Poesía ecuatoriana: Micaela Ron

Leemos una selección de textos de la poeta ecuatoriana Micaela Ron (Quito, Ecuador, 1997). Es licenciada en literatura con mención en edición y creación por la Universidad de las Artes. Su práctica artística se desarrolla entre la escritura, la fotografía y el registro en video, donde trabaja tanto con material de archivo como con formatos analógicos.

 

 

 

 

 

Esta osamenta litoral

es el abismo que me separa

del hogar de infancia

la herida al despedirme 

de la montaña 

el calor huracanado que hace

figuras de magma a orillas de la ría 

no he descubierto la vida aquí 

solo este breve temblor

cuando escucho a los santos 

crujir sobre el suelo.

 

 

 

 

 

 

 

Colmillos citadinos

traccionan cuando duermo

y los gritos de motores se abren paso 

en mis oídos de medianoche 

es hondo el dolor de las alarmas

a las siete a las doce a las seis 

la multiplicidad de catástrofes que 

retumban en los altoparlantes

nos dicen que una nueva avenida

nacerá cortando el bosque que protege

quiero decirte que cuando estoy en el séptimo piso 

yo también extraño los pistilos 

y sus formas de narrar la vida

la ternura del musgo

y el lodo como primer hogar de infancia 

aquí solo la grasa y el metal

tiemblan bajo mi peso cuando 

no encuentro el sentido en las filas

que hago para sacar dinero 

y firmar un papel que dice esta persona 

es ciudadana

de estas calles entonces salgo a caminar

y encuentro dos loritos de máscara roja besándose 

sobre un semáforo en escobedo y aguirre

un nido de garzas suspendido 

en las manos de un árbol

único

niños corriendo junto a las iguanas

vuelvo a descubrir las texturas nobles 

que nos sostienen 

me siento al borde del ventanal 

en el séptimo piso imagino a la ría guayas

arrastrar una danza de taruyas

y espero la inundación. 

 

 

 

 

 

 

 

No sé cuántos lenguajes inventaremos juntas

al mirarte soy un pequeño animal

dislocado

dentro de tus ojos

el mundo entero

es un mamífero de mil colores

que te nombra en mi cabeza

y el rito de tus manos 

acariciando la tierra que sembramos

de semillas púrpuras negras y amarillas

una canción nace de tu lengua y escucho

que nuestros cuerpos son hogar

de dioses extraños 

desconozco qué nueva forma

de animal salvaje 

encarnará este amor

ni cuantos lenguajes

nacen cada vez que alguien ama.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tuve miedo de decir que moriste 

en el bus 25 de la cooperativa Kennedy

viajando de Guayaquil a Pedernales 

que ibas en el asiento 18 y 

justo antes de la balacera me llamaste

triste porque otra vez 

pusieron la misma película de guerra

a todo volumen

yo te dije que mañana veremos

al sol hablar a través de las palmeras

y los tonos rojos del mar cuando los pescadores se van

me cuesta entender que este ya no es el país 

de mi infancia

dispararon al bus 25 de la cooperativa Kennedy

tú te lanzaste al piso mientras los 16 balazos

hacían astillas del parabrisas rojo con amarillo 

y el sticker que decía 

Dios guía mi camino

se rasgaba

un señor perdió la mano mientras una mujer rezaba

el salmo 91

no temerás el terror nocturno

caerán a tu lado mil

y diez mil a tu diestra

mas a ti no llegará

 

aún escuchas la lluvia de cristales

cuando cierras los ojos 

y estás triste por los niños 

que lloraban esa noche

yo agradezco avergonzada 

porque cuando escucho tu respiración nocturna

una palmera joven y verde

brota de mi pecho

en el día imaginamos 

distintas maneras de pagar la terapia

porque dinero no hay 

en el nuevo Ecuador

y salud pública tampoco 

me pregunto si volveremos a viajar 

por esa misma carretera en búsqueda del mar

o si alguna vez la angustia dejará de ser un avispero 

detrás del paladar cuando nos movemos entre

Quito - Santo domingo

Chone - Rocafuerte

Manta - Portoviejo

Puerto López - Salinas

La concordia - Esmeraldas

Guayaquil - Montañita

me siento cobarde

yo que era partidaria de no dejar 

nuestra vida por la violencia 

después de escuchar tu voz interferida por las armas

solo soy partidaria de sobrevivir

leo el verso de un poema que dice

huir de Latinoamérica sería renunciar al amor

lo creo

necesito quedarme

insistir en esta tierra

aunque tema descubrir

en que culmina esta violencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Me conmueven los gestos minúsculos

una hormiga regresa a casa

carga un mordisco

de hoja sobre su espalda

una concha marina refleja 

el brillo lunar sobre un manto de arena

acaricio la sombra de los bambúes

a las cinco de la tarde

cuando mi pared se convierte 

en un pequeño bosque

siento el peso de mi perra su respiración 

de animal dormido

y leo ese pequeño libro de poemas 

que compramos juntas en un feria 

frente a la ría

miro en sus páginas fotos de

catzos

           plumas

rosas

         libélulas

polillas

y reconozco el instante previo 

a que olvidamos contemplar 

la microscópica escarcha brillante 

que lo cubre todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Micaela Ron (Quito, Ecuador, 1997). A los siete años escribió su primer cuento, sobre un tigre que sabía correr, pero no caminar; un año después ganó el concurso intercolegial de cuento El país de los trazos con la historia de una rana que no sabía saltar. Es licenciada en Literatura con mención en edición y creación por la Universidad de las Artes. Su práctica artística se desarrolla entre la escritura, la fotografía y el registro en video, donde trabaja tanto con material de archivo como con formatos analógicos.

Formó parte del equipo de edición y redacción del libro Guayaquil de mis quereres (Entrópica Editorial, 2023) y su poema “Amar Como” fue publicado en 2024, en formato fanzine, por la misma editorial, que también incluyó dos de sus textos en la antología poética Estelario. Actualmente trabaja en su primer poemario, un libro que explora las tensiones entre la naturaleza y el entorno urbano en la ciudad que ha habitado durante los últimos cuatro años: Guayaquil.

 

 

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