Dios
o la mano de Adán y que parezca
no un retrato sino cuerpo y vida?
Te miré tantas veces. Me detuve
elevando mi cuello hasta tu altura
y nunca pude ver sino milésima
parte del misterioso orden del mundo.
¿Qué sentiste, maestro Buonarroti?
Besaría tus manos. En ofrenda
sobre tu tumba un ramo de violetas.
O tal vez lirios blancos. Me diría:
la vida es del tamaño de un pincel.
En ella cabe todo: lo divino y lo humano.
Borges se equivoca
Hoy es mágico el mundo: las estrellas
velan el sueño dulce de los vivos.
Hay piscinas azules, bibliotecas.
Las lámparas se encienden en la noche
y leo las historias de lo antiguo.
Miro el pelo dorado de mi madre,
hilatura de sol. Y me conmueven
las arrugas pequeñas de sus manos.
Sé nombrar la infancia, esa palabra.
Pronunciarla despacio y en los ojos
me brota la alegría de existir
y un pájaro en pretérito imperfecto.
Excavo el fondo de mi corazón.
Y venero vivir. Tener pulmones,
respirar doce veces por segundo.
Y sé que es imposible aunque quisiera
guardar en algún frasco de perfume
el olor de mi hija. Capturarlo.
El mundo es un acuario misterioso:
Adoro nadar ahí.
Oración de la lluvia (Rialp, 2026)
***
Carmen María López López es Profesora Titular de Teoría de la Literatura en la Facultad de Filología de la UNED. Ha realizado estancias de investigación en las universidades de Edimburgo y Glasgow. Sus líneas de investigación se acercan a la teoría de la novela española contemporánea, el pensamiento literario y las relaciones entre literatura y artes visuales (cine y fotografía). Es autora de las monografías El cine en el pensamiento y la creación de Javier Marías (X Premio Internacional Academia del Hispanismo, 2019), El discurso interior en las novelas de Javier Marías: los ojos de la mente (Brill, 2021), Teoría literaria e intermedialidad (Narrativa hispánica del siglo XXI) (Editum, 2025) y coeditora del volumen Itinerarios de la teoría literaria. De la métrica a la hermenéutica (Reichenberger, 2025). Como poeta ha participado en recitales, presentaciones de libros y talleres de escritura creativa. Ha publicado los poemarios Yo también anochezco (Premio Complutense de Literatura 2023) y La madre de nadie (VII Premio ESPASAesPOESÍA 2024). En 2024 ha sido finalista del Premio Internacional de Poesía de la Fundación LOEWE. Sus poemas figuran en diversas antologías como Poesía en femenino. Antología de poetas murcianas (Editum, 2025) y medios como Zenda, Anáfora, Culturamas o Vuela Palabra. Su libro Oración de la lluvia (Rialp, 2026) ha obtenido el Premio Adonáis de Poesía 2025.



