Cuatro poemas de John Donne

Presentamos cuatro poemas de John Donne (1572-1631), traducidas y anotadas por el poeta mexicano Jorge Mejía.

 

 

Presentamos​​ cuatro poemas del​​ autor​​ inglés John Donne en​​ la​​ versión de Jorge Mejía, poeta mexicano, quien además​​ hace una espléndida labor de anotación de sus versiones. Donne (1572–1631) encarna la figura central del llamado grupo metafísico de la poesía británica; su existencia se dibuja como un arco que va del donaire juvenil al púlpito de San Pablo, donde se reveló como uno de los oradores eclesiásticos más notables de su generación.

 

 

JOHN DONNE

CUATRO POEMAS

(Traducción y notas de Jorge Mejía)

 

 

 

ELEGÍA XIX:

A su amante​​ antes de acostarse

 

Ven, Amor, ven,​​ del descanso estoy harto,
pues me esfuerzo en partirme y en mi esfuerzo no parto.

Ven, que en batallas de amor desfallece

el rival que a su enemigo espera, y no aparece.

Desciñe tu faja, como un Cielo constelado,
que oculta un mundo aún más deseado;
quita el broche que en tu pecho centella,
ese en que la mirada de los ilusos huella;
desnuda tu ser, campanas han hecho
cantar la hora, aunque muda, de unirnos en el lecho.

Despójate del corsé, al que mi envidia dirijo,
él siempre está a tu lado, estrecho y fijo;
cuando abandonas todos tus ropajes,
surge un valle sin sombra, hecho de flores salvajes;
deja tu corona y suelta tu cabello, deja
que te adorne tan solo tu guedeja;
descálzate y, sin temor, adéntrate derecho
a nuestro templo de amor, nuestro lecho.

De blanco, así, a los hombres, cada Ángel se ha entregado;
mas tú, un Ángel, de Oriente, me has mostrado
que en ti guardas un nuevo Paraíso; y aunque vista
de blanco un mal espíritu, a la vista
queda cuál es Ángel, cuál demonio: petrifica
el pelo uno, otro la carne toda electrifica.

Permite que mi mano errante explore y se adentre
atrás,​​ de frente,​​ encima,​​ abajo y entre.
¡Oh, mi América! Mi descubierta Terranova,
mi reino, en paz cuando mi amor lo arroba.
¡Tú, mi mina de piedras preciosas, Tú, mi imperio,
feliz, descubro en ti cada misterio!
Tan libre de ser tuyo, soy tu esclavo,
donde mi mano cae, mi sello grabo.​​ 
¡Desnudez total! Por ti el gozo existe.
De cuerpo el alma, de ropa el cuerpo se desviste
para habitar el gozo.

   Tonto en tanta
joyería, manzanas de Atalanta,​​ 
queda la mirada del hombre y, reo,
va tras ellas y no tras el deseo;
vana pintura o ilustración libresca vana.
para el hombre vano es la mujer que se engalana;
mas son un libro místico, visión revelada
a nosotros, dignos solo por gracia otorgada.

Déjame leerte, conocerte en libertad,
recién nacida, desnuda en verdad.
Deja atrás ese blanco en​​ que​​ se oculta tu esencia:
no hay penitencia​​ para​​ la inocencia.

Yo te enseño, me desnudo primero:
¿qué mejor cobijo a tu desnudez que yo entero?

 

 

 

 

EL SUEÑO

 

Amor mío, nada más por ti habría

quebrantado la dicha de mi sueño,

cuya razón y dueño

la razón fue, aun más que la fantasía,

así, sabiamente me has despertado;

no has roto el sueño, no, lo has prolongado;

eres tan real que un solo pensamiento

tuyo hace el sueño real, la historia cuento.

Pues juzgaste mejor que no acabara mi siesta

y sueño, ¡entra en mis brazos y actuemos lo que resta!

 ​​ ​​ ​​​​ 

Relámpagos, tus dos ojos de hoguera

me hicieron despertar, mas no tu ruido;

aun cuando te he creído

un ángel al verte por vez primera,

al ver mi pensamiento y corazón

en ti habitar con mejor condición

que en un ángel, al ver mi sueño en ti

vivo, al verte dueña del frenesí

de mi vigilia, confieso que sería

creer que tú no fueras tú, una herejía.

 ​​ ​​ ​​​​ 

Llena de ti, hecha de ti, aquí estás, real,

pero, despierto, una duda me abisma:

que tú no seas tú misma.

Si teme el amor, es a sí desleal:

ya no es todo alma y pureza y valor

si se enreda en miedo, vergüenza, honor.

Como antorcha que arde y muere al instante

deseado, me haces arder constante

y, aun cuando vuelves, te vas. Si esto es estar despierto

prefiero seguir soñando, prefiero estar muerto.

 

 

 

 

EL ANIVERSARIO

 

Todos los reyes​​ y sus mil adeptos,
toda gloria de honores, bellezas y conceptos,​​ 

el mismo sol, que el tiempo labra cuando ellos pasan,

es ya un año más viejo de lo que era

cuando tú y yo nos vimos por vez primera:

todas las cosas su destrucción trazan,

solo nuestro amor jamás decaería;

para él mañana ni ayer nunca habría,

sigue su vía y de nosotros no se desvía,

siempre fiel a nuestro último, eterno, primer día.

 

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ Dos tumbas habrá para ambos, mas si una reúne
a los dos, no nos separa la muerte: nos une.
Tú como yo, ay, al igual que los otros
príncipes -y príncipes ya somos de nosotros-
al morir dejaremos ojos y oídos
de​​ dulce llanto​​ y​​ de​​ promesas ciertas henchidos.
Pero las almas, donde solo amor ha de habitar
-cualquier pensamiento es pasajero- van a probar
junto a un amor más grande, esta verdad: al dejar
el cuerpo en la tumba, a ésta el alma empieza a soltar.

 ​​ ​​​​ 

​​ Así, plenos seremos, y bienaventurados,
pero no más que el resto de afortunados.
Reyes somos en la tierra, y no hay reyes
ni súbditos que nos igualen en las leyes
de amor. ¿Quién más seguro? Nadie y solo
nosotros, tú o yo,​​ nos traicionaría​​ con dolo.
Todo temor, falso o cierto, evitemos.
Vivamos y amemos con nobleza. Agreguemos
años y años a los años, hasta que sumemos
diez sexenios. Un segundo año tú y yo reinemos.

 

 

 

LA SALIDA DEL SOL

 

Viejo metiche,​​ Sol necio e insolente,

¿por qué así nos molestas

aun con ventanas y cortinas puestas?

¿Te crees de los amantes regente?

Despreciable patán, ve a regañar

al tardo alumno, al gruñón bachiller,

dile al cazador que el rey va a cazar,

llama la hormiga a su agreste deber.

Amor, siempre igual, ignora la estación, el tiempo,

la hora, el día, el mes, esos andrajos del tiempo.

 

 ​​ ​​ ​​ ​​​​ ¿Tu rayo, tan digno, fuerte y altivo,

por qué estimas? Lo veo

y nublo y eclipso en un pestañeo,

mas de no verla, ese nulo instante es excesivo.

Si sus ojos tus ojos no han cegado,

mira y me cuentas mañana en la tarde

¿dónde la riqueza de ambas Indias ha quedado,

en su sitio, o si toda ella entre mis brazos arde?

Busca los reyes que ayer viste y, de hecho,

los hallarás a todos en este mismo lecho.

 ​​​​ 

 ​​​​ Ella es cada reino; cada rey, yo.

No hay más. Juegan a ser

nosotros los príncipes; el poder

es teatro, alquimia la riqueza. No eres, oh,

Sol, la mitad de feliz que yo y ella,

que todo el mundo reunimos. Reposos

pide tu edad, y pues debes calentar con tu huella

el mundo, basta con que abrigues a estos esposos.

Brilla aquí entre nosotros, brillarás dondequiera:
este lecho es tu centro; estos muros, tu esfera.

 

 

Notas:

 

no parto: Una opción más cercana a la lectura más directa del poema, aunque carente del juego de palabras con​​ labbour​​ del original, referente a la labor de parto, es:

Ven, Amor, ven, que el descanso me cansa.

Me esfuerzo en reposar, pero mi esfuerzo no alcanza.

un nuevo Paraíso: El paraíso del mundo islámico (Mahomethan’s Paradise), llamado​​ Jannah, es más parecido al paraíso terrenal de Edén que al etéreo paraíso de felicidad perpetua del mundo cristiano. El​​ Jannah​​ es un jardín​​ repleto de placeres corpóreos. Es la promesa de un nuevo Edén, más grande y maravilloso. Un​​ hadiz​​ menciona que en el​​ Jannah​​ el menos virtuoso de los hombres tendrá 72 huríes como acompañantes. Esto último fomentó la idea del​​ Jannah​​ como un harén perpetuo y, de esta forma, la tradición occidental​​ asimiló​​ el mundo árabe con la sensualidad y la sexualidad.

atrás, de frente, arriba, abajo y entre:​​ Reconozco la enorme influencia de otras versiones de este poema. En este fragmento la inspiración más obvia es la de Haroldo de Campos, que descubrí por una canción de Caetano Veloso.

Terranova:​​ Donne se refiere a la isla de Terranova (Newfoundland Islands), ubicada en la actual Canadá, que para 1583 fue declarada la primera de las colonias inglesas fuera de Europa.​​ 

Atalanta: Personaje mitológico, Atalanta era una hábil, bella, destacada y veloz mujer que retaba a una carrera a cada hombre que le propusiera matrimonio. Si éste ganaba, se casarían; si ella, los mataría con un venablo. En alguna ocasión, Hipómenes le propuso matrimonio. Durante la carrera el joven solicitó ayuda de Afrodita y ésta le dio tres manzanas doradas que él desperdigaba por la pista. La muchacha corría a recogerlas y regresaba a la carrera. Mediante este procedimiento,​​ el joven ganó y se convirtió en esposo de Atalanta.

En el mundo clásico, regalar una manzana era una oferta de amor. La historia de Atalanta, así como el juicio de Paris con que empieza la guerra de Troya, son un ejemplo mitológico de esta costumbre. Asimismo, esta aparece en poemas de Catulo, Propercio y Ovidio. La imagen del fruto de Edén como una manzana, puesto que se le ofrece a Eva, es una muestra del sincretismo del mundo grecolatino y el judeocristiano. En cuanto a Donne,​​ la metáfora funciona en dos sentidos: las joyas son las nuevas manzanas de Atalanta y por eso atraen a las mujeres y, como tal, atraen a los hombres cuando éstas las usan.

No hay penitencia​​ para la​​ inocencia:​​ Donne recurre al lenguaje jurídico para decir lo obvio: no se puede castigar la inocencia.​​ El sisma que representó la reforma produjo muy diversas interpretaciones de la Biblia, la religión y de la fe. Una de éstas, que tomó como inspiración el​​ adamismo​​ del siglo II, pretendía que era posible recobrar la inocencia perdida de Adán y Eva a través del mismo cuerpo o que, como expresó Gilberto Owen: “Por la carne también se llega al cielo”. Aunque Donne provenía de una familia católica perseguida por el régimen protestante y era pariente del santo Thomas More, autor del libro​​ Utopía, terminó por adscribirse a la iglesia anglicana, en la que se ordenó después de su infortunado matrimonio con Anne Moore.​​ Su desenlace​​ se resumió con la fórmula:​​ John Donne, Anne Donne: undone.​​ 

 

fantasía: Para la época de Donne, la palabra​​ fantasía​​ se concibe más como​​ una​​ fantasmagoría. Es decir, se entiende como la aparición de un​​ fantasma​​ o espíritu,​​ más​​ que como​​ el producto de la imaginación.

 

conceptos: En el original​​ wit. Para la poesía inglesa del siglo XVI el​​ wit, a menudo traducido como​​ ingenio, representa un método poético-epistemológico que unifica dos elementos separados o contrarios mediante un ejercicio mental. Mientras más alejados los términos, se considera que el​​ wit​​ es más original y deslumbrante -en esto coincide Roman Jakobson cuando define la metáfora. Así, por ejemplo, en Donne el primer día es el último también, la muerte, antes que separar, une en matrimonio, etc. El término en español más cercano es el​​ conceto​​ o​​ concepto​​ barroco, asimilable acaso con el​​ conceit​​ inglés.​​ 

Vivamos y amemos:​​ Eco del quinto​​ carmen​​ de Catulo:​​ Vivamus, mea Lesbia, atque amemus… La idea del conteo de los años proviene del mismo poema.

el rey va a cazar:​​ El rey Jaime I, que propulsó la traducción de la Biblia en inglés, era conocido por salir de caza en la mañana.

andrajos del tiempo: Donne aquí imita el soneto LXI de Petrarca, con los célebres versos:​​ Benedetto sia’l giorno, ‘l messe e l’anno/ e la stagionne, ‘l tempo, l’ora e ‘l punto…”. Este mismo soneto fue musicalizado por Franz Liszt en sus​​ Annés de pelegrinage.

Si sus ojos tus ojos no han cegado: Donne agrega otra metáfora típicamente petrarquista: los ojos de la amada son el sol. Sin embargo, la extiende hasta sus límites.

ambas Indias: Se refiere a las​​ Indias​​ Occidentales (América) y Orientales (la India). La riqueza de una consiste en la minería; la de la otra, en especias.

tu esfera: La esfera celeste.

 

 

 

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