Versópolis. Nueva poesía europea: vena poética y horizonte de traducción
La traducción poética es una práctica esencial en el cultivo de cualquier tradición literaria. Como en otras partes del mundo, la sombra doble del poeta-traductor también recubre la silueta del escritor mexicano; el don de las lenguas no le fue vedado y de antaño tiene el hábito de asomarse por la ventana que devela lo ajeno y alimenta su espíritu lírico. No hay ninguna duda: succionó de otras venas, imitó otras formas, reflexionó otras experiencias; asimiló, pero además recreó la otredad. Numerosos fueron los proyectos editoriales que animaron este ímpetu, pero muy pocos dedicaron un espacio exclusivo a la traducción de la poesía. Citemos, por ejemplo, dos compilaciones publicadas en el último tercio del siglo XX y otra editada en 2011, nos referimos a El surco y la brasa. Traductores mexicanos, Cuaderno de traducciones y la más reciente Traslaciones. Poetas traductores. 1939-1959.
Versópolis. Nueva poesía europea se suma a los esfuerzos por seguir labrando el campo de la poesía traducida, pero se diferencia sustancialmente en dos aspectos: el primero es que pone ante los ojos del lector las propuestas estéticas que se están desarrollando no solo en los países centrales de Europa, sino también en aquellos que no habían tenido un espacio primordial en la república mundial de las letras como: Macedonia, Croacia, Hungría, Malta, Bulgaria, Bosnia-Herzegovina, Armenia, Georgia, entro otros. Segundamente, plantea una nueva mirada en cuanto a la selección de los 82 poetas, pues si bien presenta artistas ya encumbrados, emprende, por otro lado, una búsqueda cuidadosa de poetas jóvenes que están renovando y resignificando los temas y lugares de enunciación tradicionales.
El mundo experiencial al que nos da acceso la antología es inmenso, pero, en líneas generales, destaco algunos tópicos que indiscutiblemente sacuden los goznes más férreos de la conciencia humana: en traducción de Alfredo Soto Guillén, Tiziano Fratus nos lleva a concebir en un paisaje italiano la relación entre la armonía de la naturaleza y el inherente carácter bélico del género humano; en “Naturaleza muerta”, traducción de Gustavo Osorio de Ita, la poeta austriaca Renate Aichinger, por medio del crujido de una puerta y la descripción de la atmósfera espacial de una casa, nos representa la pesadumbre que ocasiona la ausencia de un familiar; un efecto similar nos provoca “La perseverancia” y “Feliz cumpleaños luna” del británico Raymond Antrobus; ambos poemas, en versión de Diana Bustamante, nos hunden en los rincones más íntimos de una voz que resiente las ausencias del padre. Adalberto García traduce a otro británico, Kayombo Chingonyi, quien en su poema “Kumkanda” ahora nos arroja al campo vivencial de alguien que creció en medio de dos culturas distintas desprovisto aparentemente de los cuidados afectivos de su padre. En el mismo tema, cabe señalar también la función sinecdótica de la garganta que configura el poeta turco Efe Duyan en “Las palabras del trabajador que se encontró a su hijo en la barricada de soldados”: la garganta de un trabajador que sufre en carne propia los estragos de la guerra y se pasma al ver a su hijo vestido con uniforme militar.
Quedan otros arquetipos estéticos por estudiar detenidamente como el de la escritora francófona Linda María Baros cuyo texto “Los niños pasados por el tamiz” nos revela la imagen más violenta de una voz lírica destruida por la convulsa sociedad; o el de la croata Marija Andrijašević cuya prosa poética en versión de Andrea Rivas muestra los vacíos y resabios emocionales que ha dejado el suicidio de un padre. De este modo, la compilación es una fuente interlingüística que ofrece a su lector una fotografía detallada de la condición poética actual de aquel continente. Pero la fotografía no es una simple reproducción, sino que está cuidadosamente enmarcada por el trabajo de un círculo de traductores que responde a su propia poética de traducción: han dejado de lado el argumento ingenuo de la versión perfecta para cruzar libremente el puente de la traducción suplantando un artefacto poético por otro de la misma manufactura; en términos de George Chapman, primer traductor al inglés de Homero, descubren la poesía con la poesía.
La colección tiene, entonces, una cara doble: la primera, como ya dijimos, señala el escenario de la poesía joven europea y la otra, implícitamente, indica la simbiosis literaria entre tal poesía y la creación propia del poeta-traductor; pero, además, este segundo rostro nos conduce a pensar en la manera en que los traductores están enriqueciendo el sistema estético de una tradición literaria como la que se ha producido en México. Así, Versópolis. Nueva poesía europea se vuelve una antología imprescindible para sentir el pulso actual de los motivos y modelos estéticos de la literatura que nace al otro lado del atlántico, pero también resulta indispensable para observar la manera en que los escritores mexicanos continúan nutriéndose de esta vena extranjera.



