Javier Gilabert (Granada, 1973) es maestro avemariano, periodista cultural y poeta. Es autor de los libros de poemas: PoeAmario (2017), En los Estantes (2019), Todavía el asombro (XV Premio Blas de Otero) y El magisterio de los árboles (XXXI Premio Rafael de Cózar). Es coautor de Sonetos para el fin del mundo conocido y Bajo el signo del Cazador, y coeditor de diversas antologías en homenaje a autores como Rafael Guillén o J. I. Lapido. Ha obtenido también algunos premios por poemas como el Ángel García López, el Paulino Herrera o el Isabel Ovín. Colabora en revistas como Efe Eme o Culturamas. Lleva años entrevistando cada semana a poetas en la sección «Prensado en frío» de SecretOlivo y en la actualidad en «Primera impresión» en Culturamas. Es creador y coordinador del Premio Nacional de Poesía Ciudad de Churriana y de su festival, el Vega Poética.
Sobre El magisterio de los árboles se ha escrito:
Jorge de Arco:
«El lector se hallará ante una construcción orgánica donde cada texto parece corolario del anterior, sostenido por un ritmo interno admirable, sereno, constante [...] Javier Gilabert va construyendo de forma lúcida y brillante una suerte de ética de la contemplación donde lo humano se reconoce en los ritmos de lo vegetal. [...] Vivir, parece decir el poemario, es arder lentamente en la propia materia del tiempo y de su azogue.»
José Iniesta Maestro:
«Pasear por sus versos cada vez más esenciales y desnudos hace que sienta su alianza más honda. [...] Poesía nacida de la vida misma, desde la luz del amor, en el denso bosque de lo familiar, de las presencias y las desapariciones. Poesía que sabe fluir con músicas y silencios, sin desmesuras no retóricas, desnuda de sí misma y mínima como un clamor. [...] Animo a leer El magisterio de los árboles porque su poesía la sentiréis cercana y comprensible, sincera y sin decoros, carne de vuestra carne, árbol de vida.»
César Rodríguez de Sepúlveda:
«Hay poetas afortunados que, habiendo aprendido de los árboles, saben que la palabra adquiere más vigor si se la entrelaza con el silencio. [...] Hay poetas tan buenos que hay que leer sus textos varias veces para cerciorarse de que hayan conseguido expresar con tan alta sencillez sentimientos de sutileza casi inaprehensible. De esta estirpe de poetas —de esta estirpe de árboles que nos miran al pasar y nos reflejan— es Javier Gilabert.»
Javier Mateo Hidalgo:
«La calidad en la poesía se define como una suma de originalidad en el modo de entender las cuestiones universales y en la forma en que el volcarlas desde un sentido lírico queda ordenado en una estructura lógica y perfecta. [...] El magisterio de los árboles supone la penetración en una flora que [...] nos habla de lo mismo: de los secretos del estar aquí y ahora. [...] Atravesar las páginas de El magisterio de los árboles transmite también esa serenidad interior, ayudándonos a profundizar más allá de la corteza de las cosas para comprender su esencia. [...] Toda una lección sobre la propia existencia a través de estos testigos silenciosos y poderosos del mundo».
Juan Manuel Gil:
«Qué delicadeza, cuánta hondura, menuda precisión para llevarnos al asombro. Uno de los libros que más me ha conmovido de los últimos tiempos.»
EL PRIMER ÁRBOL
Un padre es como un árbol. A sus ramas
trepamos por primera vez e hicimos
un nido en el que aún nos cobijamos.
EL RESTO DE SU VIDA
A mi madre
Al poco tiempo de morir mi padre,
mi madre me pidió
que me probara alguna de sus prendas.
Cogí una cazadora de su armario,
la que llevaba puesta en esa foto.
Delante del espejo
sólo vi la tristeza de mi madre,
el resto de su vida,
la vasta soledad de lo que permanece.
TODAS ESTAS COSAS
Duele decir tu nombre o mencionar tu ausencia.
Tomás Hernández Molina
Hoy todas estas cosas
duelen como tu ausencia.
Las cajas se amontonan, los armarios
repletos de tu ropa todavía,
figuras de cristal que miran con tus ojos,
las fotos familiares desde las que sonríes
como si ya supieras
que no sabría qué hacer cuando faltaras.
Hoy todo aquí te nombra y te contiene.
UN NIÑO ANTE EL ESPEJO
Hay algo traicionero en el otoño,
la falsa sensación de que es amable
como una lluvia fina o un poema.
Quizá sea su luz que, igual que azogue,
envuelta en piel de hojas nos confunde.
O puede que observemos a los árboles
como se escruta un niño ante el espejo,
quizá por ese ámbar silencio de la savia,
o por su parecido con la muerte.
MAGISTERIO
No hay cosa que los árboles no sepan,
ni nada que no enseñen si se atiende,
partiendo del asombro, a su dictado.
LA FORMA ORIGINAL
Esculpir un bonsái es un misterio
que siempre se resuelve con la escucha:
la forma original de cada árbol
tan sólo el árbol puede definirla.
Entonces corresponde al jardinero
buscarla con paciencia, traducir el lenguaje
que solamente puede ser oído
a golpe de tijera y de silencio.
ESTELAS
Al volar, cada pájaro
va dejando una estela
que atrae levemente al que le sigue.
Es como abrir caminos en el aire.
Los padres, sin saberlo,
tratamos de imitar
esa costumbre.
ICHI (いち)
De nuevo lluvia
sobre las hojas muertas:
luces de invierno.
GO (五)
En mi jazmín
discuten los gorriones
la primavera.
ENEBRO
La suerte se cebó con el enebro.
A pesar de que es duro,
su vida es un latido intermitente.
Ha sufrido el azote de la araña:
se coló entre las vetas de su piel.
No se rinde,
persevera en vivir
y en él la voluntad se hace virtud.
Limpio con mucho mimo su ramaje,
elimino lo seco, encuentro los parásitos
y los quito uno a uno.
Se diría después
que ha quedado conforme;
me anima a ser testigo de su lucha.




